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24 sept. 2011

Asociación de lectores y escritores (8/??)

Capitulo 8: Inspiración y apoyo

– ¡¿QUÉ ESTÁS QUÉ?! – Exclamó Claudia, arañándose las mejillas, con ansiedad.
– ¡Bloqueada! – Chilló Alice, golpeándose la frente contra el escritorio. – ¡Lo he tratado todo pero nada sale de la estúpida pluma! Y no, ¡tampoco sale nada en el Microsoft Word! ¡Tengo las energías, el lenguaje, la nutrición, el diccionario y las papitas, pero no me motivo a escribir nada!… sé honesta, Claudia… ¿crees que tenga Cáncer?
– No, Alice, no tienes Cáncer – Aseguró su amiga, recuperando la compostura ante la falta de la misma en su amiga. – Es peor aún… estás atorada… rayos… ¿Qué hacía Mint en ocasiones como estas? ¡Eso lo dijo en una de las entrevistas en la revista Writer´s news! Dijo algo de… cambiar de aires…
– ¡Eso es! – Exclamó Alice, tomándola de las manos y esbozando una sonrisa de emoción. – ¡Vayamos de picnic! ¡Eso seguro me devuelve al ruedo! ¡Al parque central se ha dicho!
 – ¡ALICE YA VAMONOS! – Gritó una voz femenina desde el piso de abajo.
La espina de la joven se congeló, y expansivamente todo su cuerpo se tensó al escuchar a su madre llamándola.
– ¡¿EH? ¿Irnos a dónde, Mamá?!
– ¡PUES A HACER LAS COMPRAS, NECESITAMOS COMPRAR VERDURAS, EL UNGÜENTO DE TU HERMANITO Y EL DEL ABUELO!
– ¡ESTOY OCUPADA MAMÁ, TENGO QUE IR A CONSEGUIR INSPIRACIÓN AL PARQUE CENTRAL!
 – ¡PUES ESO TENDRÁ QUE ESPERAR MIJITA PORQUE TÚ VIENES CONMIGO!
– ¡¿EH?! ¡PERO SI NO ES DOMINGO! – Intervino el abuelo, desde la sala.
– ¡NO TE ESTOY HABLANDO A TI PAPÁ! – Continuó la madre de Alice. – ¡ANDALE ALICE, BAJATE YA!
– ¡PERO MAMÁ! ¡LA ENTREGA DEL ONE-SHOT ES EN TRES SEMANAS Y ESTOY ATORADISIMA! ¡MI CARRERA JUVENIL DEPENDE DE ESTO!
– ¡¿SIGUES CON ESAS TONTERÍAS DE ESCRIBIR?! ¡BAJA YA ANTES DE QUE VAYA POR TI!
– No está bromeando – Lamentó Alice. – Lo siento Claudia… yo… iré…
– Sí, no te preocupes – Tranquilizó, con un guiño. – Y no te estreses tanto… quizás en el supermercado encuentres esa inspiración que tanto necesitas.
– Sí, claro, en el supermercado… no me hagas reír. – Fulminó con la mirada a su acompañante. – En serio, no estoy de humor.
Así Claudia partió en el claudiusmovil a su casa y Alice y su mamá partieron rumbo al supermercado, porque en una era tan futurista y avanzada la gente sigue necesitando de alimentarse al menos tres veces al día con nutrientes balanceados, y tristemente no existe tal cosa como un catalogo teletransportador de alimentos en tiempo real y tampoco pareciera que su invención estuviese cercana. La gente sigue transportándose hasta los supermercados, formándose en largas líneas de paga, peleándose por los productos en oferta y gastando valiosas horas que podrían ser perfectamente invertidas en la inspiración artística en un bello parque local.
Alice comenzó a soltar un impresionante discurso al cual su madre atendió con asentimientos y ruidos de continuidad. Esto siguió hasta que ellas paseaban por los pasillos del supermercado, una depositando lo necesario en el carrito mientras que la otra jugaba con este, impulsándolo y subiéndose en él como niña pequeña.
– ¡Solo digo que un teletransportador de alimentos con un catalogo en casa sería el invento del siglo, madre!
– Si, Alice, lo que tu digas…
– ¿A qué soy una mente revolucionaria, mamá? ¡¿Mamá?!
– Si, Alice… lo eres…
– Entonces… ¿Me dejas irme a buscar inspiración?
– No.
– ¿Por qué no?
– Porque no quiero que pierdas tu juventud escribiendo y fantaseando cuando puedes vivir.
– Ah… con que después de todo hay una razón de ese tipo… mamá… me gusta escribir, ¡lo amo!
La señora Delaware suspiró, mientras lanzaba una bolsa de pan al carrito con mortificación.
– Ay muchacha… muchacha… te juro que como te veo de dedicada últimamente empiezo a creérmela que ahora vas en serio, pero no me dejo engañar tan fácil.
– ¿Por qué no me crees? Solo porque me he rendido en un par de cosas… como con el tae kwon do… y la guitarra…
– Y el jazz, y el karate, y la lucha libre… y el futbol… ¿Recuerdas como me lloraste por ese videojuego de pokémonos y que al final se lo regalaste a tu hermano?
– Bueno, admito que mi destino no era ser siempre la mejor, mejor que nadie más… CHAN CHAN CHAN… pero ya, ya… igual he roto record, ¿No? Ya llevo mucho escribiendo y sigue gustándome mucho… – La chica hablaba mientras andaba con sus manos cruzadas en su espalda baja y con el gesto cabizbajo, abierto y sincero. – ¿Te cuento algo? Me di cuenta cuando llevé mi última historia con Yao que…
– ¿Yao?
– Si, es el editor chino afroamericano que me revisó y recomendó lo del concurso…
– ¿Eh? ¿Chino y afroa…? Bah, estos chinos y su música hip hop… en fin, ¿De qué te diste cuenta?
– De lo mucho que amo escribir… di mi mayor esfuerzo durante día y noche sin saber bien que esperar… en realidad, no sentía que mi trabajo tuviese un propósito más allá de la fama y del dinero hasta que vi que mis chistes le causaron risa y mis giros le causaron impresiones… fue en ese instante en que me di cuenta de que el mayor sabor en escribir no es la competencia ni la gloria, sino que la gente disfrute de algo que te toma muchísimo trabajo y esfuerzo. Claro que la competencia y la gloria son cosas geniales, y mejor ni hablemos del dinero… pero el placer de ser leído es… WOW. Simplemente… WOW.
– ¿WOW? – Preguntó la señora Delaware.
– ¡Si, no puedo explicarlo de otra forma! – Repuso la chica ahora emocionada por compartir estos sentimientos tan propios e intensos con la autora de sus días. El brillo en sus ojos y su intensa sonrisa captaron la atención de su madre, que boquiabierta presenciaba como su hija ahora le sujetaba el brazo mientras describía sus ideas una a una. – Como decirlo… fue como si estuviese en una cuerda floja… sentía que si fracasaba en hacer que Yao disfrutara mi escrito sería como caer en picada hacia el peor de los destinos… ¡mientras que si la disfrutaba y reía con ella podría disfrutar de la fuente de chocolate al otro extremo de la cuerda!
– Ah, ahora hay chocolate.
– ¡No es acerca del chocolate, mamá! Es sobre lo que representa, representa la satisfacción, vamos… ser leída es una sensación que me hace sentirme radiante… es un placer único, madre… te lo digo… ¡ÚNICO!
– ¿Y bien?
– ¿Eh? ¿Y bien, qué?
– Si… ¿qué dijo ese chino de tu historia?
– Pues ya que no estoy publicada aún supongo que no era lo suficientemente buena… pero me habló de este concurso de one-shots en el que puedo darme a conocer si lo gano… me dio algunos consejos para transformar mi historia y bueno… – unió ambos dedos índices una y otra vez, nerviosa y tímida en un cambio brutal de actitud.
– En serio te gusta lo que haces ahora… ¿Cierto?
La señora Delaware usó un tono serio pero repleto de comprensión y aceptación… y el hecho de que mientras hablaba se encontraba buscando la mermelada de frambuesa de la marca favorita del hermanito, no restaba en absoluto valor a sus palabras, Alice finalmente sentía que hablaba con su madre en la misma sintonía.
– Si, mamá… lo amo, lo amo mucho.
– Bueno… yo no sé mucho de la lectura ni nada de esas cosas… a decir verdad fui criada bajo entretenimientos más sanos como la televisión y el internet… pero si te gusta tanto hacerlo supongo que debo hacerme a la idea de que me tocó una hija escritora…– La mujer suspiró bajo, dudando un tanto en continuar; afortunadamente acabó por animarse y seguir. –… lo que quiero decir es… eh… ¿Me dejarías leer algo que tú hayas escrito?
Alice comprendió todo el esfuerzo que hacía su madre, una mujer hecha y críada a la antigua para comprenderla y apoyarla en sus sueños. Sabía que no era fácil aceptar que su hija pasara el resto de su vida creando mundos ficticios en un cuarto cuando había tantas cosas por hacer en el mundo real; por tal esfuerzo, la abrazó en un salto olímpico y comenzó a bailar tango con ella.
– ¡¿Q-Qué estás haciendo, tonta?! – Se sobresaltó la mujer, ante la nueva postura bailarina de su hija.
– ¡Por supuesto que sí mamá, llegando a casa te muestro a mi Lily y a mi Oscar!
– E-Está bien, pero suéltame tonta, la gente nos está viendo… mira, ese señor nos ha lanzado una moneda.
– ¡Pero es que estoy feliz mamá!
 – ¡P-para ya! ¿No tienes que irte? Anda, deja de perder el tiempo aquí.
– ¿Eh? ¿De qué hablas, mamá? – Preguntó la chica, boquiabierta; deteniéndose por completo y separándose de su madre lo suficiente para verla frente a frente.
– ¿No dijiste que tenías que agarrar inspiración en el parque central? Pues se está haciendo tarde, recuerda que tienes que volver antes de que oscurezca o tu papá y Pulgoso se acabarán tu porción de la cena.
 – Mami… yo…
Los ojos de Alice se cubrieron de gratitud y admiración, por un momento parecía que sus piernas se giraban en dirección a la salida, pero finalmente se aferró al carrito del supermercado.
– Nah… eso puede esperar, ahora estoy de compras contigo… ¡La inspiración puede esperar a que compremos helado napolitano y tomates!
– Bueno, si así lo decides… pero ese no es nuestro carrito, deja de tontear y sigamos.
Todos saben que la inspiración es vital para un artista. Ya sea pintor, escultor, deportista o escritor, será siempre el combustible más vital para llegar al arte en su estado material. Lo que nadie sabe es como obra exactamente la presencia de la inspiración en nuestro cuerpo y tampoco se sabe con exactitud cómo se produce en primer lugar.
La palabra “inspiración” significa literalmente “recibir el aliento”. Los griegos, al momento de crear su concepto, aseguraban que la inspiración llegaba únicamente a través del aliento y sabiduría de los dioses; basta con leer la odisea para darse cuenta de que en los tiempos antiguos la inspiración era interpretada como una ayuda divina más que como talento propio, convirtiéndose ellos únicamente en los mediadores de una fórmula divina que encarnaba maravillas a través de manos mortales.
Sus deducciones pueden no estar del todo erróneas. Siempre existirá un artista bloqueado o estancado en búsqueda de salir de ese agujero de mal rendimiento para regresar a su estado idóneo, así como siempre existirá también esa musa que con la sola interacción sea capaz de regresar el aliento y la capacidad en un santiamén.
No extrañe que los poetas y escritores se emborrachen buscando escape del bloqueo; mientras beben, socializan, y al socializar los sentidos se liberan, los nervios se relajan y las ideas fluyen con tranquilidad.
Dejándolo de una forma más simple: apenas llegó a casa, Alice pudo escribir. Y solo se detuvo para ir a la escuela y para sus necesidades vitales. No detuvo el flujo de ideas sino hasta que fue capaz de esbozar una sonrisa de satisfacción por el resultado finiquito.
– Mini ALE, ahí voy. – Murmuró, con su amplia sonrisa dibujando el brillante semblante por debajo de sus ojos cansados y ojerosos.
Apenas terminó, Alice le envió un texto a Yao, informándole que ya había terminado. No pasaron ni 30 segundos para que este le devolviera la llamada.
“Bueno… son las 3 de la mañana…  pero igual me alegro que me lo informaras.
Lo hiciste con tiempo, falta una semana y podemos usar esa semana para reparar los pequeños detalles, si es que existen.
¿Por qué no me lo envías a mi correo? Mañana por la tarde, a eso de las 6 de la tarde pásate por la explanada y tomando un café te digo mis conclusiones, observaciones y demás, ¿Bien?”
“Genial, ya lo envío entonces. Nos vemos Yao, gracias por contestar.”
Después de enviarle el archivo a Yao, Alice durmió, durmió como tenía ya mucho sin hacerlo. No había espacio para el nerviosismo cuando el agotamiento del trabajo duro se sobreponía imponentemente al aguante humano.
A la mañana siguiente, (bueno, en realidad era tarde, pues no se despertó si no hasta la 1pm) Alice convocó a Claudia a su casa, como siempre, su mejor amiga respondió atenta al llamado y una hora después ya estaba en territorio Delaware.
– Ahora solo falta que a Yao le guste el trabajo para meterlo dentro de los aspirantes a concursar, ¿No? – Preguntó Claudia, mientras se desparramaba en la cama de su amiga. – Bueno, y aunque no le guste seguro solo es cuestión de reparar ese detallito que no le cause gracia y estará listo…. ¿Qué se siente saber que estás a punto de tener tu oportunidad de entrar a un concurso profesional?
– Estoy bastante nerviosa –Admitió. – De hecho, nunca había estado tan nerviosa, estoy mirando el reloj cada 4 segundos para ver si ya van a ser las 6 pero siguen siendo las 2…
– Tranquila, ¿Por qué no vamos a Gambino´s por un café mientras tanto? Seguro al Don y a la Doña les dará gusto tu avance.
– Tienes razón, también tengo que agradecerles por todas sus atenciones… es más… ¡voy por mi computadora para mostrarles lo que he hecho! ¡Seguro me compararán con su sobrino en evolución!
– Bueno, ya serán ellos quienes decidan eso.
Y así Alice y Claudia acabaron montándose en el claudiusmovil, y en él las chicas viajaron a Gambino´s, esa cafetería de aspecto rustico que tenía su entrada en una escalera subterránea. Cuando Claudia estaba a punto de cruzar la puerta del edificio, Alice la llamó con su mano.
– Tú entra y pide algo para las dos, yo solo iré antes a decirle hola a la señora Gambino y te alcanzo, ¿Bien?
– Bien – Asintió la morena. – ¿Quieres café con…?
– Quiero leche tibia con chocolate…
– ¿Leche con…? ¿Cuántos años tienes? Bah… está bien…
Alice subió las escaleras nuevamente y caminó en línea recta hasta la casa ubicada en un costado del reconocido establecimiento. Subió los 4 escalones del porche y  divisó en una de las mecedoras a un costado de la puerta principal de la casa a un chico delgaducho de cabello oscuro y rizado, gesto algo distraído y mirada observadora. Alice se quedó petrificada al verlo, el chico no pasó esto desapercibido y clavó su mirada en la chica.
– ¿Vienes a visitar a los viejos? –Preguntó, con una voz despreocupada.
– ¿A-Ah? – Balbuceó la chica, como retrocediendo un par de centímetros.
– Lo digo porque si es así no están… han ido a recoger a no sé qué lado a cierto petardo que por aquí es muy famoso…
– ¿Y tú eres…? ¿Familiar o algo así?
– Para nada –Bufó, soltando una carcajada seca. – Soy alguien que andaba buscando un lugar para sentarse y esta mecedora estaba aquí, así que…
– ¿Eh? Pero esto es propiedad privada, ¿Sabes? – Alice frunció el ceño y se llevó sus manos a la cintura, estaba lista para darle un sermón a ese maleducado.
– Oye, oye, tranquila – Se adelantó el chico, negando con ambas manos a palma extendida, buscando tranquilizar a nuestra joven protagonista. – Tampoco soy un completo desconocido de los viejos…
– ¿Eres escritor? – Se adelantó Alice, con pericia.
– Un poco, sí, supongo… ¿Y tú? ¿Lo eres?
– Aún no… ¿pero sabes? Hay un concurso de one-shots próximamente al que espero entrar…
– Espera… ¿he oído bien?
El chico ahora miraba con incredulidad a Alice. Giró la cabeza, como esperando comprender sus palabras en otra perspectiva.
– ¿D-Dije algo malo? – Preguntó ella, apenándose por la mirada tan rigurosa, el sujeto se encogió de hombros.
– Dijiste algo muy malo, sí… ¿Crees que tienes que ser publicada para ser escritora? Ya por pensar eso estás muy mal… ¿sabes por qué hay tanto sujeto que cae en depresión después de ser cancelado y que siente que ha echado su vida por la borda? Precisamente por ese pequeño pensamiento. – Se puso de pie, y caminó lentamente en dirección a su acompañante. Ahora era él quien daba el sermón. – Déjame decírtelo, un montón de editores… no, una revista no es capaz de decirte que eres y que no, por muchos lectores y prestigio que tenga. Ahora voy a hacerte una pregunta, ¿Sabes escribir?
– Pues… sí… pero…
– ¿Escribes historias?
– Eh… sí…
– ¿Te gusta hacerlo?
– Sí…
– ¿Quieres que la gente disfrute leyéndote?
– Sí, sí quiero eso.
 – Pues entonces felicidades, extraña – Colocó su larga mano sobre el hombro desnudo de la chica. – ¡Eres una escritora! Y te lo ordeno, no dejes que ningún idiota trate de querer hacerte creer lo contrario. ¡En esas ocasiones hay que hacer valer nuestro ego!
Nuevamente se le daba un empujón y se le instruía dentro del medio que aún era nuevo para ella. En esta ocasión a simple vista pareciera ser algo de baja importancia, pero seriamente influiría en el aspecto anímico de cualquier persona con el mínimo respeto a su trabajo artístico. Las mejillas de Alice se sonrojaron y sus ojos brillaron en gratitud, su sonrisa tímida fue creciendo en dimensiones considerables hasta formar un gesto máximo de felicidad.
– Este es… ¡el discurso más motivador e inspirador que un extraño invadiendo propiedad privada me haya dicho! ¡Muchas gracias! ¡Tienes toda la razón! ¡YO SOY UNA ESCRITORA!
– Si, si, pero tampoco lo divulgues tan alto que alarmarás a las prensas… – El joven se dio la vuelta y regresó a su asiento, con casual elegancia. – Entonces… eh… olvidé tu nombre.
– No lo olvidaste, no te lo dije… mi nombre es Alice Delaware, escritora futuramente publicada en la asociación de lectores y escritores. ¡Mucho gusto!
El chico apreció con detenimiento la sonrisa de determinación que surgió apenas Alice terminó su presentación, esbozó una sonrisa por igual, le gustaba esa actitud.
– Bueno, yo soy Marco Lampard y soy…
El teléfono de Alice comenzó a timbrar, ella soltó un pisotón al suelo y respondió de mala gana.
– ¡¿QUÉ?! Estoy en medio de una presentación con un salvador anónimo y me has interrumpido.
– Ah, lo siento Alice… no tardaré mucho, solo quería darte la buena noticia de que yo…
– Ah, Anthony. Perdona por reaccionar así… eh, ahora no puedo hablar… es de mala educación dejar esperando a un extraño que te acaba de cambiar la perspectiva de la vida, ¿Entiendes, no?
– Curioso… Claudia acaba de decirme algo parecido…
– En fin, hablamos después, ¡Chao!
Alice colgó el teléfono y lo guardó en su bolso, dejando ver la computadora color azul cielo que cargaba con ella para mostrar su escrito a los señores Gambino.
– ¿Tienes una historia tuya ahí? – Preguntó Marco, atento.
– Ah, sí, tengo el one-shot del concurso que te dije en el que participaré.
– ¿Te molesta si le echo un vistazo?
– ¡Claro que puedes! – Exclamó. – En esto tengo mucha confianza, he hecho mi mejor trabajo sin duda.
– En ese caso toma asiento aquí – Señaló, quitándose de su asiento y pasándose a la silla de jardín de al lado. – Las damas toman la mecedora y los chicos tomamos la fea silla metálica del viejo Gambino.
Alice aceptó la cortesía del chico que aparentaba su edad y después sacó de su bolso su laptop, de esas muy pequeñas, por cierto.
– Eh… ¿No te molesta escribir con una pantalla tan chica?
– Ya me he acostumbrado.
– Yo me suicidaría su tuviera que escribir con un teclado tan pequeño, ¿cómo lo haces?
– Ese es uno de mis 90 talentos secretos. – Alardeó.
– Y-ya veo… me pregunto cuales serán los otros 89… – Se encogió de hombros, y volvió a prestar atención a la computadora de la chica. – ¿Es este, no es así? “Las demencias de Lily”
– ¡Exacto! – Asintió la chica, recargándose para estar más cercana a la visión del joven. – Lee, anda; yo te espero.
La historia comenzaba en un centro comercial con Lily como la protagonista y narradora, explicaba su retorcida visión de lo que la vida tiene que ser: una serie de momentos adrenalisticos que deben detenerse solo en el momento en que los huesos cansados lo pidan a gritos. También explicaba que la gente pacífica era solo gente amante de lo extremo que necesitaba un empujón para la verdadera vida. Se consideraba a sí misma una asesina de lo monótono, terminó su explicación con un “no espero que me comprendan, en realidad nadie lo hace aún… pero por su bien espero que no intenten detenerme cuando me vean en la calle, pues desde hace un tiempo atrás soy un toro enfurecido”, después de esto, la chica encendió la primera bengala.
Lily se dedicó a causar destrozos en el centro comercial, decapitó maniquíes, robó hamburguesas, nadó en la fuente, golpeó un poco a cada guardia, trasquiló a unos cuantos infelices en la estética, besó a algunas parejas que pasaban por ahí y se robó un par de bebés. Los guardias de seguridad tuvieron que seguirla por unos 40 minutos para poder acorralarla finalmente en un restaurante donde ella cometió el error de ponerse a bailar sobre las mesas para degustación de los hombres presentes. La apresaron y se la llevaron mientras ella se burlaba entre gritos de su baja efectividad al haberla dejado hacer tantos destrozos.
La administración del centro comercial accedió a no llamar a la policía siempre y cuando se pagaran los daños, Lily hizo su llamada y terminó su participación como narradora con la siguiente línea “Ramón… he vuelto a caer… ven por mi y trae tu billetera”.
Comienza la narrativa por cortesía de Ramón, un hombre tranquilo, pacifico y entregado a su vida monótona. Apenas al despertarse, corrió a la habitación de Lily para despertarla, pero ella no estaba ahí, pensó que quizás estaba haciendo ejercicio y continuó su rutina.
Tomó una ducha, se preparó el desayuno, tomó su maletín y su saco y salió al trabajo, era un agente publicista de reciente ingreso a una compañía con mucho futuro y poco a poco iba escalando en los peldaños para perfilarse como uno de los jóvenes exponentes. Nunca hubiese esperado semejante éxito siendo conocedor de su “situación” de inmigrante, sin embargo no reprochaba esto, de hecho estaba fascinado.
En su trabajo hizo las tareas diarias, dio ordenes a sus pupilos y se puso a trabajar en su computadora. De pronto, entró una llamada a su celular, era su compañera de departamento, Lily al teléfono.
“Ramón…  he vuelto a caer… ven por mi y trae tu billetera” fueron sus descaradas palabras, Ramón le preguntó en donde había vuelto a caer, en tono malhumorado y ella simplemente dijo “En el centro comercial de la otra vez”.
Dos veces en un mes, y para variar en el mismo lugar, Ramón hizo un monologo sobre los problemas mentales que inundaban a su retorcida amiga, luego se quejó a gusto sobre lo costoso que era cubrir los gastos de sus jugarretas y pasó a informar que ya estaba cansado de ese comportamiento y que le pondría final de una vez.
Así se hizo, al menos así se intentó, Ramón se disculpó por los destrozos, pagó un cheque y se llevó a su semidesnuda compañera de departamento en una toalla amablemente prestada por el departamento de objetos perdidos del centro comercial. Mientras iban en el auto, Ramón sermoneó a Lily, le dijo que ya no era más una niña, que a sus 25 años era hora de plantar los pies en el suelo y darse cuenta de la situación. Ella comenzó a cantar “Pero tú eres un alíen, eres un alíen” y 30 minutos después, cuando se aburrió de cantar comenzó a pedirle un viaje trasatlántico a algún lugar desconocido para jugar con armas alienígenas y crear situaciones de terror y alarma nacional, la respuesta de Ramón fue la misma de siempre: NO.
Ahí Ramón inició su explicación a todo ese asunto de Lily llamándolo Alíen y pidiéndole cosas extrañas, hizo una breve explicación de su llegada al planeta y de cómo accidentalmente se estrelló en el departamento de Lily, de cómo ella se encontraba en un momento anímico delicado y la llegada de algo paranormal a su vida terminó volviéndola una loca de lo peor, de cómo decidió quedarse en vista de que su nave había quedado hecha pedazos y de cómo su personalidad pacifica y poco gustosa de alterar los ambientes naturales de cada planeta era un obstáculo para los planes excéntricos de Lily, fue de esta forma en que ella terminó volviéndose una criminal de centros comerciales y él se olvidó de comprarse un departamento más amplio en unos años.
Las charlas entre Ramón y Lily eran muy divertidas, ella soltaba cosas sin sentido y Ramón las respondía sin alterarse ni darle espacio a replicas divagantes, ella terminaba desesperándose y dando un cambio total de tema. Siguieron de esta forma hasta que volvieron al departamento, donde Ramón llevó a Lily a su habitación, la puso bajo las cobijas y comenzó a cantarle una canción de cuna, antes de quedarse dormida, Lily le dijo “Gracias por todo, Ramón”, él sonrió y abandonó la habitación, soltó un corto análisis de que su compañera podía ser algo loca, pero en realidad era una chica muy noble y tierna si se lo proponía, aseguró estar más que seguro de que sería capaz de transformarla en una persona de bien para la sociedad y alardeó que estaba más cerca que nunca de lograrlo, la historia termina con un “…o al menos eso creía, hasta que escuché que algo explotaba en su habitación, me encogí de hombros y corrí a salvarla del fuego”.
– ¿Y bien? – Esbozó Alice, nerviosa, apenas Marco levantó su mirada hasta los ojos de la joven escritora.
Marco se quedó organizando sus ideas durante un par de segundos, antes de contestar.
– Es… quizás lo más peculiar y original que he leído en un tiempo… ¿Sabes? Estoy seguro que no existe otra historia en que el alienígena no sea el loco… y la historia no tiene romance alguno escrito con palabras… pero como se llevan esos dos… uno puede sentirlo, ¿Sabes? Uno desea verlos juntos… yo en verdad pensaba que la besaría o algo así al final.
– ¿Verdad? – Coincidió Alice. – ¡Estoy muy feliz por el resultado! ¿Qué opinas tú? ¿Crees que pueda ser publicada?
– ¿Bromeas? Sin duda alguna, no vi ninguna falla ortográfica, la lectura es fluida e interesante, hace reír y tiene romance discreto… ¡Esto sin duda estará seleccionado entre las mejores 20! ¿Sabes que es lo que más me gustó? La pasión que se siente al leerla… nunca he podido explicarlo pero es notorio cuando alguien escribe con pasión y cuando no… puede saberse a simple vista que amaste escribirlo.
Alice se aceleró de la emoción; el chico la había puesto en las nubes con “fluida e interesante” y la perdió totalmente en “seleccionado entre las mejores 20”. Por desgracia, el timbrar de su celular la hizo volver al mundo real.
– ¿Huh? Ah, hola Claudia, ¿Cómo estás? ¡No vas a adivinar lo que ha pasado! Me he topado con un chico muy amable y comenzamos a charlar, me dijo que…
– Un momento – Interrumpió Claudia, con pesadez. – ¿Estás ligando? ¿Me has dejado plantada para irte a ligar? ¡¿Dónde rayos estás?!
– ¿Eh? AH… ¡Rayos! –Exclamó. – Lo había olvidado… ¡Se supone que solo saludaría a la señora Gambino y volvería contigo! ¡Perdón, perdón, ya voy para allá!, cuenta hasta 10, no… mejor hasta 20, chao.
Alice colgó el teléfono y soltó una sonrisa de disculpa a Marco, tomó su computadora y la depositó de vuelta en su bolso.
– Lo siento Marco, me quedé tan concentrada en la charla que olvidé que venía con mi amiga. Nos vemos después, ¿Bien? Gracias por toda tu ayuda y también por la opinión, espero pronto seas publicado tú también; ¡Suerte y fuerza! Ah, prometo darte algún amuleto o algo la próxima vez que nos veamos… ya sabes, por darme aliento.
– ¿Eh? ¿Publicado? – Preguntó el chico, estremeciéndose. – Eso significa que no sabes quién s… bah, da igual… muchas gracias, me esforzaré y no me rendiré. Suerte y fuerza para ti también, Alice Delaware, y estaré esperando el amuleto, creo.
Alice se dio la vuelta y corrió hasta perderse en las escaleras subterráneas, Marco se llevó una mano a la barbilla mientras no desviaba la mirada de esa peculiar silueta de positivismo y energía pura.

– Mmmh… creo que después de todo, las cosas se pueden poner emocionantes en ALE, incluso después de que acabe con Ten Zero.

2 comentarios:

  1. Hola otra vez :)

    WOW...sin palabras, simplemente me encanto el capitulo, el como se inspiro Alice, el encuentro con Marco... creo que todo XD

    Gracias por el capitulo, no crei que lo subieras tan pronto... quedo en espera del proximo :D

    PD. jajaja otra vez Oscar se metio por ahí :P "– ¡Por supuesto que si mamá, llegando a casa te muestro a mi Lily y a mi Oscar!"

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  2. JAJAJAJA estoy traumado con oscar!! creo que la proxima historia de alice debe tener uno con ese nombre XDD!!! gracias por pasarte de nuevoo!! lo aprecio mucho, si gustas postear en mc porque se te hace mas facil tmb se vale eh n.n! animo y suerte en todo!! un abrazo :)

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