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22 mar. 2011

Oneshot! (1/??)


Esto no tiene que ver nada con mi novela, sin embargo no puedo quitarmelo de la cabeza asi que mejor lo escribo para que pueda seguir trabajando XDD!! a ver que opinan si es que alguien lo lee, saludos!




ONESHOT!

La luz filtrada por las gruesas persianas metálicas de la ventana central proporcionaba iluminación a la ligeramente tenebrosa oficina del anciano, en las paredes se podían apreciar cada una de las capacitaciones de juez que había ganado a través de su carrera, también había un cuadro con recortes de periódicos varios que por cierto, nunca me había tomado la molestia de revisar, pues usualmente solo entraba y esperaba en silencio un veredicto y ese día no era la excepción; ya teníamos cerca de 1 hora de silencio. Él hojeaba un manuscrito una y otra vez con afán, periódicamente me lanzaba miradas sin contenido alguno más que el de tratar de hacerme enfurecer y después volvía al hojeo.
 Pese a no ser la primera vez que me enfrentaba a este proceso de rutina, era frustrante y no podía evitar pensar en escapar a algún lugar lejano donde no tuviera que vivir el dolor de ser juzgado por un anciano con aires de superioridad, me imaginaba paseando por una bella playa de arena blanca en pleno atardecer, con el cabello lleno de sal y arena, con los pies arenosos y los ojos irritados, despreocupado y libre de toda culpa.
– Los resultados no están tan mal, Diego. –aseguró el hombre canoso, que me miraba con un notorio gesto de superioridad que adoraba usar conmigo en cada ocasión que me equivocaba al presentar una historia, como cualquier otro editor de una editorial grande: El tipo no era más que un escritor frustrado y sin talento que se sentía en condiciones de criticar. – Los otros editores creen que tienes futuro y varios incluso se tomaron la molestia de escribir unas notas para ayudarte a mejorar en breve.
– No necesito las notas, Toño –aseguré – ¿sabes que necesito? ¡Otro editor! Desde que llegué a Diggest has estado conmigo y creo que me estás llevando por un mal camino.
Las arrugadas manos de Toño se entrecruzaron y se posaron sobre el grueso escritorio de caoba cubierto por un montón de hojas desordenadas en el justo momento en que me lanzaba una mirada de seriedad, advirtiéndome que el tiempo se acababa y que era vital que yo empezara a tomar las cosas con seriedad.
–No –bufó, con paciencia – ¿sabes que necesitas? Admitir que soy un buen editor y que la culpa de ser rechazado por segunda vez consecutiva es totalmente tuya, ¿ya podemos pasar a las soluciones?
Me encogí de hombros, entregándole razón total al anciano,  desde el principio ya era conocedor de que la culpa era totalmente mía,  era mas de mi estilo el luchar un poco antes de perder la batalla. El hombre se re acomodó en su silla y empezó a darme su opinión.
– La trama está muy bien articulada, creo que una novela de un marinero que va a combatir dejando todo atrás es sencillamente excelente, algo trillado pero excelente al fin. El que cuentes las cosas en primera persona da un toque de conexión  y pasión con la historia que no puedo describir con palabras, las dificultades a las que se enfrenta y lo que siente lo expresas totalmente a la perfección, sin embargo… todo cambia cuando empiezas a narrar desde la perspectiva de su esposa que lo espera en casa, la profundidad decae a un punto en que incluso parece que es narrado en tercera persona, algunas respuestas de ella a los cobradores son respuestas robóticas y sin dar mayor explicación le es infiel a su marido.
Tras 2 años de discusiones con Toño, finalmente estábamos de acuerdo en algo, yo también sentía que mi personaje femenino era notoriamente deficiente y esperaba que él  y el resto de los editores se dieran cuenta de ello, sin embargo el golpe de la cruda realidad se hizo notorio en mi rostro cuando bajé la mirada, herido de orgullo, pues como cualquier escritor: mi orgullo era elevado y seguro, pero tan delicado como una pieza de cristal ante el fracaso personal.
–Bien –repuse, tratando en vano de aparentar indiferencia. – ¿Cuál es tu punto?
– Como escritor en general eres un futuro gigante, pero tu entendimiento del sexo opuesto es nulo en su totalidad.
Apreté mis puños con ansiedad, ¿Cómo era posible que se me llamara un futuro gigante en la misma oración en que se me revelaba que mi entendimiento de las mujeres era el de un perro por el espacio exterior? No importaba como lo viera, un escritor que no era capaz de entender al extremo opuesto de la humanidad estaba destinado a retirarse, a morirse de hambre o a escribir historias de homosexuales.
– En pocas palabras, mi carrera se ha jodido, ¿eh? –pregunté, ocultando mi auto resentimiento bajo una falsa y resignada sonrisa; y por supuesto, ignorando el agrio sabor de boca que la derrota me provocaba.
– Es broma, ¿no? –preguntó de vuelta, ahora con un gesto divertido en sus anteriormente altaneros ojos. –Aun tienes 24 años, no piensas decirme que solo por no conocer de mujeres vas a dejar atrás tu carrera como escritor, ¿verdad?
– Por supuesto que no entra en mis planes, ¿no se nota con mi personalidad que finalmente estoy haciendo lo que me gusta? Es solo que, simplemente no se me ocurre una salida, hasta este momento estuve engañándome a mí mismo pensando que mis personajes femeninos estaban bien y ahora que me han remarcado que no es así es como enterarme que todo mi trabajo ha sido en vano, ¿me explico?
– Es entendible que te sientas decepcionado, quiero decir, es un dicho popular que los escritores son criaturas ególatras, ¿cierto?
¿Cómo podía ponerse tan tajantemente a charlar conmigo como si no estuviese yo en una crisis? ¿Eran todos los editores tan cabeza dura? La sangre en mis venas estaba hirviendo y él no estaba siendo para nada un aporte benéfico.
– Toño… todo este tiempo no has sido más que un estorbo en mi paso al reconocimiento mundial, ¡¿Por qué no por una vez en tu vida abres esa boca supuestamente llena de experiencia y me das un consejo sobre qué hacer?!
Sorpresivamente el anciano no soltó sus ya acostumbrados “averígualo por ti mismo” ni sus ya inmortalizados “Lee tu propia novela para comprenderte a ti mismo”, en esta ocasión él sacó un cuaderno de tamaño profesional y me lo entregó, era un simple cuaderno a rayas en blanco.
– ¿Y esto? –pregunté, frustrado ante el pronóstico de un sermón merecido por la falta de entendimiento rápido de las metáforas.
– ¿Sabes porque yo nunca fui escritor? –preguntó, limpiando sus gafas de fondo de botella con una servilleta.
– ¿Por falta de talento? –pregunté, aparentemente buscando pelea.
–Posiblemente –repuso, sin alterarse. –pero, ¿Por qué soy capaz de juzgar quien tiene talento y quién no? Llevo ya siendo editor de esta editorial 30 años, no seguiría aquí de no ser porque he hecho un buen trabajo, ¿cierto?
–Correcto, la respuesta sería que has leído lo suficiente como para saber si algo es bueno o no, supongo…
– Eso es un punto interesante, Diego… pero te falta también tocar un punto: yo no viví gran cosa, de joven me vi obligado a trabajar para mantener a mi madre y hermanos y cuando me di cuenta ya era un hombre anciano como el que vez ahora.
–Me temo que no entiendo cómo se asocia eso a que seas un buen editor, Toño.
– Eres un gran fanático del futbol, ¿cierto? –preguntó, pasados un par de segundos.
–Así es, soy un gran seguidor del Santos Laguna desde niño, ¿Pero qué tiene que ver eso con esto?
–Ah, bueno… seguro como seguidor del deporte conoces a José Ramón Fernández, ¿cierto?
–Claro, es uno de los mejores periodistas de deporte del mundo, es muy influyente en todos lados.
– ¿Fue él futbolista en su juventud? –preguntó, mostrándose encantado por el rumbo que la conversación llevaba.
–No, él nunca fue bueno para el futbol. –Respondí, ya con cierta idea del punto que trataba de exponer el anciano editor.
–Exacto, sin embargo aunque él nunca jugó futbol, como periodista es mejor que aquellos que si lo hicieron cuando jóvenes, ¿cierto?
–Cierto. –repuse.
–Por eso mismo yo soy buen editor y mal escritor, Diego; soy calculador, puedo ver las cosas en un plano amplio y analítico que me permite analizar cuando algo es bueno y cuando algo no lo es en absoluto, sin embargo, aun con esta habilidad soy incapaz de escribir algo por mí mismo, mis historias fueron muchas pero ninguna es digna de publicación, ¿Sabes la razón de ello?
–Lo repetiré de nuevo, la falta de talento.
–No todo está en el talento, Diego… algunas personas con su trabajo duro y su empeño dejan en ridículo al talento natural, yo creo que la razón por la que nunca pude escribir algo decente fue porque nunca viví algo decente.
El viejo había dado en el blanco: La razón por la que mis personajes femeninos no eran realistas en lo más mínimo era que desde adolescente nunca me había preocupado en socializar con nadie a grandes rasgos, siempre limitado al buen trato con todos pero a mantener distancias por pura timidez y baja habilidad social, varios años después los platos rotos aparecían ante mí y me demostraban que la falta de valentía siempre se va a pagar, tarde o temprano.
– ¿Estás sugiriéndome que debo casarme o algo así?
–Solo te estoy sugiriendo que vivas un poco, que salgas a algún club o un bar de vez en cuando y hables con alguna chica, quiero que en estos años de juventud que te quedan logres vivir lo suficiente para ser un gran escritor en tus años de adulto.
Las palabras del anciano nunca habían tenido tanto sentido, era imposible escribir sobre la vida misma si nunca se había vivido antes en realidad, ¿Cómo debería comenzar? ¿A dónde debería ir? Preguntas de esa naturaleza me atacaron una a una en ese instante, y ninguna de ellas iba a obtener  su respuesta de la nada.
–Seguro que ahora te estás preguntando como comenzar, ¿cierto? –Murmuró el anciano, mientras soltaba una risotada. –tranquilo, la vida en gran parte es pura experimentación, no vas a morir si fracasas a la primera.
– ¿Y el cuaderno? –pregunté de pronto, recordando el cuaderno profesional que me había entregado apenas unos minutos atrás.
– Ah, claro, cada vez que aprendas algo nuevo deberías anotarlo ahí, tu sabes… como ejercicio, tómalo como un diario de vida si quieres.
– ¿Es esto necesario? –cuestioné, algo avergonzado ante la posibilidad de hacer lo que haría una chica enamoradiza de 14 años.
–Claro que no es necesario, ¿pero como escritor no te beneficiaría tener una bitácora de tus experiencias? Es solo una sugerencia.
– G… gracias –murmuré.
–No hay de que, ahora… la siguiente reunión de serialización es el 27 de abril del año que viene, ¿crees que podrás entregarme una obra maestra para esa fecha?
¿Conocen esa sensación de aventura que se da siempre que estás a punto de iniciar un viaje? ¿Esa grata sensación de que vas a ir a por algo nuevo y desconocido? Bien, así fue justo como me sentí en el momento en que le daba la mano a Toño, notoriamente agradecido.
–Aquí estaré, entregaré algo a tiempo… ya lo verás.
Abandoné la oficina de Toño y caminé en silencio hasta la salida del edificio, una vez estuve fuera giré mi cuerpo para echarle una mirada al gigantesco rascacielos de la editorial, definitivamente deseaba a muerte ser publicado en ese lugar, en ese mismo momento me sentía capaz de todo, me sentía diferente y me sentía muy bien, de hecho… fue curioso darme cuenta de que esa misma mañana había entrado a ese lugar siendo un talentoso escritor sabelotodo y que había salido siendo solo un desempleado de 24 años que tenía mucho por vivir.

3 comentarios:

  1. merece la éna seguir esta historia; No imagino la de vivencias que Diego va a vivir, pero espero con ansia conocerlas....Sigo tu instinto...

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  2. Me agrado bastante... sinceramente debo decir que me siento reflejado en el sentido de que me falta bastante por vivir, para mejorar a la hora de escribir una historia. Es una historia que proyecta bastante.. y tienes tantas maneras quieras para desarrollarlo, espero que lo continúes y por acá estaré comentando cada que pueda

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  3. Se ve interesante, tiene potencial dependiendo en que te vayas a enfocar.
    Me gusta el echo de que has agregado nuevo vocabulario, se nota la mejoría desde tus primeras historias.
    Esperando próximo capi!! ^^

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