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19 jun. 2011

¡Amo a mi esposa! (Creo) (16/??)


Sobre la obra original, sobre el ladrón de autos y sobre el corrompedor de hermanas (Ellie)
(2005, Texas)
– Me pregunto si una versión moderna de Romeo y Julieta será algo trillada… – Murmuró Karla, que miraba al techo del aula con cansancio; por alguna razón, todos los profesores habían sido llamados por el director a través del altavoz de la escuela, con “Reunión docente urgente” como única explicación; por tal, tanto Jacqueline y Romy como Karla y yo, aprovechamos para empezar a seleccionar las obras que elegiríamos para trabajar.
– ¿Será? – Pregunté. – Solo he visto como 7 versiones modernas de Romeo y Julieta… ¿Será suficiente como para contar como historia trillada?
– Bueno… supongo que la maestra espera que escojamos esa de cualquier forma, ¿No? Es de las más conocidas…
– Supongo… ¿Qué tal si escogemos al fantasma de la ópera? Juro que esa película es de lo más hermoso que he visto en mi vida.
– ¿Por qué tiene que ser una obra antigua nuestra selección? – Se quejó Karla; aparentemente fastidiada por la rigidez escolar. – Me gustaría que por una vez nos dejaran a nosotros crear nuestros propios libretos o algo… ¿No es la clase de literatura? Digo, ¿porque modificar algo de una obra maestra de hace muchos años si se puede hacerle competencia?
– ¿Falta de confianza? –repuse, suponiendo en que ruta se encaminaba la conversación. – ¿Mediocridad?
– ¡Exacto, tú sí que me entiendes, Ellie! – Exclamó Karla, esbozando una amplia sonrisa condescendiente y sorpresivamente elevando su tono de voz a niveles un tanto incomodos. – ¡Los maestros de literatura tienden a creer que todo lo bueno ya está creado y por tal tratan de apegarnos a ello! ¡Pero la realidad es que tienen miedo! ¡Así es, tienen miedo! ¡Miedo a la creatividad! ¡Miedo al fracaso!
– Eh… Karla… la profesora…
– ¡Exacto, Ellie! ¡La profesora es la causante de todo esto! ¡Si tan solo nos diera una oportunidad de crear un guion ¿para qué te cuento la obra maestra que nos saldría?! ¡Tú ya lo sabes!
– No, Karla, digo que la profesora está mirándote desde la puerta…
La profesora López, una joven maestra de tez morena y rasgos latinos nos miraba con un gesto impresionado y con los brazos cruzados en la entrada de la puerta; Karla se fue haciendo diminuta poco a poco hasta que finalmente no era más que una avergonzada chica con el rostro metido en medio de un libro.
– Señorita Rodríguez – Llamó la profesora, en un tono autoritario y severo. – ¿Desea usted hacer un libreto original?
Karla guardó silencio; pude sentir como con sus ojos fintó en pedirme auxilio, sin embargo, optó por levantar la mirada y dedicarle una cordial sonrisa a la profesora.
– Me gustaría intentarlo, señorita.
– Bien… puedes hacerlo entonces, yo solo quiero hacerles las cosas fáciles, pero mucha suerte entonces a ambas; espero que su obra sea tan épica como estaban alegando hace unos momentos que podría llegar a ser; pues voy a juzgarlas con el doble de dureza que al resto, mucha suerte.
Sin esperar respuesta, la profesora se alejó en silencio, dejando el aula inundada de abucheos provocativos por parte de nuestros compañeros para recalcar que estábamos en un problema.
– Lo siento… – Se disculpó Karla; con la cabeza gacha. – No pensé que mi pequeño momento de estupidez terminaría arrastrándote en un problema.
– ¡No te preocupes! – Animé. – ¡Lo haremos genial!
– A las segundonas les encanta sobresalir… – Bufó una voz femenina proveniente de los escritorios de las primeras filas; al levantar la mirada pude notar quien era la causante.
Una chica rubia con el cabello rizado, mirada altanera, nariz respingada y un flamante uniforme de animadora: Sophie, mi primer amiga dentro de la preparatoria, y ahora, aparentemente, primer enemiga; de su comentario se reían Jessica, Vanessa y Valerie, esta última, también vestía el traje de las animadoras y en los últimos días se había vuelto el perrito faldero de Sophie.
– No puedo creer que haya calificado como animadora también… – Murmuró Karla. – Pensé que solo se aceptaba a un animal en el equipo de animadores y ese era Teddy.
– Hay que ignorarla… – Repuse. – No es nadie si no se le toma importancia, además, nosotras también somos animadoras, por mucho que le duela, estamos en el mismo nivel y por mucho que nos ataque eso no cambiará.
Las horas pasaron, sorpresivamente, no volvimos a tener ninguna otra clase, ¿Qué estaba pasando? Digo, naturalmente disfruté de las horas libres como cualquier otro estudiante, de hecho, eso me sirvió para ponerme al tanto en todas las materias y para caminar por los alrededores de la escuela en compañía de las chicas hasta que nos dolieron los pies, sin embargo, era bastante inusual que se nos dejara sin atención tanto tiempo, solo podía pensar que algo grave estaba ocurriendo; por supuesto, estas suposiciones se concretaron una vez recibí un mensaje de texto de Steven:
“Han robado el auto del sub director y el director ha convocado a todos los profesores para tomar medidas urgentes, ¿Puedes creerlo? Y se pone mejor aún, parece que quien lo robó lo hizo con el traje del oso Teddy puesto; eso significa que fue un estudiante.”
Esto ya era asunto serio, una cosa era hacer bromas ligeramente pasadas de tono al estilo Mosh y otra muy diferente era robar automóviles del cuerpo docente, y peor aún, el auto del sub director; ¿Quién sería capaz de algo así? No podía dejar de pensar que en una preparatoria con tan buen prestigio como lo era Mc Highley no encajaba para nada el que hubiese estudiantes tan peligrosos como para robar automóviles, sentí algo de miedo, ante la posibilidad de que las cosas se pusieran peor aún.
– Vaya… ¡Robarle el auto al sub director Feeney! Quien quiera que lo haya hecho seguro termina en la cárcel… – Murmuró Karla, una vez le mostré el mensaje de Steven.
– Hay gente mala… – Repuse.
– No, hay gente estúpida… pero en fin, ya eso se arreglará por si solo; ¿Por qué no mejor vamos ya caminando al campo de práctica? He escuchado que si llegamos tarde nos obligarán a limpiar todo; así que prefiero ir creando una reputación de “Novata puntual”
  Sí… mejor vámonos –  Respondí, mirando en mi reloj de muñeca que faltaban pocos minutos para la hora de salida.
 Usualmente, las practicas de las animadoras eran saliendo de clases directamente y durante dos horas, sin embargo, como horario adicional, teníamos que volver todos los martes y jueves de 6 a 8 y durante los sábados de 3 a 5; era un horario bastante rigorista y sin embargo era eso mismo lo que me hacía amarlo tanto; ¿Pueden imaginarse cuanto te hace crecer la constante presión? Es como hacer ejercicio, mientras más se practique, mayor será su efecto.
Justo íbamos Karla y yo caminando por el sendero de tierra roja que llevaba al gimnasio, lugar donde tomaría lugar nuestra primera práctica, charlando animadamente sobre lo emocionadas que estábamos y sobre lo genial que era ser animadoras, cuando a distancia, a través del enrejado escolar pude ver un familiar grupo de gente conocida.
Uno de ellos era Junior, el peculiar chico rubio asistente de Zack Mosh que tenía una extraña afinidad con Karla, la otra era Anna Alcantar, una chica que estaba en mi clase y que usualmente la pasaba escuchando música y con la boca bien cerrada, el más alto de todos era Zack Mosh, aquel sujeto impredecible, hiperactivo que gustaba de llamar la atención con cosas fuera de lo común y para finalizar, una delgada chica rubia vestida con un pequeño short de mezclilla y una ombliguera rosa… esa delgada chica rubia vestida con un pequeño short de mezclilla y una ombliguera rosa era, desgraciadamente… mi hermana menor, Chelsea.
¿Cómo expresar el torrente de emociones negativas que me inundaron en ese momento? Para empezar, ¿Por qué rayos estaba fuera de clases? Para continuar, ¡¿Por qué rayos estaba con Zack Mosh?! Para rematar, ¿Por qué estaba con Zack Mosh llegando de quien sabe dónde? ¿Ese tipo se había llevado a mi hermanita por ahí para hacerle cosas raras?
Estaba enojada, más que enojada, ¿Quién rayos se creía él como para meterse con mi familia? No esperé ni un instante, no me dio tiempo de explicarle a Karla lo que estaba pasando; simplemente corrí en dirección al enrejado y encaré al raptor de mi hermanita.
– ¿¡QUÉ ESTÁS HACIENDO CHELSEA!? – Grité. – ¡¿POR QUÉ NO ESTÁS EN LA ESCUELA?!
Chelsea quedó paralizada apenas se dio cuenta de que era yo, abrió sus ojos en señal de alerta y se ocultó ligeramente tras Zack, que, pese a ser él con quien estaba molesta, preferí ignorarle para dirigirme a mi hermana menor.
– ¿¡ESTÁS LOCA O QUÉ!? ¡¿EN QUÉ ESTÁS PENSANDO?!
– Tranquila, Ellie… – Murmuró Zack, en un tono tímido; le fulminé con la mirada por tal contestación.
– ¡NO ME DIGAS QUE ME CALME! ¡ERES TÚ EL QUE TIENE LA CULPA DE TODO! ¡¿POR QUÉ ESTÁS CON MI HERMANA PARA EMPEZAR?!
– Bueno, en realidad es algo que…
– ¡PENSAR QUE LLEGUÉ A PENSAR QUE QUIZÁS NO ERAS TAN MALO! ¡NO VUELVAS A ACERCARTE A MI HERMANA! ¡SOLO TIENE 13 AÑOS ENFERMO!
–Tranquila, cálmate por favor, o te van a escuchar y al ver a tú hermana fuera de la escuela se va a meter en problemas…
No sé que me irritaba más, el que Zack me pidiera compostura, o todo lo que estaba ocurriendo en el momento, la sola idea de que mi hermana pequeña estuviese haciendo cosas malas con Zack hace apenas unas horas mientras yo paseaba alrededor de la escuela con mis amigas era… sencillamente doloroso, era una falla como hermana, ¿Por qué no podía cuidarla de la forma correcta? ¿Era todo culpa mía y Zack era solamente la consecuencia a ser una pésima hermana?
– ¿Ellie? –Llamó Zack; al verme absorta en mis pensamientos. – Descuida, no hemos hecho nada malo… lamento haberme llevado a tú hermana de pinta con nosotros… no sabía que fuera tú hermana y…
– No vuelvas a acercarte a ella… – Supliqué; luchando con todo mi corazón para evitar empezar a llorar. – No quiero que te acerques a ella nunca más.
– ¡No es justo! – Exclamó Chelsea, que salió de su escondite tras Zack y me encaró con un gesto lleno de ira. – ¡No hicimos nada malo! ¡Anna y Junior también estaban!
– Chelsea, vete a casa – Ordené, fulminándola con la mirada. – Ya hablaremos tú y yo sobre si debería contarle esto a papá.
Chelsea parecía estar a punto de explotar, apretó sus puños como si fuese a golpear a alguien y después se alejó en silencio, casi corriendo; si antes de este incidente ella ya no me quería, ahora la cosa sería peor aún; sin embargo, ¿Qué más podía hacer?
– Zack… –  Murmuré, después de un par de segundos de incomodo silencio en que todos observábamos la marcha de Chelsea. –  No me importa si a ti te gusta destrozar gimnasios, tomar, fumar, drogarte, robar cosas y crear caos en donde quiera que estés… no me importa si fuiste tú quien robó el auto del sub director y tampoco me importa si te gusta hacer cosas espontaneas para mantener a la gente al tanto de tú personalidad…. ¡No me interesa en lo más mínimo! Pero… si te atreves a acercarte a mi hermana no te lo perdonaré… ¡NO TE LO PERDONARÉ!
Me di la media vuelta y caminé sin esperar una respuesta, lo único que pude escuchar fueron los pasos de Karla, siguiéndome en silencio; después de todo, era hora de nuestra primera práctica como animadoras, práctica que ya no podría disfrutar; y sin embargo, tenía que estar ahí.

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