Lo Último

1 jul. 2011

¡Amo a mi esposa! (Creo) (23/??)

Sobre las leyendas urbanas de los Mosh, sobre los trajes de baño y sobre la fiesta de Zack (Ellie)
(2005, Texas)
– ¡Mamá! – Grité, apenas abrí la puerta y dejé pasar tras de mí a Karla, que estaba en su modo tímido, por ser la primera vez que entraba en mi casa. – ¡¿Qué crees?!
– ¡¿Qué pasa, Ellie?!
– Son dos cosas – Respondí, una vez estuvimos ya en la cocina, donde mi madre corría de un lado a otro, cocinando la cena con su usual esmero y dedicación. – Una es, te presento a Karla, es mi mejor amiga.
– Hola, cariño – Respondió mi madre con amabilidad, pausando sus actividades unos segundos para darle su mano y dedicarle una tierna sonrisa. – Siéntete como en tú casa, ¿Bien?
– Gracias señora. – Respondió Karla, con timidez, aparentemente frente a las madres ese liderazgo natural se le disminuía un poco.
– ¿Y cuál es la otra noticia? – Preguntó.
– Bueno… ¡la segunda buena noticia es que vas a tener que darme dinero para ir a comprar un traje de baño y además me llevarás a la fiesta de Zack Mosh! Y ahí no termina este maratón de excelentes noticias que alegran el corazón de una madre ¡Tienes que ir por mí al terminar también!
Mi madre se detuvo en seco tras casi resbalarse de la sorpresa a causa de mi turbulenta avalancha de noticias naturalmente perturbadoras, nos miró a mí y a Karla con seriedad, pasaron tantos segundos que esto empezó a tornarse incomodo.
– Eh… ¿mamá?
– ¿Dijeron Mosh?
– Así es… Zack Mosh dará una fiesta hoy en su casa y solo ha invitado a 50 personas, casualmente terminamos siendo invitadas y ya que a Karla le gusta el mejor amigo de Zack pues iremos…
– Mosh… Dios mío… no sabía que siguieran en Texas… ¿Es hijo de Fred Mosh o de James Mosh? O mejor aún, ¿es solo otra familia llamada Mosh que se ha mudado recientemente y que en comparación a los anteriormente mencionados son unos santos?
– Eh… mamá, me estás dando algo de miedo… y no, en realidad estoy segura de que su familia tiene ya un tiempo por aquí, ya que el otro día un chico dijo algo como “Nunca te metas con un Mosh…
– “Porque saldrás quemado” – Interrumpió mi madre. – Eso quiere decir que ese muchachito, ¿Cómo dijiste que se llamaba? ¿Pedro?
– Zack – Respondimos las dos.
– Zack Mosh… eso quiere decir que él es un hijo de Fred Mosh o de su hermano James Mosh…
– Mamá… – Murmuré. – ¿No me digas que tú también eres de ese extraño grupo de personas que teme, respeta y admira a los Mosh? Sabes… empiezo a creer que es una clase de secta estatal en la que todos están adentrados excepto Karla y yo…
– No seas tonta – Riñó mi madre, tomando asiento en una de las sillas de la mesa, donde Karla y yo ya estábamos instaladas desde hace un rato. – Lo que pasa es que yo estuve en la escuela junto con James Mosh y Fred era nuestro superior, toda la secundaria y la preparatoria fui testigo de sus vivencias.
– Entonces… ¿Me vas a prestar dinero?
– Siempre estaban buscando problemas con quienes tuvieran agallas para desafiarlos, eso sí, siempre estaban acompañados de un montón de gorilas, así que eran pocos los que se atrevían a buscarles bronca… incluso en las otras escuelas los respetaban y admiraban… todas querían salir con un Mosh, por ese entonces estaban de moda…
– Bueno… los converse también volvieron a estar de moda, ¿Por qué los Mosh no? –Murmuré a Karla, que soltó una carcajada seca.
– Y de hecho James y yo fuimos novios un tiempo, ¿Sabes?
– Eww… mamá… ¿Podemos no hablar de tus novios pasados?
– ¡Pero si era todo un caballero! – Exclamó mi madre, sonriente. – Y era muy guapo y galante… solo que apenas se mudó una chica nueva a la ciudad me hizo a un lado, todavía la recuerdo, una pelirroja coqueta y tonta… por eso, aunque entre chicos solían decir “No te metas con un Mosh que saldrás quemado” Entre las chicas solíamos decir “No te enamores de un Mosh porque saldrás herida”.
– Supongo que puedo usar uno de mis trajes de baño viejos – Comenté a Karla, con ironía. – Llevar bañador ajustado no puede ser más doloroso que escuchar a mi madre revivir dolores del año del caldo…
– Pero al graduarse de la preparatoria todo terminó para ambos… los dos pasaron de ser grandiosos reyes de la ciudad a ser simples ciudadanos y sus glorias pasadas quedaron donde tenían que estar, en el pasado, no volví a escuchar nada de ellos… que curioso, ¿No?
– Supongo que al final no iré a la fiesta… – Me lamenté, agachando la mirada. – Perdóname Karla, te obligué a venir solo para ser sermoneada.
– ¡Pero claro que vas a ir! – Exclamó mi madre. – ¡Nunca se debe de rechazar una fiesta de un Mosh! ¡¿No lo sabes?!
– Seh… algo así escuché…
– ¿Entonces, que estamos esperando? vayamos de shopping nenas.
– ¿No estás dolida de que Zack Mosh puede ser el  fruto de tú corazón partido?
– ¡Pero ahora ya no se trata de mí, hija entiéndelo! ¡Ahora se trata de ti!
– ¿De mí?
Mi madre se puso de pie, apagó la estufa y la luz y se encaminó a la entrada, nosotras le seguimos con un gesto de confusión.
– Tú sabes… las chicas también solíamos decir que aquella que lograra enganchar a un Mosh con un anillo sería feliz para toda la vida…
– ¡Empiezo a creer que te estás inventando todo esto, madre! Además, ¡¿Qué rayos estás insinuando?! ¡Ni de broma terminaría al lado de Zack! Apenas nos conocemos y ya estoy segura de que somos polos opuestos.
Subimos al auto mientras mi madre cerraba la puerta, una vez ella subió también, continuó con su acoso extremadamente poco habitual, ¿Por qué ese comportamiento? Quizá los Mosh le sacaban los nervios a cualquier chica, incluso 27 años después.
– Recuerda que los opuestos se atraen, Ellie.
– Ni de broma, mencióname un caso de amor de este tipo que sea cercano a nosotros y hoy mismo en la fiesta voy y le pido matrimonio a Zack.
– Ya, ya… no te avergüences, recuerda que yo también fui joven y me gustaban los muchachos guapos, no hace falta que seas tímida al respecto.
– ¡¿Ahora estás insinuando que me gusta?! ¡Guarda silencio y conduce!
El comportamiento atípico de mi madre se detuvo una vez llegamos al centro comercial, donde Karla y yo intercambiamos opiniones con ella en cada una de nuestras opciones, fue bastante divertido en realidad, tanto, incluso, que casi borraba el evento anterior, donde sacó a flote un lado perverso de sí misma, esa faceta en la que dejaba de ser madre y se convertía en una amante de los Mosh y una acosadora que trataba de acomodar a su hija con un desconocido para ella.
Una hora después nos decidimos, Karla eligió un traje de baño de dos piezas color café con lunares blancos, aunque para evitar ser objeto de lujuria también compró una falda de tela del mismo color y una blusa negra de tirantes delgados, mientras que yo me incliné por un lindo traje de dos piezas amarillo con flores verdes y purpuras dibujadas alrededor, me encantó, pues iba acompañado de un pareo largo color café que se veía espectacular en conjunto y sencillamente no pude soportar la tentación, a esto le sumamos dos pares de sandalias y finalmente estábamos listas.
– ¿Quieres atraparlo a toda costa esta noche entonces, eh? – Se burló mi madre, mientras pagábamos, lo cual me hizo ponerme roja de la molestia y tratar de devolverlo y empezar a elegir desde cero nuevamente, sin embargo no me lo permitió, alegándome que era solo una broma y que mi selección era preciosa.
– De cualquier forma… pienso pedirle a Chelsea una de sus prosti-ombligueras llegando a casa – Renegué, mirando por la ventana con insatisfacción. – Tiene tantas que seguro me presta una que combine…
– Por cierto – Observó mi madre. – ¿No notas a Chels más linda de lo normal? ¡Creo que finalmente se le pasó su etapa de mírame y no me toques! A ella si le pegó fuerte la pubertad Ellie, deberías ser un poco más comprensiva con ella…
Karla y yo intercambiamos miradas, ambas coincidimos en que el tema de Chelsea Clearwater estaba, de momento, cerrado y resuelto, por supuesto, no era algo con lo que se pudiese presumir ni mucho menos, pues si mi hermana aparentemente había dejado de odiarme no era precisamente por meritos propios, aún tenía que ganármela yo misma.
Estuvimos en mi casa navegando por Myspace, haciendo tarea y chismorreando sobre todos los temas que se nos ocurrieran durante varias horas, cuando la hora de ir a la fiesta llegó, nos amarramos a la muñeca nuestras pulseras y bajamos a la planta baja, donde mi madre nos esperaba con las llaves en las manos y su bolso en hombros.
– ¿No es a las 8 muy temprano para llegar, niñas? – Preguntó, antes de salir.
– Estará bien… – Respondí. – Conociéndolos seguro la fiesta empezó hace unas horas…
Con esas palabras llegamos a la dirección indicada en el Flyer que rondaba por Myspace, era una casa bastante típica en realidad: 2 pisos, con techo en picada, pintada en distintas tonalidades de color arena, con un jardín bien cuidado cubierto de un verde y vivo césped debidamente podado y con la única anomalía de que en la entrada había un chico sentado, parecía triste.
– Creo que lo conozco – Mencionó Karla. – Si más no me equivoco está en el equipo de Football, es el pateador, pero no sé su nombre.
– Bueno, niñas, se cuidan mucho y cuando quieran que pase por ustedes me llaman, de cualquier forma a las 12 ya estaré aquí afuera, así que diviértanse.
– Gracias mamá – Respondí. – Nos vemos más tarde.
Dicho esto, Karla y yo bajamos del auto y nerviosamente nos dirigimos hasta la casa, el chico de gesto triste nos miró con indiferencia, sin embargo nos habló apenas entramos en su rango auditivo.
– Bienvenidas a la fiesta VIP de Zack Mosh… veo que tienen sus pulseras… supongo que pueden pasar… aprovéchenlo… a mi me han castigado por morder la mano que me da de comer… o algo así… nos vemos adentro en 1 hora…
– Eh… gracias… – Respondimos al unísono, con nerviosismo.
Esquivando al chico castigado por morder la mano que le da de comer subimos un par de pequeños escalones y tocamos el timbre, no pasó mucho para que un rostro familiar nos recibiera, era un chico rubio de ojos verdes con gesto perdido pero amigable, ¿Su nombre? Un misterio, solo sabíamos que era conocido por todos (Incluyendo a los profesores) como Junior.
– ¡Santa madre apocalíptica de la concepción Mendoza Pérez López Guzmán! – Exclamó Junior, mirándonos con los ojos como platos.
– ¿Qué traes, loco? – Preguntó una voz femenina a la que distinguí como Anna.
– Es que se me acaba de aparecer Juan Diego en calzones – Explicó Junior. – Bienvenidas chicas, pasen, pasen… Llegan temprano, ahora mismo aún estamos escondiendo cosas y bebiendo para entrar en ambiente, pero pueden unírsenos.
Al entrar a la casa de Zack se inundaba un interesante calor de hogar, ¿Conocen esa sensación al llegar a un lugar totalmente nuevo para ustedes y que para variar, está lleno de gente alegre que se encuentra celebrando animadamente y que para agregarle un poco de incomodidad a la cosa, no conoces a nadie y terminas sintiéndote como un extraño estorboso que vino a meterse al lugar equivocado? Bien, tuve una sensación bastante parecida en ese instante, apenas y tuve tiempo para percatarme de lo lindo que era el piso de madera y el jarrón colgado en el acampanado en la entrada, pues más adelante, en la sala, un grupo de chicos nos miraba con extrañeza, entre ellos, reconocí a Anna, a Zack, a Helena y a Blake, no reconocí a una preciosa chica de cabello castaño ni a un apuesto sujeto con un largo cabello negro estilizado en una mohawk con un  genial, acabábamos de incomodar la charla animada entre la sub capitana de las animadoras, el mariscal de campo, el grupo de los Mosh y sabrá dios que otros influyentes y populares exponentes de la escuela.
– Ah, ¡Ellie, Karla! – Exclamó Zack. – ¡Sabría que vendrían! ¡Pasen, pasen, siéntense aquí!
Zack se puso de pie del extenso sillón de piel color negro y caballerosamente nos pidió que nos sentáramos al lado de Helena, nerviosamente obedecimos.
– ¡Ellas son las otras invitadas de honor! – Exclamó Zack. – Son Excelentes amigas mías y de Junior, son animadoras, por lo que seguramente ya las han de medio conocer, ¿No?
– Ya tuvimos el placer hace poco, ¿Verdad? – Preguntó Blake, antes de dar un gigantesco sorbo a su todavía más gigantesco tarro de cerveza.
–Sí… – Contesté, nerviosa.
– ¿Y tú, Helena? ¿Conoces a mis amigas? – Preguntó Zack.
– Por supuesto –Respondió Helena, lanzándonos una mirada de indiferencia. – Son las consentidas de Elizabeth.
– Ah, ¿Sí? Eso no lo sabía – Repuso Zack. – ¿Elizabeth tiene preferidas?
– Ellas dos han fallado a más prácticas que todo el equipo de animadoras juntas y sin embargo siguen con nosotras, imagínate.
– Lo que pasa es que Elizabeth es un encanto de persona – Observó el sujeto de cabello negro, que viéndolo más de cerca era algo así como una versión crecida de Zack, aunque con una frente muy amplia. – Nahomi y yo hemos estado con ella desde primero y créanme, es sencillamente “un amor”.
– Es cierto – Respondió la hermosa chica de cabello castaño, cuyo nombre, aparentemente era Nahomi. – Oye… Zack… ¿Ya puedes perdonar a Mike?
– ¡No lo voy a perdonar hasta que me pida perdón! – Bufó Zack. – ¿No ves que hirió mis sentimientos?
– Pero si te pidió perdón – Insistió la chica, con gesto triste. – Dos veces…
– De todas formas seguro ya se fue… Ellie, ¿viste a algún chico merodeando el lugar cuando entraste?
 – Había uno en la entrada – Mencioné, con timidez. – Dijo algo de estar castigado por morder la mano que le da de comer.
Blake y el chico de cabello oscuro se carcajearon como locos y después chocaron puños con Zack, que también les acompañó en las carcajadas.
– Bueno, bueno… Junior, ve a decirle a Mike que lo perdono, siempre y cuando prometa no gastarse otro paquete de cerillos mientras trata de encender el asador.
– A la orden – Murmuró Junior, que desde hace unos instantes atrás, hablaba en voz baja con Karla. – Ya vuelvo, señorita.
– Entonces… Zack… nos estabas diciendo… ¿Qué es tan especial en estas dos chicas que las invitaste a la fiesta VIP? ¿Estás enamorado de alguna o qué?
El autor del comentario era nada más y nada menos que el chico de cabello negro, que ya empezaba a perder puntos de primera impresión.
– Bueno, mi estimado Oliver… ¿Cómo decirlo?
Zack se sentó en el suelo y se recargó en el espacio abierto entre mi y Helena, esto me hizo sentirme bastante incómoda, pues su cabeza estaba a la altura de mis piernas, sin embargo su mirada estaba dirigida únicamente al susodicho Oliver.
– Karla se lleva de lujo con mi mejor amigo y mano derecha Junior… y Ellie es especial… ¿Sabes? No he hablado mucho con ella… pero algo me dice que me la puedo pasar bomba si la tengo cerca, así que eso hago… ¿Me explico?
– Supongo – Respondió Oliver, dedicándome una sonrisa de telenovela, provocando que me sonrojara. – Pero no vayas a corromperla a la pobre, se ve a mares que es un encanto de niña.
Me fue imposible siquiera terminar de sentirme incomoda, pues de pronto una mujer proveniente del piso de arriba bajó por las escaleras y trotando llegó hasta el refrigerador, raptó unas cuantas cervezas con sus manos y después nos miró, sonriente.
Era una mujer de unos 40 años con una cabeza pequeña y casi totalmente redonda, su piel era cobriza, como la de una mujer bien bronceada, su cabello era muy corto lo llevaba atado a una coleta que apenas y llegaba a la altura de su cuello, era bastante delgada y con caderas anchas.
– ¡Hola chicos! No se vayan a poner muy mal ¿Eh? Y si se ponen así pues aunque sea vomiten en la casa de los vecinos pero aquí no, pásensela bien.
Sin decir nada más, se perdió nuevamente en las escaleras, dejándonos a todos ligeramente sorprendidos.
– Muy bien… yo preguntaré – Bufó Blake. – ¿Quién era ella?
– Ah, mi madre – Respondió Zack. – Me ha dejado hacer la fiesta siempre y cuando nadie esté en la parte de arriba así que…
– Tú madre es genial, hermano – Admiró Junior. – Mi viejo se toma el pecho y empieza a respirar forzosamente siempre que meto a mis amigos del basurero a la casa.
– ¿Del basurero? – Preguntó Anna, que hasta la entrada de la madre de Zack se había recargado en una pared y mirado de lejos en silencio. – ¿Vagabundos?
– ¡Exacto, mis amigos los sin casa!
Fueron tales los nervios a nuestra llegada que no pude fijarme en los atuendos que llevaban los presentes: Anna se presentaba con una blusa de tirantes delgados con líneas horizontales de arcoíris y una falda corta de tela color rosada, su cabello estaba suelto como de costumbre (pues era bastante corto) y llevaba sus ya tradicionales gafas y al igual que todos, un par de sandalias, un atuendo bastante femenino y tierno en realidad, lo cual era bastante contradictorio a su verdadera personalidad, recientemente descubierta por Karla y por mí; Helena, por otra parte, vestía con unos shorts de mezclilla oscura, una playera de abercrombie & fitch negra con letras blancas muy ajustada, era evidente su buen cuerpo a primera vista; Blake Turner llevaba una playera blanca sin mangas y unos shorts verdes con muchas bolsas en los costados; Oliver, iba vestido con una playera hollister azul marino y unos jeans desgarrados; Junior llevaba un traje de baño rojo estilo hawaiano (Con flores blancas contorneadas alrededor) y por alguna razón, ya no llevaba su playera; Nahomi llevaba un cómodo vestido de lunares variados de una pieza y finalmente, Zack, vestía con una playera blanca bien pegada a su cuerpo y unos shorts negros que le llegaban hasta la rodilla.
– No te lo comas con los ojos, disimula – Murmuró Karla, burlándose de mí.
– ¿Eh? No estaba viéndolo – Mentí.
– Sí, claro…
– ¡Estaba describiéndolos a todos, eso es todo! – Aseguré.
– Claro, claro…
El chico de la entrada regresó un par de minutos después, seguido de Junior, que inmediatamente se dirigió hasta donde estábamos nosotras, y con ese peculiar tono de voz de alguien que tiene su mente en un planeta distinto a su cuerpo, nos ofreció una bebida.
– De hecho… no tomamos… – Murmuré.
– Ah, no se preocupen… Zack sospechó que así sería y ha comprado algunos arizonas para ustedes, ¿Qué sabor prefieren?
– Mango. – Respondí.
– ¿Hay de té helado de limón? – Preguntó Karla.
– Por supuesto, en un segundo se los traigo.
Mientras hablábamos con Junior, Helena se había movido de mi lado y se había ido a sentar al otro sillón, para charlar animadamente con Oliver, Blake y Zack, que no dejaban de reír cuando estaban juntos, no pasó mucho para que el chico castigado, cuyo nombre era Mike, se sentara en el lugar que Helena dejó libre, esto, para ponerse a charlar con Nahomi animadamente, aparentemente se llevaban muy bien.
– ¡¿Quieren ir a darse un chapuzón?! – Gritó Zack, para captar la atención de los presentes. – ¡El último en llegar será llamado Mike hasta el final de la noche!
Todos (Incluyendo al verdadero Mike) Se pusieron de pie y arrancaron hasta el extremo derecho de la habitación, donde había una puerta de cristal deslizable que daba a la piscina y al jardín trasero, con carcajadas locas e insanas, siendo apenas el “Calentamiento” antes de la fiesta y ya se les veía muy pasados de copas.
– ¿Quieren llamarse Mike? – Preguntó Zack, que al igual que nosotras se había quedado mirándolos a todos. – Bueno… de cualquier forma es una penitencia muy cruel… oigan… gracias por venir… para serles sinceros hice un pequeño análisis mental con ello…
– ¿Cómo es eso? –Pregunté.
– Bueno… no importa… ¿Vamos al agua? Solo les digo que en media hora el lugar estará lleno de gente y probablemente no haya mucho espacio para nadar sin ser toqueteados, así que el momento es ahora…
– ¡Aquí están sus arizonas chicas! – Gritó Junior, que llegó a espaldas de Zack y nos entregó a cada una nuestra bebida. – ¿Por qué se quedaron aquí? ¿Quieren llamarse Mike?
Junior posó su brazo con camaradería sobre el hombro de Zack y ambos nos miraron, sonrientes, como esperando nuestra aprobación para bailar una pieza con ellos.
– Eh… está bien… vayamos a nadar un rato. – Respondí.
El jardín trasero de la casa de Zack era todavía más espectacular, su piscina, para empezar, era un enorme rectángulo que ocupaba la mitad del terreno, en el otro extremo había varias mesas y sillas y un extravagante sistema de sonido conectado a una rocola muy parecida a las que hacían en los 60´s, todo esto, posado sobre un precioso césped oscuro sin rastro de hierbas rebeldes o rompimientos del terreno, o Zack y su familia contrataban un gran jardinero… o sus padres tenían bastante tiempo libre.
Karla y yo nos apoderamos de una de las mesas, donde pusimos nuestros bolsos, justo nos disponíamos a prepararnos a entrar cuando Zack se nos acercó nuevamente.
– Bueno… si yo fuera ustedes pondría sus cosas en el piso de arriba, la gente ebria es muy estúpida y pueden robarles algo o dañárselas o algo… ¿Por qué no suben y las dejan en mi habitación? Ya si necesitan algo solo suben y está hecho.
– Creí que no estaba permitido subir al piso de arriba – Murmuré, nerviosa.
– Ustedes serán la excepción a esa regla, vamos, no sean tímidas, mi cuarto está justo a la derecha al subir las escaleras, pero nada de espiar ni de sembrar sustancias ilícitas en mis calcetines, ¿Eh? Ya he estado en eso, no funcionará.
Ambas soltamos una risita nerviosa y tras ser amablemente conducidas por un caballeroso ademán de Zack, subimos por las escaleras y nos adentramos en la oscura habitación que se encontraba a la derecha, era una habitación bastante común en realidad, una computadora de escritorio, una cama personal con un tiro al blanco de dardos como adorno en la cabecera, una televisión en el suelo con una consola de juegos conectada y detrás de la misma, un closet de madera, encendimos la luz para poder sacar las cosas de nuestros bolsos.
– Bueno… no hay armas… ni mujeres…
– Quizá hiciste mal al juzgarlo tan pronto, Karla… estoy muy decepcionada de ti.
– ¡Si hay alguien que le ha juzgado esa has sido tú! Pero en fin, dejemos todo aquí menos las toallas.
– Me da miedo quitarme el pareo  – Murmuré.
– ¿Estás bromeando? –Preguntó Karla. – La niña estuvo varias horas viendo trajes y no quiso comprar nada aparte del traje de baño y el pareo aunque yo le recomendé que pusiera un short o algo así… ¡Pero no! Ella dijo “No, porque el pareo se ve súper lindo y quiero usarlo toda la noche”
– Eso era antes de ver que habría tantos chicos… y ese tal Oliver me da miedito…
– Por cierto, ¿Qué guapo está, verdad?
– Si, pero me da miedo como me ve… por eso mejor no me meto a nadar…
– ¡No seas payasa, Ellie! – Riñó Karla. – Mira, si quieres, quítate el pareo y la blusa aquí y te vas envuelta en la toalla, luego dejas la toalla en la cerca y te metes rápido a la piscina… así tendrá muy poco tiempo de verte…
– Pero igual me verá… – Murmuré, angustiada.
–… Dios mío… debí saber que esto pasaría… ¡Debí tomar un short de tú habitación y echarlo en mi bolso a escondidas por si acaso!
Alguien comenzó a tocar la puerta de la habitación, tanto Karla como yo nos sobresaltamos.
– ¿Están visibles? –Preguntó Zack, sin siquiera fintar con abrir la puerta.
– Sí –Respondió Karla.
– Eh, bien…
Zack, que ahora llevaba su llamativo torso desnudo, abrió la puerta y entró en la habitación, en sus brazos sostenía un short de tela color verde opaco, me lo ofreció amablemente.
– Eh… no pude evitar escucharlas cuando venía a preguntarles si estaban listas así que le pedí esto a mi mamá… quizás no es lo más in en la moda pero creo que con esto te sentirás un poco más cómoda, ¿No?
– Ah… G… Gracias… me has salvado…
– No importa, no importa, el caso es que se sientan como en su casa, si una fiesta deja de ser divertida para alguien y se vuelve algo incomodo entonces deja de ser una fiesta, bueno… las dejo prepararse, nos vemos abajo.

Zack cerró la puerta y bajó las escaleras con una velocidad olímpica, tanto así que sus pasos se escucharon hasta el último momento, Karla me miró con una sonrisa pretenciosa.
– Cállate, Karla – Ordené. – No quiero oírte en este momento.
– Pero si no he dicho nada… – Murmuró, en tono inocente, sin dejar de mirarme con provocación.
– ¡Tú mirada lo dice todo!
Pasados unos minutos finalmente bajamos para unirnos con el resto, ahora la rocola estaba encendida y tocaba “Pump it – Black eyed peas”, Helena, Blake, Junior, Oliver, Anna y Zack cantaban dentro de la piscina, saltando y bailando alegremente, mientras que Nahomi y Mike charlaban a la orilla, con solo sus pies dentro del agua.
En esta ocasión fue simple para mí meterme dentro del agua, pues con la ombliguera blanca que de mala gana me había prestado Chelsea y con el short de la mamá de Zack ya estaba bien cubierta, aunque este último me quedaba algo largo, pues quedaba justo debajo de mis rodillas.
El agua estaba tibia, por lo que rápidamente empecé a desplazarme de un lado a otro con mi muy personal estilo de nado, que es una interesante combinación del nado de perrito con el elegante estilo mariposa, mientras exploraba tímidamente en el sector solitario de la piscina, me topé con el escape del agua, que lanzó un calientito y agradable masaje a mi cadera, decidí plantar raíces en ese lugar, así que me recargué en la pared.
– No sabes lo delicioso que se siente, Karla… ¿Karla?
Como si pudiera sorprenderme, Karla ahora se encontraba charlando animadamente con Junior, que se movía de un lado a otro, contándole una historia aparentemente fascinante.
– Bueno… diviértete, te lo mereces. – Murmuré.
– ¿Por qué tan sola? –Preguntó de pronto Zack, que sin darme cuenta, había nadado hasta mi posición y se había recargado a mi lado.
– Karla está muy bien acompañada… así que no quiero hacer mal tercio – Expliqué, mirando a donde mi buena amiga asentía fascinada a cada comentario de Junior.
– Se llevan demasiado bien… ¿Sabes? Junior no deja de hablar de ella… es la primera vez que le veo así por una chica… el resto le son indiferentes.
– Karla es especial – Murmuré, sonriente.
– Ellie…
Zack tenía la cabeza gacha, mirando su reflejo en el agua iluminado por la luz de la luna en su máximo esplendor, el blanco de su puro rostro se iluminaba con claridad debido a las delicadas gotas de agua que se deslizaban por su rostro y cabello.
– ¿Qué pasa, Zack? – Pregunté, tratando de igualar su seriedad.
– Escúchame… yo… no puedo pedirte que me perdones por haber llevado con nosotros a tú hermana… estoy consciente de que hice mal y entiendo en serio que eso te moleste… pero me gustaría decirte que eso no volverá a ocurrir… cuando vi la forma en que la defendías… no sabes lo mal que me sentí… ni siquiera cuando mi madre me regaña me he sentido tan mal… y mira que me regaña todo el tiempo… el caso es que… prometo no volver a darle malas influencias a tú hermana…
¿Es que Zack trataba de hacer una escala histórica en mi nivel de impresión? ¿Buscaba subir de criminal peligroso y sin remedio a chico lindo en menos de una semana? Quiero decir… ¿Cómo era posible que siendo él quien hizo reaccionar a mi hermana en un par de días, cuando yo solo había hecho poco más que empeorar las cosas, se disculpara por ello? ¿Y encima con un rostro tan encantador e indefenso? No fui capaz de responderle, pues no se me ocurría alguna palabra que explicara lo que sentía en ese momento, por la mera necesidad de hacerle saber que le perdonaba y que le agradecía, extendí mi mano y la posé sobre su hombro, girándola en círculos un par de segundos, era agradable palpar su firmeza.
Zack me dedicó una agradable sonrisa de alivio, gesto que justo estaba por devolverle cuando la canción se terminó, las palabras de Helena se vieron rebeladas una vez la cortina musical desapareció del ambiente.
–… Seguro tiene cicatrices por todos lados para meterse al agua como abuelita.
Aunque fue bajando la voz conforme la oración fue avanzando, el daño estaba hecho, claramente Helena estaba burlándose de mi con Oliver, Blake y Anna, que ahora guardaban silencio y trataban de disimular lo ocurrido hace unos instantes, jugando con la pelota de playa.
No se podía evitar, Helena, que llevaba sin vergüenza su lindo traje de baño de dos piezas color azul cielo que le daba justicia total a sus impresionantes atributos, ya con anterioridad me había demostrado ser del tipo de persona criticona e intolerante, era imposible imaginarme una adolescencia sin toparme con personas de ese tipo, más aún siendo yo una animadora.
Zack me miró con miedo y sorpresa, en ese momento me encontraba avergonzada y ofendida, por lo que bajé la mirada, con inseguridad, en respuesta a esto, Zack se dio la vuelta y lentamente comenzó a caminar para encarar a Helena, ¿Planeaba encarar a la sub capitana de las animadoras por un simple comentario ofensivo a una chica de primer año? Sí hacía esto, sin dudas se le cerrarían varias puertas, incluso, tal vez varios miembros del equipo de football buscarían entrar en pleitos con él por ello; no conocía a Zack lo suficiente, más con lo poco que conocía, estaba segura de que era el tipo de persona al que le importaba un mundo lo que los demás pensaran, después de todo lo demostrado esta noche, no podía permitirle arriesgar tanto por mi pánico.
– ¡Espera Zack! – Grité, todos, incluyendo a Helena, desviaron la mirada hasta donde yo me encontraba, era el momento preciso para actuar. – Antes de ir a jugar déjame quitarme la playera y el short para estar más cómoda.
No esperé a que Zack respondiera, apoyé mis brazos en la orilla de la piscina y con un salto sencillo salí del agua, empapada, una vez fuera corrí hasta la cerca donde había dejado mi toalla y levantando los brazos me deshice de la ombliguera, y con un simple movimiento de caderas me quité el short verde opaco, todavía tenía la mirada de todos clavada, dirigí mi vista hasta Zack, que estaba boquiabierto y le guiñé un ojo, luego corrí de vuelta hasta la piscina y pegué un elegante clavado para entrar con estilo de vuelta al juego, mientras me quitaba el agua de los ojos pude ver la mirada ofendida de Helena, que se quedó callada en una orilla.
– Ellie, vaya… wow... Ellie... vaya... – Murmuró Zack, que aún seguía boquiabierto de la sorpresa. – No era necesario que hicieras eso.
– Bueno… tampoco era necesario que fueras a regañarla por ello… pero ambos intentamos hacer cosas innecesarias.
– Entonces… ¿Quieres ir a jugar a la pelota un rato? ¡Te enseñaré a golpear como un Mosh lo hace!
– Vamos. – Acepté.
Un rato más tarde, Junior tomó el papel de guardia en la entrada, pues los invitados comenzaron a llegar, el formato era simple: tocaba el timbre, si traían pulsera pasaban, si no, se iban, cuando menos nos dimos cuenta, la piscina estaba ya repleta de chicas y chicos, mayormente chicas, por cierto.
– He escuchado en un comercial que en todas las fiestas hay 3 veces más hombres que mujeres… – Mencionó Karla, mientras bebíamos nuestros arizonas ya fuera de la ahora abarrotada piscina y con mi hermoso pareo largo atado a la cintura. – Pero aquí hay demasiadas boobies, aunque eso es mejor, ¿No? Al menos así no van a acosarnos ni nada…
– Lo prefiero así – Admití. – La verdad cuando los hombres intentan coquetear conmigo no encuentro la forma de decirles que se vayan y termino charlando con ellos hasta que creen que estoy dispuesta a besarlos y se ponen pegajosos y… ¡No! ¡Odio eso!
– Hablando de coquetear… – Comentó Karla. – ¡Te viste demasiado genial y atrevida hace un rato! ¡Puedo jurar que Zack estaba a punto de echar a Helena de la fiesta!
– ¡No lo hice por coqueta! Pero no quería que se echara a perder la fiesta por mi traje de baño de abuelita así que…
– Así que ombliguera fuera por el resto de la noche, ¿Eh?
– Al menos hasta que se seque… aunque ya no me da vergüenza…
– Bueno, no importa… te ves espectacular así, y creo que Zack también lo piensa así.
– ¡Deja de presionar ese botón, empieza a perder impacto!
 – Oye… mira, hablando del rey de roma… estos no se cansan de excentricidades…
La canción que estaba tocando la rocola en ese momento se detuvo y empezó una melodía mexicana del género mariachi cuyo nombre desconocía, así como todo el género en sí.
Montado en hombros de Junior y con un sombrero de mariachi en la cabeza, Zack hizo aparición entre aplausos por parte de todos los invitados, en sus manos llevaba un par de botellas de cristal, detrás de ellos iba Anna, que cargaba con otras dos botellas y finalmente estaba Mike, que caminaba en 4 patas con Nahomi sentada sobre su espalda y con otras dos botellas en sus manos.
– ¡SEÑORAS Y SEÑORES! ¡MI NOMBRE ES ZACK JOSÉ MOSH! ¡Y HOY, GRACIAS A CIERTO PETARDO CALVO CUYO NOMBRE NO MENCIONARÉ PORQUE NO ME DA LA GANA, LES TRAÍGO 6 BOTELLAS DEL MEJOR TEQUILA DE TODO MEXICO! ¡IMPORTADA DIRECTAMENTE DESDE LA VECINA REPUBLICA DE TIJUANA, DONDE EL CALOR ES INFERNAL PERO AJUA QUE TEQUILA SE AVIENTAN! ¡Señoras y señores, les presento al hermoso tequila José Cuervo reserva de familia y a su hermano mayor José cuervo 250 aniversario en sabor caramelo y chocolate!
Hubo aplausos de emoción por parte de todos, que miraban con ansiedad y antojo a las botellas, ¿Qué tenía de especial?
– ¡Entonces… ¿Quién nos echa porras a mí y a mis camaradas en el primer shot de la noche?!
La gran mayoría salieron de la piscina y corrieron hasta donde se encontraba Zack, que abrió la primera botella y sirvió el líquido a 5 vasitos, estos fueron tomados por Junior, Anna, Nahomi, Mike y Zack, que tras formar un círculo chocaron los cristales de sus recipientes y se bebieron el líquido de un solo trago.
– ¡¿AHORA QUIEN SIGUE?! – Gritó Zack, alterando a todos los presentes, que se peleaban por tomar uno de los vasitos.
– Vaya, no sabía que el tequila fuera tan popular… – Murmuré.
– Bueno… solo puedo decir “Viva México, cabrones” – Respondió Karla, orgullosa.
Era bastante divertido ver como todos festejaban como si fuese una fiesta de fin de curso, por momentos, incluso cargaron a Zack y a Junior en brazos, sin embargo, dentro de esta escena poco a poco Zack fue perdiendo protagonismo, no dejaba de mirar a través de la puerta de cristal corrediza, hasta que de pronto, finalmente entró dentro de su casa, sin siquiera volverse a mirar a la exitosa fiesta que habría logrado organizar.
– Karla… debo ir al baño… ya vengo – anuncié.
Dando pasitos veloces entré a la casa de Zack, no se veía por ningún lado, en los sillones, dentro de la casa solo había un par de parejas besándose, el resto estaba afuera, disfrutando del ambiente, ¿Qué perturbaba a Zack entonces?
Fue entonces que lo noté, la puerta de la entrada principal de la casa de Zack estaba medio abierta, seguro estaba ahí.
Abrí la puerta con lentitud, solo pude ver un par de piernas como bailando en la lejanía, al abrir un poco más la puerta me quedé helada totalmente.
Un hombre algo pasado de peso con cabellos negros y canosos, con bigote de cepillo que vestía con una camisa roja y un pantalón de tela marrón sostenía a Zack del cabello, quien con furia trataba de liberarse de su aprisionamiento, el hombre, concediéndole la libertad a Zack lo lanzó al suelo, Zack se puso de pie y pateó al hombre, que casi pierde el equilibrio, el hombre, furioso le pegó un puñetazo de lleno en el rostro a Zack, que cayó al suelo, incapaz de moverse.
– ¡ZACK! – Grité. – ¡DEJELO! ¡LARGUESE!
Corrí hasta donde Zack se encontraba, al verme, el hombre se fue caminando con indiferencia a la situación, para después subirse en un tsuru negro y alejarse del lugar, Zack sangraba de la nariz y tenía los ojos cerrados, me arrodille frente a él y traté de hacerle reaccionar.
– ¡ZACK! ¡ZACK!

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