Lo Último

25 may. 2011

¡Amo a mi esposa! (Creo) (7/??)


Sobre el chico de las gafas, sobre las playas en Texas y sobre el número 14 (Ellie)
2005, Texas.
No pasó mucho tiempo para que lograra entablar conversación con mis compañeras de clase, pues usualmente el socializar es algo que a las chicas no se nos dificulta, basta con dedicarnos sonrisas amables para tenernos confianza en solo un instante, para evitar esa incomoda sensación de no encajar, a la hora del almuerzo nos sentamos juntas en la cafetería.
– Me encanta tu blusa. –me halagó una de ellas, cuyo nombre era Sophie.
– Muchas gracias –respondí. –a mi me encanta tu bolso.
– ¿En serio? En ese caso tenemos que ir de compras juntas un día, ¿Por qué no vamos todas?
Hubo respuestas de asentimiento por todas nosotras, emocionadas.
– ¡Será súper divertido! ¡Podemos ir a abercrombie & fitch para algún evento especial! –celebró una de ellas, cuyo nombre era Pauline.
– Saben… yo no voy a abercrombie nunca, yo prefiero vestirme de forma un poco más pesada…
Todas desviamos la mirada en ese instante a la autora de esas palabras, vaya que era notorio su gusto de ropa pesada: llevaba unas botas negras, un pantalón de mezclilla negro y una playera del mismo color con el dibujo de una banda en ella, era obvio quien iba a ser la primera de nosotros en desencajar del recién creado grupo de amigas.
Tras unos cuantos segundos de incomodo silencio la conversación se reinició, sin embargo eso no duró mucho, pues un gigantesco revuelo dio inicio y toda la cafetería entró en pánico, unos corrían, otros brincaban entre las mesas y otros más se encargaron de gritar “Pelea, pelea”.
– ¿Qué está pasando? –pregunté, algo sorprendida por ver como todos corrían hasta la entrada de la cafetería.
– Me atrevo a decir –Murmuró la chica de aspecto aterrador que próximamente dejaría de juntarse con nosotras. –Que esto es una pelea.
– ¿En primer día de clases? –suspiró Sophie. –Vaya que son animados.
– ¿Quieren ir a ver? –preguntó nuevamente la chica de las botas, que no esperó una respuesta y se alejó de nuestra mesa.
– Vaya que es… animada –observé.
– No creo que yo vaya a llevarme muy bien con ella –anunció Sophie, y fue secundada por el resto de nosotras, yo preferí guardar silencio y sonreír a sus respuestas.
– Será mejor que volvamos a clases, ya no tarda en sonar el timbre. –murmuré, con una sonrisa; mis amigas asintieron y justo cuando nos disponíamos a salir de la cafetería sentí un fuerte empujón a mis espaldas al momento en que caía al suelo con estruendo.
– ¡Lo siento! –Gritó mi agresor, al momento en que me brincaba y salía corriendo por la puerta.
– ¿Estás bien? –preguntó una voz masculina a mis espaldas que puso su mano derecha sobre mi espalda y me ofreció su izquierda para levantarme.
– Sí… no te preocupes. –Respondí, levantándome con su ayuda.
Me sacudí la tierra, auxiliada por mis amigas y me di la vuelta con aquel que me había ayudado a levantarme: Era un chico algo bajito y delgado, con unos largos cabellos rizados y unas gafas negras con líneas azules bastante elegantes, vestía con una playera roja de aeropostal y unos jeans new lincon; en resumen: un chico bastante lindo.
– En esta escuela todos son unos tontos, mira que arrollarte solo por una tonta pelea –se quejó el chico, con una voz madura. –Lo peor de todo es que me pareció ver a uno de ellos en mi clase… ¿Segura que estás bien? ¿No quieres ir a enfermería?
Se podía saber a kilómetros que ese chico no era mala persona, además su mirada profunda y madura me contagiaba cierta tranquilidad, cómodamente me puse a charlar con él.
– No te preocupes. –le tranquilicé, con una sonrisa amigable. –Estoy viva.
– Bien… entonces nos veremos después… eh…
– Soy Elisa Clearwater de la clase A de primero, puedes llamarme Ellie… ¿Y tú eres?
– Mi nombre es Steven Pillsbury y estoy en la clase B de primer año.
–Mucho gusto, Steven –Saludé, ofreciéndole mi mano amistosamente.
–Lo mismo digo, Elisa, ¿Te molesta si te llamo así? Los apodos y diminutivos nunca han sido lo mío.
–No me importa en absoluto, entonces… nos vemos después, ¿bien?
–Bien, ¡cuidado con los arrolladores de chicas de los pasillos! –Se despidió.
Me acerqué con mis amigas, que apenas nos perdimos de vista de aquel chico empezaron a dar un reporte total.
– ¡Es muy lindo, y se vio súper caballeroso cuando te ayudó a levantarte!
– ¡Se ve que no pierdes tiempo, Ellie, al primer día ya encontraste galán!
– ¡Para nada! – Me apresuré a defender. –  Apenas hemos hablado un ratito…
Fue un muy tranquilo primer día de clases, había tenido éxito consiguiendo amigas en el primer momento y además había charlado con un chico atractivo y cuya primera impresión era insuperable, ¿Podrían las cosas ponerse aun mejores?














(2010, Los Ángeles)
– ¿Qué tranza con Carranza? –Respondió una voz masculina. – No le vamos al Necaxa en esta casa si es lo que quiere saber.
– ¿Hola? ¿¡Junior!? – Exclamé, apenas escuché tan peculiar contestación.
– ¿Eres Ellie, cierto? – Preguntó, en tono impresionado. – ¡ERES ELLIE!
– ¡Junior! ¡Criaturita del señor! ¿Cómo estás?
– Ahora mismo estoy leyendo un libro de geografía pues Karla me acaba de dar una muy mala noticia y tengo que verificarla… entonces si me disculpas voy a colgar, ah sí, ¿Dónde está Zack?
– Ahora mismo está en una audición para una banda.
– Genial, dile que me llame apenas les pongan la línea telefónica…
– Ya nos pusieron la línea telefónica, ¿Por qué crees que estoy hablando contigo ahora mismo?
– … ¡Demonios que eres inteligente! Bueno, dile eso a Zack, ¡Nos vemos!
– ¡Espera, espera!
– ¿Qué pasa?
– ¿Ya llegó Karla del hospital?
– Ahora mismo está mirando ese estúpido álbum de fotografías cursi que hicieron ustedes después de la graduación, ya sabes, ese donde solo hay fotos de ustedes 2 y parece que batean con zurda…
– ¡Entonces ponla al teléfono por favor!
– Bien, y otra cosa, Ellie…
– ¿Dime?
– Recuerda que Zack es un tanto precipitado a veces, también recuerda que tú amas eso de él.
– ¿Eh? ¿Qué significa eso?
– ¡KARLANGAAAS TE BUSCA TU NOVIAAAAA!
– ¡¿Ellie?! – Gritó una voz femenina de forma estridente y alegre. – ¡ELLIE!
– ¡KARLA! ¡KARLA! – Grité, imitando a mi amiga. – ¡KARLA! ¡KARLA!
– ¡Apenas se fueron hace 2 días! ¡¿Ya tienes teléfono tan pronto?!
– ¡Lo sé! –Exclamé. – ¡El técnico vino poco después de la comida y lo instaló rápidamente! Por desgracia aun no hay internet, sin embargo, ¡Ya podemos hablar por teléfono!  ¡Hay tanto que contarte!
– ¡¿En serio?! ¡Te escucho!  Justo ahora estaba viendo nuestro álbum de bff´s, ¿Qué tiempos, no?
– Lo sé… no puedo creer que ya hayan sido 3 años desde la graduación… ¿y sabes? Ahora que lo pienso mejor exageré un poco, no hay mucho por contar, excepto que tanto Zack y yo conseguimos ya empleo y que él ahora mismo está en una audición para entrar a una banda.
– ¿Audición? ¿A estas horas?
– En realidad se fue a las 4 más o menos, pero tal vez había muchos aspirantes o quizá incluso lo seleccionaron y se quedó tocando…
– Siempre sobresaliendo Zack, ¿Eh? –Respondió, soltando un suspiro orgulloso. – No sabes cómo está Junior sin él, lo extraña mucho… se pone en su plan “Niño rudo” y finge que le es indiferente, pero cuando cree que no estoy mirando se pone a ver fotos de ellos en facebook… Y seguro Zack está igual, ¿No? Mira que los dos siempre nos molestaban a ti y a mí porque éramos inseparables, pero ellos son igual de dependientes el uno del otro.
Traté en serio de buscar algún indicio de nostalgia de Zack en estos primeros días sin Junior, sin embargo, Zack no había tenido tiempo de estarse quieto para extrañar a su mejor amigo, aunque, ya pensándolo un poco mejor, en estos días ni siquiera pude verlo lo suficiente como para sacar conclusiones.
– Así es. –Mentí. – No para de decir que tendrían que mudarse para acá.
– ¡Nos encantaría, cielo! Pero Junior acaba de conseguir trabajo en el antiguo despacho de su padre y en el hospital empiezan a darme más turnos, también estamos a punto de entrar a exámenes finales y…
– Entiendo. –Respondí, imaginándome la gran cantidad de trabajo que seguro les atareaba. – Al menos podrían venir en vacaciones… ¿Qué dicen?
– ¡Eso dalo por hecho! – Gritó. – ¡Junior, en vacaciones iremos a Los Ángeles a visitar a Ellie y a Zack!
– ¡SIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII! – Gritó Junior, tan alto que incluso yo alcancé a escucharle.
– Creo que le ha gustado la idea. – Observé.
– ¡Ni que lo digas! ¿Sabes? Se enteró que Texas no tiene playas y empezó a alegar que eso frustraba sus planes de ser un abogado surfista, así que le sugerí que  surfeara una vez en su vida y que ya con eso le bastaría para autodenominarse surfista, seguro aprovecha nuestro viaje para ello.
– Ah, entonces para eso era el libro de…
–Geografía. –Interrumpió. – Así es.
– Creo que a Zack le hará muy bien volver a verlo… aquí los vecinos parecen ser del tipo antisociales, dudo que consiga muchos amigos tomando en cuenta que es un tremendo…
– Ah, ¿Aun no conocen a nadie? – Preguntó, soltando un estornudo.
– Salud, y no… bueno, sí… conocimos a esta chica de unos 18 años muy agradable llamada Ruth, que vive en el cuarto de al lado, Zack le compró cervezas y se puso a cenar con nosotros, también fue ella quien le informó a Zack de la audición, no tuve la oportunidad de hablar mucho con ella pero se ve a mares de distancia que es un encanto de niña, muero por conocer a sus padres.
– Bueno, ¡solo no dejes que se junte mucho con Zack porque va a malcriarla seguro! Ya ves lo que paso con Anna…
– ¡Muy cierto! Mejor le advierto que no se junte tanto con él o se volverá loca…
– Tampoco puedes dejar de lado el que Zack se enamore de ella… –Murmuró Karla, en tono serio.
Ambas guardamos silencio un par de segundos y acto seguido nos carcajeamos como locas.
– ¡Ridícula! – Exclamé. – ¡No digas tonterías!
– ¡Lo sé! – Bufó, hiperventilando de la risa. – ¡Es tan ridículo! ¡Zack enamorándose de una niña!
– Bueno, pero ya en serio, lo mejor será que ahora mismo vaya y salude a sus padres, creo que él está con ella ahora mismo en la audición así que seguro están preocupados porque llega tarde…
– Será lo mejor, entonces, ¿Me llamas después? ¡Ellie Clear… Perdón, Ellie Mosh, tenemos que hablar a diario!
– ¡Mañana mismo! –Prometí. – ¿A qué hora sales mañana?
– ¿Puedes a la misma hora?
– A las 8 será entonces, ¡Cuídate amiga, te adoro!
– ¡Yo a ti! – Respondió, acto seguido, se escuchó el vacio sonido de la línea cortada.
No pude evitar acurrucarme en el sillón bajo el efecto del agridulce veneno del recuerdo, ¿Sería así cada vez que Karla y yo habláramos por teléfono? ¿Estaba escrito que en cada ocasión un viento de arrepentimiento iba a terminar por aplacarme con todo y disposición incluso sabiendo que era a Los Ángeles donde pertenecía? Por otro lado, no podía evitar ponerme así, Karla siempre fue mi mejor amiga, fue quien me dio un apoyo incondicional incluso en aquellos momentos en que nadie estaba de mi lado y ahora, repentinamente estar sin ella, tremendo refuerzo cubre espaldas ausente en una ciudad desconocida, era simplemente una sensación solitaria, tanto así que empecé a llorar.
Sí Zack hubiese estado ahí en ese momento me hubiese brindado su hombro, él no era la clase de persona que trataba de detener tu llanto diciéndote “No llores, no llores por favor” solo porque se asusta de tú miedo… él me hubiera dejado terminar de llorar, me hubiera permitido desahogarme, para luego, con sus ojos y con sus labios dejarme encontrar una nueva porción de fuerza y apoyo, dándome a entender que nunca estaré sola.
Sin embargo, él no estaba aquí… ¿Dónde estaba, para empezar? ¿Era normal que en una audición te tardaras más de 4 horas? Me daba algo de rabia desconocer la respuesta a esa pregunta, pues me frustraba no saber si tenía derecho a sentirme abandonada, me frustraba encontrarme sola cuando en realidad no tendría porque ser así.
Terminé insultándome por ser tan egoísta, “Está trabajando por nuestros sueños y tú aquí de llorona, estúpida” Me dije a mi misma, lo mejor ahora sería distraerme un poco, hablar con los padres de Ruth y después ver algo de televisión mientras me daba sueño.
Salí del departamento para encarar al ahora escalofriante corredor, pues, exceptuando las escaleras en el centro, el resto estaba completamente oscuro; ¿Ahora me daba cuenta de lo horriblemente solitario que se veía este lugar de noche? Esas son cosas que si uno no distingue al momento de mudarse tiene que tragarse y aceptar sin rechistar; por lo que valientemente crucé el largo corredor (Cerrando los ojos cuando pasé a la altura de las escaleras, pues tenía que ser yo idiota para mirar a los lados siendo tan miedosa) y llegué al otro lado con vida, toqué el timbre del departamento del Ruth, (que por cierto, era el número 14, cosa bastante extraña, considerando que nosotros teníamos el 30) y esperé; no hubo respuesta.

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