Lo Último

15 dic. 2010

viejo amo a mi esposa 7


Sobre lo difícil que me fue estar sin Ruth, sobre la llegada de nuestros mejores amigos al edificio y sobre la venta de galletas.
(2010, Los Ángeles)
Era un fin de semana libre en el trabajo mara mí, Ellie no estaba en casa y en la televisión no había nada bueno para ver; y aun me quedaban 40 horas de esto.
De pronto me levanté, con una gran idea.
-Me pregunto sí Ruth quiere ir a jugar fútbol a…
Tomé asiento de inmediato, recordando lo ocurrido hace apenas una semana.
-¡Maldición! –pensé. –Me pregunto que estará haciendo en este momento…
Pude imaginarme a la chica pelirroja lavando ropa, secando trastos y limpiando su departamento, solté una enorme risotada.
-¡Imposible! Seguro está dormida en la sala de su casa…  O inconsciente en el suelo…
Solté un gran suspiro, a apenas una semana de nuestro acuerdo de no vernos más ya la extrañaba, todo lo que veía en la televisión me recordaba a Ruth; sobre todo esos autos de carreras miniatura, (Me pregunto porque, en realidad nunca la vi con uno de esos).
-¡Maldición! ¡Todo está aburrido sin ella! –Miré el reloj, aun faltaban 4 horas para irme a ensayar con la banda; por lo que decidí que dormiría para matar el tiempo.
Me recosté en el sillón y cerré los ojos, unos segundos después la puerta empezó a sonar de forma ruidosa, esa forma de tocar solo era digna de un tipo de persona: ese tipo de persona que es como Ruth, ¡Era Ruth!
Me levanté del sillón con estruendo y corrí como U saín Volt hasta la puerta y la abrí, emocionado; era un chico rubio de ojos verdes acompañado de una chica morena con rizos.
-Ah, solo eres tú, Junior… Pasa…
Me recosté en el sillón de nuevo y fue entonces que capté lo que estaba pasando.
-¡JUNIOR! –Grité, lanzándome a sus brazos. – ¿¡Que rayos hacen aquí!? ¡JUNIOR!
-Oye, oye… ¡Aleja tus manos de mi novio!
-¡KARLA! –Grité, arrastrándola a nuestro abrazo. – ¡KARLA!
-¿Qué hacen aquí? –Pregunté finalmente, mientras sacaba un par de cervezas para ellos.
-¡Karla no paraba de llorar porque deseaba venir a Los Ángeles! Así que le dije “Está bien, iremos a vivir a Los Ángeles, pues aquí puedo ejercer derecho”
-Estoy casi seguro que Junior casi te fuerza a venir a vivir aquí por las olas, ¿Verdad?
-Tienes razón. –Respondió Karla. –Este chico insiste en que desea ser un abogado surfista, y al enterarse la semana pasada de que en Texas no había playas se puso como loco y decidimos empacar hasta aquí.
-¡¿Entonces van a vivir en Los Ángeles?!
-¿No te lo contó Ellie? –Preguntó Junior, sorprendido.
-¿Contarme qué? –Pregunté.
-¡Somos sus nuevos vecinos! ¡Viviremos en el tercer piso!
Junior se levantó y corrió a mis brazos abiertos, la primera excelente noticia en mucho tiempo; realmente era un alivio la posibilidad de tenerlo cerca.
-¡SORPRESA! –Gritó una mujer,  al momento en que entraba al departamento, era Ellie; Llevaba un pantalón de mezclilla y una blusa color crema. – ¡Mira a quien te he traído, cariño!
-¿Lo sabías? –Pregunté, mirándola con algo de furia y alegría.
-Bueno, algo así… Ellos me llamaron hace una semana y pues… quería que fuera una sorpresa.
-¡Bienvenidos a Los Ángeles! –Gritó Ellie, lanzándose a los brazos de Karla. – ¡Te he extrañado como no tienes idea!
-Oye, hermano… ¿Quieres ir a jugar por ahí? –Preguntó Junior, mirándome con esos ojos perdidos que tanto extrañaba.
-¡Vamos a que me muestres tu departamento!
-Iremos a desempacar, cariño… ¿Qué tal si hacemos una barbacoa? Déjenoslo a mí y a Zack, por ahora solo charlen y lloren y sangren y esas cosas que ustedes las viejas hacen.
Salimos del departamento, muertos de risa, ya extrañaba esos comentarios tan extraños de Junior.
-Oye hermano, ¿Crees que se molesten los dueños si prendemos el asador aquí adentro?
-Supongo que sí hermano, será mejor hacerlas en la estufa para no molestar a los…
Justo íbamos a subir por las escaleras para llegar al tercer piso cuando me percaté de una chica que me miraba con profundidad desde el fondo del corredor: Pequeña, delgada, escultural y pelirroja, era Ruth.
La saludé con la mano y desviando la mirada subí las escaleras, siguiendo a Junior.
Presioné los puños con fuerza, me preguntaba qué clase de respuesta dio ella a mí saludo, me preguntaba si me extrañaba y si le estaba yendo bien. Por desgracia, nada se podía hacer.
-¡Bienvenido a mi cueva! –Gritó Junior cuando llegamos a su departamento, era prácticamente igual que el mío; pero ellos tenían bastantes cajas con archiveros dentro.
-Vaya, después de todo si has logrado convertirte en un abogado, ¿Eh?
-Aun no, estoy en mi periodo de prueba o algo así… Pero en un par de años seguramente podré jugar a ser un abogado de esos que salen en justicia ciega.
-Te admiro, hermano… ¡En la preparatoria nunca hiciste una sola tarea pero ahora eres todo un aplicante!
-Que te puedo decir, deseaba seguir los pasos de Papá.
-Seguro está orgulloso.
-¡Para nada! ¡Me ha dicho que yo no soy su hijo solo porque vendí su porche la semana pasada para poder pagar nuestra mudanza!
Pasamos un buen rato entre amigos acomodando sus muebles y guardando cosas, me sentí como en la preparatoria; solo que en esta ocasión los dos teníamos que luchar contra la vida y tomar las cosas con seriedad.
-Y dime, hermano. –Me llamó de pronto, cuando caminábamos hasta el mercado para comprar carne y cerveza. –Tienes algo que contarme sobre esa pelirroja, ¿No?
Me estremecí, había olvidado completamente ese extraño don de Junior de darse cuenta de todo lo que ocurría con una sola mirada.
-Solo es una vecina que es una gran amiga. –Mentí.
-¿Y eso fue antes o después de besarla?
Casi perdía el equilibrio, ¿Cómo rayos se dio cuenta de eso?
-Solo fue un error…
-Estoy seguro de que pasó más de una vez.
-Fue un error a largo plazo, escucha….
Le conté todo lo ocurrido, sobre cómo nos conocimos en el corredor, sobre la vez que Ellie se puso borracha y nos besamos, sobre aquella ocasión en que entré a la banda, sobre todas las veces que jugamos juntos y cocinamos y finalmente le conté lo ocurrido el día en que nos dejamos de ver.
-Es una buena chica, ¿No?
-La verdad sí. –Admití. –Es excepcional.
-Pero tú ya tienes a tú mujer amada, ¿No?
-Una vez más, tienes razón… Fue solo un tropiezo que nunca debió ocurrir.
-Hermano… ¿Ella te encanta verdad?
-¡Sí! –Grité. – ¡Es horrible! ¡No puedo dejar de pensar en ella! ¡Deseo volver a cocinar tamales de rajas con queso con ella! ¡Deseo irme de fiesta con ella y su amiga la zorra que no deja de coquetear conmigo! Es horrible, ¡hermano! ¡Me siento la peor persona de todos los tiempos!
-Ya veo. –Murmuró Junior, al momento en que entrabamos al supermercado. –Es como sí una especie de imán no te permitiera alejarte de ella, ¿Verdad?
-Algo así. –Admití. –Pero no es mi intención dañar a Ellie, estoy más que seguro de que la amo.
-Amigo… ¿Has pensado en hacer uso de la poligamia?
Lo miré con seriedad, el se partió de risa.
-Tienes razón, no es algo con lo que se deba de bromear… Esperemos que con el tiempo se te pase la obsesión.
-Eso espero. –Murmuré, tomando una caja de cerveza. – ¿Falta algo más?
-Carbón…
-Vamos a hacerlas en la estufa…
-¿Y eso qué? ¡La carne sin carbón a un lado no es carne! ¿Qué ya no eres de Texas tú? ¡Malditos californianos!
Pronto llegamos al departamento de nuevo y comenzamos a cocinar un gran festín carnívoro de bienvenida a la ciudad, no volvimos a hablar del tema de Ruth, pues era más claro que el agua: así tenían que ser las cosas, Ruth era solo una niña de 18 años que probablemente yo estaba confundiendo con mi comportamiento coqueto, y yo era un hombre casado que bien podría terminar perdiéndolo todo solo por un par de momentos de falta de control, no podía dejar que eso se repitiera: Ruth y yo debíamos partir en caminos distintos, justo como nuestros departamentos: separados por un largo corredor.
Ellie y Karla subieron un rato después, bebimos y reímos como cuando aun vivíamos en Texas, pues aun estando casados ellos nos visitaban casi a diario en nuestro antiguo departamento y preparábamos este tipo de fiestas, siempre fue agradable contar con ellos.
-¿Planean casarse? –Pregunté, finalmente; ambos me miraron con un rostro asustado.
-¿No? Yo solo decía…
-Aun no hermano… ¡Seremos novios hasta los 30 y sí funciona hasta entonces nos casaremos! ¿Verdad Karlangas?
-Exacto. –Respondió Karla. –no nos malinterpreten, pero el matrimonio no es lo nuestro; hay personas que no se dan cuenta de que desean pasar el resto de su vida juntos tan rápido como ustedes.
-¿Tú crees? –Preguntó Ellie, presionando mi pierna con su mano. –Es verdad, solo estamos hechos el uno para el otro, ¿Verdad cariño?
-Sí, amor. –Contesté, con una gran sonrisa.
-Sobre todo Zack. –Mencionó Junior, mirándome con unos ojos que expresaban tener ganas de molestarme un rato, me encogí de hombros. –Es el hombre más dedicado a una sola mujer que he conocido.
-¡Lo sé! –Respondió Ellie, sin captar lo que trataba de decir mi buen y fastidioso amigo en realidad.
-¡Por los Mosh! –Gritó Karla, levantando su cerveza a modo de brindis.
-¡Por los Mosh! –Gritamos todos, chocando nuestras cervezas.
-Por cierto, ¿Conocen a la chica pelirroja que vive a lado de ustedes? –Preguntó Junior, mirándonos con seriedad. –Parece ser súper divertida.
-Se llama Ruth. –Respondí, entre dientes. –Y sí, es bastante divertida… ¿Verdad, cariño?
-Por supuesto, ¡esa niña es un encanto! Me gusta llamarla niña exploradora de cariño.
-¿Enserio? –Pregunté, imaginándome a Ruth vestida de exploradora, pensaba partirme de risa; pero la imagen era extrañamente sexy.
-Sí, pero bueno… Ella está muy concentrada con sus estudios y es por eso que no hemos podido socializar muy bien con ella. –Mintió mi esposa, que miraba a nuestros amigos con una sonrisa radiante.
-Ah, ¿Aun estudia? –Preguntó Karla.
-¡Sí! Tiene 18 años solamente, pero ya vive sola y trabaja en un videoclub para mantenerse.
-¿En serio? –Pregunté yo, aun más sorprendido, era conocedor de que Ruth vivía sola, pero no sabía que trabajara para poder pagar su departamento y gastos.
-Me lo ha contado Doña Concha, será un placer presentárselas después, una señora de lo más agradable.
-Suena a la chismosa del edificio. –Murmuró Karla con una gran sonrisa, me interesa conocerla en verdad.
-¡Maldición! ¡Hermano! ¡Ya empezó la platica de chicas! Y se nos ha acabado la cerveza, ¿Por qué no bajas a tu departamento y traes las que tengas?
-Bien, Bien… Dame un segundo…
Bajé hasta mi piso con miedo, tenía pavor de toparme con Ruth; ya que no sabría que decirle, por lo que entré a mi casa corriendo y cerré la puerta con velocidad.
Abrí el refrigerador y tomé la poca cerveza que había, salí de mi departamento y al levantar la mirada me quedé congelado: Ruth venía llegando, nuestros ojos hicieron contacto, ella me dedicó una sonrisa tímida.
-Hola. –Murmuré, cuando llegué a las escaleras.
-Hola. –Respondió ella. – ¿Haciéndose amigos de los nuevos vecinos?
-¿Recuerdas que te conté de mí mejor amigo Junior? Es el.
-¿En serio? –Preguntó, sorprendida. –Tienes razón, ¡Tiene una cara de drogado que ni siquiera Elvis tenía!
Me reí sonoramente y cariñosamente agité su cabello.
-Te extraño, es aburrido sin ti… ¿Por qué no vienes a vernos cuando se encuentre Ellie? Me encantaría que nos hicieras de comer algo al menos una vez a la semana o que se yo.
-No se si estaría bien, Zack, yo…
Puse mi dedo índice sobre sus labios, estaban húmedos.
-Una vez a la semana, serás como amiga de la familia y así no te extrañaré tanto, ¿no me extrañas tú a mí?
-No de la forma en que piensas. –Respondió, bajando la mirada.
Llevaba una falda de tela a cuadros con sus perfectas piernas descubiertas totalmente y un par de sandalias amarillas, una blusa amarilla con una flor con diamantinas en medio de su abultado pecho, a lado de su cuello se podía observar el tirante oscuro de su sostén, en la cabeza llevaba una boina negra y unos aretes en forma de aro colgando de sus orejas.
Sus brillantes ojos azules temblaban de forma avergonzada mientras miraba al suelo, sus manos estrujaban su bolso de mano con frustración y su respiración era ligeramente acelerada.
-Yo tampoco te extraño en la forma que piensas, tonta. –Respondí. –Por favor, ven a cenar con nosotros el jueves, Nos vemos entonces, pequeña.
-Está bien. –Respondió ella
Satisfecho, esbocé una sonrisa y subí las escaleras, ¿No era nada malo, o sí? Solo me sentía mal por lo que había dicho Ellie hace un momento: Ruth trabajaba para pagarse sus propios gastos y vivía sola, debía de ser una vida muy solitaria y solo deseaba echarle una pequeña mano.
-Z… ¡Zack! –Gritó.
Me di la vuelta, sorprendido.
-¡Ni pienses que voy a dejar de vender galletas en tu casa!
-¿Eh? –Pregunté, sorprendido.
-Ups… ¡No debí decir eso! Solo te diré, que tu esposa es una mujer un tanto ruda cuando no estás cerca.
Me dedicó una sonrisa radiante y un guiño y se perdió en el corredor camino a su departamento, dejándome embelesado por su belleza y confundido por su revelación.

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