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14 abr. 2011

reestructuración del pasado: Zack y Ellie (Amo a mi esposa) Ellie:1/??


El comienzo (Ellie)
(2005, Texas)
– ¡Ellie! –me llamó mi madre desde el piso de abajo, con ese acento impaciente que suele utilizar todas las mañanas. – ¡Ya ha llegado Charlotte por ti, apúrate y baja!
– ¡Ahora mismo bajo! –repuse, con un grito sereno, en el momento justo en que terminaba de atarme el cabello en una coleta sencilla.
Todo parecía en orden para el tan esperado inicio de curso, tomé mi bolso y salí a reunirme con mi familia y con Charlotte, que me revisó de arriba abajo una vez me detuve frente a ella; como si estuviese analizando una fina botella de vino por la calidad de la botella.
– Nada mal –respondió finalmente, en tono aprobatorio. – Creo que está bien que busques la apariencia de niña inocente desde el primer día.
– ¿Qué quieres decir? –pregunté, algo sorprendida. – No busco ninguna imagen, en realidad solo me he vestido casual.
– Claro, claro…
Charlotte siempre se sintió la mayor experta a la hora de la moda, lo peor de todo es que en verdad lo era, aunque eso lo llevara a parecer una ramera gran parte del tiempo, y vaya que con su vestimenta efectivamente parecía serlo: llevaba una minifalda de mezclilla a juego con un par botas vaqueras y acompañadas de una blusa azul marino pegada a su esbelta figura, ella era una chica alta, bronceada con cabello negro y unos hermosos ojos miel, en fin, la chica más deseada de la secundaria y próximamente también de la preparatoria.
Sobre mi físico, bueno, yo era un poco más bajita que Charlotte, pero también más delgada y atlética, rubia, con ojos café claros y según muchas personas: una belleza total, aunque en realidad la apariencia nunca me importó mucho, lo que realmente estaba en mi mente en esos momentos era el triunfo, sobresalir en cada una de las ramas era la meta verdadera tras mis aspiraciones de unirme al grupo de animadoras y representar a la escuela en los concursos académicos.
– Es enserio. –Repuse, algo malhumorada. – No me importa crear una imagen, aunque veo que a ti sí.
– Bueh –Se encogió de hombros Charlotte, en el momento en que abría la puerta de la entrada. – De las dos siempre fuiste tú la mojigata.
Ignorando a Charlotte crucé el portón.
– ¡Vuelvo más tarde, mamá! – Me despedí, con un grito.
– ¡Cuídate hija! –Respondió ella, con ese tono amargo pero cariñoso al que me tenía acostumbrada.
– ¿No nos acompaña tu hermana hoy? –Preguntó Charlotte cuando cerré la puerta.
– Está en la edad en que siente que todos estamos en su contra, desde ayer no me dirige la palabra por haberme comido sus galletas…
– Ah, ya veo… ¿sabes? Estoy segura de que ella será como yo cuando crezca, va a ser una tigresa en unos años.
– Eso es lo que me temo –Respondí con honestidad, temerosa ante la posibilidad de que el número de Charlottes se duplicara.
– ¡Que mala eres! – Exclamó, dándome una palmadita al momento en que desactivaba la alarma de su auto, un “Solstice Coupé GXP” espectacular que su padre le había regalado apenas unos meses atrás.
Subimos al auto y tomamos camino, gracias a la excelente lista de reproducción de Charlotte el camino fue un tramo extremadamente agradable, el día avanzaba excelentemente bien, justo como me había imaginado mi primer día de clases.
– Eso me recuerda... – murmuró Charlotte. – ¿Aun deseas unirte a las animadoras? Porque te advierto que este año ha llegado una nueva entrenadora y es una torturadora total.
– Por supuesto que voy a unirme sin importar lo duro que sea, es parte de mi plan. Por cierto, ¿Por qué no traes tu uniforme puesto?
– Porque voy a llevar ese uniforme gran parte del año, deseo verme de otra forma al menos el primer día de clases, tú sabes, para engancharlos a todos…
Realmente no era nadie para juzgar un punto de vista como el de Charlotte, pues mi meta de triunfar en la preparatoria era tan ridículo o más que el de ella de ser la más deseada, por lo que me limité a guardar silencio y a disfrutar el resto del camino, hasta que llegamos a la preparatoria mc highley, lugar que sería mi segundo hogar durante 3 largos años.
– Si no encajas con las chicas de tu clase avísame para que des un paseo en los pasillos con nosotras, verás que con eso todas desearán lamerte el trasero.
– Estaré bien, gracias.
Charlotte me abrazó como se abraza a un entrañable hermano y entró en la escuela dejándome sola, no pude evitar disparar una fugaz sonrisa de emoción al momento en que pisaba el primer escalón de la entrada a la escuela.

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