Lo Último

5 jun. 2011

¡Amo a mi esposa! (Creo) (12/??)


Sobre las inyecciones de ánimo, sobre la segunda enseñanza de vida y sobre el duro golpe de la culpa (Zack)
(2005, Texas)
Cuando estás suspendido por una semana tienes mucho tiempo libre para pensar, y es entonces que empiezas a cuestionar tu accionar, empiezas a preguntarte “¿En verdad hice bien al ir contra la corriente?” “¿Tomé la decisión correcta?” “¿Hay vuelta atrás?”; la duda te corroe, empiezas a desconfiar de ti mismo y te lamentas de ser como eres, y una vez piensas en ello, estás perdido; afortunadamente, este triste y lamentable evento psicológico no le puede ocurrir a los ganadores, a aquellos que no pierden sus objetivos por un simple tropiezo, aquellos que están dispuestos a caer todas las veces que sea necesario, con tal de levantarse 100 veces más fuertes.
La fiesta en casa de Rocko, según escuchamos, fue sencillamente épica, utilizando el presupuesto del equipo de baloncesto en alcohol y ayudado por sus amigos del equipo de football, Rocko dio un salto tremendo en la escalera de popularidad, a estas alturas, no existía nadie en la escuela que no lo conociera.
Mientras esto ocurría, Junior y yo estuvimos suspendidos, sin embargo, gracias a Anna pudimos enterarnos cual era la situación, de alguna forma, Rocko se había encargado de desaparecernos del mapa; es decir, todo el duro trabajo en dos meses se había ido por el caño, su mala noticia cayó como un balde de agua helada, un balde de agua helada acompañado de pizza y cerveza en mi habitación.
– Creo yo… – Murmuró Anna, mientras comía un pequeño trocito de pizza. – Que ni tu apellido vale mucho en estos momentos como para mantenernos seguros de los bullys; seguro mañana, cuando regreses después de 5 largos días de suspensión todos te vean como “El hermano ñoño de Bruno Mosh”.
– Eso será un problema… – Respondí. – Tenemos que recuperarnos lo más rápido posible… ¿Puedo pedirte un favor, Anna?
– Zack, estamos comiendo. –Respondió, en tono agresivo. – además, es muy temprano todavía y tienes que pensar en cómo llevarnos a la cima nuevamente, no hay tiempo para pensar con tú cabeza inferior… ¡Rayos, sabía que era mala idea aceptar venir a tú habitación!
– No, no…  ¿Puedes buscar algo de gente que esté dispuesta a ayudarnos? Tengo algo que quizá pueda impulsarnos de nuevo…
– Depende, ¿Qué clase de gente?
– Miembros del equipo de football… y algunas animadoras…
Anna acomodó sus gafas con la punta de su dedo índice y me miró severamente sorprendida; por supuesto, sin dejar de comer.
– Será algo difícil… pero bueno, nunca falta algún miembro de los equipos a los que el status les valga una mierda… quizá pueda hacer algo.
– ¡Yo conozco a un miembro del equipo de football! – Gritó Junior; cuya presencia ya había olvidado pues había estado callado por casi 2 horas (Cuando de jugar viva piñata se trataba entraba en un estado de concentración del que era imposible sacarlo). – Es mi primo y es el pateador.
– Excelente, –Respondí. – eso nos deja solo con la tarea de las animadoras, ¿Cierto?
– Bueno, haré lo que pueda… – Repuso Anna, antes de llevarse otro trozo de pizza a la boca.
Me perdí por unos instantes, observando a Anna comer, no era la primera vez que esto pasaba; era absurdamente sexy: primero atrapaba un bocado de su plato con los dedos y lentamente, a bases de pequeñas mordidas lo iba desapareciendo dentro de su boca, al terminar, con su lengua limpiaba el contorno de sus labios y repetía todo desde el principio.
– ¿Soy o me parezco? – Preguntó, percatándose de que la observaba. – Sí quieres comer solo pídelo…
– ¿Eh? Ah, no… es solo que…
– Muy bien carnales del alma casi sobrinos del primo de un amigo…  – Murmuró Junior. – Se empieza a hacer algo tarde y mi viejo seguro empezará a preguntarse donde estará su retoño…
– Ah, no sabía que tú padre y tu fueran tan apegados, Junior. – Repuse.
– ¡Para nada! – Respondió; soltándonos una sonrisa de oreja a oreja. – Lo que pasa es que cuando mamá me dio permiso de venir a tú casa un rato vi que mi papá había comprado un arbolito y pensé que sería divertido traérmelo para sacarlo de onda un rato, pero por alguna razón ahora creo que ese es el comportamiento que le provoca dolores de pecho cada vez que lo hago enojar…
 – Bueno, entonces nos vemos mañana en la escuela hermano, ¡Suerte con lo de tú viejo!
Junior se perdió con el sonido de la puerta cerrándose; dejándonos a mí y a Anna solos.
– Puedo darme cuenta que estás preocupado… – Murmuró Anna, sin dejar de comer; su dulce voz narrando una realidad me hizo sentir que mi vida era una película siendo narrada. – ¿Podrías intentar relajarte un poco? Por eso he traído la pizza y la cerveza, para relajarte un poco.
– Pero la he pagado yo… – Bufé.
– Bueno, la intención es lo que cuenta.
Solté un suspiro seco, preocupante; Anna enfocó su mirada en mis ojos, presionándome a decir lo que pasaba por mi mente.
– Esto es mi culpa… no debimos confiar en Rocko… ¿Sabes? Ahora mismo podríamos estar en la cima… pero en lugar de eso, no somos nadie…
– Pero así como fue tú culpa por haber confiado en él… serás tú quien nos lleve a la cima de nuevo, ¿No? Digo, no estoy preguntándolo… de hecho, juro que si no nos llevas a la cima de nuevo voy a enviar a un ejército de negros a que te…
– ¿Cómo puedes comer mientras dices tantas asquerosidades? – Interrumpí. – No quiero que una enana come-pizza me condene a ser violado por un grupo de afroamericanos…
– ¿Por qué te gusta, no?
Anna me miraba con las cejas levantadas y mirando por sobre sus gafas; como si estuviese declarando un punto irónico.
– ¿Los negros? ¡No! ¡Soy heterosexual!
– No hablo de eso, estúpido. – Riñó, poniéndose de rodillas y acercándose a mí, yo estaba tumbado en la cama pecho abajo, usando mis brazos como almohadillas para la barbilla.
– ¿Entonces?
Anna acercó su rostro muy cerca del mío, pude sentir su respiración; así como dar una mirada cercana a sus carnosos labios carmesí; sus ojos, café claros, brillaban con la luz de mi habitación y me miraban con provocación.
– Te gusta verme… lo he notado hace un rato… en realidad… ya no tengo hambre; por eso solo pico trocitos pequeños… ¿Captas?
– ¿Ahora eres aquella encargada de darme placer? – Desafié, levantando ambas cejas.
– Tómalo como una inyección de ánimo de una amiga a un amigo.
El cabello de Anna, pese a ser corto era precioso; una mezcla entre mechones ondulados y mechones puntiagudos, era difícil saber si era peinado de salón o si simplemente era floja a la hora de escoger un estilo.
– Entonces… ¿Por qué no comemos un poco más? – Respondí, tomando su mejilla con delicadeza con mi mano derecha y quitando de su frente unos cuantos mechones.
– Sírvete… – Murmuró, con un tono de voz ligeramente áspero para su usual tierna voz, cerrando sus ojos.
Le quité sus gafas, bastante bonitas, por cierto; con armazón oscuro y forma ovalada, y las tiré al suelo, para después aprisionarla con ambas manos y morder su labio inferior con antojo.


(2010, Los Ángeles)
– ¿Y bien? – Pregunté. – ¿Qué harían?
– Me le acercaría y le preguntaría si le pasa algo… – Respondió Melmar, algo nervioso.
– Eh… yo… iría por la policía. – Murmuró Ferguson; mientras peinaba a una chica guerrera de azthlar.
– ¡No, no, no y no! – Grité; ¿No lo entienden? ¡Número 1: Si su auto está averiado es más que obvio que algo le pasa, ya con esa falta de sentido común va a dejar de verte como posible ligue! ¡Y número 2: ¿Por qué llamas a la policía siendo que tú puedes ofrecerle un aventón en TÚ auto hasta el taller y ser el héroe?!
– Pero para eso está la policía federal de caminos. – Repuso Ferguson. – Para atender a aquellos que reciben percances durante el viaje…
– Bueno… entonces que la policía federal de caminos se ligue a tú chica hermosa… ¡Felicidades, acabas de perder, de nuevo!
– ¡No! ¡No quiero perder de nuevo! – Suplicó, soltando a su muñeca y acercándose a mi con aspecto penoso. – Déjame tratar de nuevo… ¿Sí? Te duplicaré tú salario.
– Ya lo has hecho hace 5 minutos cuando pediste tú quinta oportunidad. – Respondí.
– ¡Entonces lo triplicaré!
– ¡Basta! – Ordené. – ¿Bien? Esto de los simulacros mentales no funcionan… ustedes dos necesitan aprenderlo en carne viva o no lo aprenderán…
– ¿Sugieres que instalemos Second Life?  Preguntó Melmar, entusiasmado. – ¡Porque si es así, ya lo hemos hecho! ¡Y tenemos muchísimo, muchísimo dinero!
– No, Melmar, no hablo de Second life…
– ¿Ah, entonces buscas empezar con algo más simple? ¿Qué versión de los sims necesitas para empezar nuestro entrenamiento?
– No, no, no… escuchen… les estoy hablando de ir a las fiestas de su universidad, ligar con las chicas de su universidad y… bueno…
Ambos se tensaron, desviaron su mirada al suelo y comenzaron a hiperventilar lentamente, como si esa fuese una posibilidad nula.
– Esa es una posibilidad nula. – Respondieron los dos; al unísono.
– Sí se ponen así de negativos definitivamente lo será… pero créanme, yo creo que si dejan esto en mis manos, y si cierta pelirroja acepta ayudarme, esta podría ser esta enorme gran acción que haga que me gane las puertas del cielo.
– ¿Cierta pelirroja? –Preguntó una juguetona voz femenina desde la entrada. – ¿No estarás diciéndoles cosas sobre mí? ¿Cierto? ¡No pienso ser objeto de perversión!
– Hablando de la reina de roma… – Bufé. – Ruth, ¿Qué crees?
– ¡Me niego!
– Aun no te he dicho que es lo que haremos.
– Ok, te escucho…
– ¡Convertiremos a Melmar y a Ferguson en chicos cools!
– ¡Me niego! – Exclamó, nuevamente.
– ¡Vamos, será divertido! – Exclamé. – ¡Podemos ir a casa en cuanto sea hora de cerrar y peinarlos y vestirlos como campeones! ¡También puedes peinarlos! A las chicas les gusta peinar, ¿No?
– No sé qué clase de chicas hayas conocido durante tú tierna vida de estereotipos norteamericanos, Zack, pero cuando hables conmigo, trata de olvidarlos.
– Creo que se han olvidado de que estamos aquí. – Murmuró Melmar a Ferguson, quien se limitó a asentir; les ignoramos.
– Por favor, Ruth… ¿No quieres divertirte conmigo?
Utilicé mi más poderosa técnica persuasiva: la mirada de cachorrito; veneno puro.
– Zack… quiero divertirme contigo, estos días, wow, te has convertido rápidamente en mi mejor amigo y todo, ¿pero porque no nos divertimos viendo televisión, jugando futbol o consumiendo drogas como todos los amigos normales en el mundo? ¿Por qué necesariamente convertir chicos que ya tienen su personalidad definida en… bueno, dobles de ti? ¿No crees que es mejor enseñarles a ser felices por como son que demostrarles que la mejor forma de sobresalir es cambiando toda su existencia?
– Contestando a tú primera pregunta, porque eso es de la década pasada, contestando a la segunda, porque soy genial y contestando a la última pregunta… no, no lo creo; ¿No te das cuenta que no hay forma de que ellos estén satisfechos por como son ahora? ¡Son patéticos!
– Creo que si se han olvidado de nosotros. – Coincidió Ferguson.
– ¡Zack! ¡Vamos…! – Suplicó Ruth, moviendo sus ojos de un lado a otro, tratando de desviar mi mirada; era el momento.
Me acerqué lentamente a ella y la tomé por las manos, para evitar que escapara, acerqué mi cabeza a la suya y usé nuevamente mis ojitos de borrego, en esta ocasión la técnica le dio de lleno, tanto así que su rostro se ruborizó.
– Está… está bien, Zack… pero suéltame… estás muy cerca…
– ¡SÍ! ¡Eres lo máximo, Ruth!
– Sí, sí… – bufó, suspirando con fastidio.
– Entonces, chicos, saliendo del trabajo iremos a mi casa para tratar de buscarles un nuevo look, ¿Genial, eh?
– Le avisaré a mamá que llegaré tarde. – Respondieron, al unísono.


(2005, Texas)
Fue algo triste que mientras caminaba por los pasillos de la escuela una cantidad ridículamente pequeña de personas me saludaran, ¿Tanto valía ir a una tonta fiesta? Más peor era nada, por lo que me sentí aliviado que aun existiera gente que me conociera; esto, seguramente por el concierto en el gimnasio; o tal vez, por haberle roto la nariz a Rocko; que por cierto, era la única abolladura en su corona temporal.
Antes de entrar a clases recibí un mensaje de Anna; indicándome que mantuviera perfil discreto y diciéndome que por desgracia no había podido conseguir una animadora, pero que igual existía alguien “Importante” que deseaba verme durante la hora del almuerzo en el lugar habitual: ¿Quién sería esa persona importante? Probablemente nadie especial, a esas alturas solo me alegraría si el presidente Bush, Oprah o Homero Simpson fueran esa persona importante.
– Mi primo también ha prometido estar con nosotros durante el almuerzo. – Comentó Junior, cuando le conté lo del mensaje de Anna. – Pero si queremos llevar a cabo el plan que tú nos has propuesto definitivamente necesitamos conocer a alguna animadora… ¿Alguna idea?
– Lamentablemente no… ya pensaremos en algo….
– Pero bueno, dejando eso de lado, Quien lo diría… ¿Eh? – Bufó Junior, sin dejar de mirar al pizarrón. – Tú y Anna… ¡Cuando vi todas esas feromonas en la habitación preferí escapar!
Casi me mato, literalmente; me atraganté de saliva, perdí el equilibrio y caí a mi escritorio, donde me resbalé y casi me golpeo en la nuca; miré a Junior desde la seguridad del suelo; severamente sorprendido.
– No sé porque me sorprende que te enteraras de ello…
– ¡Incluso alguien que no sea tan endemoniadamente genialistico califrajilistico espialidoso como yo se hubiera dado cuenta! Anna y tú se desean con lujuria y pasión desenfrenada; tal vez no se quieran, ni mucho menos se amen, pero ¡Demonios! ¡Sí que se desean! ¡Se desean más que Jaffar a la lámpara maravillosa o que una adolescente de 13 años a los Jonnas Brothers!
– C… claro que no… bueno… sí… la verdad sí…
– Pero vaya que es una chica peculiar, ¿eh? – Murmuró, como si estuviese disfrutando de verme en mi modo tímido.
– ¿Anna? Bueno… sí… – Respondí; recapitulando lo que era Anna, ciertamente, era una chica de un metro y medio más o menos, plana, en ambos hemisferios, con un lindo rostro, labios perfectos, una boca MUY sucia y una personalidad MUY extremista.
No se habló más del tema, Junior fue respetuoso con lo que pasó después, aunque seguramente dentro de su mente de genio durmiente ya existía una versión en blu-ray de los hechos con alta definición, subtítulos en 4 idiomas y comentarios de los actores, en este caso, Anna y yo.
Aun no logro entender cómo fue que logramos sobrevivir las primeras 4 horas consecutivas de clases sin hacer ningún comentario burlón o sin abuchear a algún perdedor, tendría que haber una medalla de honor para estas situaciones; en serio.
Llegó la hora del almuerzo y era hora de reunirnos con esa dichosa persona importante; Junior y yo nos encaminamos hasta la cafetería; debo admitir, que temía toparme con alguno de los amigos de Rocko, pues de mi rostro tenía planeado vivir como para que me lo deformaran siendo yo tan joven.
– Voy a ir por mi primo… – Murmuró Junior de pronto, cuando estábamos a punto de ingresar a la cafetería. – Ya que lo pienso mejor no le dije donde nos sentábamos… espera un segundo, ya vuelvo.
Junior se alejó sin esperar respuesta; típico de él; me encogí de hombros y con la mirada gacha me dirigí hasta nuestro lugar, una mesa al fondo, pegada a la pared; ahí se encontraba Anna acompañada de un chico de tercer año de cabello castaño y piel ligeramente bronceada, curiosamente, llevaba la chaqueta que lo identificaba como miembro del equipo de football.
– Hey. – Saludó, una vez me senté frente a ambos.
– ¿Qué hay? – Respondí, sin gesticular.
– Me presento, mi nombre es Blake Turner, soy el mariscal de campo del equipo de football.
El sujeto me dedicó una amplia sonrisa y me extendió su mano, ofreciéndome un apretón de manos; gesto que le devolví con camaradería.
– Zack Mosh, soy el hermano ñoño de Bruno Mosh.
– Eso es imposible… – Respondió, casi al instante y sin abandonar una amplia sonrisa. – En la familia Mosh no ha existido ningún ñoño, y aunque fuese así… no creo que un ñoño arme un escándalo en el gimnasio, que le rompa la nariz a un aspirante del equipo de football o que se ande ligando chicas por todos lados…
– Bueno, puedo no ser un ñoño… sin embargo, en este momento seguramente así me ve gran parte de la escuela.
– Precisamente por eso quise conocerte, ¿Sabes? Soy buen amigo de tú hermano, el legendario Bruno Mosh…
Solté una risotada; si bien era cierto que Bruno fue muy popular y que lo ganó todo; llamarlo legendario era un poco extremista, o al menos eso pensaba yo; que varias veces saqué su cabeza del escusado cuando llegaba borracho a casa.
– Voy a superar a mi hermano. – Aseguré.
– Para eso, pequeño Zack Mosh, tendrás que ser más famoso y querido que yo antes de que termine tú primer año… ¿Crees poder hacerlo? No es por presumir, pero ahora todo el mundo me conoce y tú estás por los suelos…
– Lo haré sin problemas, no te preocupes. – Aseguré. – Tengo un plan para recuperar lo ganado hasta ahora y quizá más.
– Bien, mucha suerte entonces, Zack Mosh.
Blake se puso de pie y se alejó de nosotros; su sonrisa nunca se esfumó.
– ¿Quién se cree, una hiena o qué?
– Así que ese era Blake, el más popular del momento… – Murmuró Anna, que había estado callada hasta entonces.
– Así es, pero es solo un rey de plástico, no va a durar.
– Lo sé… – Aseguró. – Nadie que se esté riendo como estúpido todo el día puede ser lo máximo por un año entero.
– Oye, Anna…
– ¿Qué quieres?
– Gracias… no sé cómo te lo encontraste, pero creo que esta fue una segunda inyección de ánimos.
Anna se quitó sus gafas y se llevó una de las patillas de las mismas a la boca, provocativa.
– ¿Y cuál fue mejor?
– ¿Quieres saberlo? – Pregunté, juguetón.
– Sí… ¿Qué inyección te gustó más… la primera, o esta?
– Ya casi olvidé como fue la primera… ¿Por qué no repetimos la dosis y así te digo?
– ¿No será que… te estás volviendo adicto?
Con extrema facilidad me puse de pie sobre mi asiento y brinqué al otro extremo, para sentarme al lado de Anna, que sin estremecerse en lo más mínimo se acercó lentamente a mí, con aprobación.
Fue un beso húmedo y agradable, tanto así que provocamos un sonido ligero, este se elevaba entre mi lengua y el borde húmedo de su paladar, Anna, con sus dientes tentaba los bordes de mis labios con raspones juguetones y delineaba el contorno raspado con la punta de su lengua; la sensación era sencillamente deliciosa.
Dirigí mis labios hasta su cuello, donde a base de pequeños besitos sentí como su piel se erizaba; dicha reacción me fascinó y me dispuse a elevar un poco el nivel, pero…
– Ejem, Ejem…
Frente a nosotros estaban sentados Junior y otro chico, un pelirrojo de cabello corto; ambos miraban al suelo, claramente avergonzados.
– Eh… – Murmuré. – nosotros no… hacemos esto con regularidad… eh… lo siento…
– Estábamos dándonos un beso – Bufó Anna, con su usual tono agresivo. – ¡Gran cosa! No sean ñoños, ¡Todos nosotros seguro nacimos a partir de uno de esos!
– El caso es… eh…  Junior, ¿Este es tú primo? – Pregunté.
– Así es. – Respondió, orgulloso. – Te presento a mi primo, ¡Mike Mattews!
– De hecho… – Intervino el muchacho, que ya por su tono de voz y gesticulación aparentaba ser un chico pacifico. – No soy su primo, ni siquiera lo había visto en toda mi vida… traté de razonar con él, explicándole que para ser primos teníamos que ser familiares y que yo ya tenía primos reales pero él… bueno… me arrastró hacía aquí… ¿Puedes hacerlo reaccionar?
– Junior… ¿No es tú primo de verdad?
– Bueno… no tenemos ningún parentesco sanguíneo, ni ningún familiar en común… de hecho lo vi ayer por primera vez mientras sacaba la basura de su casa… pero yo igual lo quiero como a un primo, así que es mi primo.
– ¿Es enserio? – Preguntó Mike. – Porque parece una de esas bromas de televisión…
– Desgraciadamente no es una broma. – Intervine. – De cualquier forma, aunque no seas el primo de Junior ya estás aquí, ¿Al menos podrías escucharnos?
– Supongo… aunque… ¿Les importa si traigo a una amiga para acá? Es que me está esperando en la mesa de siempre y no quisiera que se enojara conmigo…
– Seguro. – Bufé. – Te esperamos.
Mike se alejó en silencio, claramente era un chico del tipo pacifico-conformista; esa clase de sujetos que se morirían de miedo ante la sola idea de ayudarnos a cometer un inocente crimen juvenil.
– ¿Crees que pueda hacerlo, Junior? – Pregunté.
– Confió en él… ¿Sabes? Mi tía siempre dice que él solo necesita de un empujoncito para dar grandes saltos…
– ¿Cómo es que conoces a su madre si ni siquiera lo conocías a él hasta ayer?
– No la conozco… pero me imagino que eso debe decir, ¿O no? ¿Eso es lo que dicen las tías de los primos siempre, no?
– Demonios… Zack… – Interrumpió Anna. – ¿Puedes explicarme que clase de medicamentos usas para tolerar a Junior? ¡Es demasiado aleatorio!
– Te recomiendo Nervo-calm en píldoras… las venden sin receta.
– Miren –Señaló Junior. – ya volvió mi primito con su mejor amiga de la cual está enamorado pero le da miedo decirlo para no echar a perder la amistad; ¡y claramente ella está en la misma situación! ¡¿No es fascinante?!
Mike estaba de regreso, acompañado de una chica delgada de cabello castaño claro preciosa; era bastante alta y con un rostro que encajaba en el término “angelical”.
– Ella es Nahomi Dawson. – Presentó Mike, ignorando a Junior. – Mi mejor amiga.
– Hola… – Saludó, en un tono tímido de esos que provocan ir a abrazarla.
Luego de las respectivas presentaciones era hora de volver a entrar en ambiente, no iba a ser sencillo convencer a un chico como Mike, sin embargo, era ahí donde mis habilidades de persuasión tendrían que tomar lugar.
– Mike… ¿Mattews verdad? – Pregunté.
– Así es. –Respondió él, algo nervioso.
– Bien, me presentaré; soy Zack Mosh, de primer año… me ha contado tú primo… aparentemente, que eres del equipo de football ¿Cierto? ¿De qué año eres?
– Solo soy pateador… y uhm… estamos en tercer año ya.
– Entonces ya te vas a graduar… – Observé.
– Correcto…
– Sabes… yo aun tengo 3 largos años esperándome aquí… 3 largos años…
– Ah…  – Respondió Mike, sin saber cómo responder a eso.
– Y sabes… me gustaría pasarlos de forma cómoda y lujosa… siendo el más famoso del lugar… ¿Qué opinas de eso?
– Supongo que está bien… – Respondió. – La verdad a mí no me interesa eso de la fama y la reputación pero respeto a aquellos que si le toman importancia… y bueno, eres bien parecido, supongo, así que estarás bien…
– Eso mismo pensé yo… – Bufé. – Por desgracia, hay un petardo llamado Rocko que se ha encargado de dificultarme las cosas, ¿Sabes?
– Lo conozco… –Mencionó. – Es un aspirante al equipo de football y todos dicen que es el novato del año…
– Exacto, aunque para mí no es más que un hijo de perra con un peinado digno de un criminal y demasiados músculos para un cuerpo sin cerebro.
– Debes odiarlo mucho… – Observó.
– De hecho así es… ¿Sabes? Hizo una fiesta el fin de semana pasado con 1000 dólares que me robó.
– Se pasó con eso…
– Así es… ahora él es uno de los más populares de la escuela gracias a esos mil grandes, entonces, los quiero de vuelta, y de paso, quiero derrumbarlo.
 – ¿Por qué me cuentas esto? – Preguntó.
– Porque te necesito, Mike, tengo un plan para dejar a Rocko en ridículo y para recuperar algo de esa reputación que se me fue arrebatada.
– No lo sé… no quiero meterme en problemas con nadie… mejor búsquense a otro.
Tal como sospechaba; Mike era un sujeto precavido al que no se le distinguía por arriesgarse de más, por suerte, mientras hablábamos nunca dejé de mirar de reojo a su amiga: Nahomi, ella se mostraba sospechosamente interesada, quizá, a través de ella encontraríamos una apertura.
– ¿Por qué no le das una oportunidad al riesgo, Mike? –Pregunté, sonriente. – ¿No crees que el que no arriesga no gana?
– Pero arriesgar es demasiado… bueno… arriesgado…
– ¿Tú qué opinas, Nahomi? – Pregunté, con gesto insinuador. – ¿Crees que Mike debe tener algo de adrenalina en su vida?
– Yo… – Murmuró; algo sorprendida de adentrarse de pronto en la conversación. – No lo sé… supongo que sí… digo, si no hay riesgo de que lo golpeen o de que lo expulsen del equipo…
–Ahora que lo mencionas, Nahomi, el mayor riesgo en esta tarea será que se le encoja el uniforme… ¿Qué dices? ¿Qué se una a nosotros?
– En ese caso, debería unirse… – Respondió, mirando a Mike con neutralidad.
Mike se encogió de hombros y suspiró con resignación.
– ¿Qué quieres que haga? – Preguntó.
– Sabia decisión, Mike, ahora, escucha… primero que nada…



(2010, Los Ángeles)
Para matar el tiempo dentro de la tienda, me puse a acomodar las estanterías en sus respectivos espacios y después coloqué todas las figurillas guardadas en las cajas del rincón sobre ellas; Melmar y Ferguson quedaron tan agradecidos que se ofrecieron a instalarme un excelente sonido surround en mi casa (aparentemente aun no lograban entender bien cómo funcionaba eso de tener un empleado).
Finalmente llegó la hora de salida y nos dirigimos a mi casa, Ruth, iba cabizbaja y con una expresión de fastidio, claramente no le gustaba la idea de la transformación; como Melmar y Ferguson iban muy entretenidos a nuestras espaldas hablando sobre la guerra de las galaxias aproveché para charlar un poco con ella sobre eso.
– ¿En serio te molesta tanto? – Pregunté, arqueando una ceja.
– Es solo que… ellos son lo que son… Zack… si tu les… haces entender que lo que son está mal puedes hacerles daño…
El rostro de Ruth no expresaba sensación ajena a la molestia, ni siquiera se tomó la molestia de mirarme a los ojos mientras lo decía; esto me hizo ponerme a pensar… ¿Realmente era tan malo como ella lo exponía? ¿Tan malo era enseñar el camino correcto a un par de ovejas perdidas en necesidad de ayuda? Aunque, tomándolo desde el punto de vista de Ruth… ¿Quién era yo para saber cuál es el camino correcto?
– ¿Qué te parece si solo les damos un cambio de look? – Pregunté, en tono comprensible. – Sabes… tienes razón… hice mal en proponerte que los entrenáramos para ser populares… pero, si solo les ayudamos un poco con su vestimenta y con algunos consejos… ellos…
– Bueno… supongo que si hacemos eso borrarías este gesto amargo en mi rostro y no cambiarías la esencia de dos seres humanos establecidos.
– Me alegra escuchar eso… no me gustaría vivir sabiendo que fui yo el causante de que tú te sintieras mal por algo… lo siento, Ruth, nunca quise presionarte…
– No te preocupes, ya es pasado. –Respondió, sonriente. – Pero me alegra que lo hayas estado pensando… me hace sentir que eres… especial.
– Si de gente especial hablamos… tú serías la número uno… ¿No te cansas de darme lecciones de vida?
– ¿De qué hablas?
– Ya sabes… ¡Vivir! ¡Disfrutar! ¡Dejar vivir! ¡Respetar!  Casi no puedo creer que aun no cumplamos la semana de habernos conocido… eres como… una maestra de la vida… ¡Y eres 3 años menos que yo!
– No eres el único que ha aprendido en estos días… ¿Sabes? Empiezo a entender todo este asunto de las metas…
– ¿Ah, sí? ¿Ahora te volverás una voladora como yo?
– Tal vez pueda volverme como una gallina… tú sabes… volar un poco si aleteo, pero nada enorme… me gusta disfrutar la seguridad del suelo y lo que se encuentra en él… lo que llegue llegará.
– ¿Crees que si seguimos viéndonos terminemos volviéndonos una especie de híbridos mitad voladores mitad terrestres?  – Pregunté, con una mirada asustada; Ruth soltó una carcajada.
– Ya empiezo a verlo…
– ¿A ver qué? – Pregunté.
Cuando respondió un autobús pasó a nuestro lado, así que no pude escuchar su respuesta.
– ¿Qué dijiste? – Bufé; no escuché por el camión.
Ruth guardó silencio por un par de segundos, se relamió los labios y miró al cielo, para después enfocar sus brillantes ojos zafiro en los míos.
– Que ya empiezo a ver tú momento de llegar al estrellato. – Respondió, con una amplia sonrisa.
La conversación perdió el hilo de seriedad después de esto; por alguna razón terminamos hablando de Java el Hank y su repugnante aspecto de gigante espacial por el resto del camino; cuando llegamos a mi casa, Ruth y yo nos pusimos a explorar en toda mi ropa (que no era poca) y escogimos varios conjuntos; luego de mentirle a Melmar, asegurándole que la ropa estaba almidonada con sales puras libres de bacterias hipoaloergenias, tomamos asiento en el sillón y les ordenamos desfilar con cada conjunto.
Ambos, ciertamente se veían distintos, incluso perdían la categoría de nerd, ahora eran más bien “Wannabes”, aunque eso tampoco era algo para lo que estar orgulloso precisamente; aunque por supuesto, aun faltaba experimentar con sus peinados y enseñarles “La actitud”.
– Bueno… – Murmuré. – creo que el problema es que estoy un poco más musculoso que ustedes… ¿Pueden hacer algo de ejercicio para llenar esas playeras?
– Yo y mi mamá jugamos cricket en casa. – Respondió Melmar.
– No creo que eso sea suficiente… – Murmuré. – Pero bueno, pasemos a la siguiente etapa…
¿Saben cuántos peinados se le pueden hacer a un par de sujetos con el cabello corto, relamido y rígido? Bien, por si no lo sabían, la respuesta es: 1, corto, relamido y rígido.
– Bueno… vamos a la siguiente etapa. – Bufé.
No tenía idea de que para aprender la actitud era necesario tener alguna aptitud para la actitud, por desgracia, ni Melmar ni Ferguson parecían tener siquiera una pizca de genialidad en sus entrañas; por lo que el día terminó sin mucho éxito.
– Lo sentimos… Zack… – Murmuró Ferguson; cuando ya estaban en la puerta, listos para irse. – Creo que no somos material de campeón… en serio sentimos haberte hecho perder el tiempo.
Ambos se veían destrozados; como si estuviesen a punto de romperse a llorar, claramente esto era un severo golpe a su autoestima… tenía que darles un poco de ánimos… ¿Pero cómo? ¡Eran un caso perdido! Después de pensar un par de segundos, me di cuenta de que si ellos tenían que lidiar con ser un perdedor todos los días, yo era capaz de lidiar tratando de cambiar eso un par de semanas… o tal vez meses más.
– ¡Esperen, chicos! – Grité. – ¡No se desanimen!  Nunca he dicho que yo vaya a tirar la toalla con ustedes, ¡Seguimos mañana! Y si no logramos ningún avance no importa, ¡Pues el día después de mañana también lo intentaremos! ¡Ánimo!
Ambos esbozaron una sonrisa nerviosa, me sentí tan alegre que los despedí con un amistoso abrazo de amigos del alma; ¿Qué puedo decir? Me provocaron ternura.
– Gracias, Zack… – Murmuraron al unísono, antes de cerrar la puerta y dejarme solo junto con Ruth.
– Eso estuvo muy bien, Zack, te viste genial diciendo eso.
– Bueno… no es como si pudiera abandonar a mis amigos después de haberles alborotado así.
– Pudiste hacerlo… pero no lo hiciste…
Ruth estaba recostada en el sillón; mirándome sonriente, me sentí enormemente feliz por escuchar esas palabras de ella… que se mostrara tan orgullosa… simplemente me hizo feliz.
Le pedí a Ruth que levantara la cabeza un momento y me senté; permitiéndole usar mi regazo como almohada, ella cerró los ojos y se dejó llevar lentamente a los brazos de Morfeo, conducida  por la fresca brisa del aire acondicionado.
Comencé a acariciar su cabello con delicadeza, para ayudarla a conciliar el sueño, ayudado por el efecto de la luz en atardecer su cabello parecía ser de fuego, un fuego intenso y potente, fascinantemente unido a un rostro puro y blanco.
Pasaron varios minutos como si fuesen cortos e insignificantes segundos; ¿Qué pensaría Ellie si me viese acariciando el cabello de Ruth mientras duerme en mi regazo?
– Pronto llegará Ellie. – Pensé.
Pensé en despertar a Ruth, pero al verla durmiendo tan plácidamente, ¿Quién se atrevería a despertarla? Preferí seguir acariciando su cabello.
– 5 minutos más no van a hacer daño. – Pensaba.
Usando este razonamiento pasaron varios minutos hasta que Ruth se despertó por sí misma, sus ojos se abrieron con lentitud y confusión, como buscando su localización actual; una vez su mirada logró capturar mi rostro, ella sonrió.
– Lo siento, me quedé dormida.
– No importa… – Respondí, sin dejar de acariciar su cabello. – ¿Dormiste bien?
– Sí…
Guardamos silencio por varios segundos, más el silencio no era incomodo, fue como si no existiera nada que decir que no estuviese siendo expresado con los simples movimientos de mi mano sobre su cabello.
– Sabes… Zack… –Murmuró, de pronto.
– ¿Sí?
– Lo que dije en la calle… sobre que ahora empezaba a ver…
– ¿Sí?
– Mentí…
– ¿Por qué? – Pregunté.
– No lo sé… ¿Quieres saber que dije?
– Sí… sí quiero.
– Dije… “Ahora empiezo a ver porque Ellie se enamoró de ti”.
Y ahí estaban los pequeños labios de Ruth, rosados, delgados y finos; ¿Por qué estaba viendo sus labios? ¿Era acaso un impulso del cuerpo que me indicaba una atracción inminente hacía los labios de Ruth? “¿Qué tanto es un poco?” “No pasa nada si ella no se entera” “El cabello de Ruth huele a frutas” “Ellie no está mirándonos” “El perfume de Ruth despide un aroma cítrico que me hipnotiza” “Ruth es hermosa” “Ruth tiene un cuerpo precioso” “Los labios de Ruth son únicos… estoy seguro de nunca haber visto labios tan lindos y perfectos como esos” “Solo una pausa, solo una vez, no se repetirá” “Es algo que tenía que pasar” “Ellie es mi esposa”.
Me detuve y abrí los ojos, Ruth y yo estábamos apenas a un par de centímetros de distancia de cometer un error de magnitudes gigantescas; podía sentir su respiración, más también podía ver sus ojos en pánico; aparentemente, ella había reaccionado al mismo tiempo que yo.
Levanté la cabeza para dejar que se levantara de mi regazo; pude ver su rostro ruborizado, avergonzado y molesto antes de que me diera la espalda y se perdiera tras la puerta.
– Debo irme. – Murmuró, antes de cerrar la puerta.
¿Qué era esta sensación tan dolorosa en el pecho? ¿Por qué me sentía la peor persona del mundo? ¿Era acaso el muy conocido sentimiento de la culpa? ¿Cómo podía hacerlo desaparecer?
Tomé mi celular, hiperventilando, hundido en pánico total y le escribí un mensaje de texto a Ellie, diciéndole:
“¡Hola, amor! ¿Cómo estás en tú primer día? ¡Espero todo vaya de lujo! ¿Sabes? Hoy más que nunca siento que todo nos irá bien, todo eso, gracias al apoyo que me diste en la mañana… ahora entiendo que esta nueva aventura es como un monstruo que como pareja debemos de domar y montar, recuerda que te amo más que a nada en esta vida, ¿Bien? Siempre recuérdalo, juntos saldremos adelante… ¡Adiós!”
– Enviar… – Murmuré, sin dejar de hiperventilar.
Me golpeé contra la mesita de centro una y otra vez, ¿Qué rayos había pasado hace unos minutos? ¿Que estaba a punto de hacer?

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Bienvenido al mejor blog del universo!

Puedes seguirme en las redes sociales o suscribirte al feed.

¡Suscríbete a mí blog!

Recibe en tu correo las actualizaciones de mis relatos y cuentos. Sólo ingresa tu correo para suscribirte.