Lo Último

30 may. 2011

¡Amo a mi esposa! (Creo) (9/??)


Sobre el primer tropiezo rumbo a la corona, sobre King Kong y sobre Anna (Zack)
(2005, Texas)
Tal como se había esperado, la pelea fue una gran apertura a que toda la escuela supiera de nosotros, apenas volvimos al salón de clases después de ser “regañados” por el subdirector Feeney fuimos rodeados por más de medio salón, que esperaban ansiosos una anécdota de campeones, y así se las concedimos.
– ¿No los van a expulsar? –preguntó primero la chica con la que me había besuqueado (y cuyo nombre ya había olvidado).
– Para nada, Nena –respondí con una sonrisa. – ¿Tú crees que ese tal Feeney echaría su escuela a la basura solo por un capricho? Ese sujeto me necesita adentro.
Hubo risas por parte de todos.
– ¿Pero qué les dijo? –preguntó otro, esta vez fue Junior quien respondió.
– Primero intentó reñirnos, pero Zack se levantó y le dijo “Usted a nosotros nos respeta, ¿no ve que somos el súper equipo surfista químico materialistico de la oveja asesina? Y el sujeto prefirió advertirnos que no lo repitiéramos al menos durante este semestre.
Hubo suspiros de ilusos impresionables, risas sarcásticas de celosos desinteresados y uno que otro “Son grandes”.
– Pero este es solo el inicio muchachos –respondió Junior nuevamente. –Lo mejor aún está por venir ¡Recuérdenlo! ¡Zack Mosh va a llevar a esta escuela a otros horizontes!
Hubo gritos, risas y muchos aplausos, se podría decir que ya éramos los héroes de la clase… solo hubo un comentario negativo y llegó de lleno a todo el salón
– Par de payasos.
Recordaba esa voz, era idéntica a la del sujeto que ordenó a Junior sentarse cuando recién había llegado a nuestra clase, inmediatamente me puse de pie para ver al autor de la agresión.
Era un chico con piel clara de estatura baja y complexión delgada, con cabellos rizados hasta el cuello y unas gafas negras con delineado rojo, por su respuesta le fulminé con la mirada, el respondió el ataque.
– ¿Qué dijiste? –pregunté.
– Dije que son un par de payasos –respondió él, sin alterarse. –el profesor acaba de irse, pues ninguno puso atención a su llegada por estarlos atendiendo a ustedes dos, ¿Sabes que eso nos puede costar un reporte a todos?
– ¿Y por eso nos estás ofendiendo? –respondí al instante, con agresividad. – ¿Cuál es tu maldito problema?
El chico se puso de pie y se acercó cara con cara conmigo.
– No creas que eres grande solo por hacer circo, no eres más que un maldito payaso, ya te desenmascararás.
Justo comenzaba a presionar mí puño cuando Sentí a Junior jalarme por la espalda y llevarme hasta mí asiento nuevamente.
– Tranquilo hermano, debemos alardear, ¿Recuerdas? –me susurró al oído; me tranquilicé al instante y seguí como si nada.
– Bueno, ignorando al enano ese, les decía mi mano derecha y Patiño Junior que esta escuela va a ser épica a partir de ahora, ¡¿Cierto?!
Para convencer a un grupo de personas a que te sigan se necesita seguridad en tus comentarios, nadie sigue a alguien que titubea o que desvía la mirada cuando habla, bueno, Junior y yo teníamos seguridad y confianza de sobra; es por eso que rápidamente nos volvimos los grandes héroes de la clase, esos que hacían escándalo durante clases, esos que decían respuestas graciosas cuando se nos preguntaba algo y esos que abucheaban a alguien cuando decía algo estúpido; por supuesto, varias de estas acciones nos costaron ser enviados a subdirección en repetidas ocasiones conforme fue pasando el tiempo a recibir un castigo: era doloroso caminar tanto para luego tener que morirnos de risa con el señor Feeney al contarle lo que habíamos hecho, pero el castigo debía ser tomado con responsabilidad y sufriendo las consecuencias de nuestros actos, como caballeros que éramos.
El tiempo pasó con ajetreo, al menos una vez a la semana el señor Feeney nos enviaba un mensaje de texto encargándonos un trabajo, en tan solo el primer mes de clases tuvimos que llenar con jugo de uva el tanque de gasolina de la podadora del jardinero, poner laxantes en el café de la señorita Martínez, robar las llaves de la sala de cámaras al conserje Hank, lanzarle agua de escusado a una de las cocineras de la cafetería, hacer que pareciera un accidente y cambiar el nombre escrito en el lugar reservado en el estacionamiento del profesor George Thompson a “Juan Tontón” y otras más.
Ante tantas actividades nos vimos obligados a pasar mucho tiempo con Rocko y descubrimos algunas cosas interesantes sobre él: la primera, era aun más ligón que yo, todos los días lo sorprendíamos con una chica distinta, su respuesta cuando le preguntamos sobre ello fue “Que les puedo decir… a ellas les gustan los chicos malos, yo solo les doy lo que quieren”.
La segunda: era divertido, en momentos en que teníamos la guardia baja incluso llegamos a bromear y a reír un poco, sus comentarios eran ácidos y sarcásticos, ideales para equilibrar nuestros sentidos del humor; sin embargo, apenas terminábamos los encargos del señor Feeney él se iba en silencio a reunirse con alguna chica o con el gordo de Ian Karofsky, que era el líder de su banda o algo así.
Así pasó un mes, Junior y yo estábamos en una mesa de la cafetería (saltándonos una clase, por supuesto) tratando de descifrar un mensaje del señor Feeney; pues a veces sus mensajes eran de lo más lamentables.
  ¿Quiere que le demos con buche nana y nenepil al tipo orejas de oso? – Pregunté, confuso. – ¿Qué rayos significa eso?
– Ni idea hermano… yo digo que mejor esperemos a que llegue Rocko y ya veremos si él sabe a lo que re refiere mi abuelito Feeney.
– Mosh y Mc Hanigan. –dijo una voz femenina a nuestras espaldas. –Los he estado buscando… ¿Qué me cuentan?
Era una chica muy bajita y delgaducha, con un cabello castaño claro y corto hasta el cuello incluso por los lados, llevaba unas gafas negras que le iban a la perfección con su lindo y angelical rostro de niña de secundaria; llevaba un gorro de invierno apenas aferrado a su cabeza y ropa muy apretada, era una chica muy peculiar, aunque también muy hermosa a su propio estilo.
– ¿Nos conocemos? –pregunté, al momento en que la miraba de arriba abajo.
– Bueno, todos en primero los conocen a ustedes, es por eso que vengo con ustedes; mi nombre es Anna, y vengo con algo que puede interesarles.
Junior y yo nos miramos de reojo, cautivados y seducidos por un buen trato con una chica nada peculiar.


(2010, Los Ángeles)
– ¡Y he llegado, señores! – Grité, deslizándome por el suelo con mi propio impulso y asemejando a un surfista.
Melmar y Ferguson parecían estar muy concentrados en darle limpieza a un avión de juguete de más o menos un metro de largo, sin embargo, apenas entré al establecimiento de forma estridente estos pegaron un salto que incluso movió sus sillas; no pude evitar carcajearme.
– ¡¿Los asusté?! – Pregunté. – Lo siento, lo siento; he llegado algo tarde, olvidé la hora a la que habíamos quedado y mi esposa estaba un poco necesitada, así que me puse a consolarla… ustedes entienden, ¿No?
– De hecho, no entendemos. – Lamentó Melmar, agachando la cabeza. – Pero no te preocupes, creo que te habíamos dicho que llegaras aquí a las 10:30 y son las 10:40 así que no importa.
– ¡MENTIROSOS! ¡ESTOY SEGURO DE QUE DIJERON A LAS 9! ¿Por qué están siendo permisivos conmigo? ¡Tendrían que gritarme!
– No podemos. – Respondió Ferguson, sin dejar que el dialogo rompiera su concentración en la limpieza de su avión con un cepillo de dientes rosado.
– ¿Por qué no? – Pregunté.
– Porque no hace falta ser un medidor de ganado para saber que tienes más músculos en un brazo que nosotros en todo el cuerpo, – Explicó nuevamente Ferguson. – Si te hacemos enojar será malo… y créeme, ya sufrí mucho con tu homónimo en la preparatoria como para volver a esos días en el excusado.
 Solté nuevamente una carcajada, ¿Por qué rayos me deprimía trabajar para un par de sujetos tan simpáticos?
– Tranquilos, Melmar, Ferguson, no sé lo que mi homónimo de su preparatoria les hizo, pero les aseguro que yo no era del tipo bully, oh, no señor… yo tenía gente que se encargaba de eso por mí, yo era más bien un amigo del pueblo.
Me senté a su lado y tomé un cepillo colocado en un borde de la mesa, supuse que lo habían colocado ahí para que a mi llegada les ayudara; pude sentir que se relajaron un poco una vez me uní a la limpieza.
– ¿Amigo del pueblo? – Preguntó Melmar, con una voz desafinada.
– Así es, siempre andaba buscando gente nueva para conocer, bebíamos unas cervezas, jugábamos a ponerle la cola a Junior, escuchábamos unas cuantas vulgaridades de Anna y en caso de que me cayeran mal o se pusieran prepotentes, al final de la noche simplemente les enviaba a Rocko ¡Y al basurero por petardos!
Melmar y Ferguson me miraban con la boca muy abierta, tanto así que puedo jurar que el avión podía entrar cómodamente a través de ellas.
– Estoy celoso. – Admitió Melmar.
– ¡Yo también! – Exclamó Ferguson.
– ¿Y eso? – Pregunté, pese a ya conocer la respuesta.
– Bueno… – Comenzó Melmar. – Toda la preparatoria estuviste en lo más alto… nosotros somos el tipo de chicos que en facebook tienen solo 10 amigos incluyendo familiares.
– Yo tengo 11. – Murmuró Ferguson. – Pero claro, me tengo agregado en mis dos cuentas de facebook.
– ¿Para qué tienes dos cuentas de facebook? –Pregunté.
– Porque así puedo engañar más fácilmente a Xbox live, mira, te explico…
– Eh no… mejor así quedamos en paz. – Murmuré. – Y estoy halagado que piensen eso, pero tampoco entiendo cómo es que les fue tan mal, quiero decir, yo acabé la preparatoria como pan comido y siendo vitoreado por todo el mundo.
– ¿Nunca tuviste ningún problema o algún abusivo tras de ti?
– Por supuesto. – Respondí, sin alterarme. – Estamos en América después de todo, incluso llegué a estar en el peor estado, siendo yo un perdedor como… bueno, como ustedes; todo esto porque Rocko… bueno… ya es pasado.


(2005, Texas)
– Quiero estar dentro. –Declaró, apenas se sentó en nuestra mesa; de sus ojos emanaba un aura de seguridad nunca antes visto por mi parte.
– ¿Eh? – Pregunté, algo aturdido y sin comprender.
Ella se encogió de hombros, impaciente.
– Ya saben, quiero unirme al súper equipo surfista químico materialistico de la oveja asesina.
Era la primera vez que veía que alguien pronunciaba ese nombre además de Junior, por lo que no pude evitar soltar una carcajada sonora; pues la tierna voz de la pequeña le agregó un toque aleatorio sin precio.
– ¿De qué demonios te ríes? –preguntó la chica, con agresividad y fulminándome con la mirada; la tipa tenía agallas de sobra.
– Perdón, es solo que ese nombre lo inventó Junior y…
– ¿Entonces, estoy dentro?
– ¿Qué? –Respondí. – Eso es…
– ¡Maldición Zack, decídete! –Me interrumpió la chica estrellando sus pequeños puños contra la mesa.
– ¡Tranquila! ¡Tranquila! – Exclamó Junior. – No podemos meter a una pequeñita como tú a un grupo de ninjas entrenados, podrías morir.
– ¡No seas idiota Hanigan! –Gritó, con tanta furia que Junior y yo nos estremecimos. – ¿Crees que les pediría entrar sin saber en lo que me meto?
– Eh… escucha, Anna –murmuré, tratando de razonar con ella. – Nosotros no somos una asociación del mal o algo así… de hecho solo nos juntamos y…
– ¡Y hacen estupideces que los hacen famosos! –Me interrumpió, soltando un pequeño salto. – ¡Yo quiero estar dentro!
En sus ojos se sentía una determinación digna de un campeón, en ese momento supe que no podríamos deshacernos de ella fácilmente.
– ¿Pero porque quieres entrar a un grupo de hombres que hacen estupideces y donde corres el riesgo de ser expulsada?
– ¿En verdad quieres saberlo? –Preguntó, arqueando una ceja de forma coqueta y desafiante.
– Sí. –respondí, sin caer de lleno en su juego.
– Bien, en realidad son 3 cosas…
– Escuchémoslas…
Se acomodó en su asiento antes de comenzar a hablar, verdaderamente era como una pequeñita de 12 años malhablada.
– En primer lugar, ustedes están ascendiendo en la escalera de popularidad como un cohete espacial, apenas estamos en primero y ustedes ya empiezan a ser conocidos por todos, yo también quiero ser popular para ir a las fiestas y emborracharme hasta caer en el suelo o encamarme con algún idiota.
– Eh… eso no es algo que una señorita deba decir –murmuré, algo aterrado. –Pero es aceptable, supongo…
– En segundo lugar, quiero ser el punto de codicia, cuando todas vean que me junto con tres tipos tan buenotes como ustedes voy a atraer ardidas, en ese momento las llevaré a la boca del lobo.
– ¿Tienes un lobo? –preguntó Junior. – ¿Cómo se llama?
– Y en tercer lugar –reanudó Anna, ignorando a Junior. – Estoy malditamente loca, me divierto haciendo cosas que ninguna otra chica se divierte haciendo y con ustedes está garantizado que habrá gasolina, escaleras y latas de pintura al menos una vez al mes.
Junior y yo titubeamos, sin saber que decir por unos segundos.
– No lo sé… – Me disculpé. – No es tan simple…
Para mi sorpresa, Anna ni siquiera mostró rastro de decepción por mi respuesta, de hecho estaba más sonriente que nunca.
– En ese caso tendré que usar mi plan final.
– ¿Plan final? –preguntamos al unisonó Junior y yo.
– ¿Recuerdan que les dije que tenía algo que les podía interesar?
– ¿No era tu presencia? –preguntó Junior.
– ¡No seas idiota Junior! –Bufó Anna. – Escuchen… ¿Saben que las audiciones para entrar a las actividades deportivas están por comenzar? Ya saben… las pruebas para entrar a los equipos, a la banda, a las porristas…
– Ah… algo he escuchado –señaló Junior.
– Bien –respondió Anna, con una linda sonrisa. – ¿Qué harían si les dijera que ese mismo día el entrenador Hudge recibe el cheque de presupuesto mensual para el equipo de básquetbol y que sé exactamente donde lo guarda?
Junior y yo nos miramos el uno al otro, impresionados al máximo nivel.
– Eso sería realmente una hazaña por tú parte. –Admití.
– Así es, maricas, 1000 dólares a nuestro alcance… ¿Ahora parezco una chica con potencial de ser parte de ustedes, no?
– Sabes… –murmuré. –Viéndote mejor creo que eres la chica más hermosa y talentosa de la escuela… ¿Por qué no te unes a nosotros? ¿Verdad, Junior?
– Definitivamente, ¡Únete a nosotros por favor!
– Tampoco quieran alabarme de más, maricas… –Se quejó. – Entonces, será un placer estar a su lado.
Anna me ofreció su mano, fue un apretón amistoso que sellaba lo que podía ser un buen escalón; en ese momento Rocko se presentó a la cafetería y tomó asiento a nuestro lado.
– ¿Quién es la pitufina esta? –Preguntó.
– ¡Pitufina tú madre, idiota! –respondió agresivamente Anna; me vi obligado a tomarle los labios con la mano para explicarle a Rocko la situación actual, le conté, el rostro de Rocko se notaba insatisfecho hasta que escuchó sobre los mil dólares.
– Hubieras empezado por esa parte, Mosh –Me reprochó, ahora con una gran sonrisa. – ¿Qué haremos con el dinero? Supongo que una fiesta de alcohol en la legendaria residencia Mosh…
– Exacto –respondimos todos.
– Suena bien –admitió Rocko. – ¿Pero cómo van a quitarle el cheque a Hudge?
– Aquí es donde mis conocimientos entran en juego –respondió Anna, con esa mirada maléfica que ya la identificaba. –pero necesitaremos mucha distracción…
– Eso déjamelo a mí. –Pedí. –Solo necesitaré Una guitarra para mí, una patineta para Junior y muchos, muchos fuegos artificiales… ah, y una oveja para Rocko… ¡Esto se va a poner bueno!
La emoción nos inundó a los 4, era hora de nuestro más grande golpe desde nuestra llegada a Mc Highley.


(2010, Los Ángeles)

– Hablando de preparatorias, muchachos… – murmuré.
– ¿Qué ocurre? – Preguntaron, al unísono.
– Bueno… me muero de curiosidad, ¿Por qué rayos estamos limpiando un avión de la segunda guerra mundial de juguete?
– ¡Este avión fue utilizado en la primer película de King Kong! – Exclamó Melmar, emocionado. – ¡Es nuestra más grande adquisición!
– Ah, ¿Entonces vale mucho?
– Pues… pensamos venderlo en al menos cien mil grandes. – Murmuró Ferguson. – En el comicon dentro de dos meses.
– Ah, ya veo… viéndolo desde el ángulo del dinero creo que debo de limpiarlo con más delicadeza, esos 100mil me suenan a una televisión para nuestra habitación, Ellie se pondrá muy feliz.
– ¡Ya estás hablando de tú esposa de nuevo! – Gritó una animada voz femenina a mis espaldas; ese tono tan lleno de vida era inconfundible.
– ¿Ruth? – Pregunté; dándome la vuelta. – ¡¿Qué haces aquí?!

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