Lo Último

13 jun. 2011

¡Amo a mi esposa! (Creo) (14/??)

Sobre como conocí a Ellie, sobre Elizabeth y sobre el auto de Feeney (Zack)
(2005, Texas)
 – ¿Entonces, aceptas? – Pregunté, arqueando una ceja y esbozando una sonrisa confiada.
–… está bien… acepto… – Bufó Mike, con tono tambaleante.
– Entonces, bienvenido a bordo, y tú también, Nahomi, bienvenida a bordo.
– G… gracias. – Respondió Nahomi, sonrojándose un poco.
– Pero después de esto… ¿Se acabarán los juegos sucios? – Preguntó Mike, mirándome a los ojos con seriedad.
– Eso espero… eso espero.
– Bien, entonces… Nahomi y yo vamos a preparar las cosas necesarias… ¿Podrán conseguir ayuda de las animadoras a tiempo para mañana?
– No te preocupes, lo lograré, – Aseguré. – Suerte, nos vemos mañana a primera hora en el parque.
– Está bien, adiós, chicos. – Se despidió Mike, en el mismo momento en que Nahomi se despedía tímidamente con las manos y con una linda sonrisa.
– ¡Esperen! ¡Mike, Mike! – Gritó de pronto Junior, poniéndose de pie con los ojos muy abiertos. – ¡Acabo de tener una visión profética! ¡Cuando estés en la universidad vas a conocer una chica hermosa que te atacará desde la azotea con un objeto volador no identificado! ¡Si subes con ella te enamorarás y terminarás a su lado, pero si no lo haces terminarás al lado de Nahomi un mes después y nunca se separarán! ¡Ese momento decidirá tú vida, viejo!
– Eh… claro viejo… – Respondió Mike, poniéndose rojo ante la mirada curiosa de todos los que los observaban por culpa del grito de Junior.
– ¡Y Salúdame a mi tía! – Gritó Junior, para finalizar la conversación.
– ¿Qué fue eso viejo? – Exclamé, carcajeándome una vez Junior tomó asiento. – ¡Eso ha sido lo más aleatorio que has dicho en mucho tiempo!
– ¿De qué hablas hermano? solo le pedí que me saludara a mi tía.
– Hablo de tú visión profética – Expliqué. – ¡Eso fue tremendamente loco!
– Creo que tienes fiebre hermano… ¿No será que tanta saliva de Anna te ha dejado alucinando?
– ¡Mi saliva no tiene nada de malo estúpido! – Riñó Anna, que se había estado tranquila hasta el momento. – Tal vez es TÚ saliva la que tiene alucinando a Zack, ¡Par de maricas!
– La única que ha besado a Zack en esta mesa eres tú, ¿Y adivina qué? Da la casualidad de que eres la única venenosa en la mesa… ¡Oh doña venenosa rompe corazones calzonuda x1000!
– ¿Qué significa eso? – Exclamó Anna, confusa. – ¡Dices demasiadas cosas sin sentido como para estar discutiendo conmigo! ¡Zack, haz algo con Junior!
– Mejor arréglense ustedes… – Repuse, con desinterés, aún tenía que conseguir animadoras para el día siguiente como para estarme mortificando por un pequeño pleito interno; ¿Pero cómo iba a conseguirlo? Las cosas no caen del cielo y mucho menos las animadoras; tenía que actuar rápido para avanzar, por desgracia, no conocía ninguna animadora y aunque así fuese no eran la clase de chicas que simplemente aceptan ayudarte a hacer una estupidez, tenía que encontrar una animadora loca y dispuesta a todo por el simple hecho de que le parece divertido… en otras palabras: lo mejor era rendirse.
– ¡Es mi amiga! – Exclamó Junior de pronto, levantándose y corriendo hasta una mesa donde un grupo de chicas poco notorias charlaban, aunque ya mirando un poco mejor, una de ellas era muy linda: morena y con un cuerpo muy bien lucido en ese uniforme de animadora, justamente fue con ella con quien Junior empezó a charlar animadamente.
– ¡Espera un segundo! –Exclamé. – ¡¿Junior la conoce?!
– ¿No lo sabes? – Preguntó Anna, que ahora se ocupaba en comer uvas. – Ese idiota ha estado flirteando con ella desde poco antes de que nuestro plan fracasara…
– ¿Por qué no nos lo ha dicho? O mejor aún, ¿Por qué no lo habías mencionado? Podemos pedírselo a ella…
– No lo sé… ella está en mi clase… se llama Karla Rodríguez y es del tipo disciplinado…. Y encima siempre anda con otra que es aun más disciplinada que ella, una tal Elisa Clearwater…
– ¿Es igual de linda que ella? – Pregunté, en tono interesado.
– Bueno… ¿Te gustan las rubias?
– Bastante… – Admití; mirando como Junior tomaba una manzana del plato de la chica de al lado de Karla y empezaba a masticarla con despreocupación, ante la mirada angustiosa de la antigua dueña. – Son… perfectas.
– Entonces esta te va a encantar… la verdad esta cabrona tiene un cuerpo de diosa, pero su personalidad… bueno… te repito, son disciplinadas, y eso significa: “Zack Mosh nunca va a tocar bajo mi ropa”.
– ¿Tú crees que se resista a mis encantos solo por como soy?
Anna soltó una carcajada seca.
– Hay muchas mujeres que se resisten a tus encantos, idiota… no creas que por estar guapo tienes todo solucionado…
– ¿Tú te resistes a mis encantos? – Pregunté, dirigiendo toda mi atención a ella, mientras la miraba con provocación.
– Por supuesto… – Aseguró. – estás lejos de atraerme en serio…
– Entonces esquívalo… – Reté, mientras me acercaba lentamente; Anna no se hizo a un lado, por el contrario, cerró sus ojos y permitió que nuestros labios chocaran, después de un poco de rico jugueteo me separé de ella.
– Entonces… ¿Dónde puedo encontrar a esta Elisa Clearwater?
– Siempre está con ellas… podría estar en cualquier lado… aunque ahora que lo pienso mejor… la jodida maestra nos encargó un trabajo de una obra… seguro está en la biblioteca.
– Entonces… me retiro de esta mesa, Anita, ¿Nos vemos después, pastelito?
– Vete a la mierda, Mosh. – Replicó ella.
Muerto de risa abandoné la cafetería y tomé camino a la biblioteca, por supuesto, al ser yo todo menos un buen estudiante, me tardé un poco en encontrarla, sin embargo, una vez entré las cosas se pusieron bastante sencillas.
La única animadora rubia en toda la biblioteca estaba sentada en una mesa con un tablero de ajedrez con las piezas ligeramente desordenadas y con sus ojos completamente perdidos en lo que parecía ser una novela clásica, toda la evidencia apuntaba a que era ella a quien estaba buscando.
¿Cómo se puede llamar la atención de una chica conservadora y disciplinada para entablar amistad en menos de 12 horas y convencerla de arriesgar su buena imagen y estadía en la escuela para ayudarme a volverme un ídolo de las masas por medio de bromas baratas, robos, venganza, traición y alcohol? La respuesta es obvia: originalidad.
Se necesita ser original, fuera de lo común e impredecible; por supuesto, sin demostrar la verdadera naturaleza que nos cubre, al menos no de forma descarada, a cualquier chica le gusta que se le muestre algo fuera de los estándares, algo nuevo, interesante y divertido; ¿Por qué creen que les gustan tanto las historias románticas y fantásticas donde un guapo vampiro carga a la chica en brazos y empieza a correr por entre las montañas? ¡Porque es algo atípico que les gusta! Basándome en estas creencias, escribí rápidamente una carta con el siguiente contenido:

Hagamos un experimento social, ¿te parece? mi nombre, así como el tuyo no importa, por ahora nos conoceremos como "Chico guapo" y "Chica animadora" ¿bien?

Me imagino que estás confundida, digo, si de la nada alguien tan ardiente como yo se me acercara sin decir nada y me pusiera a leer algo mientras acomoda un tablero de ajedrez juro que tendría muchísimo miedo, pero no te preocupes, no estoy loco ni soy un criminal ni trato de ligar contigo, por muy raro que parezca solo quiero jugar una partida de ajedrez contigo para disfrutar de tus reacciones
, ¿Mis razones? Bueno… son varias, pero una de ellas es que soy un tipo impredecible, y me gusta recordarlo, así como me gusta que todos los que estudien en mi escuela lo recuerden.
¿Qué me dices? ¿Aceptas? Digo, por supuesto que puedes negarte… no es como si fuese un secuestrador o te estuviese apuntando con un arma, sin embargo, si te negaras el experimento fracasaría y yo tendría que empezar de cero… ¿Puedes vivir con eso?”
Por cierto, las reglas son: No hablar, solo jugar… te permitiré escribirme una pregunta por cada turno que finalices sin perder el juego, de hecho este es el lado interesante de la actividad, por cada turno que yo siga vivo, tendrás que responderme una pregunta con honestidad total… aunque por supuesto, tú también puedes divertirte, pregúntame lo que quieras y tendrás respuesta… entonces, ¿Quieres que veamos quien hace mejores preguntas y quien juega mejor al ajedrez? ¡Andando, nena!
Atentamente: Chico guapo.
Solté un suspiro hondo y caminé con decisión hasta su mesa, tomé asiento y le puse el cuaderno a la altura del rostro, no había tiempo para avergonzarme o titubear; apenas ella capturó el cuaderno entre sus manos, me puse a acomodar las piezas de ajedrez sobre el tablero, sonreí satisfecho una vez escuché una risita fascinada, nuestros ojos se cruzaron por vez primera.
Sus ojos eran una intrépida combinación de ojos verdes con ojos miel, su mirada era tierna, cariñosa, ¿Debería llamarla maternal? No encuentro realmente una definición concreta de la inmensa ola de sensaciones que era su mirada.
Su rostro era precioso, limpio y natural; obviamente era de esas chicas que no les gusta cubrirse con maquillaje para verse lindas; incluso sus largas pestañas estaban limpias.
En resumen, era una chica preciosa, como estaba sentada, me era imposible ver si la descripción de Anna era una exageración o si realmente era una diosa en tierra mortal, sin embargo ya por su rostro pulcro, inocente y seguro ya era obvio que era una chica fuera de serie.
Tomé mi pluma y se la ofrecí, sin romper el reglamento impuesto por mí, su piel era tibia y suave; mientras escribía en el cuaderno su respuesta no le quité los ojos de encima, temeroso ante la posibilidad de quedarme perdido en su belleza y terminar quedando como un simple chico coqueto incapaz de mantener cierta compostura.
Terminó de escribir su respuesta y me la mostró, soltando una sonrisa divertida, claramente mi plan fue un éxito:

Hola, Chico Guapo, acepto tú desafío =) estoy ansiosa por saber si eres tan bueno jugando ajedrez como creando experimentos sociales, ¡Andando!
Ella me miraba con una sonrisa desafiante y divertida, sin importarle que fuese yo un completo desconocido, esto me hizo cuestionar la clasificación de disciplinada a la que Anna la había asignado, quizá solo no la conocía lo suficiente como para hacer un análisis.
Hice una reverencia, indicándole que ella comenzara por poseer las piezas blancas, era hora de comenzar la partida.
P: ¿Eres amigo del subdirector?
R: Sí.
P: ¿Cómo lo sabes?
R: Te he visto bromear con él después del incidente en el gimnasio.
P: ¿Por qué lo has hecho?
R: Porque es divertido.
P: ¿Te gustó ese concierto?
R: No pude escuchar muy bien, todos se volvieron locos, pero lo que pude escuchar me gustó mucho.
P: ¿Eres drogadicto?
R: No.
P: ¿Qué clase de pregunta es esa?
R: Bueno, tenía esa duda, es que no pareces ser una buena persona.
P: ¿Sabías que mi mejor amiga y tú socio rubio parecen estarse coqueteando?
R: No tenía ni idea, luego le preguntaré.
P: ¿No parezco una buena persona? ¿Qué significa eso?
R: Bueno… eres un criminal, ¿No?
P: ¿Coca-Cola o Pepsi?
R: Coca-cola
P: ¿Criminal?
R: Sí, rompiendo cosas y armando caos…
P: ¿No lo eres?
R: Nunca lo había visto de esa forma… aunque sí que amo el caos, tienes razón… soy un criminal.
P: ¿Eres una mojigata, verdad?
R: Eso es bastante grosero, por supuesto que no.
P: ¿Eres alcohólico?
R: Claro que sí.
P: ¿Qué crees?
R: ¿Qué creo?
P: Lo mismo que la respuesta.
R: Jaque mate =) nos vemos, chica animadora, aunque claro, prefiero irme con una recompensa… ¿Por qué no me dices tú nombre? Igual, tú ya sabes el mío por lo que me has dado a entender.
Ellie Clearwater, recuérdalo =)

Vaya que era mala en el ajedrez, ¿O era solo que mi talento natural para esta clase de juegos era mucho para una simple mente humana? Bueno, el punto es que sus preguntas me sorprendieron bastante, era como si ella estuviese pendiente de todas mis hazañas y se limitara a desaprobarlas con el ceño fruncido todo el tiempo, en cierta forma, me sentí alegre al saber que con esta pequeña escena de la partida su idea sobre mi se transformo a una más positiva, le di una ligera palmada en el hombro antes de partir de la biblioteca, si permanecía más tiempo dentro seguro me envenenaba.
Ahora solo era cuestión de esperar a que la hora de la salida llegara, yo la interceptaría en la entrada del colegio con Junior, al verlo, Karla se acercaría y Ellie la seguiría, bromearíamos un rato y tras unos minutos de charla de amigos les propondríamos que nos ayudaran, explicándoles nuestras razones y prometiéndoles que el riesgo sería nulo (Pese a ser esto una mentirilla), ellas aceptarían con una gran sonrisa y finalmente podríamos estar listos para la caída de Rocko, ¿Qué podía salir mal?
El timbre de mi celular interrumpió mis pensamientos, era un mensaje de Feeney: “Necesito que roben mí auto y lo escondan para cobrar el seguro, vengan a mi oficina y les doy más detalles”.
– Vaya… cuanta locura… – Pensé. – Bueno… aun faltan algunas horas para la hora de salida… esto nos ayudará a hacer tiempo y a saltar algunas clases…
Entré a la cafetería y con la mirada indiqué a Anna que era hora de un trabajo, luego caminé hasta la mesa donde estaba Junior, que charlaba alegremente con Karla.
– ¡Hola! – Saludé, dedicándole una sonrisa a todas, para luego enfocarme en Junior. – Debemos irnos, hermano…
– Lo siento, Karla… – Se disculpó Junior. –Pero al parecer tenemos una misión ultrasecreta de máxima categoría que cumplir… ¿Nos vemos más tarde?
– Está bien… nos vemos.
– Lamento robártelo. – Me disculpé. – Prometo que no será así siempre… ¡Cuídense chicas!
En el justo momento en que Anna llegó a donde nos encontrábamos, Junior se puso de pie, y juntos caminamos hasta la salida de la cafetería.
– ¿Qué quiere Feeney? – Preguntó Anna, en voz baja.
– Que robemos su auto… – Respondí, con seriedad.
– ¡¿Qué?! – Exclamó Anna.
– ¿Zackie? ¿Eres tú? – Preguntó alguien a mi costado derecho, era una voz femenina vagamente conocida.
Eran 2 chicas vestidas con el uniforme oficial de las animadoras del colegio, una era rubia con un rostro alegre y honesto, con unos preciosos ojos color miel, mientras que la otra gozaba de un brillante cabello negro y unos ojos verdes de esos cuya presencia hacen bajar la mirada a los de mente titubeante, era bastante curiosa verlas juntas, claramente eran algo así como polos opuestos inmortalizados en preciosos cuerpos de mujer.
Conocía a la rubia, se llamaba Elizabeth y estuvo en mi secundaria durante un año cuando yo era apenas un alumno de primero, recuerdo que muchas veces comí con ella durante la hora del almuerzo, ella solía decirle a sus amigas que yo era su futuro novio y que como aun estaba chiquito ella debía cuidarme hasta que estuviera lo suficientemente crecido como para ser yo quien cuidara de ella, esto, naturalmente me esperanzaba, pues ella era por mucho la chica más bonita de la secundaria y yo apenas era de primero, realmente estaba loco por ella aunque nunca se lo dije… por desgracia el tiempo pasó y el primer año terminó… ella se graduó y no volví a saber de ella.
– ¡Sí eres Zackie! – Exclamó, ampliando su sonrisa a márgenes de felicidad máxima. – ¡No me lo puedo creer!
Que grata casualidad, para ser sincero… toda la secundaria me limité a desear saber algo sobre ella para retomar el contacto con quien bien puede clasificarse como la primera chica que me gustó en serio… ¡Y estaba frente a mí, saludándome!
No podía hablarle justo como lo hacía cuando era yo un pequeñajo de primer año, en forma tímida, insegura y cabizbaja, era solo una única oportunidad de mostrarle ahora era distinto, que ahora el pequeño Zackie era Zack Mosh.
– ¡Elizabeth! – Exclamé; dispuesto a ofrecerle un apretón de manos; sin embargo, ella prefirió lanzarse a mis brazos y soltarme un fuerte abrazo; estaría mintiendo si dijera que mi piel no se puso como de gallina en ese momento, ella olía muy bien.
– ¡Zackie! ¡Mi pequeño Zackie! – Exclamó ella, luego de mirarme de arriba abajo con sus manos en mis hombros. – ¡Mira cómo has crecido! ¡Cuando te conocí juro que eras más pequeño que yo! ¿Sabes? ¡Hace unos días te vi pasar y le comenté a una amiga que creía conocerte pero no estaba segura de que4 fueras tú! ¡Pero si eres tú!
– Vaya… – Repuse, sin saber que decir. – E… Eres animadora.
– ¡No solo eso, Zackie! ¡Soy Capitana!
– ¿En serio? –Pregunté, sorprendido.
– Así es, esta que vez aquí, es mi sub capitana Helena.
– Mucho gusto. – Saludé, mirando directamente sus potentes ojos, ligeramente confusos por la fraternidad que había entre su amiga y yo.
– Igualmente. – Respondió Helena, con una ligera sonrisa.
– ¡Pero dime! – Continuó Elizabeth. – ¡¿Qué has hecho?!
– No mucho… – Admití. – Ahora mismo voy con el subdirector y…
– Ah… ya veo… – Bufó, en tono juguetón. –Te has estado portando mal, ¿Verdad?
– Sí… no te podría mentir… pero oye, ¿Por qué no comemos juntos mañana para ponernos al tanto? La verdad cuando te graduaste quise agregarte en myspace pero no tenía tú correo… entonces, me alegra saber que estudias aquí.
– Mi correo es…
Elizabeth tomó mi mano y con una pluma color rosa apuntó su correo y número telefónico; para luego sonreírme alegre.
– Nos estaremos viendo, Zackie…
– ¡Por supuesto! – Exclamé, antes de seguir mi camino.
Junior, Anna y yo reanudamos el camino, no pasó mucho para que Anna comenzara a insultarme.
– Eres un grandísimo, grandísimo hijo de puta, Zack…
– ¿Por qué? – Pregunté, sin tomarle mucha importancia.
– Me tienes como idiota buscando animadoras y conoces a la capitana Elizabeth, lo suficiente como para que restriegue sus tetas contra ti…
– Más respeto. – Pedí. – Además, no sabía que ella estudiaba aquí siquiera… pero eso es bueno, ¿No? Ya no tienes que buscar más, no te preocupes, ahora tenemos dos alternativas… tanto Ellie y Karla como Elizabeth.
– ¿Karla? – Preguntó Junior. – A Karla le gusta el pollo…
 – ¿En serio? – Pregunté. – Quizá deberíamos comprar un pollo cuando volvamos para invitarla…
– ¿Quieres comprarla con carne blanca? –Preguntó. – Eres un genio, mi hermano.
– Pero bueno, ignorando el hecho de que Junior es un maldito retrasado mental que hace comentarios aleatorios sobre el pollo y que tú eres un hijo de puta que no se fija en los que están a su alrededor… ¿Qué es eso de robar un auto que me dijiste antes de que nos interrumpieran?
 – Ah, sobre eso… el mensaje decía que quería que robáramos su auto para cobrar lo del seguro, pero vamos a su oficina por los detalles…
– ¡¿Y que si nos atrapa la policía?! – Exclamó Anna. – Ese maldito anciano está mal del cerebro si cree que voy a arriesgarme por sus 20 dólares que ha de valer su jodido auto de mierda…
– Bueno, bueno… Feeney no va a reportar el auto como robado apenas nos lo llevemos, seguro nos da varias horas de ventaja para salir limpios, no te preocupes…
Luego de un par de minutos de agradable charla aleatoria con Junior y de horribles insultos altisonantes dedicados principalmente a mi persona por parte de Anna llegamos a la oficina del señor Feeney, que apenas cerramos la puerta, cerró las persianas y nos indicó que nos acercáramos a él; su rostro expresaba seriedad, mal humor y falta de sueño.
– Esos hijos de perra de la compañía de seguros… – Comenzó Feeney, susurrando en voz muy baja. – Me he cansado de pagar 200 dólares cada 6 malditos meses… ¡200 dólares! ¿Cuánto creen que gano? ¡No gano mucho, cabrones! Yo sé que estoy guapo, pero no por eso soy rico…
– Entonces… – Murmuré; incitándolo a continuar.
– Ah, claro… Quiero cancelar mi contrato con la aseguradora, pero no quiero que todo el dinero retenido en el auto se pierda… está asegurado en poco más de $20, 000, 00 y mi auto no es más que una maldita basura ochentera… quiero que lo roben y que lo destruyan en el desierto o algo así…
– Es mucho riesgo, Feeney… – Explicó Anna, sin alterarse.
– Les pagaré $2000, ¿Qué dicen?
– Aceptamos. – Respondió Anna, al instante. – Pero nada de llamar a la policía hasta que nosotros le digamos que el auto ya está desaparecido.
– Oiga, Feeney… ¿Nos deja quedarnos con el auto también? – Pregunté. – Podemos esconderlo en algún lugar, pintarlo y no sacarlo hasta dentro de varios meses, cuando ya hayan detenido la búsqueda…
– Eso ya será decisión suya, chicos, aunque si la policía llega a encontrar al auto en sus manos yo no voy a meter las manos por ustedes, al contrario, voy a ponerme en su contra.
– No se preocupe por eso. – Respondí. – Solo lo ocultaré en el garaje de mi hermano y lo desmantelaremos de tal forma que nadie sepa qué tipo de auto solía ser en su vida pasada.
– Entonces, aquí les va una copia de las llaves. – Bufó, entregándome la llave. – Voy a enviar justificantes a sus clases, así que pónganse en marcha, y los quiero aquí para la hora de salida.
– Aquí estaremos. – Aseguré. – Vámonos.

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