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4 may. 2011

reestructuración del pasado: Zack y Ellie (Amo a mi esposa) Ellie:3/??

Primer Round (Ellie).
(2005, Texas)
La primer semana de clases pasó volando casi de forma literal, y hasta el momento todo iba perfecto al plan: los profesores ya empezaban a darse cuenta de mi buen nivel académico y mis compañeros ya soltaban gran cantidad de elogios a mi persona, ya fuera por mi personalidad refinada y templada o por mi estilo de la moda, empezaba a reinar de forma discreta y calmada.
Nuestro grupo de amigas, sorprendentemente solo había recibido un cambio, ahora ya no éramos 6, pues la chica de las botas (cuyo nombre por cierto, era Romy) cayó en cuenta de la diferencia brutal entre gustos y personalidades que teníamos y ahora se juntaba con una linda y callada chica latina de nombre Karla.
También pude ir identificando las personalidades de cada una de mis amigas, Sophie resultó ser “la criticona”, todo grupo de amigas necesita una de esas: se encargaba de hacernos notar los errores en los vestuarios de cada chica (o chico) en la escuela y después hacía comentarios afilados sobre ello, fue con esta con quien mayor confianza entablé; luego, estaba Pauline, una chica muy animada y alegre, estos factores tendrían un gran valor de no ser porque era algo perdida y tonta, era esa clase de chicas que nos dan a todas las rubias el tache de tontas y fáciles; luego estaba Jacqueline, no hay mucho que decir de ella pues nunca hablaba y siempre se limitaba a simplemente seguirnos, un amor; finalmente estaba Jessica, una chica linda de cabello castaño que no mata una mosca, con tanto estilo como Sophie y yo, por no mencionar que era un gran apoyo si de ciencias se trataba.
Parecía ser un típico viernes, nosotras caminábamos por los pasillos con rumbo al aula de ciencias, siendo seguidas por las miradas de todos los que se topaban a nuestro paso (como de costumbre); en el camino nos topamos con Romy, la chica de vestimenta extraña, que estaba bebiendo en el bebedero de afuera de la sala de maestros, llevaba una blusa de manga larga a rayas purpura y negras, unos pantalones entubados negros y unas botas escandalosas. Usualmente hubiéramos guardado silencio y hubiéramos seguido nuestro camino, sin embargo, Sophie no parecía bastarse con eso.
– Hay que llamarle a Hank el conserje y decirle que encontramos al ladrón de sus botas para pisar fango. –bufó, de forma tan alta que todo el pasillo seguro la escuchó.
Hubo risas por parte de algunas personas, yo preferí guardar silencio, al igual que el resto de nosotras.
– ¿Dijiste algo? –Murmuró Romy, a mis espaldas; yo solo deseaba seguir el camino e ignorar lo ocurrido, sin embargo, Sophie se detuvo en seco y encaró a Romy.
– Dije, que Hank desea sus botas de vuelta.
Hubo risas de nuevo, Romy mantuvo un gesto valiente y se fue acercando poco a poco a donde nosotras estábamos.
– No tienes el derecho a burlarte de mi vestimenta.
– ¡No tienes derecho a vestirte tan horriblemente! –repuso inmediatamente Sophie, poniéndose sus manos sobre la cintura.
Una vez más, hubo risas en el pasillo, a este punto yo ya estaría al borde de las lagrimas, pero Romy, simplemente miró a Sophie en silencio.
– ¿Qué estás viendo? ¿Lo que nunca podrás alcanzar a ser?
– Estoy segura –Respondió una fuerte voz femenina a nuestras espaldas. –Que lo que ella está mirando es lo que el ego hace en una mente tonta y superficial.
Karla, la chica latina nos miraba con una furia asesina, severa y calculadora.
– ¿Y tú qué? –preguntó Sophie.
– ¿Yo? Ustedes son las que se están metiendo con mi amiga, si hay alguien mal en este lugar son ustedes.
– No te metas, ella se viste como chimpancé.
– ¡Será mejor que no busques problema con Romy porque es una excelente chica!, ¿eh? Princesa.
– Vámonos chicas –anunció Sophie, después de un intercambio de miradas venenosas. – Antes de que se nos pegue lo corriente.
– Mejor ser corriente que perras superficiales. –respondió Karla a nuestra salida.
Antes de darme la vuelta y seguir el camino pude notar el dolor en el rostro de Romy, de no ser porque Karla llegó al rescate sabrá Dios que habría pasado, el sabor amargo de la culpa me inundó el resto de la semana.

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