Lo Último

22 may. 2011

¡Amo a mi esposa! (Creo) (6/??)


Sobre el sub director Feeney, sobre Emmet Avenue (Parte 2) y sobre la experimentación.
(2005, Texas) (Zack)
– ¡Es simplemente increíble! ¡Intolerable! ¡¿Qué son?! ¿Animales? ¡Esto es una deshonra total para sus padres que se molestan en pagar para que ustedes, animales inmundos vengan a revolcarse para dar espectáculo a otros animales! ¡Espero de todo corazón sean conocedores de que lo que hicieron no tiene nombre!
– ¿Por qué no se calla? –murmuré, viendo el ir y venir del profesor Thompson alrededor de la puerta de la oficina del sub director, que aun no abría para autorizar nuestra entrada y por tal, provocó que se nos diera un regaño previo.
– Cállate –respondió Rocko, que se palpaba las heridas con delicadeza.
– Que frio eres… ¿Crees que nos expulsen?
– He dicho que te calles…
– ¿Tienes amigos, Rocko? –bromeé, tratando de ver que tanta paciencia tenía mi ex contrincante.
– ¡NO ME DIGAS ASÍ, CABRÓN!
Sorpresivamente, Rocko en verdad había perdido la cabeza, se había levantado de pronto con sus puños apretados y mirándome con enojo en las oficinas de la escuela, la sorpresa fue tal que hasta el profesor de matemáticas había pegado un salto de sorpresa, todo parecía indicar que Rocko estaba en grandes problemas, sin embargo la puerta del sub director se abrió antes de que el profesor pudiese gritarle aun más.
– Pasen – Llamó una voz seria y amarga desde el interior de la oficina.
Seguidos por el profesor de matemáticas ingresamos en la espaciosa oficina del sub director, era en realidad un sitio bastante agradable: con una alfombra azul y paredes pintadas de blanco, un escritorio metálico con una computadora portátil en él y varios papeles.
No pude evitar estremecerme un poco al notar que el sub director era aquel sujeto canoso que nos había detenido esa misma mañana: Un hombre calvo vestido con un elegante traje gris y una corbata roja, pero a diferencia de hacía unas horas, ahora nos miraba con un gesto serio y malhumorado.
– ¿Estos son los problemáticos? –preguntó al profesor, sin dejar de mirarnos de forma amenazante.
– Así es señor. –repuso él profesor inmediatamente.
– Ya veo… las clases han empezado, profesor. Puede volver a su aula.
– ¿Eh? Ah… sí, claro…
El profesor de matemáticas se alejó cerrando la puerta con un aire de decepción, era notorio que aun deseaba gritarnos un poco más, y por supuesto, después de la inesperada reacción de Rocko eso era entendible.
Agaché la mirada, en ese momento estaba temeroso ante la posibilidad de ser expulsado antes de siquiera disfrutar mi reinado como chico más popular de la escuela.
– Entonces… –comenzó el sub director. – ¿Quién ganó?
Levanté la mirada, sorprendido; el sub director nos miraba con picardía, sus cejas estaban levantadas y su sonrisa era de oreja a oreja.
– Eh… supongo que el que ganó fue él. –respondí con voz baja y señalando a Rocko con la barbilla, Rocko se limitó a desviar la mirada al suelo.
– Lo sospechaba… sabes, mañana probablemente tengas bastantes moretones. –Respondió el director, soltando una carcajada. – Pero dejando eso de lado, ¿Qué tal estuvo la pelea?
En esta ocasión se dirigió a Rocko, que cayó en desconcierto total ante la curiosa e interesada mirada del hombre.
– Eh… –balbuceó Rocko. – Estuvo bien… creo…
– ¡Rayos! ¡Hubiera amado estar ahí! Pensar que…
– Disculpe… señor –interrumpí. – ¿No está molesto ni nada?
– ¿Molesto? ¿Por qué? No me digan que mientras peleaban le pegaron a mi auto…
– No es eso –respondí. – Es solo que estábamos peleando y es el primer día de clases…
–Ah, ya entiendo. –Murmuró. – Estás confundido porque no estoy gritándoles… ¿cierto? Porque se supone que cuando te peleas debe haber consecuencias… ¿Cierto?
– Eh… sí.
– Bueno… si mi pronóstico no falla, usted, señor Mosh va a tener varios moretones por todo el rostro y el señor Ronald va a tener una mejilla hinchada como tomate y probablemente tendrá que soportar la humillación de un apodo nuevo y para nada varonil… ¿saben? Creo que eso es suficiente castigo por ahora. ¿Por qué mejor no pasamos a los negocios?
– ¿Negocios? –pregunté, aun incapaz de captar lo que estaba pasando.
El sub director miró a través de las persianas de su oficina por unos instantes antes de responder.
– Eres hermano de Bruno Mosh, ¿Cierto?
– Así es. –respondí. – ¿Lo conoce?
– Bueno… tu hermano y yo somos buenos amigos, ¿nunca te contó nada sobre el profesor Feeney? George Feeney.
Varias menciones vinieron a mi mente en ese instante.
– ¡¿Es usted el profesor de español que le compraba cerveza?!
– Bueno… ahora soy el sub director que va a comprarles cerveza a ustedes dos siempre y cuando se mantengan de mi lado.
– ¿Cómo es eso? –preguntó Rocko, que había dejado atrás toda la duda y ahora hablaba con Feeney como si fuese un hermano.
– Es simple… ¿saben porque no voy a joderlos por la pelea? ¡Porque no había visto tan enojado a ese hijo de perra de Thompson en los 20 años que tengo trabajando con él!
– ¿Está hablando del profesor de matemáticas? –preguntó Rocko, para asegurarse.
– Exacto, ese hijo de perra que no respeta mi lugar reservado en el estacionamiento y que se come las cosas del refrigerador recibió su merecido con el enojo que le han hecho pasar.
No pude evitar soltar una carcajada.
 – Entonces, ¿va a ponernos a hacerle bromas tontas a George Thompson?
– No solo a ese bastardo, que por cierto, se llama como yo… también odio a las viejas chismosas de la cafetería, siempre quejándose de todo… y a la profesora de música, y a muchos hijos de perra más, todos siempre tienen quejas para todo y no se ponen a pensar en nadie más que en ellos, eso me tiene enfermo y me ha hecho perder mucho cabello… ¡por eso quiero mi venganza! Así que quiero que causen problemas en todos lados, ya yo les indicaré donde quiero que trabajen y de qué forma; por supuesto, esto les conviene a ustedes porque en esta escuela todos siguen a aquellos que son revolucionarios y que no temen expresarse aunque terminen siendo castigados.
Lo que el profesor decía era ciertamente una realidad, portándome de forma rebelde y loca me haría conocer inmediatamente y eso venía de lujo siendo aun un estudiante de primero.
– Espere, frene su carro señor Feeney… – pidió Rocko. – Usted nos está pidiendo ser chicos malos, cosa que nos conviene a nosotros pues así nuestra reputación irá creciendo, sin embargo… ¿Qué pasará si nos atrapan como ahora? No quiero ser expulsado solo porque el subdirector me dio un mal consejo.
– Bien, ¿Saben que es lo que hace un sub director?
– En realidad no –Admití.
– Bien, el trabajo del sub director es lidiar con todos los asuntos correspondientes a la escuela como establecimiento de educación, es decir, todo lo correspondiente a los alumnos es mi deber… así que cada vez que sean atrapados los tienen que traer conmigo, yo simplemente fingiré estar muy molesto y cuando el profesor vuelva a clases les pediré detalles de su jugarreta, es un trato perfecto, ¿Qué me dicen?
– ¿Qué si nuestra falla es tan grande que amerita expulsión o suspensión? –pregunté.
– Entregaré un justificante en sus clases y serán libres de pasar unas vacaciones sin consecuencias.
Sonaba bastante justo para mí, giré la vista a donde estaba Rocko, que me fulminó con la mirada, como aclarando que seguíamos teniendo problemas el uno con el otro.
– Suena bien para mí. –respondí.
– Acepto. –respondió Rocko.
– Yo también –respondió Junior.
Giré la cabeza, sorprendido, Junior estaba sentado en la ventana, con una sonrisa de oreja a oreja.
– ¿Qué rayos haces aquí, Junior? –pregunté.
– Venía a rescatarte como en la película de ninjas que vi ayer, pero cuando escuché los planes del director me dije a mí mismo “Mejor simplemente tomamos una rebanada de este pastel y disfrutamos de los tamales”
– Entonces ustedes 3 serán mis asistentes a partir de hoy, ¿queda claro?
– Por supuesto. –respondió Junior. –Nuestro nombre es “El súper equipo surfista químico materialistico de la oveja asesina”
– Entonces vuelvan a clase, ¡cabrones flojos! – Gritó el señor Feeney. – ¡Les mandaré un texto en caso de que necesite un trabajo! Por ahora vayan a disfrutar del premio de su buena pelea, besen algunas nenas, ganen algunos amigos y coqueteen con las porristas, les hará bien.
– Entonces hasta la próxima, señor Feeney. –me despedí, antes de abandonar la oficina.
– ¡Gracias por todo, abuelito! –se despidió Junior, abrazando al señor Feeney.
Después algunos segundos de luchar para que Junior soltara al sub director abandonamos las oficinas de la escuela y volvimos al campus principal, que en ese momento estaba vacío, pues todos estaban en clases. Después de verificar que no había nadie alrededor, Rocko me soltó un empujón amenazante y me miró con enojo.
– Que quede claro que esto no se ha terminado, Mosh.
– No pensaba distinto, Rocko, créeme que aun tengo muchas cosas que aclarar contigo. –respondí, sin bajar la mirada.
– Ah, eso espero… porque creo que aun hay partes de tu cara que no dejé moradas. Y otra cosa… vuelves a decirme Rocko y te juro que te mato.
– ¿Ah sí? – Alardeé –  Hazlo… Rocko.
Rocko fintó con soltarme un puñetazo y después se alejó en silencio.
– Ese tipo es una amenaza, ¿Crees que sea una amenaza a nuestros planes de dominar la escuela? –preguntó Junior, una vez estuvimos solos de nuevo.
– Supongo… no puedo ponerme a pensar en todos los rivales que conseguiremos a partir de ahora, los que queremos sobresalir siempre tendremos muchos como esos… solo hay que mantenerlos neutralizados, y el sub director acaba de hacerlo con Rocko…
– Bueno hermano… debes saber que por lo que me has mostrado hoy creo que eres un buen amigo y que voy a ayudarte en lo que pueda.
Junior en su “modo serio” era bastante confiable, no pude evitar sonreír y soltarle unas palmadas en el hombro.
– Gracias, amigo, ahora vamos a alardear ante toda la clase, ha llegado la hora de reunir algunos fans.
Junior y yo caminamos en silencio el resto del camino, ya todo estaba dicho.



(2010, Los Ángeles)
– Así es. –Respondí. – Mi nombre es Zack Mosh y me gustaría audicionar para ser el guitarrista de la banda.
El señor de la cola de caballo tenía un rostro bonachón, pero igual me miró con severo análisis.
– Entonces estás en el lugar correcto, aunque eso no significa que pertenezcas aquí, muchacho… nosotros somos un grupo que respeta a la música y que le rinde tributo con los clásicos, aquí no tocamos nada de esas cosas que escuchan ustedes los jóvenes en lo que todo es metal y palabrotas, ¡Eso es pura basura!
Apenas a unos segundos de conocer a ese hombre ya empezaba a admirarlo, era notorio que amaba lo que hacía y por muy pequeño que fuese su aporte la devoción al mismo era el de aquel que entregaba todo por tal de demostrar su punto; pude sentir ese extraño sentimiento donde uno piensa “Quiero ser como él a su edad” por unos instantes, aunque este se vio reemplazado rápidamente por un “Quiero ser mejor aun que él a su edad”, cortesía de mi chip familiar, el cual se encarga de recordarme que en mi familia todos buscamos ser los mejores hasta que el cuerpo perezca.
– No se preocupe, eh señor…
– Mi nombre es Tiburón. –Respondió, soltando una blanca sonrisa y guiñando uno de sus cansados ojos azules. – Bueno, en realidad no, pero me gusta que me llamen así.
– Ah, ya veo, entonces, no se preocupe señor Tiburón, la música es mi vida y si fuese así sin respetar a los grandes no podría llamarme músico a mí mismo.
– Me alegra escuchar eso. –Respondió. – Entonces, vengan, les presento a la banda.
Obedientes, seguimos al señor Tiburón un par de metros atrás, donde un grupo de hombres mayores descansaban sentados en sillas desmontables de campamento, cada uno con una cerveza en la mano; todos tenían un aspecto normal con respecto a cualquier adulto (A diferencia del señor Tiburón, que con su larga cola de caballo sobresalía notoriamente), el más joven aparentaba unos 30 años como mínimo, mientras el más viejo, vendría siendo el señor tiburón, de unos 50; todos nos miraban con interés.
– Buenas noticias señores –Anunció el señor T. – ha llegado el primer interesado en entrar a la banda, su nombre es Burbujas y dice saber respetar a los grandes, ¿Por qué no dejamos que nos lo demuestre?
– ¡¿Burbujas?! –Se carcajeó Ruth; soltándome una palmada. – ¡Buena esa, viejo! ¡Burbujitas Mosh!
– Intimidación. –Pensé. – Es natural que hagan algo así, de no poder tolerar una ligera presión de ese tipo… y de Ruth, al parecer, no podría siquiera soportar los insultos de un borracho en un bar.
– Por cierto, muchacho. – Me llamó el señor Tiburón. – Olvidé mencionarte que también debes de saber cantar para entrar con nosotros, necesitamos un vocalista guitarrista, ¿Te importa? Solía ser yo el que cantaba, pero los años me pesan y ahora mi voz no es tan sexy como solía serlo.
– Me las arreglaré. –Respondí, sin tomarle mucha importancia.
Tomé mi estuche de mi espalda y saqué mi guitarra, semiacustica compañera de innumerables batallas y comencé a afinarla, sin decir nada.
– Oye, Zack… ¿No vas a decir nada? –Preguntó Ruth, que me miraba muy de cerca, sus labios esbozaban un puchero angustioso el cual interprete como nervios de compañerismo.
– Lo que tenga que decir será dicho después de mostrar lo que tenga. –Respondí, sin dejar de prestar atención a los tonos.
– ¿Qué canción vas a tocar? –Preguntó ella, tras unos segundos de silencio.
– Ya lo verás, solo diré que es una de mis top 10.
– Bueno… como sea… mucha suerte, estaré apoyándote todo el rato.
– Gracias, tu apoyo servirá. –Admití, al momento en que me erguía totalmente y me llevaba la correa de la guitarra al cuello; dándole a entender a todos que mi demostración estaba por comenzar.
Antes de empezar a tocar eché un vistazo a mi público, cuando mis ojos se centraron en Ruth ella aprovechó para lanzarme una radiante sonrisa de apoyo y un pulgar levantado en señal de éxito, por más pequeño que fuese su gesto, me sentí feliz, tanto que estaba dispuesto a tocar mejor que nunca.
Sweet Caroline –Neil Diamond. (http://www.youtube.com/watch?v=2w-_Vtttrfc )
Where it began, I can't begin to know when
But then I know it's growing strong
Oh, wasn't the spring, whooo
And spring became the summer
Who'd believe you'd come along

Hands, touching hands, reaching out
Touching me, touching you
Oh, sweet Caroline
Good times never seem so good
I've been inclined to believe it never would

And now I, I look at the night, whooo
And it don't seem so lonely
We fill it up with only two, oh
And when I hurt
Hurting runs off my shoulder
How can I hurt when holding you

Oh, one, touching one, reaching out
Touching me, touching you
Oh, sweet Caroline
Good times never seem so good
Oh I've been inclined to believe it never would

Ohhh, sweet Caroline, good times never seem so good
Mis ojos se cruzaron con los de Ruth nuevamente al termino de la canción, su mirada resplandecía con un brillo semejante al de alguien que está a punto de romper en llanto y este se tonificaba con un tierno y ligero rubor en la parte superior de sus mejillas, sus labios esbozaron lentamente lo que entendí como un “Bien hecho”.
– Mi nombre no es burbujas ni burbujitas –Dije, ahora mirando a los miembros de la banda. –  Mi nombre es Zack Mosh, amo la música y he venido a Los Ángeles en busca de cumplir mi sueño que es volverme famoso, si no les molesta, me gustaría usarlos como resorte para este objetivo, espero me tomen en cuenta.
Los 4 sujetos intercambiaron miradas sin contenido legible un par de segundos, luego se pusieron de pie y empezaron a aplaudir con fuerza; Ruth les imitó, dando saltitos alegres.
– ¡Me impresionaste, muchacho! – Gritó el señor Tiburón. – ¡Demonios, bienvenido a Emmet Aveneu!
– ¡¿Enserio?! –Exclamé, mientras me quitaba la correa de la guitarra del cuello y la ponía sobre el estuche. – ¡¿De verdad?!
– ¡Enserio! ¡Estuviste excelente! ¡Además, fuiste el único que presentó una audición!
Todos, incluyendo al señor Tiburón y al resto de la banda que apenas se acercaban para felicitarme y darme la bienvenida desaparecieron a mí alrededor en el instante en que vi a Ruth frente a mí con una radiante sonrisa en su rostro, crucé mis brazos alrededor de su espalda y ella hizo lo propio en mi cintura.
– Gracias por el apoyo. – Murmuré, directamente a su oído, para después descansar mi barbilla sobre su hombro. – Sé que eres alguien en quien se puede confiar.
El perfume de Ruth era fresco, ligero y adictivo, con un aroma cítrico discretamente atrayente y embriagante, ya anteriormente había podido olerlo, sin embargo, fue teniéndolo tan cerca que pude notarlo en serio.
– ¡Consigan un cuarto! – Gritó el señor tiburón, algo impaciente por la escena. – ¡Nosotros también queremos abrazar a tú novia pero no por eso te ponemos a esperar 30 años!
Ruth y yo nos separamos en el instante, ella se giró y desvió la mirada al suelo, avergonzada, y yo encaré a mis nuevos compañeros con una sonrisa nerviosa;  se presentaron uno a uno, me explicaron que se ensayaba lunes, miércoles y viernes por las tardes en la cochera del señor Tiburón, que era justo donde nos encontrábamos y después de eso nos invitaron a celebrar con unas cervezas.
Eran un grupo muy agradable de personas, por extraño que parezca, siempre disfruté pasando el tiempo con gente mayor que yo, escuchar anécdotas que mostraran como era la vida de alguien que por mucho había vivido más que yo, siempre fue una experiencia agradable para mí, y en esta ocasión con más razón sentía esto; pues estaba pasando el rato con un montón de músicos que radicaban en Los Ángeles, habían tenido ya la oportunidad de conocer grandes estrellas y de conocer otras no tan grandes; el punto es que tanto Ruth como yo la pasamos en grande, tanto así que hasta las 12 de la noche nos despedimos de ellos.
– ¡Trae a tú novia a los ensayos cuando quieras, muchacho! ¡Será bienvenida!
– Gracias, señor T. –Respondí, dándole un apretón de manos. – ¡Nos vemos el miércoles entonces!
Ruth y yo caminamos en silencio por las ahora oscuras y casi desiertas calles, iluminados solamente por los alumbramientos públicos y la luna, el ambiente estaba tan tranquilo que incluso se podía ver a algunas parejas de la zona tomadas de la mano caminando por la carretera.
– Eres un picarón. – Se burló Ruth, soltándome codazos en el estomago. – Mira que en todo el rato no dijiste que yo no era tú novia, ¿Tan hermosa soy que deseas presumir algo que no tienes?
– No es por eso. – Respondí. – Pero después del abrazo preferí no alterar más las cosas, ¿Te imaginas lo que pensarían si les dijera que tengo una esposa? Son hombres ya mayores, no les parece lógico que un par de amigos se abracen.
– Tu excusa me parece ligeramente convincente. – Bufó Ruth, sacando la lengua. – Sin embargo, ya que mencionas el abrazo…
– ¿Qué pasa con él? – Pregunté.
– Bueno, dijiste gracias.
– Así es… te estoy agradecido por qué fuiste tú quien me informó de esta oportunidad… de no ser por ti quien sabe hasta cuándo hubiera seguido sin banda… te lo repito: Gracias.
– ¡Gracias las que me adornan! – Respondió, con gesto inconforme. – ¿Tú crees que esto es gratis? ¡No, señor! ¡Quiero que me compres un vaso grande de tepache y unas empanadas de carne de conejo y almejas rellenas de paella española!
 – Ruth, ¿Te han dicho que eres hermosa,  no?
– Por supuesto. – Respondió al instante, con un gesto orgulloso. – Al menos 30 veces al día.
– Bien… ¿Te han dicho que a la hora de escoger los alimentos eres bastante rara?
– ¿Te han dicho algo sobre tú barba?
– ¡RUTH!
– Dígame, señor Mosh. – Respondió ella, sin alterarse un poco y fingiendo ser una señorita de la realeza inglesa.
– ¡No estamos hablando sobre mi barba, deja de atacarla por favor!
– Ah, ahí se equivoca usted, señor… dígame un momento en que yo le haya dicho algo ofensivo sobre su barba y ahora mismo le entrego los 100 dólares que llevo en mi sostén.
Hice memoria por un par de segundos, impresionantemente, era verdad, Ruth, hábilmente y para librarse de la posibilidad de un reproche me arrastró con un grupo de sujetos atemorizantes para decirlo por ella, por más que me doliera admitirlo, estaba limpia y yo estaba quejándome por nada.
– ¡En fin! –Escapé, hábilmente. – Te decía, ¿No te da miedo que te explote el estomago comiendo cosas tan raras?
– ¡Para nada! Sabes… Zack, empiezo a pensar que tú eres un tipo bastante, bastante reprimido…
– ¿Y ahora eso a que viene? – Pregunté, sorprendido.
– Pues, para ser un sujeto que viene a enfrentarse a un nuevo mundo en búsqueda de conquistar su sueño, terminas temiéndole a la comida que no conoces y temblando cuando hablamos con algunos tipos aleatorios en un parque público… creo que si sigues temiendo de lo desconocido de esta forma te van a comer vivo cuando seas famoso.
Ruth tenía la razón, ¿No era algo extraño que siendo yo alguien que va en pro de luchar contra lo indomable tuviera miedo de cosas tan simples? Todo lo que podía pensar era que no siempre había sido así, hasta donde podía recordarlo, yo era un chico intrépido sin miedo a lo desconocido y nada juzgante si algo de esta naturaleza se presentaba ante mí ¿En qué momento me había hecho así?
– Vaya… Ruth… tienes razón… no puedo creer que yo me haya vuelto tan precavido…
– Velo de esta forma, Zack… no importa cuánto te esfuerces ni que tanto te cuides, vida solo hay una, cientos, no… millones de personas tratan de apegarse a un estándar seguro para vivir de la mejor forma posible, y sin embargo, cuando están en su lecho de muerte, empiezan a lamentarse todo eso que nunca hicieron, empiezan a desear haber bebido tepache, conocido nueva gente, haber comido comida hindú-mexicana o haber saltado de un avión con paracaídas, ¿Y adivina qué? Al igual que aquellos que hicieron todo eso, terminaron muriendo; ¿Por qué reprimirnos cuando hay tantas cosas nuevas por conocer, tanta comida nueva por probar, tanta gente por besar, tantos lugares por conocer, tantas nuevas sensaciones por experimentar? ¿Por qué hacerlo? ¡Yo digo que hay que vivir al máximo todo lo que puedas antes de que mueras! ¿No crees tú que la vida es demasiado corta y el mundo demasiado extenso?
Cuando Ruth hablaba de esa forma tan pasional sus ojos azules, claros como diamantes, brillaban con la misma pasión que tenía cuando miraba la pintura la noche anterior, siendo su fino cabello rojizo el encargado de enclarecer su blanco rostro, cuyo fino delineamiento asemejaba al de una supermodelo con un brillo juvenil y pasional que el maquillaje no sabe imitar; Ruth estaba preciosa.
– Ahora mismo… así lo creo. – Respondí, sin poder quitar mi mirada de tan maravillosa estampa. – Así lo creo…
– Entonces… ¿Me vas a comprar lo que te pedí? – Preguntó, volviendo a su regular tono juguetón con mirada coqueta; esto me hizo volver a la realidad y dejar de mirarla como si fuese una preciosa pintura.
– ¡No solo eso! ¡También voy a comprar una orden de eso para mí!
– ¡Ya estás aprendiendo, Zack! ¡Genial, me alegra llevar a pequeñas ovejas perdidas como tú de vuelta a donde pertenecen!
– Exacto, presiento que si paso más tiempo contigo volveré a ser un tipo aventurero como en los viejos tiempos, ¡Así que a por él tepache y las empanadas de conejo! Y hablando de eso… Ruth… ¿Crees que me vería mejor sin barba?
Tan convincente fue el discurso de Ruth sobre experimentar, vivir y aprender, que estaba ansioso por hacerlo, ansioso por experimentar, ansioso por demostrar de lo que Zack Mosh estaba hecho; ya con trabajo y con una banda, solo me quedaba esperar, y para hacerlo más interesante, ¿Por qué no aprender de Ruth un par de cosas sobre lo que había que ver en la ciudad de las estrellas? Definitivamente sería algo útil para mi futuro y también lo sería para no arrepentirme en mi lecho de muerte por nunca haber vivido como Dios manda.
…Además de que el perfume de Ruth olía muy bien.

1 comentario:

  1. jajajajaja babeee te la comiste con el finaaal!!!! * 3*¨!!!! esa es una frac memorableeee!!!!

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