Lo Último

21 jun. 2011

¡Amo a mi esposa! (Creo) (18/??)

Sobre lo jodidamente genial que era a los 15, sobre la niña que nos venció en Halo y sobre la traición de la hermana menor (Zack)
(2005, Texas)
Me quedé pasmado y en silencio, observando cómo las espaldas de ambas hermanas se alejaban en un ritmo triste y lleno de ira, por un lado estaba la mayor, Ellie Clearwater, que había perdido el control ante la sola posibilidad de que su hermana terminara en malos pasos por pasar el rato con un sujeto como yo, y por el otro estaba la menor, Chelsea Clearwater, que pese a tener una corta edad poseía la ambición de comerse al mundo en un solo bocado, ese casi siempre injustificado deseo de ser mayor cuando claramente ante los ojos del resto aún no se está listo.
– Eh… ¿Zack? – Llamó Anna, mirándome con curiosidad. – ¿Estás en un modo poético y profundo en el que comprendes ambos lados de la situación o simplemente les estás viendo las nalgas?
– ¿Eh? Ah, si… lo segundo, son… lindas las dos…
– Pero bueno… vaya que te ha gritado con todo, ¿Eh? Esa chica además de seria es fuerte… ¿Qué harás?
– Chicos, mañana es el gran día en que vamos a vengarnos de Rocko, ¿Están listos?
– Yo estoy más puesto que un calcetín espacial en el pie de un astronauta. – Respondió Junior.
– Bueno, en realidad yo aún tengo que comprar algunas cosas – Respondió Anna. – Tú sabes, por eso de las malditas dudas…
– Bien, entonces, ve a comprarlas – Ordené. – amigos… quizás el dinero del cheque ya esté perdido y es algo que ya no recuperaremos, pero nos aseguraremos de que Rocko lamente cada maldito centavo… ¿Verdad?
– Ah… claro… – Respondió Anna, en un tono confuso. – Entonces, nos vemos mañana en el parque… ¡Se lo lavan!
Anna se fue trotando rumbo a la entrada a la escuela, por otro lado, tanto Junior como yo nos miramos con una sonrisa de satisfacción, como diciendo “Nada puede salirnos mal”, era tal como lo esperaba: Junior ya estaba enterado de todo lo que estaba planeando, y quizá, incluso, tendría una idea más amplia de lo que pasaría mañana, ambos nos recargamos contra la reja y suspiramos con fuerza.
– Ya va siendo hora de la llamada, ¿No? – Preguntó.
– Tienes razón… será más simple que ella lo vea con sus propios ojos…
Tomé mi celular y lo abrí, para luego digitar el número telefónico escrito en mi mano izquierda, el número telefónico de Elizabeth, la capitana de las animadoras.
– ¿Hola? – Respondió Elizabeth, con su habitual dulzura y buen humor. – ¿Quién habla?
– ¿Elizabeth? ¡Hola! Soy Zack, Zack Mosh… nos encontramos durante el almuerzo y…
– ¡Zackie! – Exclamó. – ¿Cómo estás? ¿A qué debo el honor de tú llamada?
– En realidad, me gustaría que fuese solo para charlar contigo, pues eso me encantaría… sin embargo hay algo que quisiera comentarte sobre una de tus novatas…
– ¿Una de mis novatas? ¿Qué tiene? ¿Has embarazado a una animadora novata, Zack?
– No, no es eso… es solo que hace rato la he visto pasar por el sendero rumbo al gimnasio y su rostro era triste como el infierno, no sé cómo se llama, solo sé que es rubia, ¿Por qué no echas un vistazo y buscas por una rubia triste en tus alrededores?
Hubo un par de segundos de silencio, en los cuales tanto Junior como yo nos dedicamos a aguantarnos la risa.
– Creo que estás hablando de Ellie Clearwater… – Repuso. – Está sentada en las gradas junto con su amiga Karla Rodríguez esperando a que la práctica comience, pero está muy cabizbaja…
– Bueno… no pienso decirte lo que debes hacer y lo que no como capitana, sin embargo, creo yo que si un compañero está en apuros quizá debas hablar con ella, para que te tenga confianza y puedas animarla un poco… ¿No crees?
– Supongo que tienes razón… hablaré con ella si veo que su actitud continúa de esta forma, ¿De acuerdo? No te preocupes, muchas gracias por preocuparte Zack.
– No es nada, todo sea por ti, ¿Recuerdas que solías decir que aun era muy pequeño para cuidarte? Bueno, quiero demostrar que ya estoy lo suficientemente grandecito.
Elizabeth soltó una risita nerviosa, justo como lo planeado.
– Pues has empezado muy bien… eh… cuídate, Zack… espero me llames otro día y que sea solo para charlar conmigo…
– Te llamaré cuando menos te lo esperes, ¡cuídate!
Guardé mi teléfono en el bolsillo y volví a suspirar con fuerza, mientras me cruzaba de brazos y con pereza observaba al cielo, que comenzaba a teñirse con unas cuantas nubes que predecían una posible lluvia.
– Entonces, estamos listos… – Murmuró Junior, soltando un bostezo. – ¿Quieres ir a casa de Mike para que su mamá nos dé pastel?
– ¿Ya has ido a casa de Mike? – Pregunté. – ¿No crees que eso es muy extremo?
– ¡Para nada! Somos familia, y tú familia nunca te abandona, ni te…
– Olvida… – Completé.
– Entonces, ¿Vamos?
– Supongo que no habrá problema…
Tomamos el autobús y nos alejamos del territorio escolar, me impresionó totalmente la facilidad con la que dimos a casa de Mike; era como si Junior efectivamente fuese su primo casi hermano de toda la vida en vez de un simple chico raro que un día comenzó a acosarlo y a alegar que existía relación familiar entre ellos; al tocar el timbre, nos abrió la adorable hermanita menor de Mike, que, tras escuchar a Junior decirle que era su primo mayor Junior y pedirle que nos dejara pasar, abrió la puerta y llena de alegría encendió el Xbox de la sala y nos retó a una partida 2 vs 1 en Halo, tanto Junior como yo juramos nunca contarle a nadie que ese día fuimos tremendamente apaleados por una pequeñita.
Un par de horas después, Mike llegó a casa acompañado de Nahomi, ambos soltaron un salto de sorpresa al vernos en la sala, recostados mientras su hermanita nos contaba uno de sus cuentos favoritos, que era una combinación de unicornios, guerreros espaciales, caperucita roja y Goku.
– Ah, hola primito, ¿Cómo estás? – Saludó Junior, que estaba tirado en el suelo.
– ¡Vino el primo Junior a visitarnos Mike! – Exclamó la pequeñita antes de lanzarse a los brazos de Nahomi. – ¡Nahomi también vino!
– ¿Qué hacen aquí? – Preguntó Mike, con los ojos muy abiertos. – ¿Cómo entraron?
– Tú hermanita nos dejó entrar – Respondí. – Además, ¡No seas grosero Mike, venimos a visitarte ¿Y así nos recibes?!
– Perdón, lo siento… – Se disculpó. – Es que me tomaron por sorpresa… ¿Cómo están?
– De lujo por el momento… – Repuse. – ¿Has hecho tú parte?
– Por supuesto – Respondió. – Venimos de dejarlo en el árbol donde ordenaste.
– ¡Bien! – Exclamé. – Entonces, ¿Qué les parece si comemos unos hot cakes especiales de Nahomi para celebrar? Tú hermanita nos ha contado que son deliciosos.
– ¡Muy ricos! – Gritaron Junior y la hermanita de Mike al unísono. – ¡No hay nada igual!
– Eh… claro… – Asintió Nahomi, con una sonrisa nerviosa. – no me molesta… ¡Denme un segundo!
Pasamos el resto del día comiendo y jugando con Mike, su hermana y Nahomi, realmente eran un par bastante agradable, no puedo decir que eran de mi tipo, pues yo soy más bien de esos que gustamos de andar en medio del caos, moviendo nuestros huesos, sin embargo, eran bastante divertidos si de charlar y bromear se trataba.
Cuando oscureció nos despedimos, agradeciéndoles su apoyo y asegurándoles que ellos también se beneficiarían del ataque del día siguiente, aunque ellos en realidad no estuviesen interesados de alguna forma directa; luego de eso, Junior y yo volvimos a la calle, tomamos un autobús en el que coincidimos y después nuestros caminos se separaron, a la mañana siguiente nos volveríamos a ver, durante el gran día.
Amaneció completamente nublado, esta vez la lluvia era inminente, por no mencionar de que hacía un frio impensable en Texas, sin embargo, eso podría hacer el juego aún más divertido.
Le pedí a Bruno que en vez de dejarme en la escuela me dejara en el parque bajo motivos de “Honor Mosh”, una vez llegué ahí, Junior y Anna ya me esperaban, en sus manos había un par de bolsas de plástico.
– ¿Listos? – Pregunté, mientras me despedía con un gesto de mi hermano.
– Más listos que un delfín que se comunica con los humanos con censores eléctricos mi hermano. –Respondió Junior.
– Me alegro, hermano.
– Bueno… – Bufó Anna, con una sonrisa de emoción. – ¿Nos vamos ya a preparar todo?
– Espera… aún falta alguien… sin ella no podemos empezar.
– ¿Quién? –Preguntó. – Ah, espera… ya vi de quien hablabas.
Dirigí mi mirada a donde Anna había clavado sus ojos, una delgada chica rubia con una malévola sonrisa dibujada en sus labios y con un traje azul en sus manos se acercaba lentamente hasta donde estábamos nosotros.
– Ah, Chelsea, menos mal que has venido… – Murmuré, con una mirada coqueta una vez estuvo frente a mí. – ¡Y encima traes lo que te encargué!… sabía que podía confiar en ti… te daré tú recompensa más tarde, ¿Bien?
– Claro. –Respondió ella, sonrojándose.
– ¡ahora sí que estamos listos! – Grité. – ¡Andando!

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