Lo Último

17 jun. 2011

¡Amo a mi esposa! (Creo) (15/??)


Sobre el oso Teddy, sobre Chelsea y sobre los golpes de Anna.
(2005, Texas
 – ¿Soy la única que encontró una falla en el plan? – Preguntó repentinamente Anna, mientras abandonábamos las oficinas.
– ¿Qué falla? – Pregunté.
– Bueno… para empezar… ¿Dónde creen que está el auto de Feeney?
– Supongo que en el estacionamiento de… maestros… – Respondí, bajando poco a poco el tono de voz al enterarme del punto que trataba de tomar Anna.
– Donde hay…  – murmuró, aun insatisfecha.
– Cámaras de vigilancia… – Repuse, con resignación.
  Bien… ahora, vas a llamar a Feeney y le dirás que no joda, que si quiere que le robemos su auto que lo deje en otro lado donde no vayan a ensartarnos a nosotros.
Como buen mozo obedecí a Anna, tomando mi celular y marcando el número de Feeney.
– Feeney, dice Anna que no joda. – Bufé; una vez el sub director tomó la llamada. – ¿Qué hay de las cámaras en el estacionamiento de maestros?
– Mierda… – Repuso Feeney. – No había pensado en eso… eh… ya sé… ¿Por qué no le pides a la pequeña boca sucia que se lo robe y así si los descubren la que se vaya al agujero sea ella?
– No planeo deshacerme de ella, al menos no aún – Respondí, mientras mirando a Anna me mordía mi labio inferior; gesto que ella respondió levantando uno de sus dedos en un gesto obsceno.
– Ya veo… entonces… ¿Por qué no se roban la botarga del oso Teddy y vistiéndola subes al auto y te lo llevas?
– ¿El oso Teddy? –Pregunté. – Se refiere a esa estúpida mascota escolar, ¿Cierto?
– Correcto, la botarga es guardada en los casilleros de los vestidores de los chicos; bueno… ahora, si me disculpas, hay un subway de albóndigas esperándome, cualquier cosa, eviten llamarme.
Guardé el teléfono en mi bolsillo y encaré a mis amigos; ambos me miraban con curiosidad, a la espera de órdenes.
– Bien… Junior… ¿Estás listo para una misión de ninja elite? – Pregunté. – ¿Una misión tan elite y tan ninja que el ninja más elite seguro se negaría?
– ¡ESTOY LISTO, MAESTRO! – Gritó, haciendo una reverencia de cuerpo completo.
– Bueno, bueno… pero ponte de pie… eh… ok… este es el plan, vas a ir a los vestidores de los chicos y vas a robar a la botarga de oso que hay ahí…
– El oso Teddy – Interrumpió, con una sonrisa infantil y fantasiosa. – Sí, lo conozco… es mi amigo, el primer día de clases me abrazó y todo.
– Eh… ya veo… bien, después de que lo robes quiero que te lo pongas y corras hasta el estacionamiento, que te subas al auto de Feeney y te lo lleves, Anna y yo te estaremos esperando en el parque donde siempre quedamos, una vez ahí podrás quitarte la botarga y volveremos al plan original, ¿Bien?
– ¡Excelente! – Exclamó Junior. –Gracias por confiar en mí, Zack… Gracias enserio.
La sonrisa de Junior lo decía todo, claramente estaba alegre por formar parte astral en nuestro más grande golpe al momento, ahora que lo pienso mejor ¿Quizá se sentía desplazado porque últimamente Anna no se separaba de nosotros?
– Confió en ti, hermano, – Aseguré. – Solo, ten mucho cuidado de que nadie te siga o de que te descubran… si descubren que te robas la botarga mejor huye, llámame y espera instrucciones.
– Ya estás peinado pa´tras – Respondió, emocionado y con una respiración altamente acelerada. – Entonces, ¡Nos vemos, me voy a empezar!
Junior corrió como alma que lleva el diablo sin esperar respuesta por mí parte, en dirección contraria al estacionamiento de profesores, rumbo a los vestidores masculinos; dejándonos a Anna y a mi solos, ambos empezamos a caminar en dirección a la salida del territorio escolar sin decir gran cosa.
– ¿Podrías recordarme porque nos juntamos con ese idiota? – Preguntó Anna, después de un par de minutos de silencio.
– ¿Con quién? – Respondí, ya adivinando a donde quería llegar.
– Con Junior… es un tarado que seguro necesita ayuda para atar sus cordones.
– Bueno… es muy buena onda… – Aseguré. – Además, no es tarado para nada… de hecho es algo así como un súper genio… te sorprendería su capacidad para estudiar a la gente, solo que no lo has tratado lo suficiente…
– Supongo… – Respondió.
– ¿No será que en realidad estás molesta con él porque es por su presencia que no puedes estar siempre a solas conmigo? – Reté, con una mirada insinuadora.
– Ya quisieras verme a mí con deseos tan femeninos, estúpidos y vacios, pendejo.
– Eso sería lindo… – Admití. – Sabes… a veces pareciera que estoy besando a otro hombre… ¿Por qué eres tan ruda?
Anna guardó silencio varios segundos, mismos que aprovechó para relamerse sus labios y mirar el  entorno de residencias de aspecto variado en que nos encontrábamos.
– Lo siento… – Murmuré. – No debí decir eso… no creo que seas un hombre…
– No guardé silencio por eso, estúpido, – Respondió, al instante, para luego soltar una sonora y seca carcajada. – Más bien estaba pensando en porque soy tan ruda… supongo que es mi personalidad… desde niña disfruté más jugar a correr y a ensuciarme con los vecinos que jugar a las muñecas o al té con mis hermanitas… también me gustaba más sentarme a ver los partidos de football y los monster trucks con mi papá que a hacer pastelitos con mi mamá…
– Ya veo… – Respondí, ahora algo arrepentido por tocar el tema, pues sin querer, había entrado en una conversación algo incomoda y donde mi participación, además de ser poca, tenía que ser acertada. – Entonces esa eres tú… camiones monstruo, perros calientes y tierra.
– Así soy yo… entonces, Zack… lo siento, pero nunca me vas a ver llorando ni pidiéndote amor ni cociéndote bufandas o ese tipo de niñerías… de hecho, tienes suerte de que eres un buen besador, de lo contrario, ya te hubiera mandado a la mierda hace un tiempo…
– Lo mismo digo… – Defendí, algo ofendido por su exagerada honestidad. – Solo porque besas rico y porque por alguna razón tú personalidad ruda es sexy sigo molestándome en soportarte… además, me gustan rubias, así que tampoco esperes mucho por mi parte.
– ¿Rubias como Elizabeth? – Preguntó.
– Precisamente – Admití. – Ella es sensacional… ¿Eh?
– Bueno… no es la típica rubia estúpida… pero eso es malo para ti, ¿Verdad?
– Oye, oye… ¡Tampoco soy un sujeto que busca dormir con todo lo que se mueva! Elizabeth es diferente… es alguien con quien quiero… tú sabes… hacer cosas de novios…  cosas románticas y eso…
– ¿Cómo que cosas? – Preguntó Anna, ahora con un tono ciertamente extrañado y sorprendido. – Lo digo porque como buena amiga te lo digo… no pareces ser del tipo romántico para nada…
– No lo soy, de hecho… pero eso es solo porque no conozco a nadie con quien serlo…
– Mentiroso… ¡Tú no podrías ser romántico aunque lo intentaras! ¡Lo único romántico que tienes a tú favor es la guitarra y seguro solo la has usado para ligar!
– Bueno, para ligar hay que tener cierto nivel de romanticismo, tampoco demerites el trabajo que cuesta.
– ¡Ligar es algo con lo que todos nacemos! No seas tan presumido de algo que hasta los chimpancés pueden hacer.
Llegamos finalmente al parque, que era un extenso rectángulo contorneado con varias mesas de picnic con un hermoso, impecable y excelentemente tratado césped, cada mesa de picnic estaba también, acompañada de un árbol, algunos más gruesos que otros.
Nosotros tomamos asiento en el más cercano, que ya comenzaba a volverse nuestro punto habitual de partida para los trabajos del señor Feeney que requirieran abandonar el terreno escolar.
– Ligar es cosa seria. – Aseguré.
– Seguro lo es para los feos… tú ya lo tienes fácil, así que es igual… eres un pendejo, mientras más pronto lo aceptes será más fácil curártelo.
– Disculpa… – Llamó una tierna voz femenina a mis espaldas; esta llegó tan de golpe que me estremecí, asustado.
– ¿Vez a lo que me refiero? – Murmuró Anna, con un tono de fastidio.
– ¿Sí, dime? – Pregunté, al momento en que me giraba para atender a nuestra visitante,  que era una chica rubia de unos 12 años con el cabello hasta la cintura, bastante delgada vestida con un diminuto short de mezclilla, una blusa rosa con conejitos calcados que le dejaba el ombligo al descubierto y unos tenis deportivos,  sus ojos eran verdes (extrañamente familiares) y su piel era algo pálida, aunque le quedaba bastante bien.
– Eh… nada, en realidad pensé que eras un amigo… me he confundido…
– Ya veo… – Repuse, con una sonrisa. – Entonces… hasta luego…
– Eh... pero…  ¿Cómo te llamas? – Insistió, tomándome por el brazo cuando planeaba girarme para seguir defendiéndome de Anna.
– Mi nombre es Zack, ¿Cuál es el tuyo?
– ¿Ves a lo que me refiero? – Se quejó Anna. – ¡No vale presumir de ello si caen como ratones en las trampas!
– Cállate, Anna.
– Yo soy Chelsea, mucho gusto. – Saludó, lanzando una dulce sonrisa.
– Y bien… Chelsea… – Bufó Anna. – ¿Por qué no estás en la escuela?
– Porque hoy he decidido saltarme las clases con unas amigas… y bueno… confundí a Zack con un amigo mio y…
– ¿Un amigo, eh? – Interrumpió. – ¿Cómo se llama este amigo?
– Eh… se llama… eh… eh… Henry…
– ¿Henry? –Preguntó Anna, arqueando una ceja. – ¿No será que te acabas de inventar eso?
– Anna, déjala en paz. – Pedí, levantando mi mano derecha en señal de alto. – ¿Y tus amigas?
– Se fueron sin mí así que… estoy paseando por los alrededores hasta que terminen las clases.
– ¿Eres de secundaria, supongo… verdad? – Pregunté, tratando de adivinar la edad de la chica.
– Sí… ¡pero en dos años me voy a graduar!
Me pareció bastante tierna esa forma de aclarar que solo le faltaban dos años para alcanzar nuestro grado, por lo que decidí que la chica era agradable, por no mencionar que era un buen método de joder a Anna un rato, ciertamente podía convertirse en un excelente sazón para hacer de este día mucho más entretenido todavía.
– ¿Por qué no pasas el rato con nosotros? – Pregunté, de forma coqueta. – En un momento vendrá mi amigo el oso Teddy en su auto por nosotros, ¿Por qué no nos acompañas?
– ¡ZACK! –Gritó Anna; claramente molesta, esto me fascinó, por lo que no pude evitar soltar una maliciosa sonrisa de satisfacción. – ¡NO SEAS ESTUPIDO, SABES QUE NO PUEDE VENIR CON NOSOTROS! ¡Es muy peligroso!
– Tranquila, tranquila… ella no dirá nada de lo que hagamos, ¿Cierto, Chelsea?
– ¿Eh? Ah… ¿En verdad está bien que te acompañe? Tú novia parece estar celosa…
– ¿Mi novia? – Bufé, con una carcajada seca y señalando a  Anna con mi dedo índice, acusador. – ¿Esta? ¡Para nada! No te preocupes por ella… ¿Te vienes? Solo que debes prometer que no se lo dirás a nadie, nunca de los nuncas.
¿Qué les puedo decir? Me sentí cautivado por esa extraña esencia inocente que esparcía la chica, pero no solo era eso, quiero decir, siempre me sentí mayormente atraído por chicas menores que yo, pero esta vez no era solo por eso, su mirada, era como si estuviese pidiendo a gritos un poco de acción, un cambio… y como todo buen gran exponente del mal actuar, era mi deber encaminarla de una forma correcta a la vida de un “criminal juvenil”, acorde a la definición que se me había adaptado gracias a la chica de la biblioteca de nombre Ellie.
– Bueno… entonces si quiero ir. – Respondió finalmente, tiñéndose su rostro de un vivo rosado, señal de lo apenada que se encontraba.
Justo me disponía a invitarla a sentarse al lado de Anna para poder provocarla aun más cuando un viejo automóvil negro con algunas abolladuras se estacionó frente a nosotros, ignorando el hidrante que por ley normalmente prohibiría aparcamientos cercanos; del viejo automóvil (que pese a ser viejo no era del todo feo, al menos no el más feo de todos, era esa clase de auto al que no debes de temer dejarle la puerta abierta pues en realidad nadie trata de robarlo nunca) bajó un oso pardo sonriente vistiendo un traje del equipo de baloncesto, haciéndonos señas de que nos acercáramos.
– ¡Junior! – Exclamé. – Andando, chicas, es la hora de irnos.
– ¿C… con el oso? – Preguntó Chelsea, tambaleante, puedo jurar que retrocedió un par de centímetros, como si estuviese pensando en escapar.
– Así es, ese oso es nuestro amigo Junior y ese auto… bueno, solo te diré que tenemos que entregarlo a un garaje rápidamente, ¿Nos vamos?
– Eh… – Balbuceó Chelsea.
– ¡Ya habías prometido acompañarnos! – Reclamé, en tono de niño mimado reprochándole un capricho a su madre. – Si quieres irte puedes hacerlo… pero eso me pondrá triste…
 – O… ok… vamos con el oso…
– ¡Esa es mi Chelsea! – Exclamé, mientras la tomaba de la mano y me regocijaba de gusto ante la mirada fastidiada de Anna; que ya parecía una mujer en plenos 40 sufriendo de la menopausia.
– ¿Todo fue bien, Junior? – Pregunté, una vez estuvimos frente a él; sin embargo, no respondió.
– Eh… ¿Junior? ¿Estás molesto por la chica? – Preguntó Anna. – Porque si es así creeme que yo te entiendo…
– Yo no conozco a ningún Junior – Respondió al instante. – Mi nombre es Teddy el oso bailarín.
– ¿Es en serio? – Pregunté. – ¿Entraste en papel? Bueno… no sé porque me sorprendo… Teddy… ¿Puedes quitarte de encima del chico que te está vistiendo ahora mismo? Necesitamos hablar con él.
– No sé de qué me hablas – Respondió el oso, con un tono altanero. – Yo soy el oso Teddy y debajo de mi no hay ningún chico.
– Muy bien… Zack… ¿Este es el chico al que estabas defendiendo hace un rato? – Riñó Anna, que en su frente empezaba a marcarse una tenebrosa vena de stress. – ¿Un cabrón que ahora se siente un oso botarga?
– ¡Yo soy un oso de verdad! – Gritó Teddy. – ¡Botarga es una mala palabra, es una mala palabra!
Me encogí de hombros, pese a ser indudablemente una mente maestra del siglo 21, ciertamente existían ciertas desventajas a la hora de ser amigo de alguien como Junior, una de ellas era el tener que seguirle el juego una vez algo se le pegaba, sin embargo esto podía también ser algo divertido.
– ¿¡Junior, puedes escucharme!? – Grité. – ¡ESE OSO SE HA APODERADO DE TI! ¡Yo te salvaré!
Sorpresivamente, Junior… o Teddy, quien fuese, se quitó la cabeza en ese instante, dejando ver a un Junior cubierto en sudor y con una sonrisa de oreja a oreja.
– ¡Tranquilo hermano! – Exclamó Junior. – ¡Solo estaba jugando! No te lo tomes tan en serio… ya me lo quito…
–… bueno… no importa…. – Murmuré, acariciándome el rostro, tratando de evitar que mi buen humor se terminara por una sencilla bromita de mi mejor amigo. – ¿Cómo te fue? ¿Tuviste problemas?
– ¡Para nada mi hermano! – Respondió, mientras de un solo salto se quitaba el peludo y notoriamente caluroso traje. – Fui muy cuidadoso en todo, estoy seguro de que nadie se ha dado cuenta aun de que el auto no está.
– Me alegro; sabía que podía confiar en…
– ¿Por qué tiene la ventana del piloto destrozada? – Interrumpió Anna, señalando con curiosidad a la puerta del piloto; esto provocó que mirara a Junior con pánico.
– Ah, bueno… sobre eso… – Murmuró Junior. – Llegué a la conclusión de que los ninjas no robaban autos, así que entré en el papel de delincuente neoyorquino, ¿Cool, eh?
Ciertamente era impresionante, de la ventana del piloto aun colgaban varios cristales e incluso en el asiento quedaban varios de estos; ¿Cómo rayos se sentó sobre ellos? Los 3 miramos a Junior con miedo.
– ¿Qué? – Preguntó.
– Bueno… ya pasó eso… no podemos volver al pasado y recuperar la ventana… – Murmuré. – Mejor… vámonos, ya mismo le llamo a Chris.
Tomé mi teléfono celular y digité el número telefónico de Chris, esperando con todo mi corazón que no fuese a decepcionarme como solía hacerlo.
– ¿Hola? – Preguntó una gruesa voz masculina a través del teléfono. – ¿Garaje Mosh?
– ¿Chris? –Pregunté. – Hola, soy Zack… ¿Recuerdas lo que habíamos acordado?
– Ah… claro, claro… ¿Vienes ya?
– Sí, solo confirmo que no lo has olvidado.
– Para nada, hermanito, aquí te esperamos los muchachos y yo, pero mucho ojo con la policía.
– Dinamita… – Respondí, antes de colgar el teléfono. – Bien, ya están esperándonos, andando.
Luego de limpiar todos los cristales restantes dentro del auto partimos en dirección al garaje de uno de mis otros hermanos, Chris, que de la camada Mosh de mi padre era el que mayor posibilidad cargaba a sus espaldas de terminar tras las rejas, pues a sus 26 años ya las malas influencias pintaban para adentrarlo dentro del mundo de lo ilegal, supongo que bastará con decirles que aceptó ayudarme a esconder el auto al primer intento, a mí, su en ese momento, hermanito de 15 años.
En el volante iba yo, de copiloto se encontraba Chelsea, algo nerviosa pero también notoriamente contenta y en la parte de atrás se podían apreciar a una muy molesta Anna que aparentemente había decidido dejar de hablarme por arriesgar tanto las cosas y un muy alegre Junior que cantaba con todo su corazón al ritmo de un disco de “The Offspring”, una gran banda, debo decir que Feeney, para ser un viejillo enojón, tenía un gusto musical excelente.
– ¿Ya se te pasó el susto? – Pregunté a Chelsea, apenas noté que en sus labios se dibujaba una linda sonrisa de emoción mezclada con nerviosismo, una sonrisa aventurera.
– Sí… bueno… no siempre ves a un oso conducir… – Murmuró, irónica.
– Bah… te sorprenderías, he visto cientos de osos hacerlo…
– ¿En Serio? – Preguntó, abriendo la boca con sorpresa.
– Por supuesto que no… ¿Pero a que sería cool encontrarse con otro oso aparte de Junior conduciendo?
– Supongo… – Respondió, con una risita nerviosa. – Oye… ¿Siempre hacen esta clase de cosas?
– Casi siempre… si… nos gusta robar autos vestidos de animales y mal influenciar a chicas de secundaria… a veces también hacemos conciertos.
– ¿Conciertos? ¿Tienen una banda o algo?
– Bueno, yo toco la guitarra, algo me dice que Junior podría ser un maestro de la batería y no se porque, pero estoy seguro de que Anna toca la flau…
Anna me golpeó tan fuerte en el cráneo que incluso me dolió más que todos los golpes que había recibido de Rocko juntos; por ende, casi pierdo el control del automóvil y al ir nosotros en la autopista estuvimos a nada de morir.
– ¡Estúpida! – Grité. – ¡Casi nos matas, idiota!
– ¡PUES CONDUCE CALLADO Y SIN DECIR ESTUPIDECES HIJO DE PUTA! – Respondió, dejando en claro que si de insultos se trataba nunca iba a poder vencerla.
– Te decía… – Murmuré, un par de minutos después, cuando Anna ya estaba en su modo pasivo de nuevo. – Nos gusta pasárnosla bien… si gustas, puedes pasar el rato con nosotros de vez en cuando… siempre y cuando no se enteren tus padres, porque ahí si la cosa se nos pondría bastante fea…
– Gracias… –Repuso, en tono amable pero ligeramente decepcionado. – pero no creo poder pasarme mucho por su escuela sin que mi hermana se entere de que estoy faltando a clases…
– Ah, ¿Tú hermana  estudia con nosotros? – Pregunté. – Quizá la conozca… ¿Cómo se llama?
– No la conoces – Aseguró. – Ella es muy santita, estoy seguro de que tú con esas no te juntas.
– Bueno, te sorprenderías… ¿Cómo se llama? Incluso tal vez seamos mejores amigos.

– Bueno… mi hermana se llama Ellie, Ellie Clearwater.

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