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20 jun. 2011

¡Amo a mi esposa! (Creo) (17/??)


Sobre el baile con nombres, sobre Rock y sobre mi uniforme(Ellie)
(2005, Texas)
– ¿Ellie, Ellie? ¡ELLIE!
– ¿EH? Ah, Sí… ya voy.
Corrí en línea recta y solté un buen salto en la barra para unos instantes después aterrizar elegantemente con los brazos abiertos en la colcha de aterrizaje; por desgracia, los aplausos por parte de mis compañeras se disminuyeron en gran medida por haberme distraído en mi turno.
– ¡Bien chicas! – Gritó Elizabeth; con una tableta de anotación en sus manos y con su usual sonrisa radiante. – ¡Ahora que ya estamos bien estiraditas vamos a empezar a enseñarles la rutina de baile básica que usamos aquí en Mc Highley! Pues como no vino la entrenadora, de nuevo… estoy a cargo de entretenerlas de alguna forma… así que empecemos, ¡Hagan una línea recta!
El grupo de animadoras novatas constaba de 10 chicas solamente, entre ellas estaban (desgraciadamente) Sophie y Valerie, y por supuesto, Karla y yo; como nosotras aun no estábamos bien instruidas sobre las coreografías y sobre los bailes, la capitana decidió aprovechar para entrenarnos un poco, mientras que las veteranas (Entre ellas Charlotte) flojeaban en las gradas y se ponían al tanto con tentadoras charlas chismosas.
Bailar me relajó bastante, pues Elizabeth lo hacía de una forma muy divertida, a cada paso le asignaba un nombre, como “Slip”, “Getback”, “GoUp”, “GoDown”, “Restart” entre otras, fue una excelente distracción de la agobiante sensación de estar perdiendo a mi inocente hermanita; sin embargo, me fue imposible mantenerlo fuera de mi mente todo el tiempo, era en esos pequeños momentos de distracción en que comenzaba a equivocarme un poco en los pasos o a sencillamente quedarme parada sin hacer nada mientras pensaba en que quizá ella y Zack ahora mismo estarían en la bañera del baño de mi cuarto.
– ¿Ellie? – Me llamó Elizabeth, lamentablemente yo estaba en mi estado neutral y no me percaté que me llamaba, pues estaba muy ocupada imaginándome cosas indecorosas. – ¿Estás bien?
– ¿Ellie? – Me llamó Karla, agitándome por el hombro, esto me hizo reaccionar.
– ¡No en mi bañera! – Exclamé, asustada; por desgracia, esto provocó la risa de todas mis compañeras, me puse roja cual tomate.
– Está bien, Ellie… – Respondió Elizabeth. – No será en tú bañera, será aquí en el gimnasio… ¿Bien?
– Bien… – Respondí, con un sordo murmullo y deseando que me tragara la tierra.
– Me alegra que entiendas, más ahora toca ver si entiendes bien los movimientos de baile, quiero que hagas lo que yo te diga, ¿Lista?
– De acuerdo. –Respondí, aun sin ser capaz de poner los pies en la tierra.
– ¡Slip, FaceDown, StepBack WindUp Roll And back, Cha-cha, Slip, Hit Up, Slip!
  Traté de seguir los movimientos que me pidió Elizabeth de la mejor forma posible, y sorprendentemente, me dio la sensación de que me había quedado bastante bien.
– Sé que estás pensando que lo hiciste bastante bien, ¿No? –Preguntó Elizabeth. – Por desgracia eso no fue lo que yo te pedí.
– Ah, ¿No? – Pregunté, temblorosa.
– No, yo te pedí Slip, FaceDown,StepBack, WindUp, Roll And back, Cha-cha, Slip, Hit Up, Slip y tú hiciste FaceDown Slip StepBack, cha-cha, Slip, Roll and back, Slip, Slip invertido y FaceDown.
– Lo siento. – Me disculpé; agachando la cabeza, apenada.
– No te preocupes… de hecho me gustaron tus movimientos, aun si solo fue por pura suerte, pero el asunto es que te noto distraída, no es nada parecido a la audición, ven, charlemos a solas… algo te pasa, ¿Cierto?
Elizabeth y yo nos alejamos del resto, que se quedaron confundidas sobre que habría que hacer mientras que nosotras hablábamos, Elizabeth pareció no interesarle eso y no dejó de mirarme en busca de respuestas mientras caminábamos.
– Bueno… es solo que… tuve una pelea con mi hermana hace un momento y…
– Ah, no digas más, pequeña Ellie… tú y tú hermana están enamoradas del mismo sujeto, ¿Cierto?
– ¡NO! – Exclamé, mientras un tremendo escalofrío recorría mi cuerpo, ante la sola posibilidad de sentirme atraída por ese asno inmaduro de Zack Mosh. – ¡NO ES ESO!
– Ah, ¿Entonces? ¿Temes que tú hermana te odie?
– Bueno… en realidad no tengo miedo a que me odie, no me importa que lo haga siempre y cuando le vaya bien… pero tengo miedo de que se equivoque.
– ¿Cuántos años tiene tú hermana? – Preguntó, mientras miraba su mano con el reflejo del sol entrando por los ventanales de cristal.
– Tiene 13 años, está en esa edad…
– Maldita pubertad…. – bufó. – ¿Cierto?
– Exacto… yo no recuerdo haberme trastornado tanto como ella… no recuerdo la ropa provocativa, que por cierto aun no puede llenar de forma correcta, no recuerdo el aislamiento en mi habitación, no recuerdo haberme puesto en contra de todo el mundo ni recuerdo tampoco haber sentido que todos me atacaran…
– Cada cabeza es un mundo, pequeña Ellie. – Repuso Elizabeth, acariciándome la cabeza como si fuese un perrito. – No puedes esperar que tú hermana la tenga tan sencilla como en su momento la tuviste tú, a algunos les cuesta más crecer, a otros les cuesta menos… yo, por ejemplo, no recuerdo siquiera ninguna ocasión en que me haya puesto de mal humor durante mis cambios hormonales o algún cólico de esos que convierten a algunas chicas en verdaderos demonios, tú hermana estará bien…
– Pero… pero… pero… ¡Ella se está viendo con un chico mayor que ella de esta preparatoria! – Exclamé. – ¡Y tengo miedo que cometa un error!
– Ah, a eso te referías con lo de “No en mi bañera” ¿Cierto? Bien… ¿Por qué no vas a hablar con ella ahora mismo? Digo, si tanto te preocupa, es mejor que tengas “La charla” que se supone tus padres tendrían que darle…
– Pero… la practica…
– Igual ni siquiera estás concentrada, ¿para qué quieres estar en la práctica? Te daré el día libre, pero te quiero aquí mañana durante el almuerzo, te pondré a reparar tú ausencia del día de hoy.
– C… Claro, gracias, Elizabeth… ¡Me voy!
Cual corredora olímpica, tomé mis cosas y me despedí de lejos de Karla, para luego abandonar el gimnasio y correr hasta el estacionamiento de alumnos, fue entonces que recordé que era Charlotte quien me llevaba a diario a la escuela en las mañanas y en la tarde me dejaba en casa, ¿Cómo haría para volver a si no era con ella? Tanta emoción para nada, finalmente, mi charla con Chelsea tendría que esperar hasta que la práctica terminara,  ¿Qué si a esas alturas el baño de burbujas de ambos ya estaba tomando lugar? ¡No había tiempo que perder! Tenía que volver a casa, ¿Pero cómo? No sabía usar el autobús y no tenía suficiente dinero para un taxi (A la hora de ser efectivos aparentemente yo no era la mejor elección)
– Oye… no me dejas salir… ¿Te puedes quitar?
Giré mi cabeza, sorprendida y asustada, un chico alto, bronceado y fornido con todo el cabello rapado a excepción de una pequeña línea en la parte alta del cráneo que formaba una intimidante mohawk me miraba impaciente recargado en la puerta de un viejo corvette rojo a medio abrir.
– Ah… ¡Lo siento! – Exclamé, haciéndome a un lado.
– Gracias por moverte… – Respondió, subiendo al auto y cerrando la puerta.
– Que grosero… – Pensé. – Pero… ¿Y qué tal sí…?
El chico encendió el auto y tras activar la reversa empezó a moverse para abandonar el estacionamiento e irse a casa, sin embargo sus planes se vieron frustrados cuando empecé a llamarlo desde la ventana del copiloto con pequeños golpecitos; el soltó un suspiro y abrió la ventana.
– ¿Qué quieres? – Preguntó, de forma áspera.
– ¡Por favor llévame a mi casa! ¡Es una urgencia! ¡Por favor! ¡No queda muy lejos!
– ¿Estás loca? –Preguntó; quitándose las gafas ligeramente para mostrar sus picarones ojos miel. – No se debe de pedir favores así a un desconocido.
– ¡Los dos somos estudiantes de aquí! ¡Por favor! ¡Por favor!
El sujeto soltó otro gran suspiro y se acarició el rostro con desesperación, sin embargo, finalmente se inclinó para abrir el botón de la puerta.
– ¡Gracias! – Exclamé, en el momento en que me subía al vehículo.
– ¿En qué calle vives? – Preguntó, sin responder a mis agradecimientos.
–North New London – Respondí. – Una vez estemos ahí te digo en que casa y listo.
Que no me respondiera no me molestó tanto, pues ya empezaba a acostumbrarme a la aspereza del sujeto; que claramente estaba bien adentrado en un papel de chico malo, pues llevaba una playera negra muy pegada para mostrar su buen cuerpo y unas gafas de sol de estilo camionero, era bastante atractivo, aunque nunca fui una gran admiradora del estilo bad boy.
– Y… ¿Cómo te llamas? –Pregunté, tratando de entablar conversación.
– Soy Rock…
– Mucho gusto Rock. – Respondí, con una alegre sonrisa.
No hubo respuesta, lo peor de todo es que el auto no tenía radio.
– Eh… y… ¿Eres de primero como yo?
– Sí… – Respondió con indiferencia, con esto, llegué a la conclusión de que no tenía el mínimo interés en charlar así que decidí dejar de molestarle, solo volví a hablar para darle las indicaciones de cómo llegar a mi casa, una vez llegamos, me bajé del auto.
– Muchas gracias, Rock, en serio lo aprecio.
– Adiós. – Se despidió Rock, esbozando un curioso gesto de despedida con las manos.
Una vez el auto se alejó abrí la cerca de madera y recorrí el sendero de ladrillos rojizos que se erigía en medio de un lindo jardín con un excelente césped, varios arbustos  y flores de temporada sembradas al centro, para después, entrar a mi casa.
Mamá y papá a estas horas estarían trabajando aun, por lo que Chelsea y yo teníamos varias horas para charlar con tranquilidad, primero, tenía que disculparme por haberla avergonzado de esa forma y luego tendría que aprovechar la fraternidad creada por el momento para hablarle sobre… bueno, sobre eso… ¿Pero qué mejor apertura para todo este tierno acto entre hermanas que las legendarias galletas con chispas de chocolate especiales de la familia Clearwater que solo se encuentran en el Wal-Mart más cercano?  Por lo que primero fui a la cocina y tomé un gran puñado del jarro de las galletas y las puse en un plato hondo, tomé un par de vasitos y les puse leche, estaba lista para la batalla.
– ¿Chelsea? – Llamé, subiendo las escaleras con mucho cuidado para no matarme. – ¿Estás ahí?
No hubo respuesta, tal como lo esperaba, de momento, el plan iba totalmente de lujo; toqué la puerta de su cuarto y no hubo respuesta.
– Ah, te pones difícil, ¿Eh? – Pensé. – Bueno… para tú mala suerte tengo galletas y leche…
Puse los vasos de leche y las galletas en el suelo, para después intentar abrir la puerta de Chelsea, por desgracia, estaba cerrada.
– Rayos… – Pensé, nuevamente. – Supongo que tendré que utilizar mi carta maestra inmediatamente.
Nuevamente levanté el plato de galletas y los vasos de leche y me recargué en su puerta.
– Chelsea… sé que estás molesta… así que quiero hacer las paces contigo… me pasé… te traje galletas… ¿Me dejas hablar contigo?
Sorprendentemente funcionó, pude sentir como la puerta comenzaba a abrirse lentamente para dejar ver a una Chelsea con los ojos rojos, hinchados y molestos, evidentemente estuvo llorando, eso me hizo sentir mal.
– Hola… – Saludé. – ¡Galletas y hermana arrepentida a la orden!
– Hola… – Repuso ella, con indiferencia. – ¿Quieres pasar?
– Sí… gracias.
Sorprendentemente, la habitación de Chelsea estaba perfectamente en orden, incluso más limpia que la mía, me sentí algo triste al saber que la habitación de una delicada pre adolescente inmadura fuese más limpia que la mía, pero eso no importaba; puse las galletas sobre el escritorio y me senté en su cama.
– Escucha… no le diré a papá lo ocurrido… no sé porque dije eso, sé que te molestó mucho eso… lo siento, no era mi plan quedar como una chismosa… es solo que… me sorprendió mucho verte con Zack Mosh… por cierto, ¿Desde cuándo lo conoces?
– Desde hoy… – Respondió, mientras tomaba un vaso de leche y una galleta y se sentaba a mi lado, cabizbaja.
– Ya veo… ¿Te gusta?
– Sí…
– Ah… ya veo… – Respondí, sorprendida de que pese a ya saberlo el que ella me lo dijera me doliera bastante. – Pero… comprendes que él es mayor que tú, ¿No? Y que no es bueno para ti salir con alguien mayor… al menos no aún.
– Sí… entiendo… discúlpame…
No podía creerlo, ni en mi plan mental más positivo esa plática podría haber estado saliendo tan bien, según mis cálculos, ella primero hubiera tratado de asesinarme con un peine antes de dejarme sermonearla de esa forma, llegué a la conclusión de que la sangre es más espesa que el agua y rápidamente recuperé la confianza perdida ante el temor de haber perdido a mi hermanita.
– Entonces… ¿Vas a dejar de ver a Zack?
– Sí… entiendo hermanita… gracias… por preocuparte.
– Gracias por escucharme… me agrada charlar contigo, después de todo, eres mi hermanita… y te quiero.
– Yo también te quiero. –Respondió ella, lanzándose a mis brazos y abrazándome con fuerza; en su brusquedad, accidentalmente derramó leche sobre mi espalda, mojando mi traje de animadora.
– ¡Dios mío! ¡Lo siento, Ellie! – Exclamó Chelsea, separándose y tratando de limpiar el traje con sus manos.
– No te preocupes, igual pensaba lavarlo. – Respondí.
– No, no… ¡Déjame lavarlo a mí! Me sentiré mal si no es así… déjame hacerlo, ¿Sí?
– Eh… claro… en ese caso solo sigue las instrucciones de la etiqueta y ya está…
– Entonces, quítatelo.
– Ah, claro… vayamos a mi habitación, aunque estemos solas me da un no sé que pasearme en calzones por la casa…
Mientras me desvestía, le conté a Chelsea sobre lo ocurrido durante la practica, de cómo Elizabeth amablemente me dejó correr hasta aquí para arreglar las cosas con ella y de cómo le pedí aventón a un sujeto llamado Rock que daba muchísimo miedo.
– No tienes porque hacer cosas así de riesgosas, Ellie… – Aseguró Chelsea, mientras tomaba con sus manos el uniforme de animadora y lo revolvía, con ansiedad. – Siempre seré tú hermana menor y sé que es tú papel como la mayor preocuparte por mí… bueno, voy a lavar esto… ¿Por qué no duermes una siesta?
– De hecho si que tengo sueño… – Mencioné. –Entonces… gracias por lo del uniforme… y gracias por confiar en mi, hermanita.
– ¡Descansa! –Exclamó Chelsea, con una bella sonrisa mientras cerraba la puerta, ¿Cuánto tiempo había esperado para volver a verla sonreír?
Solo puedo decir, que la espera valió la pena.

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