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31 dic. 2010

¡Amo a Ruth! (Creo) (01/??)

(NOTA: ESTE ES EL VOLUMEN 2 DE LA HISTORIA "AMO A MI ESPOSA, (CREO)" PARA ENTENDERLA DEBES DE LEER TODO EL VOLUMEN ANTERIOR)


Sobre los sentimientos de Finn y sobre cómo la popularidad cansa (Finn)

(Los Ángeles, 2010)
¿Conocen a esa clase de chico que es tan sencillo como una aguja? ¿Esa clase de persona que no tiene aspiraciones especiales y que en general solo trata de llevarse bien con todo el mundo? ¿Ese estilo de muchacho que se ve forzado a lidiar con los roles sociales y los cumple por puro compromiso cuando en realidad solo quiere ponerse a dormir en la clase de matemáticas? Bueno, si conocen a esa clase de persona es porque ya me conocen.
-Fin Hudson. –Llamó el profesor. –Ya te he dicho que si tienes sueño no entres a mi clase, ¡Demonios!
-Lo siento, señor Tsukamoto, es solo que… usted sabe… ser popular es muy duro…
-¿Es enserio? ¡Largo! –Me ordenó, alterándose como sí acabara de insultarlo.
-Lo siento, lo siento…
Extrañamente todos se rieron, ¿había dicho algo gracioso? En realidad solo estaba tratando de entablar una conversación agradable con mi profesor para resolver mis problemas de cansancio, al parecer no era buena idea hacerlo frente a la clase.
Me levanté de mi asiento y dándole la mano al profesor abandoné el aula, extrañamente todos se volvieron a reír, ¿es que tenía un don o algo así?
-¡Hey Finn! ¿De nuevo te han sacado de la clase? –Preguntó un chico que ni siquiera conocía.
-Eh, sí… ¿Puedes creerlo?
-¡Eres genial hermano!
-Gracias…
Escenas como esta ocurrían a diario, la gente me conocía a fondo y para ello no era necesario conocerlos a ellos, tampoco tenía que portarme buena onda con ellos, pues de todas formas ya estaba impuesto que yo era una buena persona; ¿por qué? Por ser endemoniadamente popular, supongo, en las escuelas siempre había algo así como un líder, yo era ese líder sin siquiera querer serlo.
Caminé hasta la cafetería, cuando estaba a punto de entrar para ir a charlar un poco con las cocineras me percate de la única presencia que lograba sobresalir de todas las demás, en el patio principal del colegio.
Saludando a todos los desconocidos que me saludaban finalmente llegué al patio principal y me senté a un lado del asta de la bandera para no ser visto, pues aunque ella me viera yo era algo un poco más insignificante que el resto de sus seguidores, ella iba acompañada por su amiga Ginnie, una chica de cabello oscuro teñido de rubio y de rosa en el copete y en algunas otras puntas, tenía que sentirse afortunada de poder acompañar a semejante diosa:
1:67, piel blanca con una ligera capa de bronceado, cabello pelirrojo y lacio hasta los hombros, con una nariz simétricamente perfecta, una boca pequeña y un par de labios del mismo tamaño, unos hermosos y cautivantes ojos azules, un par de piernas tonificadas con ejercicio y un busto con el tamaño perfecto, ¿qué más se podía pedir? Por supuesto que el físico no lo es todo, pero no solo era una diosa por fuera, no, ella era también una gran persona: siempre sonriente, alegre, sociable y ayudaba a quienes se lo pedían y era capaz de incluso salir lastimada en el camino, Ruth Johnson no podía ser descrita de una forma más que con la palabra “Ángel”.
-Pero… ¿Qué son esos ojos rojos de nuevo? –Pensé, ya era el tercer día consecutivo que esto pasaba. –Algo malo parece estar pasándote…
Pronto, Ruth se vio rodeada de pirañas y aunque eso en un día común y corriente no le hubiera molestado en lo más mínimo, parecía que hoy le causaba mucha incomodidad; pues ella se limitaba a dedicar sonrisas nerviosas.
-¿Debería llamarla? –Pensé. –Tal vez necesite de mi ayuda, salvarla sería bueno…
-Señorita Johnson, ¿puedo hablar un segundo con usted? –llamó una voz fuerte y cálida, desvié mi mirada para ver de quien se trataba y reconocí al nuevo profesor de música, James Selastraga o algo así.
-P… por supuesto señor. –Respondió Ruth, al momento en que un extraño brillo le cubría el rostro, ella se separó de Ginnie y de las pirañas que le seguían y se adentró dentro de la escuela caminando a la par con el profesor Selastraga.
-¿Qué debería hacer ahora? Bueno... tengo hambre…
Luego de ser saludado por otro mar de desconocidos, llegué a la cafetería y le pedí una orden de tacos a una señora muy ancianita que es mi mejor amiga de la cafetería, ella me los preparó con triple de todo y hasta me regaló un refresco, ahora ya con el alimento en las manos solo me tocaba sentarme, o al menos eso planeaba hacer, pero por las ventanas que daban al jardín trasero pude ver a Ruth charlar con el profesor Selastraga, ¿seguían hablando? Ya habían pasado como 10 minutos… me dio tanta curiosidad que empaqué mis tacos y decidí acercarme para escuchar de lo que hablaban.
Me senté en un árbol que estaba a la derecha de donde ellos estaban y me puse a comer al momento en que escuchaba su conversación.
-Escucha, Ruth… no importa lo que tú me digas o lo que digan los demás, tú eres una persona espectacular y nadie tiene derecho a hacerte tratar de sentir mal, ni siquiera tú, ¿bien? Solo eso quiero que lo mantengas muy y claro… bueno, eso y el hecho de que yo te…
-¡Aquí no, tonto! –Riñó Ruth, interrumpiéndolo.
-Lo siento, es solo que necesito decirlo ahora mismo.
-No, no pienso escucharte.
-Vamos… tarde o temprano tenemos que hablarlo… sabes que necesito decirte algo muy importante de lo que me acabo de dar cuenta y es algo que a los dos nos puede beneficiar.
-Exacto, Zack… TE ACABAS DE DAR CUENTA, ¿ya olvidaste lo que te dije frente al orfanato? Te dije que no pensaba volver a quedar en segundo plano… ve a ver si Ellie se lo traga…
-Ruth, por favor no me hagas esto…
-Muchas gracias por regañarme, Zack… en verdad me has subido el ánimo trayéndome aquí… no se porque me deprimí en primer lugar, pero ahora sé que tengo un amigo como tú a quien puedo confiarle mis secretos para que me ayude a salir adelante.
-Bueno… al menos serví de algo, ¿no? Aunque mi plan en realidad era subirte el animo y al mismo tiempo quedarme con la chica… supongo que es un avance, ¿no?
-Nada va a pasar, debo irme y usted también, lo veo a la salida, profesor Mosh.
Pude escuchar los pasos rítmicos de Ruth directo hacia mí, no había escapatoria.
-Hey, Finn. –Me saludó y siguió caminando, como sí no se hubiera dado cuenta de que la espiaba.
-Hey. –Murmuré, de forma tímida.
-¿No piensas ir a clases? ¡Vamos! –Me riñó. –El otro día el maestro de matemáticas me ha dicho que tengo que juntarme mucho contigo para que empieces a tomar las cosas enserio, ¡vamos!
-S… sí.
Las pistas  que tenía sobre lo que estaba pasando eran: Ruth llorando, sintiéndose menos y deprimiéndose, el profesor Selastraga (O Mosh, o como sea) insistiendo en algo que ella ya le había dicho que no era posible, algo sobre decírselo a una tal Ellie, algo sobre quedarse con la chica y algo sobre un orfanato, todo llevaba a un solo y obvio camino: Ruth era algo así como una prima que vivía con el profesor Mosh y con su esposa Ellie y el profesor deseaba adoptar, pero Ellie no quería y el desesperadamente buscaba apoyo en Ruth pero ella tampoco estaba a favor de tener una bebé en casa.
-¡Es tan obvio! –Exclamé.
-¿Eh? –Preguntó Ruth, lanzándome sus bellos ojos azules e incapacitándome motoramente de contestar.
-E…. n… n… nada…
-Bien, creo que estás loco.
Ahora se le veía a Ruth con una amplia sonrisa de felicidad, sus ojos emitían un hermoso brillo de esperanza y sus mejillas estaban pintadas de un lindo tono rosado, tenía que estar impresionado; pues con un simple regaño el profesor había sido capaz de recuperar el animo de la chica, ¡Ese profesor definitivamente era genial!
-Tengo que hacerme un gran amigo del profesor Mosh. –Pensé. –Ahora que lo pienso, parece ser gran amigo de Ruth y de sus allegados, por no mencionar que parece ser la clase de persona que da excelentes consejos y que además siempre estará ahí para ayudarte… tal vez debería de pedirle ayuda con Ruth… pero para eso debo ganarme su confianza primero, ya que es su prima… vaya… supongo que entraré al coro y me haré su mejor amigo en ese caso.
-Ruth… eres buena amiga del profesor Mosh, ¿verdad? –Pregunté, antes de entrar a la clase.
Ella se estremeció y se puso completamente roja, pensé que era algo natural pues ser amigo de un profesor no era algo muy común, aunque él era especialmente joven.
-Eh… p…p…pp…. Sí… creo…
-Es que he estado pensando en unirme al coro… y ya que es tú amigo pues…
-Ah, ¡De hecho justo ayer me había pedido que le ayudara a conseguir miembros, pues con el club del coro abierto le pagan más o algo así! –Soltó una carcajada. –Si gustas en receso podemos ir a buscarlo para que te unas, ¿Qué tal?
-Gracias, Ruth. –Murmuré, con una sonrisa de satisfacción.

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