Lo Último

18 dic. 2010

viejo amo a mi esposa 8


Sobre el joven del primer piso, sobre la niña exploradora enferma y sobre las nauseas de Ellie (Ellie)
(2010, Los Ángeles)
Fue un día bastante estresante, estuve varias horas bañada en espuma y nunca me había lavado tanto el cabello en toda mi vida, todo esto gracias a que las primeras 20 tomas que hizo el camarógrafo las había hecho sin película en la cámara, así que tuvimos que volver a empezar de nuevo, por otro lado; finalmente la filmación había terminado y en mi bolso llevaba un total de 3000 dólares recompensa de mis esfuerzos.
Llegué a nuestro edificio, pude notar un camión de mudanza; ¿Nuevos vecinos? ¿Una nueva chica exploradora para unirse a la suma de pretendientes de mi esposo? Me dio curiosidad y decidí encaminarme a paso lento, para aumentar las probabilidades de encontrarme con nuestra muy posiblemente ardiente y joven nueva vecina.
-Que vieja me siento al decir esa clase de tonterías. –Pensé. –Es triste si tomamos en cuenta que yo tengo 21 años y también soy del tipo ardiente.
Quedé sorprendida de que nuestra nueva y ardiente vecina era una chica bastante culta en realidad, casi el 50% de sus pertenencias eran libros y estantes para los mismos; aparentemente ser bella también tenía su encanto.
Me impresionó también la cantidad considerable de pesas que tenía la nueva rival de Ruth y mía, pues eran bastantes y se veían muy pesadas.
-Parece que Ruth era solo el comienzo. –Pensé. –Esta otra niña exploradora parece ser el doble de violenta.
Iba sumida en mis pensamientos y a punto de subir por las escaleras cuando llegó la iluminación a mí.
-¿Y sí en realidad es un hombre?
Me giré y fue entonces que suspiré aliviada; nuestra nueva rival no era más que un chico rubio de 1:90 con ojos azules y un cuerpo impresionantemente tonificado.
-¡Menos mal! –Exclamé, provocando que el chico se volviera a mí, extrañado.
-Ah, lo siento… Yo… Pensé que eras una chica…
El hombre me soltó una sonrisa tímida y después procedió a seguir metiendo sus cosas dentro de su departamento; sintiéndome una idiota subí las escaleras hasta el tercer piso, hogar dulce hogar.
Abrí la puerta y lo que vi extrañamente no me sorprendió en lo más mínimo: Zack, con un sombrero mexicano cantaba con su guitarra un tema mariachi mientras Ruth cocinaba algo.
-Vaya, ¿Qué están haciendo ahora? –Pregunté, mas sorprendida que molesta; parece que ya me estaba resignando.
-¡Hoy es día de chiles rellenos, Ellie! –Me respondió la niña exploradora (que por cierto llevaba un vestido sencillo azul que llegaba hasta los muslos y que la hacía parecer una zorra).
-Ah, ya veo, iré a tomar una ducha… me reuniré con ustedes en unos momentos.
-La cucaracha, la cucaracha… ¡Ya no puede caminar! –Me cantó Zack, mientras abandonaba la sala; si supiera lo que eso significaba seguro me hubiera ofendido.
Me duché y salí lo más rápido que pude, cuando ya estaba más cómoda y volví a la sala no me sorprendió ver a la niña exploradora y a mi esposo jugando Xbox.
-Ah, trajiste tus juguetes, querida. –Me burlé de ella, de forma discreta.
-Este lo ha comprado tu esposo. –Me respondió Ruth, con una gran sonrisa; esa estúpida sonrisa que me hacía retroceder varios metros. –Yo solo vengo a enseñarle a jugar, porque conduce como un abuelo.
-¡Calla! ¡Respeta a tus mayores, mocosa! ¡Además la carrera pasada te gané!
Zack movía el control en todas direcciones, como tratando de ir más rápido o algo.
-Parece que te diviertes, cariño.
-En un momento hablo contigo, Ellie… ¡Estoy a nada de convertirme en el campeón mundial!
-¡No lo permitiré! –Respondió la niña exploradora.
Como dos niños pequeños siguieron jugando carreras por un par de horas; yo comí en silencio mientras los observaba, viéndolo mejor; ellos no se veían nada bien juntos, era como un chico apuesto con la vida ya resuelta a lado de una pequeña que no tenía idea de lo que era el mundo.
-¿De qué me he estado preocupando? –Pensé; siempre era así de fácil, bastaba pensarlo un poco para salir de lo que segundos antes solía ser un gigantesco e incontrolable mar de celos.
Aun así, decidí jugar un poco con las reacciones de Ruth; me sentí orgullosa de mí idea e inmediatamente la puse en práctica, me senté en el respaldo donde Zack jugaba con dedicación.
-Cariño. –Murmuré, con una dulzura perfecta.
-Dime, ¿Ellie? –Respondió el, con los ojos en su deportivo amarillo.
-Te amo.
-Yo también te amo. –Respondió el, sin voltear a verme.
Inmediatamente giré para ver la reacción de la niña exploradora, parecía no haberse dado cuenta, estaba muy ocupada maldiciendo la falta de control de su auto; me sentí un poco estresada, pero no era momento para rendirme.
Me senté en el regazo de Zack, (Procurando no estorbarle la visión de la pantalla porque eso hubiera sido brutal) y miré a Ruth desafiante, pero no se inmuto de mí cruel acto de agresión.
-¿Qué tengo que hacer para que reacciones? –Pensé, pero me resigné a quedarme de esa forma hasta que ella se sintiera incomoda y tuviera que dejarnos solos.
Jugaron un par de carreras más, mi trabajo oficial era el animar a Zack y burlarme de forma tierna e hipócrita de la niña exploradora, que ahora comenzaba a dedicarme unas cuantas miradas de inconformidad, yo se las devolvía con una linda sonrisa.
Durante la tercera carrera; Ruth desvió su mirada de la pantalla y empezó a presionar su cabeza con ambas manos, tambaleándose un poco.
-¿Ruth? –Preguntó Zack, preocupado. – ¿Estás bien?
Ella no pudo responder, cayó desmayada en el sillón unos instantes después; fue tal la sorpresa del desmayo de Ruth que Zack prácticamente me lanzó por los aires y fue a verificar que la exploradora se encontraba bien; para ser sincera yo también estaba algo preocupada.
-Parece que otra vez se ha estado desvelando, será mejor llevarla a su habitación; llamaré un medico por si acaso.
Zack tomó a Ruth por la espalda y por las rodillas y caminó hasta la entrada, en el justo momento en el que abrió la puerta; Ruth abrió sus ojos y con una gran sonrisa me dedicó un guiño coqueto, como diciendo “hoy has perdido, Ruth 1 - 0 Ellie”.
No fui capaz de decirle nada a Zack, me quedé congelada frente al televisor.
-¡Maldita exploradora zorra! –Maldije al viento; ¿Derrotada por una niña? ¿De nuevo?
El mar de preocupación volvió, ¿Qué tal si en ese preciso momento se estaban besando? ¡No iba a permitirlo! ¡No estando yo a unos cuantos metros! Abrí la puerta y llegué hasta el departamento de la niña exploradora, entré sin tocar y me abrí paso hasta la habitación de la chica (que por cierto era un desastre, ropa regada por todos lados).
-¿Cómo está? –Pregunté, al ver a Zack tomándole la temperatura con su mano izquierda.
-Supongo que estará bien si descansa, pero por si acaso ya he llamado a un doctor, llegará en unos minutos.
-Genial, Entonces podemos dejarla aquí, ¿no?
-Pero claro que no, Ellie ¿cómo se te ocurre? Puede ponerse mal y si no estamos puede ponerse peor.
-¡Anda! ¡Sí solo está cansada! ¡Es más! ¡Ni siquiera es eso! ¡Está fingiendo!
La señalé de forma acusadora, pero su limpio y sereno rostro expresaba totalmente lo contrario, si mis cálculos eran correctos, Zack no me iba a creer ninguna palabra y me diría que me fuera de forma hostil.
-¡Ellie! No es momento para tus celos, ¿No ves que no se encuentra bien? Sí no vas a ayudar mejor vete al departamento, te veo cuando el doctor llegue.
-Tienes ensayo en 2 horas. –Recordé.
-¡Lo sé! Pero sí el doctor no aparece simplemente le diré al señor tiburón que me deje llegar tarde, ahora si me disculpas, debemos guardar silencio, sí te vas a quedar a acompañarme toma asiento aquí y quédate callada.
Solté un gruñido y salí del departamento hecha una furia, no era justo; simplemente no lo era, ¿Cómo es que ella era la que mentía y yo salía regañada? A esa pelirroja nadie le había enseñado los límites y ya era hora de que alguien le hiciera entender.
-¡Hey! –Gritó alguien, desde las escaleras; al girarme pude ver a nuestra nueva ardiente vecina y rival, o más bien a nuestro nuevo vecino rubio y musculoso; llevaba su cabello corto y bien peinado y vestía un traje elegante, como el de un ejecutivo.
-Hola. –Saludé. –No me presenté antes, eh soy…
-Doña Concha me ha hablado de ti hace un rato. –Me interrumpió. –Por lo que me ha dicho tú y una morena de más arriba son las únicas vecinas normales así que decidí presentarme con ustedes primero.
-Ah, pues mucho gusto, Mí nombre es Ellie Mosh. –Respondí, con la más falsa amabilidad que el momento me permitió.
-Soy Ryan, Ryan Heels, un placer conocerte, seremos vecinos de edificio a partir de hoy; espero nos llevemos bien, y si haces fiestas… ¡Me invitas!
Soltó una risita nerviosa y levantó los brazos, como fingiendo ser un chico de fiestas.
-Sé lo que estás pensando. –Murmuró, de pronto. –Y tienes razón, no soy un chico de fiestas… Solo que… Pues quisiera hacer amigos por aquí.
-Ah, pues en ese caso cuenta conmigo. –Repuse. –Además, la chica morena de la que te habló Doña Concha es mi mejor amiga Karla así que no te preocupes que yo te presentaré con ella.
-Genial, y dime… ¿Qué haces de la vida? ¿Ama de casa?
-Ah, bueno soy una gerente en una tienda de artículos para bebes y trato de convertirme en actriz, ¿Tú?
-Soy uno de esos hombres que siguen lo que quieren ser, al igual que tú, pero yo soy un escritor.
-Ah, vamos… ¡Te vez muy joven para llamarte hombre!
-25 años en realidad, tú cuantos tendrás… ¿17?
Solté mí risita de animadora; de esa que usaba tiempo atrás cuando todos coqueteaban conmigo.
-En realidad tengo 21 solamente.
-Un poco Joven para estar casado. –Refutó.
-¿Doña concha te…?
-Oh, no, no… Vi tu anillo y…
-Ah, pues sí… Somos una pareja joven, que te puedo decir…
-En fin, estaba pensando en invitarlos a ti a tu esposo y a tus amigos a cenar para… hacer amigos y esas cosas.
El tipo era alto y de complexión fuerte (anteriormente había tenido la oportunidad de verlo en camisa de tirantes, ¿Recuerdan?) y con un rostro mucho más maduro que el de Zack; pues a diferencia de mi joven esposo el ya parecía ser todo un hombre adulto.
-Ah, ¿Por qué no? ¿Esta noche?
-Eso planeaba, hay un pavo en el horno y…
-Excelente, a las 7 estaremos ahí, ¿Te parece?
-Me agrada la idea, ¡entonces nos vemos más tarde!
Me despedí con un apretón de manos, bastante fuerte y seguro y entré a mi departamento, planeaba ponerme a ver televisión y fue entonces que vi el desastre que había en la cocina; me encogí de hombros y me puse a recoger todo, apilé los platos sucios en el lavabo y me disponía a lavarlos cuando noté que había un pequeño trozo de pollo guisado en un sartén, decidí darle buen uso en lugar de tirarlo; me lo llevé a la boca y el sabor fue espantoso; ¿Ruth trataba de envenenarme con pollo pasado?
Corrí al baño y vomité; estaba terriblemente mareada y la sola idea de ese pollo en mi boca nuevamente me puso mucho peor; ¿Cuántos años tenía esa cosa?
-Maldita exploradora. –Pensé. –Eso es jugar sucio…
Entonces, en un flash de pensamiento razonable se me vino otra posible idea a la cabeza, una un tanto más probable que una chica tratando de envenenarme con comida pasada, este bien podía ser un síntoma común en la primer semana…
Apenas estuve recuperada corrí al teléfono y llamé a Karla, me contestó casi al instante.
-¿Dime, amiga? –Preguntó con indiferencia.
-Karla… ¡Necesito que vayas al supermercado a traerme unas cuantas cosas!
-Oh Dios mío, ¿Es lo que creo?  -Preguntó, sorprendida.
-¡Solo ve por favor! ¡Tráeme todas las pruebas de embarazo que encuentres!

1 comentario:

  1. musculoso?, exploradora?, que colisión se prepara?, MUY INTERESANTE JEJEJ

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