Lo Último

18 jul. 2011

¡Amo a mi esposa! (Creo) (32/??)


Sobre mi ascenso a voladora, sobre el curioso caso de Ryan y sobre el desempleado relajado (Ellie)
(2005, Texas)
– ¿Eh? ¿Salir a algún lado? Pues claro… ¿Por qué no?
– ¿En serio? – Preguntó, sonriente. – Me alegro, ¿Cuándo te parece bien?
– Pues… ¿Quieres ir a algún lugar al terminar las practicas?
– Eso me encantaría, ¿Te parece ir al cine?
– Claro, Karla y yo tenemos unas ganas tremendas de ver “Amor en juego”, y seguro Zack y Junior…
– Ah… ya veo… no comprendiste. – Se lamentó, llevándose las manos a la cabeza y agitando su escaso cabello.
– ¿Qué pasa? – Pregunté, confusa.
– Eh… no importa… es que recordé que hoy tengo algo que hacer así que tendrá que esperar…
– Ah, vaya… es una lástima… pensar que fuiste tú quien lo sugirió, pero si gustas podemos hacerlo otro dí…
– Debo irme, ¡Suerte en la práctica, Ellie!
Rocko se fue caminando sin esperar respuesta, mientras giraba la cabeza de un lado a otro, avergonzado.
En esos tiempos era yo una chica bastante… lenta en cuanto a captar las verdaderas intenciones de los chicos se trataba, pero vamos, tenía solamente 15 años y basta con ver mi accionar para saber que mi mayor interés era tener un curso escolar satisfactorio con calificaciones honorarias y actividades extracurriculares dignas de crear innumerables recuerdos fotográficos, no tenía el tiempo (ni el interés) suficiente como para ponerme a pensar en citas, parejas, besos y problemas dramáticos dignos de las telenovelas juveniles que acaparaban el horario estelar en la televisión.
– Eh… claro… – Murmuré, aún sorprendida por la rapidez en la que la conversación finalizó.
Regresé a la práctica con las bebidas, a donde Karla me esperaba con una sonrisa, rápidamente arrebató su bebida de mis manos y se hidrató con gusto, una vez recuperó el aliento, retomamos la conversación donde la habíamos dejado: en Zack y sus secuaces.
– ¿Y donde están Junior y Mike? – Pregunté, mirando alrededor de nuestras compañeras de equipo para encontrar a las que no se depilaron las piernas.
– De hecho se han ido corriendo hace unos momentos – Explicó. – Bueno… si se le puede decir así… en realidad Junior ha tomado a Mike por el cuello y se lo ha llevado arrastrando, asegurando que era hora de una misión ultra secreta en el estado de Kentucky, no entendí la verdad…
– Bueno… y aún siendo así de extraño te gusta, ¿No?
– ¡Me encanta! Es un amor de niño.
– ¡Niñas, se termina el descanso, volvamos a las practicas! – Exclamó Elizabeth, apareciendo en las entradas del gimnasio, con una sonrisa radiante, justo como de costumbre.
– ¡Sí! – Exclamamos todas, corriendo a nuestras posiciones, yo tomé mi lugar en mi sector, base en la torre B, que era la del fondo a la izquierda, compartía lugar con otras 3 chicas de segundo y una voladora de tercer año.
– ¡Pero antes de eso habrá un pequeño cambio de posiciones! – Anunció. – A partir de ahora Shelby dejará de ser voladora y pasará a ser base en la torre B, Ellie ahora será voladora en la torre A, ¿Entendido?
Todas nos quedamos congeladas, mirándonos unas a otras y después mirándome exclusivamente a mí, busqué una ayuda en el rostro de Karla, pero fallé… por primera vez en todo el tiempo de ser amiga de esa tremenda fuente de la sabiduría, no pude apoyarme en ella, por lo que busqué una explicación en el rostro de Elizabeth, solo sonreía.
– Eh… Elizabeth… – Murmuró Helena, acercándose a ella con preocupación. – Ellie es de primer año y Shelby es de tercero… nunca ha habido una voladora de primer año y…
– Lo sé – Repuso Elizabeth, sin alterarse. – Pero llevo tiempo observando la rutina y creo que Ellie hará mejor trabajo como voladora de base A que Shelby, confía en mí.
Todas guardamos silencio por varios segundos que parecieron años, el silencio se rompió una vez más por Elizabeth, esta vez un poco impaciente.
– ¿Y bien? ¿Qué esperan que no están haciendo el cambio?
Shelby y yo nos movimos de lugar con desconcierto, pude ver su gesto de decepción al verse degradada hasta la parte de atrás, luego de tanto tiempo siendo voladora en la parte de enfrente, me sentí bastante incómoda, pues por alguna razón sentí que todas me culparían o comenzarían a decir que era la niña favorita de la capitana y que eso podría causar divisiones en el grupo, sin embargo, la decisión estaba tomada y no había más que hacer que llevar a cabo un buen papel para no demeritar la decisión de Elizabeth.
Nunca antes había tomado el papel de voladora, por lo que en un principio estaba muy nerviosa, mis compañeras de base me explicaron las bases y aseguraron que por nada del mundo me dejarían caer al suelo, eso me hizo sentirme segura; y es que la seguridad si de animación hablamos es vital, una voladora que no es capaz de confiar en su base es incapaz de llevar a cabo piruetas aéreas por miedo a caer al suelo y romperse algún hueso, en todo caso, una voladora con miedo sería incapaz de girar en el aire y de caer con la única garantía de que ahí abajo tú equipo hará todo lo posible por llevarte al suelo de forma segura.
Para ser mi primera vez creo que estuvo bastante bien, la rutina que preparó Elizabeth para nosotras exigía lanzarme dos veces al aire en total, y en ambas logré completar la pirueta completa de forma satisfactoria, esto me hacía pensar qué efectivamente, había cierta razón en las palabras de Elizabeth cuando aseguró que yo era capaz de ser una buena voladora, más sin embargo, la forma en que lo decidió, relegando a una chica de tercero para ofrecerme su puesto no era la mejor forma de probar mis habilidades; según mi punto de vista al menos.
  ¡Bien chicas, lo hicieron de lujo, las espero aquí el miércoles, ¿Bien?! ¡Váyanse con cuidado a casa y no olviden practicar mucho los estiramientos que les he recomendado!
Pedí a Karla que se fuera adelantando y me acerqué a Elizabeth, que organizaba su maleta en las gradas del gimnasio, tarareaba una canción, alegre.
– Eh… Elizabeth, yo…
– Ah, Ellie… ¿Qué pasa, nena? – Preguntó, erguiéndose y llevando sus manos a la cintura.
– Bueno… yo quería saber por qué el cambio tan repentino de posiciones…
Ella acarició mi cabeza, como si fuese un cachorro, fue algo incomodo, sin embargo no tuve forma discreta de quitarme su caricia.
– ¿No quieres ser voladora? –Preguntó, con decepción.
– ¡No es eso! – Aseguré. – Me ha encantado, a decir verdad se siente súper mientras vuelas… pero apenas soy de primero y seguro todas se están preguntando porque tan repentinamente me has transferido al bloque A.
– Ah, ¿Te molesta lo que piensen? Tranquila, somos un equipo y ellas saben que todas las decisiones que se tomen es por el bien del equipo… estoy segura de que al igual que yo, saben que soy incapaz de hacer un cambio sin bases… y probablemente se muestren inconformes por un tiempo, en todo caso tendrían que reclamarme a mí, tú, goza tú ascenso y mejora como voladora, ¿Bien?
– P… ¿Puedo saber por qué yo? ¿Qué me hace distinta al resto de las novatas? Karla es mucho mejor que yo y…
– No, Ellie… ¡No puedes!
Antes de terminar de hablar ella ya me tenía entre sus brazos, me abrazó con fuerza durante varios segundos, pese a estar yo confundida, no pude evitar pensar que quizá la persona más confundida en ese momento sería ella misma, era uno de esos abrazos de reconciliación que se dan dos buenas amigas después de una larga enemistad, sin embargo también tenía algo de esos abrazos que se dan con alguien que necesita apoyo, comprensión, paciencia y un hombro para llorar.
– Lo siento, Ellie… sé que tú llegaste primero y todo pero…
– ¿Sí? – Pregunté, a la espera de una respuesta, ella negó con la cabeza.
– Solo estoy divagando, no me hagas caso por favor… – Suplicó, mientras se separaba de mí y me sonreía con su usual buen humor despedido de un pilar de madurez. – Un chico muy peculiar ese Zack Mosh, ¿No crees? Mira que vestirse de niña y ponerse a bailarnos.
– Tienes razón, creo que peculiar es una buena palabra, yo tenía pensado “Travesti” pero la tuya tampoco está tan mal.
Ella se río, me sentí satisfecha de que mi respuesta surtiera efecto, así que me reí también.
– Dime, Ellie… ¿Te gusta ese chico?
Elizabeth me miraba con interés y naturalidad, su pregunta fue tan poco esperada y tan aleatoria que no pude evitar empezar a reírme con nerviosismo, así como hacen aquellas chicas cuya típica respuesta es un “Sí” o “¿Soy muy obvia?”.
– P… ¿Pero qué dices? – Balbuceé. – Claro que no me gusta… me llevo muy bien con él, es muy divertido e interesante, y cuando se lo propone es muy listo, ¿Pero gustarme? ¡No!
– Ah, ya veo… – Murmuró, levantando su maleta. – Bien… yo ya me retiro… ¿Nos vemos en prácticas si?
– Eh… claro…
– Recuerda que ahora eres voladora, Ellie… así que esfuérzate al máximo.


(2010, Los Ángeles)
–… Eh… ¿Puedo ayudarte en algo, Ryan?
– No te preocupes, estoy bien…
– Ah… ok.
Tomé asiento y suspirando me encogí de hombros, ¿Qué se debe de hacer cuando tú vecino de arriba te intercepta mientras vas llegando del trabajo pidiéndote que le prestes tú computadora pues la suya ha explotado y se le ha venido una idea revolucionaria a la mente?
–… ¡Y LISTO! – Exclamó, dando punto final.
– Oh, eso ha sido rápido – Señalé. – Apenas y tardaste una hora…
– Bueno, al final la idea no fue tan revolucionaria, solo fueron 20 páginas…
– ¡¿20 Páginas en una hora?! – Exclamé. – Como se esperaba de un escritor…
– En serio muchas gracias, señora Mosh, ¿Sabes? No me explico como una Windows 98 solo ha resistido 13 años de funcionamiento, pensar que la vendían como el invento del siglo…
– Bueno… a mi 13 años me parece una vida muy larga y digna por parte de una computadora… pero en fin, ¿Al explotar tú computadora no has perdido tus avances en tú novela?
– Por suerte siempre pensé que algún día mi buena compañera terminaría explotando, subo todas mis historias a un blog como respaldo, incluso algunos lectores se pasan de vez en cuando y me dan sus opiniones, muy útil, ¿No crees?
– Bueno pero… ¿No corres el riesgo de que alguien te robe tú historia de ese modo?
Ryan guardó silencio, meditando, aunque de pronto su semblante se tornó sombrío.
– Tienes razón… – Murmuró. – No había pensado en ello… ¿Qué debo hacer?
– Bueno… tranquilo, tranquilo… ¿Qué tal si solo es mi negatividad y no pasa nada? ¡Tú sigue escribiendo tal como lo has estado haciendo! Aunque para eso supongo que debes de comprar otra computadora…
– ¡Y para eso necesito dinero! – Exclamó, llevándose sus manos a la cabeza mientras se hundía en el mar de negatividad que le rebelaba la triste realidad.
– ¿Tú empleo no te da algún servicio de pagos a largo plazo o algo así? – Sugerí. – De esa forma Zack y yo compramos algunas cosas en Texas.
– ¡Tienes razón! – Exclamó, revitalizado y dando un tremendo salto que lo sacó por completo de su mar de negatividad. – ¡Ahora mismo me voy a compra fácil a comprar la mejor computadora de todos los tiempos!
– Me pregunto cuánto te reducirán de tú salario si compras eso… ¿No crees que será mejor comprar una pequeña y más o menos buena?
– O una máquina de escribir… – Murmuró, con timidez y agachando la mirada. – Digo, ya que de ahorrar hablamos…
Vaya capacidad más interesante de recorrer tantos estados de ánimo en un solo momento, fácilmente desanimado, fácilmente animado, fácilmente intuido a comprar algo y fácilmente moderado y nuevamente desanimado, criaturas más peculiares los escritores, ¿O era Ryan un espécimen de uno en un millón? Cualquiera que fuese las respuestas, me eché a reír de él.
– ¿De qué te ríes? ¿Es acaso de mí pobreza? – Preguntó, herido. – Porque si es así voy a tener que pedirte que te detengas, que soy pobre pero tengo dignidad… y hablando de dignidad, ¿No tendrán algo de pan duro que me regales para desayunar mañana?
 – ¡No me río de tú pobreza! Pasa que hace un momento cambiaste de estado de ánimo unas 100 veces en un par de minutos… y no, no tenemos pan… de hecho somos tan pobres como tú.
– Ah, ya veo, ya veo… sobre eso, no eres la primera en notarlo, Mi ex esposa me abandonó precisamente por ese don.
– ¿En serio? – Pregunté. – No me digas que te ponías violento y…
– Oh, no, no, no –Interrumpió.  – La violencia va en contra de mis votos a la no violencia, soy de esos que libera a las arañas en vez de matarlas cuando las veo dentro de mi casa; pero soy muy sensible, así que siempre que discutíamos me bloqueaba y al final era imposible tratar conmigo… finalmente las deudas y la falta de progreso en mi escritura terminaron colmando su paciencia y bien… ¡Aún no tengo 30 años y ya me he divorciado una vez!
– Interesante… podrías escribir sobre eso, ¿No crees?
Ryan me miró, confuso, como si no hubiese entendido mis palabras; me disponía a explicárselo cuando de pronto pegó un salto.
– ¡Tienes razón! ¡Me voy! ¡La papelería de 24x7 me espera, necesito plumas, hojas de máquina y unos marcadores!
Ryan abrió la puerta, permitió que Zack y Ruth pasaran, les saludó con la mano, charló con ellos y los invitó a comer una cena con pavo mañana por la noche para celebrar su nueva idea maestra obra mía y luego se alejó dando tumbos.
– Vaya, el buen Ryan como siempre, escribiendo e invitando a la gente a comer pavo a su casa… – Murmuró Ruth, con fascinación mientras cerraba la puerta. – Ya te traje a tú marido, Ellie.
Pero bueno, no porque Ryan haya acaparado toda la atención en su peculiar escape significa que haya pasado por alto la otra anomalía, ahí estaban esos dos, nuevamente juntos, picoteando la cena que yo recién había preparado.
– Eh… ¿Cómo te fue, amor? – Pregunté, masajeándole los hombros con dulzura.
– Eh… bueno… empezaremos a tocar la siguiente semana, le compré a Ruth un tepache, me despidieron, te compré un tepache y a mí también me compré un tepache.
– ¿Qué dijiste? – Pregunté, sacudiendo la cabeza y poniéndome frente a frente con él; sus ojos brillaban de confianza y de tranquilidad, ¿Es qué había oído mal entonces?
– Dije qué te compré un tepache, mira, bébelo, es delicioso.
– No, no, no quiero tepache… explícame eso que dijiste.
Zack se encogió de hombros y tomó asiento en la mesa.
– El tepache es una bebida fermentada que consta de piloncillo, piña, frutas va…
– ¡¿Te despidieron?! – Exclamé, interrumpiéndolo. – ¡¿Por qué?!
– Eh… bueno… yo me voy… – Murmuró Ruth, soltando una sonrisita nerviosa que le hacía verse encantadora, encanto que comenzaba a molestarme. – ¡Nos vemos mañana, Zack!
– ¡No te vayas Ruth! – Suplicó Zack. – ¡Dile a ella lo que me dijiste a mí hace unos momentos!
– Bien… – Murmuró, a los pies de la puerta. – Ellie, el tepache tiene también frutas varias, cebada, caña dulce y debe ser fermentada por varias semanas a temperaturas calidas, sin embargo una vez esté listo debe de enfriarse y disfrutarse en compañía de la familia o de amigos pelados que tengan los mismos gustos guarros que tú… ¡Nos vemos!
– ¡Cobarde! – Gritó mi esposo, al instante en que Ruth se perdía tras la puerta; le dediqué una mirada severa, arqueando una ceja.
– ¿Y bien?
– Melmar y Ferguson creen que por no haber tenido ningún cliente en estos meses estamos en una crisis… así que decidieron recortar personal… y dado que soy el único personal… me recortaron…
– Dios mío… – Murmuré, acariciando mi boca con mi mano derecha. – ¿Qué vamos a hacer ahora, Zack?
– Bueno… he estado todo el día pensando en ello.
–…
–…
–…
–…
–…
–…
–…
–…
–…
–…
–…
–…
–…
–…
–…
–…
–…
–…
–…
–…
–…
– ¿Y bien? – Pregunté, impaciente.
– ¿Y bien, qué?
– ¿A qué solución has llegado?
– Bueno… dije qué había estado pensando en ello todo el día… no que hubiera una solución…
– ¡Dios! ¡Zack! ¡¿No te das cuenta de lo qué me estás diciendo?! ¡Estás desempleado! ¡Y la hora de pagar las cuentas se acerca!
– Lo sé… Dime… ¿Estarías dispuesta a tener un esposo prostituto?
– ¡ZACK! – Grité. – ¡Ponte serio! Y no, no estaría dispuesta si es que estabas hablando en serio.
– Bueno, al menos estoy poniendo ideas en la mesa…. – Murmuró. – Pero bien, mira… estaré buscando trabajo desde mañana a primera hora, ya hoy dejé varias solicitudes en distintos lugares y mañana iré a otros un tanto más lejanos, Ruth dice que conoce algunos bares que…
– Oye… ¿Y Ruth no va a la escuela o algo así? Siempre la veo paseándose contigo pero nunca la he visto cargando una mochila ni nada…
– Bueno… va a la preparatoria, en último año – Respondió. – Pero ya se acercan las primeras vacaciones así que me ha prometido ayudarme, por eso… no te preocupes, Ellie, ella nos ayudará a salir de esta.
 – Ah, ya veo…

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