Lo Último

1 ago. 2011

Dos mundos, un sentimiento (Prologo) (0/??)

1.-Cada aleteo agota mi torpe y pesado cuerpo, cada movimiento no hace más que provocar que mi desesperación y el miedo a caer se incrementen, si es que es posible estar más desesperado y asustado de lo que ya me encuentro, por supuesto…  ¿Cómo fue que terminé cayendo por este gigantesco acantilado de cualquier forma? ¿Qué fue lo que hizo que un torpe animal de granja cometiera el estúpido improperio de negarse a su naturaleza y limitaciones para lanzarse a una inminente y dolorosa caída? Es bastante extraño en realidad, ya que yo siempre fui un cobarde, pensándolo mejor, incluso soy feliz siendo cobarde, siempre fue así… en la comodidad del suelo se encuentra todo lo necesario de cualquier forma: alimento, protección, techo y cariño… entonces… ¿Por qué estoy cayendo? ¿Por qué estoy luchando contra lo que soy? Y más importante… ¿Por qué sigo intentando alzar el vuelo?
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2.-Nuevamente espiándole, nuevamente observando cómo prepara sus utensilios, puedo ver con facilidad que cada día que pasa me acerco más y más a donde está, ¿Es que me he olvidado del temor a ser descubierta? ¿O es que sencillamente quiero que así sea? De seguir esto así, en cierto momento estaré oculta bajo su armatoste flotador o bajo ese puente de maderos al que él, con ese peculiar lenguaje suyo, llama muelle.
Ha llegado la hora de salir entonces, con un fuerte empujón se aventura nuevamente, como todas las mañanas, dentro de las aguas.
Esta vez luce triste… ¿Es acaso porque ayer accidentalmente perdió su herramienta atrapa-peces cuando esta se le resbaló de las manos? De ser así bastará con bajar a la profundidad y entregársela, aunque por supuesto… está estrictamente prohibido permitir que los de su tipo me miren… estoy limitada, tristemente condenada, a verle desde lejos, en las sombras del mar.
Estoy bajando al fondo, por alguna razón me es imposible escuchar a las reglas en esta ocasión, la tristeza en él parece notoria y es por ello que yo también termino poniéndome triste… debo encontrar su herramienta y entregársela, no importa si él se asusta… en esta ocasión creo que puede valer la pena el riesgo… no, no lo creo… estoy segura de que el riesgo vale la pena… cuando recuerdo su triste y desolada mirada me siento consciente de que es así… pues sus ojos tristes, solitarios y perdidos me hacen sentir que ya ha llegado la hora de dejar de observar y comenzar a actuar.

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