Lo Último

16 may. 2011

¡Amo a mi esposa! (Creo) (3/??)

Sobre como empezó todo (para ellie), sobre el doble de riesgo de Morgan Freeman y sobre las milanesas molidas con papas
(2005, Texas)
– ¡Ellie! –me llamó mi madre desde el piso de abajo, con ese acento impaciente que suele utilizar todas las mañanas. – ¡Ya ha llegado Charlotte por ti, apúrate y baja!
– ¡Ahora mismo bajo! –repuse, con un grito sereno, en el momento justo en que terminaba de atarme el cabello en una coleta sencilla.
Todo parecía en orden para el tan esperado inicio de curso, tomé mi bolso y salí a reunirme con mi familia y con Charlotte, que me revisó de arriba abajo una vez me detuve frente a ella; como si estuviese analizando una fina botella de vino por la calidad de la botella.
– Nada mal –respondió finalmente, en tono aprobatorio. – Creo que está bien que busques la apariencia de niña inocente desde el primer día.
– ¿Qué quieres decir? –pregunté, algo sorprendida. – No busco ninguna imagen, en realidad solo me he vestido casual.
– Claro, claro…
Charlotte siempre se sintió la mayor experta a la hora de la moda, lo peor de todo es que en verdad lo era, aunque eso lo llevara a parecer una ramera gran parte del tiempo, y vaya que con su vestimenta efectivamente parecía serlo: llevaba una minifalda de mezclilla a juego con un par botas vaqueras y acompañadas de una blusa azul marino pegada a su esbelta figura, ella era una chica alta, bronceada con cabello negro y unos hermosos ojos miel, en fin, la chica más deseada de la secundaria y próximamente también de la preparatoria.
Sobre mi físico, bueno, yo era un poco más bajita que Charlotte, pero también más delgada y atlética, rubia, con ojos café claros y según muchas personas: una belleza total, aunque en realidad la apariencia nunca me importó mucho, lo que realmente estaba en mi mente en esos momentos era el triunfo, sobresalir en cada una de las ramas era la meta verdadera tras mis aspiraciones de unirme al grupo de animadoras y representar a la escuela en los concursos académicos.
– Es enserio. –Repuse, algo malhumorada. – No me importa crear una imagen, aunque veo que a ti sí.
– Bueh –Se encogió de hombros Charlotte, en el momento en que abría la puerta de la entrada. – De las dos siempre fuiste tú la mojigata.
Ignorando a Charlotte crucé el portón.
– ¡Vuelvo más tarde, mamá! – Me despedí, con un grito.
– ¡Cuídate hija! –Respondió ella, con ese tono amargo pero cariñoso al que me tenía acostumbrada.
– ¿No nos acompaña tu hermana hoy? –Preguntó Charlotte cuando cerré la puerta.
– Está en la edad en que siente que todos estamos en su contra, desde ayer no me dirige la palabra por haberme comido sus galletas…
– Ah, ya veo… ¿sabes? Estoy segura de que ella será como yo cuando crezca, va a ser una tigresa en unos años.
– Eso es lo que me temo –Respondí con honestidad, temerosa ante la posibilidad de que el número de Charlottes se duplicara.
– ¡Que mala eres! – Exclamó, dándome una palmadita al momento en que desactivaba la alarma de su auto, un “Solstice Coupé GXP” espectacular que su padre le había regalado apenas unos meses atrás.
Subimos al auto y tomamos camino, gracias a la excelente lista de reproducción de Charlotte el camino fue un tramo extremadamente agradable, el día avanzaba excelentemente bien, justo como me había imaginado mi primer día de clases.
– Eso me recuerda... – murmuró Charlotte. – ¿Aun deseas unirte a las animadoras? Porque te advierto que este año ha llegado una nueva entrenadora y es una torturadora total.
– Por supuesto que voy a unirme sin importar lo duro que sea, es parte de mi plan. Por cierto, ¿Por qué no traes tu uniforme puesto?
– Porque voy a llevar ese uniforme gran parte del año, deseo verme de otra forma al menos el primer día de clases, tú sabes, para engancharlos a todos…
Realmente no era nadie para juzgar un punto de vista como el de Charlotte, pues mi meta de triunfar en la preparatoria era tan ridículo o más que el de ella de ser la más deseada, por lo que me limité a guardar silencio y a disfrutar el resto del camino, hasta que llegamos a la preparatoria mc highley, lugar que sería mi segundo hogar durante 3 largos años.
– Si no encajas con las chicas de tu clase avísame para que des un paseo en los pasillos con nosotras, verás que con eso todas desearán lamerte el trasero.
– Estaré bien, gracias.
Charlotte me abrazó como se abraza a un entrañable hermano y entró en la escuela dejándome sola, no pude evitar disparar una fugaz sonrisa de emoción al momento en que pisaba el primer escalón de la entrada a la escuela.






(2010, Los Ángeles)
– Como puede ver he recibido varias reseñas de compañeros del trabajo en una de las sucursales de Texas, incluyendo a los jefes, cada una tiene número telefónico, por no mencionar que mi experiencia en las alfombras me ha clasificado como la más apta para tomar este empleo.
Tragué saliva, nerviosa, esperando que mi explicación fuera satisfactoria, el gerente en turno era un hombre afroamericano de rostro bondadoso y cabellos canosos, podría ser un doble de Morgan Freeman si se lo propusiera.
– Dígame, señora Mosh… ¿Por qué necesita usted este empleo? Sabe, en la lista de espera hay una mujer que tiene que alimentar a sus hijos… ¿Usted necesita este trabajo por sobre ella?
– Bien, mi esposo y yo recién llegamos a la ciudad y si no conseguimos empleos rápido estaremos en la calle y tendremos que ir a llorar con nuestros padres como un par de jovencitos fracasados que cometieron un error al casarse tan jóvenes… créame, no hay nada más triste que dos hombres adultos llorando.
– Sé lo que es estar ahí… ¿Sabe? – Respondió el hombre. – Yo también me casé muy joven y mis papás siempre me cuestionaron, cuando tuve que pedirles dinero en una ocasión odié ver su rostro de satisfacción, como diciendo “Mi bebé aun me necesita y cree que puede mantener a sus propios bebés”.
– ¡Exacto! Usted si sabe de lo que hablo, señor… eh…
– Puede llamarme Señor Logan.
– Usted si sabe de lo que hablo, Señor Logan. – Repetí, con una sonrisa brillante.
– Muy bien… en ese caso, ¿Cuándo puede empezar?
– ¡Mañana mismo si usted gusta!
– Entonces la espero mañana a primera hora, ¡Bienvenida a alfombras y más alfombras!
Me despedí con un respetuoso y agradecido saludo de manos, más no me quedé con la espina clavada.
– ¿Le han dicho que es usted idéntico a Morgan Freeman?
– Soy doble de riesgo, me halaga que lo notara.
– Ah, ¿Es usted actor?
– Bueno… no creo que mis escenas de riesgo se clasificaran como actuación, pero supongo que cuando llegué aquí realmente deseaba serlo.
– Ya tenemos algo más en común, señor Logan, ¡Yo también he venido aquí para ser actriz!
– Bueno, usted tiene de ventaja que es bonita, le deseo mucha suerte, no todos logran domar al monstruo.
Fue un momento agridulce, por un momento, tuve miedo de terminar como el señor Logan, siendo gerente de alfombras y más alfombras y siendo doble de riesgo o relleno de terreno en películas baratas, sin embargo ya yo era conocedora de las dificultades de ese negocio y aún así era mi sueño seguir adelante con ello; si me hubiese puesto a llorar en ese momento por el miedo al fracaso significaba que no estaba hecha para las grandes presiones de un reto difícil y enorme, más no invencible como lo era Hollywood.
También, por supuesto, gran parte de mi meta era por Zack, él estaba luchando con la misma determinación que se le veía cuando apenas éramos adolescentes, aun se veía en su rostro esa mirada decidida y terca, que ni el mayor de los obstáculos era capaz de deformar; por él, tenía que tomar el riesgo y obligarme a vencerlo, hicimos una promesa de juntos conquistar el mundo y nada me impulsaba más a lograrlo que esa unión que tenía con el hombre perfecto para mí.
Pensando en esto me dirigí a casa, acompañada por los pintorescos grafitis del barrio; por suerte, el local de alfombras y más alfombras estaba bastante cercano a nuestro departamento; por lo que no era una molestia caminar unas cuantas cuadras si de dinero estábamos necesitados, naturalmente no podíamos darnos el lujo (aún) de tener un auto, por lo que nos tocaba usar el autobús un par de meses, o años, lo que fuera.
No podía quejarme de mi vida en esta nueva ciudad, pues estando al lado de Zack los defectos menores y falta de caprichos anteriormente saciados con facilidad en Texas eran tapados al instante con la compañía del mejor esposo del mundo.
– Teniéndolo a él todo es perfecto. – Pensé, mientras giraba la llave de la puerta de nuestro departamento.
La habitación principal constaba de un sillón para 3 personas, una televisión grande y antigua al lado de la puerta y una mesa para 4 personas a un costado, detrás de esa mesa había una pequeña alacena; la cocina estaba a un costado de la mesa: era bastante apretujada; por lo que solo podíamos tener un fregadero, una estufa y un refrigerador; estos, patrocinados por nuestros padres.
Si uno caminaba todo derecho desde la entrada se topaba con un pequeño pasillo con dos habitaciones: nuestra habitación a la izquierda y el baño a la derecha, al frente había una pintura bastante bella de la antigua Roma.
 No es como si los arreglos en la casa fueran de gran nivel, pero estaba bastante orgullosa de lo que se había logrado con tan pocos recursos, me sentía como uno de esos programas de reality donde escogen una persona al azar y le remodelan su casa usando cosas poco comunes.
Me senté en el sofá y descansé un poco para templarme del calor, un punto fuerte de nuestro departamento es que el aire acondicionado funcionaba a la perfección, por lo que ya estaba 100% recuperada y lista para hacer la cena unos minutos después.
Zack estaba buscando trabajo también, en Texas, él trabajó en una tienda de música y planeaba que siguiera siendo así, seguramente volvería con excelentes noticias; por lo que deseaba alegrarle aun más el día preparándole su platillo preferido: milanesa empanizada con papas.
Saqué todo del refrigerador y encendí la estufa, lavé las papas y tras cortarlas las puse en aceite, me disponía a bautizar las milanesas con el huevo cuando la puerta se abrió con lentitud, ahí estaba él.
Tenía un hermoso y brillante cabello negro, planchado y estilizado con un sexy peinado de salón, un rostro blanco carente de imperfecciones, unos ojos azules penetrantes como la luna en los que cualquier tipa moriría por perderse y una barba cerrada desde las patillas hasta la barbilla correctamente cuidada y aseada (Que yo misma le había ordenado hacerse, pues se le veía sencillamente sensacional); no conocía a nadie más perfecto que él.
– Oh, hola Ellie… ¿Cómo te fue? – Preguntó, con una voz alegre, directa y segura; mientras se desabotonaba su camisa. – ¡El calor está infernal!
– Lo sé, pero aquí está súper agradable, ponte cómodo amor; la comida estará lista en unos minutos.
– Gracias, pero prefiero ayudarte; ¿No te importa, o sí?
Zack se acercó a mí y me atrapó entre sus fuertes brazos.
– Tengo huevo en las manos y te estoy manchando la camisa. – Advertí. – Y conseguí trabajo, ya que preguntas… ¿Te he dicho que me encanta como te ves con barba?
– ¿En serio? ¡Genial, amor! ¡Eso! ¡Ya dimos nuestro segundo paso, no moriremos de hambre en LA! ¿Sabes porque? ¡Porque yo también conseguí trabajo, nena!
– ¡EXCELENTE! ¡¿En dónde?! – Pregunté, con una sonrisa de oreja a oreja, aun algo aturdida por que las cosas nos estuvieran yendo tan bien.
– Ah, pues soy un…
Alguien empezó a azotar la puerta con una extraña melodía que reconocí como “La cucaracha”; miré a Zack con confusión.
– Ah, ¡Seguro es Ruth! – Exclamó Zack, soltándome y corriendo hasta la puerta.
– ¿¡Que pasó, mujer nefasta!? –Gritó Zack, desde la puerta. – ¿Qué te trae por aquí?
– ¡Quieres entrar a una banda! ¡¿Verdad?! – Gritó la visitante, efectivamente era la voz de Ruth.
– Así es. –Respondió Zack, tomando una actitud seria de pronto. – ¿Por qué?
– ¡Ahora mismo hay una audición a unas calles de aquí! ¡Le he contado a un amigo que trabaja en una tienda de música de por aquí de ti y me ha mostrado esto! Es un folleto que dice que hoy hay audiciones para ser guitarrista en una banda que hace shows en bares por las noches los fines de semana, ¿Qué opinas? ¡¿Vamos?!
– ¡Esto es… IMPRESIONANTE! ¡GRACIAS RUTH! ¡Espérame aquí, iré por mi guitarra!
Zack corrió hasta nuestra habitación y volvió con su estuche en manos.
– Ellie, tengo que irme, ¡Ruth acaba de conseguirme una audición! ¡Te cuento más tarde que pasó! ¡Cuídate, Mira a los dos lados antes de cruzar la calle y huele a quemado, creo que se están quemando las papas! ¡Adiós!
Zack se perdió con el sonido de la puerta cerrándose, yo me quedé atónita; ni siquiera había podido escuchar en donde trabajaba ahora mi marido.
– ¿Y ahora? –Pregunté.

2 comentarios:

Bienvenido al mejor blog del universo!

Puedes seguirme en las redes sociales o suscribirte al feed.

¡Suscríbete a mí blog!

Recibe en tu correo las actualizaciones de mis relatos y cuentos. Sólo ingresa tu correo para suscribirte.