Lo Último

16 jul. 2011

¡Amo a mi esposa! (Creo) (31/??)


Sobre el peculiar comportamiento de Elizabeth, sobre quedar desempleado y sobre la playera que decía mi nombre (Zack)
(2005, Texas)
– ¿Vas a decirme que si vuelvo a meterme en medio de tus practicas vas a enviarme con el director? – Pregunté. – Porque estoy bastante seguro de que tú amiga ya me lo ha dicho hace unos minutos…
Ella guardó silencio, solo siguió caminando, con una mirada feliz.
– ¿Elizabeth? Mira… perdóname… en serio no volveré a vestirme de animadora para alegrar a tus mujeres… ¿Podemos regresar? Es solo que caminar a tú lado con el mismo atuendo alrededor de la escuela de forma tan campante se está volviendo ligeramente incomodo… ¿Me entiendes, no?
Nuevamente guardó silencio, pero su sonrisa se hizo más grande, apretujó sus manos con un estilo único de una damisela inglesa de los tiempos del renacimiento, formando un triangulo a la altura de su entrepierna, sus pasos se volvieron más extensos y alegres por momentos, de pronto, comenzó a reírse.
– Eh… ¿Elizabeth? Empiezas a asustarme… ¿Quieres un doctor? O peor aún… ¿No serás la hermana gemela loca de Elizabeth que se ha escapado del manicomio para cobrar venganza de su perfecta hermana asesinándola, usurpando su nombre y liquidando uno a uno a quienes formaron parte de su vida?
Ella soltó una risita encantadora, se adelantó a mí y dando un giro me dedicó una sonrisa de telenovela, alegre como si recién hubiese sido informada de la mejor noticia de todos los tiempos.
– Eres muy distinto a tú hermano después de todo, ¿Verdad?
Incliné la mirada, confuso, Ella sostuvo la mirada enfocada en mis ojos y sostuvo su sonrisa.
– No entiendo. – Admití.
Ella se dio la vuelta y entrecruzó los brazos en su espalda.
– Bruno nunca se hubiera vestido de animadora para hacer reír a nadie… él prefería… bueno… dar miedo…
– Sabes… no porque tenga los mismos objetivos que mis otros hermanos han tenido, heredados de mi padre… significa que vaya a buscar cumplirlos de la misma forma… pensé que sería gracioso vestirme de animadora y bailar para ustedes… y así lo hice…
Elizabeth soltó una risita, pero no se volvió a mirarme, corrió hacía una banca de cemento que estaba a través de los entrecruzados corredores de los jardines escolares y de un salto se puso sobre ella, mirando al cielo, me acerqué lentamente, hasta que estuve justo a un lado de ella.
– Me gusta que seas tú mismo… ¿Sabes? Mientras más lejos te mantengas de lo que tú hermano mayor hizo aquí, más cercano estarás a encontrar quien eres…
– Nunca he intentado parecerme a él… – Reproché, con un tono ligeramente impaciente ante la insistente comparación con Bruno.
– No te metas con un Mosh porque saldrás quemado… – Cantó, al ritmo de una canción infantil.
– Elizabeth…
– Si con un anillo a un Mosh logras atrapar, de cariños y lujos para toda la vida te llenarás…
– Eso es…
– Todo Mosh tiene destino brillante… mucho más brillante que un simple diamante.
– Creo que ese te lo acabas de inventar y yo…
– ¿Por qué esa necesidad de sobresalir tanto?
Elizabeth me miró desde arriba, por primera vez, con gesto serio y suplicante.
– Supongo que la huella de nuestros padres los arrastró a eso… nunca les he preguntado.
– ¿Y tú? ¿Eres distinto en razones?
Sonreí, con confianza.
– Yo… bueno… es solo que yo quiero brillar… amo que la gente me mire… no por ser un Mosh… aunque en realidad estoy orgulloso de serlo y la presión de serlo es existente y evidente, si no porque quiero ser famoso, quiero que la gente coreé mi nombre y pida a gritos verme… eso es quién soy yo…  a decir verdad, desconozco porque salió el tema de mis hermanos… pero puedo asegurarte que por la mente no se me ha pasado nunca seguir los pasos que ellos y mi padre han pisado… ¿Sabes qué es de mi padre ahora? Mi madre lo ha echado de casa hace ya varios años, su hermano, mi tío, está tan obeso que apenas puede moverse, mi hermano mayor es un mecánico y Bruno probablemente terminará la universidad, pero nunca saldrá de aquí… Elizabeth, ahora mismo estás hablando con el que al pos se convertirá en el mejor Mosh de todos los tiempos, y lo haré a mi modo, así que tranquila… no me convertiré en ellos, te lo digo nuevamente.
Elizabeth inclinó su cuerpo para quedar cara a cara conmigo, sus ojos cafés me miraban con interés, su sonrisa regresó justo como al inicio, tan enorme como la luna.
– Si lo dices de esa forma no me queda de otra más que creerte… y empezar a quererte… tonto.
Tomó mis mejillas con sus manos, nuestros labios se separaron tan rápido como se unieron y un instante después salió trotando en dirección al gimnasio, dejándome sin ser capaz de asimilar lo que recién había ocurrido.
– Ups, el tiempo se ha terminado… ¡Cuídate, Zackie!









(2010, Texas)
– ¡Buenos días, amor! – Exclamó. – ¡Te amo!
– ¡Buenos días, mi cielito! ¡Te amo!
– ¡Ya me he duchado, amor, te toca a ti! ¡Te amo!
– ¡Muchas gracias, amor, me ducharé ahora mismo, te amo!
– ¡Te hice tú desayuno favorito! Ah… ¡Y te amo!
– ¡Se ve delicioso cielo! ¡Y yo te amo más!
– ¡Me voy ya al trabajo, te amo mi amor!
– ¡Cuídate cielo, yo también te amo!
Las mayores bondades que una gran pelea deja en el campo de batalla que es el hogar de una pareja de casados es la curación de las heridas acelerada y la liberación de tensión, cuando una pelea termina de forma satisfactoria y ambos bandos liberan todo lo que tenían que liberar, es el paraíso, no existe otro término, simple y sencillamente es el paraíso en tierra de indios, como bien diría la abuelita de Junior.
Por ahí existen parejas que creen que pelear es lo peor que puede pasar en su relación, creen que es mejor guardarse los corajes y dejar que estos se digieran con el paso del tiempo con ayuda de laxantes, en el caso metafórico, los laxantes vendrían siendo las buenas acciones de tú pareja, las bondades y los puntos a favor, sin estos, la digestión de rencores se vuelve algo imposible y los corajes se van acumulando a tal punto que el sistema digestivo (Qué es el amor) explota y muere, matando también a la relación (Qué es el cuerpo).
Por eso, soy un fiel creyente de que no hay mejor momento para una pareja que aquel en el que tienen una pelea, se gritan de todo, arañan, golpean, patean y amenazan con dejar la casa; y que un par de minutos (u horas, en caso de resentidos en exceso) lo solucionen teniendo el mejor tipo de sexo que existe: el sexo de reconciliación.
Ustedes no me dejarán mentir, ¡Es una realidad! y es mejor que lo diga a ser parte de todos aquellos, mojigatos hipócritas que se lo guardan para sí mismos por ser creyentes de que lo que es en privacidad en privacidad debe quedar, ¡Parejas, si desean tener el mejor sexo de toda su vida, tengan una pelea y luego reconcíliense en la cama! ¡Les juro, no se lo arrepentirán!
Pero bien, aparentemente he perdido un tanto el rumbo, a lo que vengo con todo esto, es que tras esa pelea con Ellie, las cosas mejoraron en casa, esas escenas escritas unos párrafos arriba son ciertamente el vivo ejemplo de que las parejas necesitan darse sus buenos rasguños para después lamerse las heridas y seguir adelante, y tampoco lo digo de forma descarada, no espero que ustedes crean que sea yo un santo o el mejor hombre que ha existido en la historia, soy conocedor de que esa pelea fue enteramente culpa mía y estaba y seguiría estando arrepentido por haber actuado de una forma tan inmadura, me dejé llevar por pensamientos adolescentes que no hicieron más que retorcer mi idea de lo que es el matrimonio en realidad, por un par de instantes se me ocurrió pensar que esto podía ser considerado como una carga, y eso es el peor error que un sujeto enamorado puede cometer; sin embargo, ¿Qué esperaban que hiciera? ¿Congelarme en el arrepentimiento y derrumbarme? Citando a uno de mis artistas favoritos y cuyo nombre no mencionaré pues no hace falta, “El show debe continuar, así que bájate los pantalones y voltéate, vida”.
Podía sentirlo en el aire mientras caminaba por las recién iluminadas calles de la ciudad: tras la pelea las cosas mejorarían en gran medida, sentía esa extraña sensación que siente uno cuando va a comenzar un viaje nuevo, una aventura nueva, era la hora de una nueva etapa, el crecimiento empezaba a llegar y yo estaba listo para afrontarlo justo como lo había planeado cuando decidimos que estábamos listos para mudarnos a la tierra de las estrellas: la hora de subir la cumbre del éxito, la hora de tomar la escalera del auto completamiento, la hora de alcanzar el tren más importante mi vida: la hora de demostrarle al mundo la gran estrella que Zack Mosh era.
– ¿Despedido? – Pregunté, retrocediendo un par de pasos. – D… ¿De qué están hablando, chicos?
– Lo siento, Zack… – explicó Ferguson. – Desde que abrimos la tienda no hemos vendido un solo producto y no podemos vivir por siempre de lo poco que quedó del avión de King Kong, el proyecto ha sido un completo fracaso así que tenemos que hacer un recorte de personal… y desde que tú eres el único personal pues… te hemos elegido para recortarte.
– P… P… Pero… pero… yo… yo…
– Lo siento… Zack… en serio lo siento amigo… – Lamentó Melmar. – Nosotros tampoco sabíamos que íbamos a ser tan poco populares… así que lo más probable es que en unos meses la tienda cierre definitivamente…
– Vaya… – Murmuré, sentándome en una de las sillas del lugar. – Esto sí que es trágico…
– Pero puede ser una oportunidad para ti… – Consoló Ferguson, acercándose a mí con timidez. – Aquí no tenemos seguro medico ni nada así que puede ser benéfico para ti que busques otros lugares…
– Eh… ahora soy desempleado… vaya…
– Lo sentimos… espero sigas considerándonos tus amigos…
– No se preocupen, chicos… eh… si me disculpan… quiero estar solo un momento…
– Claro... entendemos – Repusieron, al unísono.
Guardamos silencio, ninguno de los tres dijimos nada por varios segundos.
– ¿Y bien? – Insistí. – ¡Largo!
– Ah, claro… pensamos que te ibas a ir tú desde que este es nuestro local pero si quieres nos vamos… eh… ya volvemos…
Melmar y Ferguson abandonaron el lugar, yo me tomé las mejillas y las pellizqué con fuerza, esperando despertar.
– ¡Estoy desempleado! – Exclamé, prácticamente a punto de arrancarme las mejillas. – ¡Eso me pasa por pensar que todo mejoraría! ¡Maldito Karma!





(2005, Texas)
– ¿Eh? ¿Qué porque estoy vestido de animadora mientras campantemente camino por la escuela dice? Ah, vamos, profesora Rodeliner, ¿No me va a negar que este conjunto se ve espectacular en mi, o si?
– Respóndame, joven Mosh, ¿Dónde está su ropa?
– Ok… ¿Quiere saber la verdad?
– Por favor.
– Bien, la verdad es que hay un sujeto llamado Mike Mattews, de tercer año, el me ha robado mi ropa y me ha obligado a vestirme así…
– Eso es terrible. – Esbozó la profesora, llevándose la mano a su boca, mortificada.
– Así es… si yo fuera usted, iría directamente a atrapar a ese pillo… yo justo iba a casa a cambiarme, ¿Entenderá que quiera hacerlo, no?
– Por supuesto que lo comprendo, joven Mosh… y no se preocupe… yo me encargaré que ese pillo pague los platos rotos.
– Gracias profesora… sabía que usted era en quien más podría confiar… no por nada es mi profesora favorita.
– Ah… ¿Tendrás dinero para el transporte?
– Ahora que lo menciona… no es así…
– Ten $50, no te preocupes por nada, yo hablaré con tus profesores.
– Gracias, maestra… con docentes como usted la estancia en este templo del saber se vuelve algo grato y practico.
De mi sostén (así es, sostén, como estábamos vestidas de mujeres, para hacer ejercicio era necesario usar un sostén deportivo) saqué mi teléfono celular y envié un texto a Junior, diciéndole que tomara a Mike y nos encontráramos en un Kentucky (Restaurante de pollo frito) cercano, que se trajeran nuestra ropa y que por el dinero ni se preocuparan, pues había conseguido un poco de dinero extra por bondades actorales.
Salí de la escuela y tomé un taxi, el viaje más incomodo de toda mi vida si me permiten agregar, pues aunque el taxista no hizo preguntas al respecto de mi vestimenta no dejó de espejear al asiento trasero, como comprobando si efectivamente estaba llevando al Kentucky fried chicken a un chico vestido de animadora, por desgracia el sujeto se dedicó a comprobarlo por mucho tiempo, pero eso es otro tema, una vez llegué al Kentucky entré con naturalidad y me oculté en las mesas del área de juegos para los niños, que por ser aún muy temprano estaba vacía, un par de instantes después, Mike y Junior llegaron, vistiendo aún sus trajes de animadoras.
– Bien, ya estamos aquí – Chilló Mike, tomando asiento. – ¿Por qué nos obligaste a venir sin cambiarnos? ¡El taxista se burló de nosotros por radio!
– ¿Obligarlos a venir sin cambiarse? Yo nunca dije eso… solo les dije que vinieran y que trajeran mi ropa…
– Ah, lo siento – Se disculpó Junior. – Pensé que dijiste “Quiero que muestren las piernas con viento en popa” en vez de “Quiero que traigan mi ropa”, mi error, mi error… pero no importa, ¿Cierto? Ya estamos aquí… y la ropa está justo aquí también.
– Entonces a cambiarnos – Ordené. – señoritas, que aunque nuestra belleza es espectacular tengo frio en mis piernitas.
En fila india caminamos hasta el baño de caballeros, ninguno de los 3 nos dimos cuenta de que alguien nos estaba siguiendo; entramos y justo cuando estábamos comenzando a quitarnos la ropa, un sujeto de tez negra y al menos 2 metros de altura hizo aparición frente a nosotros, era musculoso al más puro estilo de Mike Tyson y en sus brazos se veían varios tatuajes (Estos eran bastante resaltables ante su playera de tirantes color blanca), llevaba el cabello rapado y un par de pendientes en cada oreja, nos miraba con enojo, intimidados, nos hicimos a un lado.
– V… V… ¿Va a usar el baño? – Pregunté, dando pequeños pasitos hacia atrás, para que en caso de que intentara asesinarnos, fuera más difícil escoger a su primera víctima.
El sujeto guardó silencio, sin embargo, aquel intimidante sujeto, digno de ser peor a cualquier prisionero de los peores en cualquier cárcel del mundo, nos tronó un beso, y lo volvió a hacer, y lo repitió, en total, nos dedicó 3 tronidos de labios, 3 besos…
Eso era peor aún que ser asesinado, por lo que tratamos de escapar, corriendo a los espacios libres en el baño, sin embargo el sujeto bloqueaba la puerta, no había escapatoria.
– ¡AUXILIO, SALVAME JUNIOR! – Grité. – ¡ATACALO, ATACALO!
– ¡No me funcionan mis rayos mentales, hermano! – Repuso, tocando sus sienes con sus dedos índices. – Resistan mientras recargo mi psisis.
Mike se orilló a los nigitorios, tratando de cavar con sus uñas una ruta de escape, mientras que Junior se dedicó a recargarse de psisis a un lado de los lavabos, agitando sus manos con fuerza la una con la otra, todo dependía de mí.
– ¡NO, VIOLADOR, NO! – Grité.
Afortunadamente los refuerzos llegaron, un empleado, viéndose curioso ante nuestro escándalo, abrió la puerta para ver que ocurría y dejó libre una apertura entre las piernas de nuestro acosador y la libertad, ni lentos ni perezosos nos barrimos por debajo y escapamos del lugar a gran velocidad, nadie sospechaba que ese pequeño acontecimiento en un restaurante local de la ciudad de Texas, se convertiría un par de semanas después en fragmento importante de un reportaje especial de “los jóvenes y las drogas”, donde si escuchas a partir del minuto 20, puedes escuchar lo siguiente “… Pero los jóvenes no están listos para cargar con los estragos que sufre su mente por culpa de las metanfetaminas, vivo ejemplo de ello es esta fotografía, donde tres estudiantes de la ciudad de Texas corren por las calles vestidos de animadoras, esta fotografía fue tomada por una vecina del lugar, y asegura que ellos no paraban de gritar “El negro nos sigue, el negro nos sigue”, metanfetaminas… dejen de seguir a nuestros jóvenes.”


(2010, Los Ángeles)
– Estoy perdido… – Murmuré. – ¿Hueles eso? Es el olor del fracaso.
– El fracaso huele delicioso… – Murmuró Ruth. – ¿Es caoba?
– Ah, es mi nueva fragancia, RM de Giorgio Armani, ¿Te gusta?
– ¡Muchísimo! Aunque no sé si tendrías que estar comprando lociones cuando acabas de perder el empleo…
 – Bueno… estaba deprimido y además Melmar y Ferguson me dieron 1000 dólares de despedida… tendré que vivir con ellos hasta encontrar algo nuevo…
– ¿Por qué no trabajas de mesero en algún restaurante? Eres apuesto y te gusta hablar con la gente, ¿No? Seguro si vas a pedir trabajo a algún bar donde vayan muchas chicas te llevas buenas propinas…
– Tienes razón… ¿No hay algo así como un hooters pero para mujeres?
– Dime… ¿Has pensado en ser un stripper?
– Bastante… – Admití. – Pero solo para alimentar mi ego, en realidad no me imagino haciéndolo en realidad… ¿Me imaginas a mi bailándole a un montón de mujeres solitarias y lujuriosas?
– Por supuesto… – Murmuró, suspirando de forma sucia al final y relamiéndose los labios. – Con orejitas de conejo, un calzoncito negro y una colita blanca… ¡Papacito!
Soltamos una carcajada al unísono, aparentemente imaginarme de esa forma le había causado gracia (No sabía si ofenderme o sencillamente tomarlo como un “Nunca en la vida), más le seguí el juego y me reí de ello, ciertamente era algo peculiar.
– Pero ya en serio… – Murmuró, cuando recuperó el aliento y la risa se lo permitió. – No te imagino de esa forma… la verdad creo que eres decentito… así que dejemos el baile exótico, la prostitución y la donación de semen para otro día.
– Tienes razón… pero bien, tú eres demasiado popular… seguro conoces a alguien que necesite un empleado… ¿Qué me dices?
– Voy a investigar – Prometió. – Pero en caso de que no consiga nada no te preocupes, yo te ayudaré a buscar y algo seguro encontramos, todo estará de lujo.
Pidió permiso para salir temprano de su trabajo, me acompañó a todos los lugares que fui para entregar solicitudes de empleo, sugirió un par de lugares y siempre insistió en que todo estaría bien, incluso decidió por cuenta propia acompañarme a la práctica de la banda, bajo la excusa de no querer dejarme solo, siempre tuve sospechas de ello y siempre lo imaginé así, pero no fue hasta el momento en que verdaderamente estaba en necesidad de ayuda en que me di cuenta de que Ruth era una inagotable roca de apoyo incondicional, una gran persona que se preocupa por el prójimo y que hará hasta de lo imposible con tal de ser de utilidad.
Su sonrisa era una puerta a la tranquilidad, seguramente fue gracias a ella que logré soportar todo ese día sin desmoronarme en la desesperación y entrar en mi casi nunca utilizado “Modo negativo” con el cual, si bien nos iba, seguro terminaríamos regresando a Texas bajo el argumento de haber fracasado en el intento de conseguir nuestros sueños, es decir, por si acaso no entienden lo que eso significaría para mí, lo peor de lo peor; es por ello que en esos momentos era el fan #1 de Ruth, y aunque no tenía dinero ni nada material para agradecérselo, encontraría la manera de pagarle, de momento, mi amistad incondicional tendría que bastar, y en caso de que se ofreciera en la despedida de soltera de una amiga, un stripper vestido de conejito.
 Llegamos a la cochera del señor Tiburón, donde ya mi adorable banda de abuelitos esperaban con cervezas en sus manos, quizá eran algo extravagantes, pero había que respetarceles, eran ellos quienes vieron en su mejor momento a las mejores estrellas, por lo que seguro había mucho que podían aportar.
– ¡Hemos llegado, abuelitos! – Exclamé, chocando puños con el señor T, un hombre rechoncho con una larga trenza blanca. – ¿Los hice esperar mucho?
– Les estaba diciendo que eres el que más fuerza debería tener y que eres el que más se tarda en llegar, carajito – Riñó el señor T, sacudiéndome el cabello. – Pero ya que trajiste a tú novia te voy a perdonar, ¿Cómo estás linda?
– Muy bien, señor T – Saludó Ruth, con bastante respeto. – ¿Cómo está su esposa?
– Ahí está adentro por si quieres saludarla, no deja de decir que tiene una sorpresa para ti y no sé que tanto… pero como ya tenías mucho sin venir pues no ha podido entregártela… ya empezábamos a preguntarnos si ya habías cortado al muchachito este.
– Aún no pierde mi amor – Bromeó. – Pero bien, voy a saludar a su señora y luego me vengo a escucharlos tocar, si quieren empezar… ¡Pues empiecen!
– Sé te ve medio decaído, muchacho… – Murmuró el señor T, tomándome por los hombros apenas Ruth se metió en la casa. – ¿Pasó algo?
– Estoy sin trabajo… –Repuse, respondiendo a su medio abrazo. –Pero no se preocupe, ya encontraremos algo.
– Bueno… pues ya vamos a empezar a tocar la siguiente semana en Bohicans Ruler´s … así que algo de dinerito extra te tocará mientras te recuperas, hijo.
El señor T me miraba con cariño, pude sentir ese aire cálido que se siente entre familia en los momentos sentimentales.
– Muchas gracias, prometo reponérselo cuando consiga trabajo… pero más importante… ¿Vamos a empezar a tocar en un bar la siguiente semana?
– ¡¿En serio?! – Exclamaron los otros miembros de la banda, sorprendidos por la buena nueva.
– Hoy vino un carajito del bar a firmar contrato conmigo – Explicó. – Son unas buenas moneditas así que decidí que aceptaríamos, tampoco estamos en edad de negarnos y Zack necesita dinero así que está bien, ¿No?
Todos asintieron y comenzaron a entablar conversación acerca de lo emocionante que era volver a tocar con público y ser pagado por ello, también aseguraron que su mayor encanto era precisamente su edad, pero que ahora con un jovencito de buen rostro como vocalista y guitarrista la cosa sería 1000 veces mejor, me sentí orgulloso de ello y prometí no opacarlos mucho con mi brillo deslumbrante, me arrojaron cerveza por andar de mamila.
Un par de minutos después preparamos todo para empezar a practicar, una vez estuvimos listos y en posiciones me vi en la tarea de dirigir el ritmo para que todos me siguieran, ya tras tantos días de práctica lo hacíamos bastante bien, en realidad éramos bastante buenos, incluso me di el lujo de cambiar las letras de algunas canciones y de agregar puentes musicales extras, como en Hotel California, me tomé la libertad de decir “10 razones de porque el señor Johnson se la come doblada justo después del coro”.
 Mientras tocábamos nuestro repertorio de Guns N´ roses Ruth apareció junto con la esposa del señor T, llevaba puesta una playera negra con la leyenda “Zack Mosh from Emmet Avenue” escrita en ella en tonos metálicos, era preciosa… la playera, digo.
Seguimos tocando en línea recta, dediqué un par de canciones a Ruth y una más a la señora T, por crear la mejor camiseta del mundo mundial, mientras dábamos fin a poison, Ruth se puso de pie y salió de la cochera sin siquiera mirarme o dar anuncio de ello, pensé por un momento que se iría, sin embargo, solo salió porque eran las 7:15.
Golpeó los autos de varios vecinos y después regresó, sin importarle claro, haber activado varias alarmas, esa peculiar costumbre aplicaba también a cuando estaba alejada del departamento, eso solo daba a pensar que quizá podría llegar a ser algo mucho más serio que una simple protesta por el medio ambiente o por la liberación del Tíbet.
Cuando la practica terminó, Ruth me hundió en halagos, asegurándome que había estado espectacular como nunca y que mientras tocaba sonreía como nunca lo hacía en otras situaciones, esto, según su explicación era debido a la felicidad total, a encontrarme haciendo lo que me gustaba.
– Ruth… Gracias por lo de hoy.
– ¿Eh? – Preguntó. – ¿Andas cursi acaso o quieres beso?
Solté una risotada.
– No es eso… es solo que hoy te portaste espectacular, me acompañaste a todos lados y nunca paraste de animarme… incluso ahora sigues haciéndolo… la verdad… no sé qué haría sin ti… muchas gracias.
Ella me miraba con los ojos muy abiertos, viéndose iluminada por un farol en las oscuras calles nocturnas de la ciudad, estaba deslumbrante, parecía una princesa de cuento de hadas en jeans, converse´s y blusa de fan Girl de una banda local de ancianos y un desempleado, y sin embargo… no podría verse mejor.
– Eh… Zack… – Murmuró, mientras nuestras miradas se sostenían con fuerza, pareciera que nada podía romper semejante unión.
– ¿Dime? – Pregunté, suspirando.
– Llevo rato mirándote…
– ¿Sí?
– Y bien… definitivamente eso que tienes en el hombro es una viuda negra… y es enorme…
Quizás no podría encontrar trabajo inmediatamente y probablemente el dinero faltaría, pero ese día, Ruth de alguna forma, se las arregló para convencerme ciegamente de que todo estaba bien.

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