Lo Último

22 ago. 2011

Asociación de lectores y escritores (ALE) (2/??)


Capitulo 2: La profundidad narrativa

– ¿Eh? ¿Quieres ser escritora? – Preguntó su amiga, de cabello negro y brillante, poseedora de unos profundos ojos verdes en un rostro redondo, simpático y amigable. – ¿Y eso?
– Es simple – Repuso Alice, rascándose la mejilla. – ¿Has leído alguna vez un tecno libro? ¡Son impresionantes!
– Por supuesto que lo son, soy una coleccionista total de “Lovely Magazine”, una revista donde todas las escritoras escriben únicamente romance y no se aceptan hombres, pues no logran captar “la escencia del amor”, según su creadora.
– ¡Tiempo! Claudia… ¿te gusta el romance?
– Por supuesto, ¿te sorprende?
– Eh… – Se encogió de hombros, desviando la mirada. – E-es solo que no pareces el tipo de chica que…
– ¿Por qué dices eso? – Cuestionó Claudia, en tono ofendido. – ¿He hecho algo para que pienses que no me guste el romance?
– Bueno… el otro día metiste la cabeza de mi hermano al escusado… sin razón alguna…
– Quizás me guste tu hermano y lo haga por tener contacto con él…
– Claudia… tiene 5 años.
– Bien… de acuerdo, quizá no sea del tipo femenino, sentimental y expresivo… pero cuando leo romance siento muy lindo. ¿Sabes? Existe una chica en especial en Lovely Magazine apodada por todos como “Mint”, que tiene una historia muy adorable llamada amor por ruedas, te lo juro, se las arregla para hacerme sentir las sensaciones de la protagonista de una forma tan realista que no puedo dejar de leer… creo que soy adicta a la menta.
– Un momento… – Murmuró Alice, acomodando conceptos. – Dices que ella en especial te hace sentir mejor que el resto… ¿No significa eso que la historia sencillamente te gusta más que las demás?
Claudia arqueó una ceja, incrédula.
– ¿Quieres ser escritora y no sabes nada acerca de la profundidad? – Acusó Claudia, irónica.
– ¿Qué pasa? – Preguntó Alice, confusa.
– Bien… tú y yo tenemos que ir a dar una vuelta al café de Don Gambino.
Sin decir más, Claudia atrapó a Alice con su mano y se la llevó a rastras, casi con apuro.
– ¿Qué es el café de Don Gambino? – Preguntó, aún más confusa la joven, que aún con su confusión se dejó llevar por el brazo guía de su amiga que la arrastró hasta la salida de la residencia.
– ¡No hagas preguntas y sube a mi auto!
Así se hizo, las dos jovencitas montaron en el viejo y sucio auto de Claudia (el cual olía bastante extraño. Claudia acusó a un almuerzo que tiró por accidente dentro de la puerta del copiloto cuando aún estaba en la escuela primaria, y Alice prefirió no indagar en detalles). Tomaron rumbo en dirección desconocida para la joven escritora, 10 minutos después se encontraron en una casa de ladrillos bastante rustica con unas escaleras subterráneas del mismo material. A la pared, un letrero con luces de neón que decía “abierto” señalaba el camino a seguir hasta la entrada del establecimiento.

Como detalle curioso y peculiar de los alrededores, este pintoresco lugar se encontraba cubierto de impresionantes rascacielos e impresionantes paisajes empresariales. Sin embargo, se sostenía en píe como una rosa nacida entre el asfalto, y a cada dos por tres se veían nuevos clientes ingresando dejando ver el fructífero negocio que era para sus dueños.

– Bienvenida al café de Don Gambino – Anunció Claudia mientras entraban al establecimiento. – El lugar donde muchos escritores publicados y no publicados vienen a pasar el rato.

Era verdad, el lugar asemejaba el aspecto de un colonial bar escocés, la música tranquila daba cortina de relajación a lo que era un extenso establecimiento de al menos 40 metros cuadrados de mesas repletas de gente de todo tipo y de todas etnias charlando de forma civilizada y tranquila. Esto no se aplicaba para todos, algunos discutían molestos y continuamente daban golpes en la mesa, otros tantos firmaban autógrafos y se veía al fondo incluso a un grupo de debate donde cada bando defendía su punto de vista sobre algún tema de ballenas o algo así.

– impresionante… – Alice admiró embobada cada cuadro singular en escena, no podía creer lo que veía; y es que era fascinante, ¿Cómo es que nunca antes había escuchado de un lugar tan impresionante? – ¿Cómo es que sabes de este lugar?
– Bueno… ya desde hace un tiempo atrás que soy una fanática de Lovely Magazine, te lo dije, ¿No? Bien, a veces organizan sesiones de autógrafos y entrevistas, y en una de esas juntas fue que conocí este lugar… y mira, estamos de suerte… el dueño está libre en este momento.

Sin dar tiempo a una respuesta, Claudia tiró del brazo de Alice y la llevó hasta la barra de bebidas, en la que un viejecillo de aspecto bonachón, con cabellos y bigote blanco limpiaba con paciencia un vaso de cristal, apenas se percató de que Claudia estaba de visita sonrió con alegría.

– Ah, Claudia, cuánto tiempo sin verte – Dijo el viejecillo, con una voz paternal cargada de paciencia y sabiduría. – Ya tengo el nuevo volumen individual de Mint y también he conseguido uno para ti, ¿Lo quieres?

– ¡¿En serio?! – Exclamó Claudia. – ¡Si quiero, si quiero!

– Sabes… Mint en persona vino a entregármelo y me ha dado dos volúmenes autografiados, por eso supuse que te encantaría… ya le he hablado de ti y dice que muere por conocerte… también se ha disculpado por no haberse podido presentar en los eventos de la revista, dice que el trabajo la tiene vuelta loca.

– ¡MINT SABE QUE EXISTO! – Exclamó, dando saltitos como si acabase de enterarse de que Barbra Streisand deseaba adoptarla, pero recuperando compostura instantes más tarde al recordar su objetivo principal. – Ah… ahora que me acuerdo, no le he presentado a mi amiga… ella es Alice y según me acabo de enterar quiere ser escritora de una revista semanal, ¿Puede creer que no lo sabía y eso que es mi mejor amiga de toda la vida? En fin, me he dado cuenta de que no tiene idea siquiera de lo que es la profundidad narrativa, así que la he traído con usted para que le muestre lo básico.
– Ah, ya veo… una novata apasionada, ¿Eh? – Preguntó Gambino, mirando con interés a la jovencita, que ahora se había puesto roja cual tomate por ser exhibida en su ignorancia. – El problema a veces es la desinformación, pero ya que has venido estaría encantado de enseñarte algunos principios básicos… eh… ¿Por qué no me acompañan un segundo al librero del piso de arriba?
– Claro, andando. – Apuntó Claudia.
– ¡Damián, voy al piso de arriba, encárgate de la barra unos minutos!
De la puerta trasera ubicada en la barra apareció un chico alto con gesto de pocos amigos, asintiendo con seriedad al viejecillo, que sin decir más, se encaminó a la salida del establecimiento, seguido por las chicas.
Subieron nuevamente a la superficie por las mismas escaleras donde recién habían ingresado para después caminar hasta la casa de ladrillos, Gambino la abrió con su llave y dio permiso a las chicas de entrar a aquel lugar que, nuevamente justo como en el café, la descripción no era nada común.
Era una casa de dos pisos común y corriente, con su respectiva cocina, su baño, su sala, su comedor y sus cuartos… la única peculiaridad era que  no se podía saber si la casa tenía paredes; estaba rodeada de gruesos libreros de roble en toda su extensión. No existía un solo espacio libre, todo estaba cubierto de libros, Alice nunca había visto nada igual, para ella era en definitiva la biblioteca más grande que había visto en su vida.
– Eso es… WOW… eso… – Se quedó sin palabras, sencillamente era fascinante.
– ¿A que es impactante? – Preguntó Claudia, entusiasmada. – Esta es la colección privada del señor Gambino, son tecno libros que ha ido reuniendo poco a poco con el paso de los años.
– Cuando me casé con mi amada Teresa, hace ya 50 años – Explicó el viejecillo. – Nos dimos cuenta de que amábamos tanto la lectura que era algo a lo que valía dedicar la vida… es por eso que fundamos el café y no dejamos de leer incluso ahora que nuestros ojos están cansados… O no, ¿Teresa?
– Ah, veo que has traído a la adorable Claudia… ¿Cómo estás cielo?
Desde el segundo piso se podía apreciar a una viejecita con el mismo aspecto bonachón de Gambino, en su cansado rostro llevaba unos gruesos lentes de fondo de botella y sonreía con alegría desde su lugar en un sofá de piel extenso. Sostenía incluso en ese instante, un libro entre sus manos.
– Muy bien, señora Gambino… ¿Y usted, qué tal?
– Pues me tienes como loca leyéndome a la tal Roberta la desgraciada de la revista Creepypasta que tanto me recomendaste la vez pasada… debo decir que no sabía que tuvieras unos gustos tan bizarros, queridita.
– Oh, ¡No señora Gambino! – Tranquilizó Claudia, agitando las manos. – ¡Yo le he recomendado a Mint de Lovely magazine! Esa que usted dice ni idea de quién será.
– Ah, entonces fue mi error – Bufó la viejecita, socarrona. – ¿Y quién es tu amiga, cielo?
– Ella es su amiga Alice – Se adelantó el señor Gambino, con voz templada. – Y quiere ser escritora, así que hemos venido para mostrarle algunos conceptos básicos, ¿Por qué no tomas algo para demostrar las distintas profundidades en la narrativa, bajas y me ayudas con esto?
– Ah, ya veo… entonces denme un par de minutos. Mientras tanto, prepara té para nuestras invitadas y déjalas tomar asiento.
Así se hizo. Alice y Claudia esperaron pacientemente sentadas en la sala mientras nuestra protagonista paseaba su mirada por toda la casa, aún le era increíble estar presente ante una postal tan increíble, el saber que existían personas tan apasionadas a la lectura le daba un poco de ansiedad, ¿qué pensarían los señores Gambino si leyeran su tan criticada historia que la llevó a fracasar en su primer intento de publicación? Le tembló la espina de solo imaginarlo; si un editor en entrenamiento la hizo pedazos, un par de expertos como los dos ancianos, sin duda trapearían el suelo con su pobre pellejo novato.
– Aquí está el té – Anunció el señor Gambino, dejando sobre la mesita de centro una charola plateada con tazas de té, una tetera y varias galletas. – Y aquí está el nuevo volumen individual de Mint, para Claudia…
De su brazo izquierdo, el señor Gambino entregó a Claudia un libro de color rojo con la leyenda “Amor en ruedas” escrita en tonos dorados y sobresalientes, Claudia entró en estado de shock y se quedó acariciándolo como si fuese una mascota durante tiempo indefinido.
– Y aquí están los ejemplos – hizo lo propio la señora Gambino. – Para comenzar te voy a pedir que te leas este primero… se llama “El perro de Flandes versión no mientas, Doctor”
Era un libro muy delgado color negro, sin portada ni dedicatorias ni índice en sus inicios, algo nerviosa, Alice comenzó a leer.
La historia trataba como el clásico cuento infantil trágico, excepto que el perro en esta ocasión era un demonio total, al final los padres del protagonista deciden mandarlo a dormir y cuando el doctor anuncia que está muerto, el perro despierta y le muerde la cabeza.
– ¿Huh? ¿Eh? – Murmuró Alice, mirando de un lado a otro, volviendo en si al mundo real.
– ¿Qué puedes decir de esta historia? – Preguntó el señor Gambino.
– Bueno… fue algo raro… más bien bizarro… no sé… fue extraño…
– ¿No te sentiste asustada por el extraño comportamiento del perro Flandes? ¿No te asustó lo que hizo? Digo, cuando un perro hace tales fechorías y es condenado a la muerte es normal asustarse… ¿No?
– Bueno… no sé explicarlo… fue perturbante en el aspecto de que alguien escribiera sobre esto pero… no sentí nada… no pude siquiera sentir que lo leí en verdad.
– Ah… muy bien… – Murmuró la mujer, tranquila. – Ahora lee este por favor.
Nuevamente era un libro negro, sin portada y sin nada más que el texto. Obediente, Alice inició su lectura.
Se encontraba en un abismo, perdida, olvidada, condenada… nadie la extrañaría… pues nadie la conocía… nadie nunca lloraría una sola lagrima por ella pues su cuerpo inexistente no era suficiente para lograr abatir alguna alma piadosa como existen miles en el mundo material… desgraciadamente ella nunca perteneció… sencillamente no existió ni en ese mundo ni en ningún otro, era claramente existió solamente en un sueño que nunca fue soñado… ella quedará condenada a la soledad tremenda que es el nunca haber existido, para siempre… para siempre…
– ¡NO! – Gritó, agitando la cabeza, hiperventilando y tratando con todas sus fuerzas de gritar para escapar, Claudia la abrazó con fuerza hasta que se percató que estaba de vuelta, pero pasaron varios segundos para que lograra recuperarse de su sobresalto.
– ¿Qué puedes decir de esta historia?
Gambino miraba a la chica con seriedad, Alice no pudo sostener la mirada y la desvió hacia el ahora cerrado marco del libro que aún sostenía en sus manos. Aún hiperventilaba, aún le costaba recuperar su calma.
– Fue aterrador… sentí cada sensación que provocaba la no existencia… nunca estuve más asustada antes… fue terrible… realista y terrible…
– Bien… entonces la diferencia entre “el perro de Flandes versión no mienta Doctor” y  “triste historia de inexistencia”  yace en que una no te hizo sentir nada y la otra te hizo sentir, ¿No es así?
– Así es… – Asintió la chica al instante, tragando saliva. – así fue.
– Bien… – Comenzó Don Gambino. – Quien escribió el perro de Flandes versión no mienta Doctor fue mi sobrino Arthur en su edad violenta, a los 14 años… su narrativa es pésima, su historia carece de sentimiento alguno y claramente de ortografía sabía muy poco. Solo escribió algo sádico porque tenía ganas de hacerlo, y para conmemorar su primera historia mandamos hacer este tecno libro. Me alegra que te haya servido para comprender la diferencia de profundidades que puede existir en la lectura según la calidad de la narrativa; cuando una historia posee sentimiento, estructura, estilo, narrativa y ortografía superior, mejor será su efecto. Y viceversa, si se escribe con habilidad nula, es natural que la gente no logre disfrutar tu lectura como tal, incluso con una tecnología tan fascinante como lo son los tecno libros… ¿Entendido?
– Eso es impresionante… – Alice, con la mirada aún desviada seguía saboreando en su mente las abismales diferencias entre cada historia, y en definitiva conocía cual extremo de ambas era el ideal para llegar a ser un escritor de elite. – Señor… ¿Puedo saber quien ha escrito triste historia de inexistencia? También está en color negro y sin índice ni nada… eso significa que también fue mandado a hacer… ¿No?
–… de hecho, esa historia la escribió nuevamente mi sobrino Arthur, un año después de que escribiera el perro de Flandes.
Alice abrió los ojos de par en par, ¿Era posible que el autor de ambas historias fuese el mismo? ¿Tanta diferencia se podía conseguir en tan solo un año? Daba mucho que pensar… era probable que ella en ese momento tuviera el mismo nivel que el sobrino del señor Gambino tenía en sus inicios, ¿Le tomaría un año solamente en evolucionar a tales dimensiones? Aunque por otro lado, un año era bastante tiempo y también cabía la posibilidad de que aquel chico fuera un diamante en bruto, después de todo claramente había sido criado bajo el ala protectora de la lectura y su situación era preferible a la de nuestra protagonista… debía intentarlo, tenía que mejorar en menos de un año y le era necesario para ello practicar sin detenimiento.
– Señor Gambino… señora Gambino… – Alice observó a ambos, con fuego decisivo ardiendo en sus ojos claros, tanto como sus objetivos. – Yo deseo ser publicada en ALE, quiero ser publicada en la famosa asociación de lectores y escritores y para ello necesito aprender a escribir tan bien como su sobrino y mejor aún… ¿Le molesta si vengo para mostrarle mis mejoras y a recibir más consejos de ustedes en un futuro?



¡TOP 10 DE LA SEMANA DE ALE!

1. – Memorias perdidas – Ten Zero
2. –La leyenda del rey dragón – Ten Zero
3. –  Bella agente secreto – Ten Zero
4. – Lagrimas del Dios de la muerte – Ten Zero
5. – El príncipe oscuro – Ten Zero
6. – Coleccionista de paraguas – BENKA
7. – Horneando el amor – Arwen
8. – Relatos del Fénix pensante – Cronos
9. –  Juegos de azar – ArmedHeart

10. –  Un nuevo… ¿inicio? – Yah

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Bienvenido al mejor blog del universo!

Puedes seguirme en las redes sociales o suscribirte al feed.

¡Suscríbete a mí blog!

Recibe en tu correo las actualizaciones de mis relatos y cuentos. Sólo ingresa tu correo para suscribirte.