Lo Último

8 jul. 2011

¡Amo a mi esposa! (Creo) (25/??)

Sobre la visita de Junior al museo, sobre el chico del mohawk con el brazo roto y sobre los otros amigos de Ruth (Zack)


(2005, Texas)
– Entonces… ¿Qué pasó cuando me fui? – Pregunté, pasmado en la entrada ante la peculiar pintura que se plantaba ante mis ojos.
– Bueno… – Murmuró Anna, que estaba tirada en el suelo y por alguna razón llevaba una diadema con cuernos de reno en la cabeza. – Según yo nunca te fuiste… ¿Estuvimos celebrando toda la noche, no?
– Anna… eso es imposible – Expliqué. – Son las 2 de la mañana, vengo llegando del hospital y la fiesta continua, Te das cuenta de que estás tirada en mi entrada ¿Cierto?
– ¡No, estúpido! ¡Tú estás tirado en mi entrada! – Respondió ella, acusándome con severidad y apuntándome con su tambaleante dedo índice.
– No, de hecho estoy bastante seguro de que eres tú quien está tirada en mi entrada… ¿Qué haces aquí para empezar?
– ¡Estoy tirándome a Blake Turner, cierra la puerta!
– Ah… bueno… entonces no te interrumpo ni a ti ni a tu Blake imaginario más… ¿Dónde está Junior?
– ¡Oh, Blake, picarón! – Respondió ella, dando por finalizada nuestra conversación.
Me encogí de hombros, no tenía caso hablar con ella en ese estado, por lo que seguí mi camino brincándola con elegancia, aún quedaban algunos invitados en la piscina y otros más gritando frente a la rocola, en medio de ellos estaba Junior bailando el sonidito con Karla, por alguna razón…  mi amigo tenía puesta una peluca negra.
– Hey, hermano – Saludé. – ¡¿Por qué la peluca?!
– ¡HERMANOOOOOOOOOOO!  – Gritó Junior, dándome la bienvenida con un maternal abrazo. – ¡¿Cómo estás?! ¡¿Sobreviviste?!
– Eh… si, no te preocupes… eh… Karla… la mamá de Ellie te está esperando afuera, supongo que estarás enojada porque te abandonamos aquí… lo siento.
– Ah, ¡gracias! – Exclamó Karla, mirándome con fascinación. – Espero hayas aprovechado esta oportunidad, en fin… ¡Gran fiesta, chicos, en serio, gracias por invitarnos! Zack, cuídate esas heridas, ¿Bien? ¡Nos vemos el lunes!
Karla se alejó de nosotros, dando pequeños saltitos sincronizados, excepto claro, al brincar a la borracha Anna de la entrada.
–  ¿Y bien? –  Pregunté. –  ¿Qué hay con la peluca?
–  Ah, ¿Esto? –  Preguntó Junior, mientras se la quitaba de la cabeza y dejaba a la vista su rubia cabellera. –  Estaba reemplazándote, así nadie te extrañaría, ¡Y funcionó! 
– ¡Hey, miren todos! – Gritó alguien desde la piscina. – ¡Junior ya ha vuelto del museo!
– Les dije que estaba en el museo. – Murmuró, sonriente.
– Ya veo – Repuse. – En fin, veo que todo fue un éxito después de todo… ¿Dónde están Mike y Nahomi?
– Eh… parece que se han ido hace unas horas, solo me han dicho que nos verían mañana en casa de Nahomi para tú sabes qué, que se va a poner ya sabes cómo… en ya sabes donde… en casa de Nahomi… si… es secreto… Oye… ¿Dónde estoy? ¡Esta no es mi casa! ¿Quién eres tú?
– Soy Zack Mosh
–  Ah cierto, ¿Cómo has estado hermano? Me dijo Karla que le dijo Ellie que te habían llevado al hospital, ¿Qué pasó?
– Un ladrón entró a la casa… y lo saqué… y me pateó el trasero… pero ni hablar, ¿Eh? Así son los ladrones de hoy en día
– Malditos ladrones – Se quejó Junior. – A mi papá la semana pasada le enviaron su llamado a pagar los impuestos, ¡Malditos ladrones de Washington!
– Bueno… creo que estamos hablando de ladrones distintos, pero el punto es que estoy bien, me re-acomodaron la nariz con la mano y me dolió mucho pero de ahí en más son solo unos rasguñitos y tallones…
– Y te arañó las mejillas… – Observó, analista. – Que ladrón tan peculiarmente afeminado… ¿No?
– Eh… en realidad… bueno… no importa… ¡¿Quieres seguir festejando hermano?!
– ¡Venga! – Exclamó. – ¡¿Quieres ver si Anna como está ahora sobreviviría si la lanzamos a la piscina?!
– ¡Voy por ella!
Y fue así que la primera fiesta de Zack Mosh como nuevo monarca Mosh llegó a su fin, tal y como quedó planeado, superó a la primera fiesta de mi hermano Bruno con creces y según recuerdo, fue mejor que la de Chris, por lo que al menos por ahora, podía dormir tranquilo, al menos claro, hasta el momento de manejar lo que seguía después, que era claramente las buenas y las malas compañías.
Era necesario aparentar humildad y sencillez, a los de tipo común no les gusta la gente presumida o que se siente superior, por lo que una actitud alivianada y amigable con todos iba a ser necesaria, tendría que hacer el estomago duro al saludar a los nerds para no insultarles y tenía que dejar de lado las bromas de doble sentido para los miembros de la banda mientras estuviese en sus cercanías, (A menos claro, que alguien de mayor jerarquía social estuviese en los alrededores, en cuyo caso, probablemente tendría que reducirlos a polvo) todo era cuestión de imagen, todo era cuestión de apegarme a un escudo, y una vez apegado a este mismo todo iría bien.
– ¡Cabrón, despiértate! – Ordenó Anna, preferí ignorarla y darme la vuelta para seguir durmiendo, claramente fue una mala elección, pues acto seguido me pellizcó el hombro al más puro estilo de Don Ramón, me levanté violentamente buscando una explicación, Anna no llevaba puestos sus lentes, su cabello estaba hecho un desastre e iba vestida con una camiseta mía color gris que le quedaba como un vestido corto, si omitimos su cara de recién despertada, se veía bastante bien; mi buena amiga y fiel compañera estaba arrodillada en el lado libre de la cama que anteriormente estaba ocupado por Junior.
– ¿Por qué traes eso puesto? – Pregunté, enjugándome los ojos. – Quería ponerme esa playera hoy, ¿Sabes?
– La necesitaba para poder dormir cómoda, no seas nena.
– ¿Te quedaste a dormir aquí? – Pregunté, acurrucándome de nuevo bajo las cobijas. – Vaya que tienes agallas… en fin… buenas noches… siéntete como en tú casa.
– ¡Por supuesto que dormí aquí! Cuando la fiesta terminó ya era prácticamente de día, así que hice lo que toda chica hubiera hecho…
– ¿Fuiste a dormir con mi hermana?
– No… envié a Junior a dormir en la bañera y dormí aquí, la cama de tú hermana es demasiado pequeña.
– Ah, ¿Ya dormimos juntos? En ese caso hazme de desayunar, tú hombre tiene hambre.
– Bueno, si al dormir juntos el hombre no es capaz de siquiera recibir algo a cambio no vale, así que vete a la mierda.
– ¿Sabes? Al despertar iba a molestar a Junior diciéndole que roncaba mucho, pero al final resultaste ser tú… con esa forma de dormir y esa forma de tratar a tú hombre no vas a conseguir espo…
– ¡Ya deja de decir estupideces! – Gritó, mientras me soltaba un coscorrón súper cargado de ira. – Y levántate que ya es hora de arreglarnos para lo de Nahomi.
Me levanté con seriedad y la miré con enojo, ella se quedó quieta, como pensando que se había pasado de tono al golpearme y que quizá me había hecho enojar, aproveché ese momento de incertidumbre para guiñarle un ojo y sonreírle cual estrella de telenovela, eso la hizo reírse como loca por varios segundos y por alguna razón terminamos nuevamente en lo mismo apenas su risa se detuvo: ella golpeándome en la espalda mientras yo imploraba por piedad.
– ¡Para que aprendas a no decir nada sobre mis ronquidos! ¿Sabes? ¡Hay miles de personas que estarían encantadas de escucharlos con tal de dormir conmigo y tú no lo has apreciado!
– ¡Ouch! ¡Espera, espera, espera! ¿No lo sabes?
– ¿Qué cosa? – Preguntó, deteniendo su castigo.
– Bueno… voy a llegar un poco tarde a lo de Nahomi porque tengo que volver al hospital por unas radiografías, así que los veré por ahí.
Nahomi, haciendo uso de toda la ternura y amabilidad que la caracteriza, nos pidió amablemente que fuésemos a su casa el día después de la fiesta, diciéndonos que cocinaría algo y que tendría sorpresas para todos, esto era algo así como una ceremonia muy importante para Nahomi, pues era su forma de aceptarnos como entrañables amigos de toda la vida, es esa clase de eventos que en caso de que se te ocurra no presentarte, quedarás tachado como un malnacido sin sentimientos de amistad por el resto de la vida.
– Eres un malnacido sin sentimientos de amistad, ¿Verdad? – Cuestionó, con una mirada acusadora. – ¡Esto significa mucho para ella!
– Lo sé, es por eso que no tardaré mucho… prometo llegar ahí a tiempo, solo recibo las cosas esas y las llevo a casa y me lanzo más rápido que Speedy Gonzales a casa de nuestra madre adoptiva, ¿Bien?
– Bueno… pero no quiero que llegues tarde, Mosh, porque aunque ella te perdone por ser tierna, yo nunca lo haré.
Anna me miraba con seriedad, presioné sus mejillas para que hiciera un gesto gracioso.
– Tranquila, estaré a tiempo… entonces, ¿Vas a irte a arreglar a tú casa o te irás así como estás vestida?
– Ah, no te preocupes por eso, traje conmigo un cambio de ropa, solo tengo que ducharme y listo…
– ¿Quieres que nos duchemos juntos? – Desafié.
– Depende… ¿Quieres una depilada a lo Anna?
– ¿Cómo es una depilada a lo Anna?
– Bueno… básicamente consiste en tomar una mata de pelo en cierto lugar de tú cuerpo y arrancarlo con la mano, si eres capaz de resistir esta peculiar técnica de depilado dejaré que tomes esa ducha conmigo, ¿Qué dices?
– Yo digo que estamos en una época de nuestra juventud donde la abstinencia es nuestra mayor herramienta, por ahora me conformaré con la dulce imagen de ti vistiendo una playera mía con solo tú traje de baño debajo mientras me golpeas en mi cama.
Una hora y una paliza después, Anna, Junior y yo ya estábamos listos, como Junior llevaba con él el auto de su padre, me dio un aventón amablemente hasta el hospital Starco, que justo quedaba frente al centro comercial donde había quedado con Ellie, a la hora de ocultar mentirillas piadosas, el talento de Junior de deducir hasta la más inimaginable situación era infinitamente útil.
– Recuerda llamarme por toda novedad. – Recordó Anna, me limite a asentir con la cabeza antes de cerrar la puerta y entrar al hospital.
Sencillo y primario plan perfecto, todo lo que tenía que hacer era esperar unos instantes dentro del hospital, salir, cruzar la calle y entrar al centro comercial, haciendo este sencillo procedimiento me ahorraba más o menos 500 insultos de Anna distribuidos en unas 3 o 4 horas de discusión en la que probablemente habrían varios golpes de por medio, en el estado en que me encontraba, salir golpeado era lo peor que me podía pasar, más aún si planeaba vivir de mi rostro en un futuro.
Espere un par de minutos y después salí a la calle para cruzar al otro extremo, tal como mi plan lo sugería, sin embargo, Dios parecía estar algo aburrido y con ganas de torturarme un poco, pues en el semáforo frente al hospital se encontraba el auto de Junior detenido y con el cofre abierto, aparentemente el auto se había averiado y Junior luchaba por hacerlo funcionar mientras que Anna se quedaba recostada cómodamente en el asiento del copiloto.
– No me ha visto – Pensé, aliviado. – Bien… entonces solo tengo que cruzar sin que me…
– ¡ZACK! – Exclamó apenas puse el pie derecho en la carretera, con una vocecita endemoniadamente atemorizante. – ¡¿A DÓNDE VAS, CABRÓN?!  ¡¿NOS MENTISTE VERDAD HIJO DE PUTA?!
Mi madre solía decir “El flojo trabaja doble” todo el tiempo, esta reflexión se refería a que cuando hacías algo de forma rápida y sin dedicación este algo terminaba sin funcionar, por lo que tendrías que hacerlo de nuevo, trabajando doble, al ser yo tan flojo al no explicarle a Anna lo que ocurría en realidad, me había ganado trabajar el doble, quizá el triple, explicándole lo que ocurría.
– Bueno… – Murmuré. – Nunca le hago caso a mi madre de cualquier forma…
 En contra a los pronósticos, corrí en dirección al centro comercial, esquivando autos conforme iban pasando y cruzando la calle al más puro estilo de los campesinos del sureste: ignorando los señalamientos de transito y poniendo en riesgo mi vida.
– ¡A DONDE COÑO CREES QUE VAS! – Gritó nuevamente, no me atreví a girar la cabeza, por un momento me sentí en una película de jurasic park, huyendo por mi vida antes de convertirme en filete de una criatura altamente violenta.
Una vez llegué al centro comercial me perdí entre la gente (Por si se le ocurría seguirme hasta adentro), no pasó mucho tiempo para que un mensaje de texto llegara a mi bandeja, el contenido de este era “Si lastimas a Nahomi te voy a arrancar las pelotas”, el autor de semejante poema… bueno, eso es obvio.
– En fin… – Murmuré, encaminándome a mi reunión con Ellie.
Habíamos quedado vernos frente a uno de los 5 Starbucks ubicados dentro del centro comercial, más había olvidado cual de todos era, por lo que tuve que recorrer uno por uno, buscando una linda cabellera rubia, por supuesto, estando en estados unidos esto se volvió quizá como encontrar una aguja en un pajar, aunque igual no tardé tanto en dar con ella, lastimosamente, no estaba sola.
Ellie charlaba con un chico alto y fornido que iba peinado con un mohawk al ras, este llevaba un parche en un ojo, la nariz vendada y su brazo derecho enyesado, en caso de que la descripción no haya sido suficiente para ustedes, se trataba de Rocko.
Me acerqué con naturalidad hasta donde Ellie estaba, que me miró con notorio nerviosismo, cuando se dio cuenta de que la había sorprendido hablando con ese sujeto, recordé las palabras que me dedicó apenas la noche anterior, acerca de que la violencia era mala y que no traía nada bueno, claramente ella odiaba toda acción que pudiera lastimar a alguien, por lo que en vez de lanzarle la bronca a Rocko, sencillamente le fulminé con la mirada, indicándole que era hora de que se alejara.
– Hey – Saludé a Ellie, dedicándole una sonrisa de oreja a oreja. – Ya he llegado, lamento la tardanza, es solo que olvidé el Starbucks en que habíamos quedado…
– Ah, no te preocupes – Respondió, sonriente y agradecida por mi nada violenta reacción. – No ha sido tanta la espera… ¿Cómo estás?
– Bueno… yo me voy… – Murmuró Rocko, que sin esperar respuesta, se alejó subiendo las escaleras automáticas que estaban al frente, tuve que tragarme las ganas de decirle “Así me gusta… que me tengas miedo, perro traidor”.
Ellie miraba al suelo, con nerviosismo, aparentemente temerosa a no encontrar rápidamente un tema de conversación para así evitar el incomodo silencio.
–… Eh… él… él estaba perdido… y como lo había visto ya antes de la escuela me pidió ayuda…
Interesante e innecesaria explicación, por alguna razón, Ellie consideró que era necesario darme una explicación para que estuviese charlando con Rocko, lo cual dejaba en claro, nuevamente, que en verdad estaba interesada en mi amistad, y por tal, se esforzaba en no darme molestias innecesarias, ya le explicaría después con sutilezas e indirectas que en realidad no era necesario ocultar sus amistades con personas que no fuesen de mi total agrado, después de todo ella era entrañable amiga del perdedor de “Stebebé”, que era uno de los que más sufrirían mi reinado, pues por buscar ir en contra de nuestra corriente, se había ganado 3 años de tierno bullying escolar.
– Ah, ya veo – Respondí. – Pero bueno, dejando eso de lado… ¿Cómo estás? Me alegra que hayas venido… ¿Sabes? Yo tuve bastantes complicaciones a la hora de llegar aquí…
– ¿En serio? – Preguntó, mirándome con interés. – ¿No te quería dejar venir tú mamá por la fiesta de ayer o por los golpes? ¿O pasó algo más…?
– Ah… no tienes idea… aunque ahora que me lo recuerdas… no limpiamos nada y estoy casi seguro de que en la piscina vi flotando una figura de madera de un oso de un metro de altura… en fin, ¿Quieres ir a comprar un café? Hoy invito yo.













(2010, Los Ángeles)
–… Y luego la llevé al parque por el que pasamos cuando volvíamos de la convención, ya sabes, donde contaste ese cuento tan hermoso… ahí nos quedamos una hora más o menos y volvimos tranquilamente al departamento… fue genial.
– ¡Vaya! – Exclamó, sonriente. – Veo que pese a la cara de macho men que te cargas sí que sabes hacer feliz a una mujer, ¿No? Bien por ti, Mosh.
– ¿Cara de Macho? – Pregunté, con reproche. – ¡Soy un caballero en toda extensión de la palabra!
– ¿Será? No tengo pruebas para negártelo… pero si es así bien por ti, igual, me parece tierno de tú parte, si gustas puedo darte consejos de otros lugares para salir, ¿Quieres?
– Me parecería excelente – Respondí. – ¿Qué mejor que una chica de LA para decirme que es bueno? Digo, siempre y cuando no me recomiendes esos carros de comida rápida de dos distintas culturas unidas en uno solo… tú sabes…
– ¡Por supuesto que no te llevaré a esos lugares tan deliciosos pero endemoniadamente poco elegantes y carentes de higiene! – Exclamó. – ¡No voy a esos lugares cuando me invitan en una cita! De hecho… sé que parecerá difícil de creer pero soy algo así como una experta en el gourmet… sea lo que sea esa cosa.
Ruth y yo caminábamos juntos por la mañana por primera vez, a partir de los siguientes días, yo sería el encargado de abrir el local todas las mañanas, por lo que ahora tendría que entrar un par de horas antes, Ruth y yo aprovechamos esto para caminar juntos un largo sendero hasta que nuestros caminos se separaban un par de cuadras antes de llegar a nuestros respectivos destinos, ella a la escuela… y yo al impopular negocio de freaks.
Ruth, como siempre, lucía resplandeciente, su inamovible aura de felicidad era como una esfera que la cubría a ella y a su entorno, donde quiera que se plantara, esta aura terminaba contagiándose a aquellos que rosaran con ella, sencillamente por esto me encantaba la idea de caminar con ella, ya con solo verla unos minutos era una carga de batería.
– Bien, te creo – Asentí. – ¿Qué lugares me recomiendas y donde están?
– Bueno, hay un restaurante vegetariano bastante bueno en la avenida Rowland que…
– Espera… – Interrumpí. – Después de todo creo que es imposible… no conozco las calles... ¿Qué te parece si al salir del trabajo te espero a tú salida y me llevas a alguno de esos lugares? Hoy solo te tocan 5 horas, ¿Cierto? Prometo recompensarte con un vaso de tepache.
– ¡YA RUGISTE, LEON! – Exclamó. – ¡Y TEPACHE DEL BUENO! ¡¿Eh?! Aunque…
– ¿Aunque? – Pregunté.
– Bueno… había quedado con tres amigos para ir a emborracharnos al salir… ¿Sabes? ¡Todos los lunes en un restaurante de mariscos te regalan una orden de tacos de pescado por cada trago que pides!  ¡Así que vamos a llenar nuestro organismo de carne marina y alcohol! Entonces, ¿Te importa si se vienen con nosotros al salir? Así ya cuando te muestre donde es el lugar nos separamos y cada quien para su casa… bueno, tú para tú casa y yo a emborracharme.
– Eh… – Balbuceé. – Claro… claro, no importa, está bien por mí…
Desde mi llegada a Los Ángeles, Ruth siempre estuvo a mi lado, dispuesta a acompañarme a distintos lugares y siempre mostrándose alegre y natural tal cual era, sin embargo, pese a ser conocedor yo de su impresionante actitud positiva, nunca llegué a pensar en que obviamente tendría otros cientos de amigos, a los cuales seguramente trataba con la misma buena vibra y camaradería con la que me trataba a mí, e incluso mejor aún.
¿Por qué me entristecía? ¿Qué era esta sensación de inconformidad y traición? Bien, la explicación a esta peculiar sensación en el pecho reside dentro de una palabra de 5 letras y dos silabas, “Celos”, por más increíble que se escuche, yo estaba celoso de que Ruth tuviese otras amistades además de la mía, ¿Era eso ser egoísta? Por supuesto, ¿Estaba mal? Claro… ¿Tenía derecho? Para nada… y sin embargo, estaba dispuesto a conservar este sentimiento como una medalla de guerra.
– Y dime… ¿Quiénes son estos amigos de los que estás hablándome?
– ¿Huh? – Respondió, mirándome con los ojos muy abiertos y dedicándome una mueca curiosa.
– Ya sabes… eh… ¿Son amigos de la escuela o algo así?
– Eh… claro… dos de ellos están en mi escuela… el otro solo trabaja en el local de al lado vendiendo celulares pero…
– Ah… ya veo… – Interrumpí. – Y dime… son hombres o mujeres o…
– Uhm… bueno… – Esbozó, en un tono que reflejaba claramente incomodidad. – Iremos Ben, Dylan, Ginnie y yo, aunque Ginnie nos verá en el restaurante así que solo te acompañaremos Ben, Dylan y yo… no te preocupes, ¡Van a caerte bien! Ben es demasiado divertido y Dylan aunque parece que siempre está enojado es en realidad muy buen chico, ¡Juro que ustedes pueden hacerse grandes amigos!
Todo lo que escuchaba era blablabla, nunca pasó por mi mente la posibilidad de que al tentar un poco con mis celos terminaría siendo golpeado duramente por una larga explicación de los mejores atributos de los grandiosos amigos de Ruth, era bastante frustrante el no poder silenciarla con el dedo índice y decirle “Hey, ¿Qué crees? ¡Me importa un pepino!, pues eso probablemente la haría enojar.
A todo esto, ¿Por qué me importaba tanto que Ruth tuviese otros amigos? ¿Me había malacostumbrado a tener siempre  a Junior, Anna, Rocko y demás a mi lado? No había otra explicación; en todo caso, eso me libraba de toda culpa (aunque no por ello estaba en lo correcto) y me limité a responder con asentimientos sin interés a cada comentario de Ruth.
– Bueno, aquí nos separamos señorito – Señaló Ruth. – Nos vemos en unas cuantas horas entonces, ¿Bien? ¿Por qué no pasas a tomar un café poco antes de salir? Yo te garantizo que la casa invita, así que no te preocupes.
– Por supuesto, entonces, ¡Adiós, mujer!
Fue bastante difícil mantenerme concentrado durante el trabajo, cometí el terrible error de en mi frustración remover el plástico protector de un par de números súper raros del capitán América, que según Ferguson, les habían costado más de la mitad del dinero recibido por el avión utilizado en la película de King Kong (Eso era bastante, bastante dinero), y alegando que al remover el plástico protector el valor decrecía en un 85% y que les había quitado un trozo de su existencia, me pidieron que me pusiera a jugar guitar hero en la esquina mientras ellos lloraban en su miseria, amablemente les hice caso, mejoré mis habilidades como rockero de juguete y desbloqueé varios escenarios, cuando me aburrí pasé a probar suerte en el FIFA 10, donde utilizando a la tremenda maquinaria ofensiva del Real Madrid goleé en repetidas ocasiones a un extraño equipo mexicano con pésimo gusto en uniformes llamado “América”, en total les anoté más de 100 goles.
Luego de humillar a esos troncos con pantaloncillos cortos por varias horas mi hora de salida llegó, al igual que la hora de ir a verme con Ruth en su trabajo, esta sería la primera vez en que la vería trabajando, y también la primera vez en que conocería a sus amigos, me puse bastante nervioso mientras subía por las escaleras, más el lindo ambiente familiar de la franquicia pirata “StarBrooks” me hizo sentirme como en casa apenas entré, una chica sonriente me invitó a tomar asiento en un sillón de piel, asegurándome que me estaban esperando, vaya mentirosa, jugando con los corazones de los clientes, pero igual me sentí feliz.
– ¿Desea algo en particular, amo? – Preguntó una voz conocida apenas me senté en el lugar indicado, Ruth me miraba con una juguetona sonrisa servicial, llevaba un delantal verde oscuro y una gorra del mismo color, llevaba también un pantalón de tela color negro y una camisa tipo polo color verde oscuro.
– Uh… bueno… me gustaría un tepache de piloncillo, ¿Tienen?
– Un expreso ultra cargado con escupitajo de la camarera entonces – Apuntó Ruth, mientras hacía lo propio en su libretita de notas. – ¿Quieres algo para leer mientras te lo traígo? Tenemos periódicos pasados y revistas de chismes de las mayores pseudo celebridades del globo.
– Me gustaría ver quienes se han operado recientemente… ¿Sabes? De hecho te apuesto $100 a que en esa lista está Angelina Jolie.
– Eso es trampa – Se quejó, llevándose sus manos a la cintura. – Angelina Jolie SIEMPRE está en esa lista… pero bueno, salgo hasta dentro de una hora pero pediré permiso de estarme un rato contigo, digo, ya que no hay clientes… espera un poco, ya te traigo tú súper café sin derecho a sobrecito de azúcar.
Unos minutos después, Ruth llegó cargando una muy pequeña taza con un líquido oscuro y caliente dentro, nunca fui muy bueno bebiendo café, soy de esos que gustan de echarle bastante leche y unas 55 cucharadas de azúcar por taza, esto para darle un excelente sabor a azúcar, por lo que me limité a hacerme tonto mientras charlábamos, fingiendo que bebía el contenido.
Ruth me comentó sus bases y fundamentos principales que la llevaban a estar enteramente convencida de que el camello era superior en todos los aspectos a su rival natural, el elefante.
–… Lo que digo es que el elefante es bueno, y tiene lo suyo… pero no puede competir con la capacidad de almacenar nutrientes por largos periodos de tiempo ni con sus pezuñas ultrarresistentes al calor, ¿Crees tú que un elefante soportaría un día en la playa con la arena caliente? ¡Yo no! Yo no…
– Ya veo… – Murmuré, arqueando la mirada. – Pero explícame algo nuevamente… ¿Por qué el camello es el rival natural del elefante? ¿No viven en distintos lugares?
– Ah, bueno, eso es cuestión de jerarquías, Zack… mira, te explico…
– Lamento la espera – Interrumpió una voz masculina a mi espalda, era un chico bastante delgaducho con el cabello castaño oscuro, relamido en un peinado de emo, vestía un pantalón de mezclilla entubado con un cinturón de placas metálicas, una playera negra sencilla que se ajustaba a si cuerpo y unos Evans, nos miraba con neutralidad. – Ya puedes ir a cambiarte, yo voy por Ben, que me acaba de enviar un texto.
– Ah, Dylan – Esbozó Ruth, poniéndose de pie. – Este es Zack, ya sabes, del que tanto te he hablado, ¿Recuerdas que te dije que hoy le mostraríamos un lugar antes de ir al taco fish?
– Si, lo recuerdo, hola.
El chico me miraba con un gesto neutro e indiferente, sin embargo tenía el ceño fruncido, esto me irritó bastante, era claro que era un sujeto serio y de pocas palabras y que no estaba interesado en lo más mínimo en entablar amistad conmigo, por lo que me limité a mirarlo con la misma seriedad.
– Hola. – Saludé.
– Bien, yo voy a cambiarme entonces – Anunció Ruth. – ¿Por qué no van juntos por Ben y ya vuelven en unos 5 minutos? Descuiden, prometo estar lista pronto.
Antes de irse, Ruth me tomó por el hombro y me agachó hasta su altura, para susurrarme al oído.
– Recuerda que es bastante serio pero eso no significa que esté enojado… solo… prométeme que no lo golpearás… y tampoco lo mirarás como hace un momento… debes comprender que las personas serias existen… hazlo por mí, ¿Sí?
– Bien. – Repuse, en tono de fastidio, por tal, Ruth me tomó una mejilla.
– ¡Por eso me caes súper! – Exclamó, antes de soltarme. – En fin, nos vemos en un ratito.
Miré como Ruth se alejó, después me di la vuelta para caminar a donde se encontraba el dichoso Ben, pero Dylan ya no estaba ahí, el amable, tierno, divertido y atento amigo de Ruth decidió que no era necesario esperarme y se había ido sin mí.
– Que se vaya a la mierda entonces. – Finalicé, tomando asiento nuevamente.
Unos cuantos minutos después, Ruth volvió a donde yo estaba, en esta ocasión vestida con unos pescadores, una playera de tirantes color amarilla y unas sandalias sencillas, su cabello estaba atado en una tierna coleta entrelazada, parecía 5 años más joven.
– Eh, ¿Y Dylan y Ben? – Preguntó, sentándose en el respaldo de mi sillón.
– Bueno… preferí esperarte para que no te sintieras sola.
– Vaya, que encantador eres… pero no hacía falta… dime, ¿Te cayó mal Dylan, cierto?
– bueno… no del todo, al menos no hasta que se fue sin mi hace un rato.
– Ah… me lo imaginaba… escucha… es un chico muy serio… pero si le das tiempo estoy seguro de que se abrirá contigo… por favor trata de llevarte bien con él.
– Creo que esta conversación ya la habíamos tenido hace 5 minutos, ¿No te da esa impresión?
– Pero es de esas conversaciones que se deben de tener dos veces, porque sé que eres un chico de esos que ama ir dominando a la gente por ahí… y lo haces bastante bien… pero a veces debes de comprender que hay gente que no les gusta reconocer la dominación de alguien aunque esta esté frente a sus ojos… y Dylan es de esos… ¿Por qué no te lo ganas?
– Nuevamente volvemos a lo repetitivo… – Bufé, en tono de fastidio. – Pero no te preocupes Ruth… si tienes miedo de que él y yo terminemos agarrándonos a golpes, te prometo no hacerlo, en todo caso tendría que ser él quien me golpeé porque yo nunca voy a tocarle el rostro, palabra de Mosh.
– ¡Eres el mejor! – Exclamó, nuevamente capturándome por la mejilla. – Ah, mira, ya llegaron.
Con el petardo de Dylan, caminaba un chico afroamericano con el cabello rizado corto, vestía con una polo purpura y un pantalón de mezclilla rasgado, era normal... a diferencia del otro, que a mi parecer no era más que un ridículo, pero no se le podía hacer nada, las ovejas descarriadas existirían siempre.
– ¡Hey, Ben! – Saludó Ruth, agitando su mano. – ¡Te presento al susodicho!
El afroamericano reaccionó de forma seriamente exagerada, inclinando su espalda hacía atrás como estando en una posición defensiva, como un ciervo que estuviera preparado para correr al más mínimo ruido, pero luego extendió sus brazos y corrió hasta donde nos encontrábamos, su voz llena de vida inundó mis oídos como un chirrido estridente.
– ¡NO PUEDE SER! ¿¡ERES TÚ EL LEGENDARIO ZACK MOSH!? ¡Demonios, hermano! ¡Ruth no deja de hablar de ti! ¡No hay día en que no nos llegue con algo que habló o vio contigo! ¡Puedo jurar que sé tanto de ti que ahora mismo puedo jugar una trivia sobre ti y ganar con un record perfecto!
Miré a Ruth con picardía buscando fastidiarla un poco con ello, pero ella no estaba avergonzada en lo más mínimo, al contrario, me dedicó una sonrisa de orgullo y cariño.
– ¿Qué te puedo decir? Me caes tan bien que creo que me emociono un poco a veces…
– ¡Pero vaya, eres justo como Ruth te había comentado! ¡Todo lo contrario al gruñón de Dylan! A ver, ¡A que eres gracioso! ¡Di un chiste!
– Eh… era una vez…trus
Ben se carcajeó como si recién hubiese escuchado el mejor chiste de todos los tiempos en vez de un sencillo y estúpido juego de palabras, Dylan le miraba con fastidio y Ruth le miraba con satisfacción, esta ultima me dedicó una mirada coqueta con guiño incluido, como diciendo “Bienvenido a la familia”.

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