Lo Último

20 dic. 2011

Junior



Junior.
Comenzar a escribir una historia, según los escritores es lo más difícil a realizar cuando se sigue el camino de las letras, la página está en blanco y expectante, juzgando despiadadamente a cada una de las palabras iníciales, que al verse solitarias y sin un respaldo tienden a decepcionar antes de que logren conectarse con sus descendientes para tomar un concepto. Me pregunto si iniciar una historia es como dar vida, así como también me pregunto si cada historia lleva tras de sí el palpitar de su creador… de ser así, ¿Tras de esta historia se encuentra también el mío?

En esta sociedad en que los prejuicios, las etiquetas y las falsas actitudes dominan desde los principios de lo que llamamos erróneamente “civilización”, las personas siempre han ocultado sus rostros bajo máscaras. Los motivos son varios; algunos las utilizan para conseguir aceptación, otros para protegerse de las garras de la sociedad y otros tantos por simple inseguridad para con sus verdaderos rostros.
Existen también muchísimos casos de personas que llevan una máscara sin saberlo, también se dan ciertas ocasiones en que las personas se han olvidado que las llevan puestas y creen que lo que se ve en el espejo es su rostro. Y por supuesto, como en este mundo para todos los rubros existe el exceso, hay coleccionistas de mascaras y amantes del disfraz. Me refiero a aquellos que tienen una máscara para cada ocasión y que nunca se sabe que rostro van a mostrar al inicio de un nuevo día.
Me atrevería a decir que al menos una vez en la vida todos hemos usado una máscara, ya sea para lograr un fin, para auto protegernos, para ser aceptados o por inseguridad. No existe nadie tan establecido emocionalmente desde sus inicios como para no haber tenido siquiera una etapa de experimentación en la búsqueda del "si mismo".
Teniendo todo lo escrito arriba en cuenta y tomando una visión artística ante la situación, pareciera que la vida fuera una obra de teatro en que nosotros somos los actores. Una visión hermosa de la existencia, ¿No? pero si lo vemos de forma realista todo cambia drásticamente, pues todos pasamos a ser un montón de farsantes.
Abordando los siempre polémicos rubros sobre el bien o el mal no puedo evitar pensar “¿Es malo llevar una máscara? ¿Se puede recriminar a alguien por ser un farsante? ¿Es deleznable que alguien no pueda vivir con su realidad? O incluso, ¿Estamos obligados a ser quienes tenemos que ser?


Daño

Todo comenzó cuando tenía yo 4 años, por esos tiempos vivíamos en una casa de dos pisos muy grande. De hecho, recuerdo muy bien que Junior y yo podíamos pasar el día entero jugando a los exploradores o a cualquier otra cosa que produjera nuestra imaginación sin aburrirnos nunca del terreno, el sueño de todo niño.
Éramos un total de 5 personas viviendo en esa casa: Mi madre Sharon, mi padre Alfred, mi hermano Junior (un año menor que yo), mi hermanita recién nacida, Leslie y yo. Si no me falla la memoria por culpa de los estragos del tiempo, llevábamos una vida muy cómoda y alegre por aquellos días. Recuerdo que yo tenía mi propia habitación, así como también solíamos salir todos de paseo los fines de semana siempre a un lugar distinto… estas memorias sueltas siempre incluyen imágenes estáticas de nosotros sonriendo y siendo felices… no puedo estar seguro si estas imágenes son reales o han sido creación de mi mente. Cabe destacar que si fuese así no me sorprendería.
Estoy seguro de que esta etapa de felicidad y tranquilidad estuvo lejos de ser algo trascendental en mi vida o la de mis hermanos, pues en un parpadeo todas las memorias cálidas forjadas ahí se vieron machacadas por la presencia de uno de los momentos más terribles en todas nuestras vidas: el día en que mi padre se fue, sin despedirse, y sin hacer maletas.
A diferencia de los momentos felices en familia, ese día lo recuerdo perfectamente: Junior y yo estábamos jugando con unas figurillas para armar edificios frente al televisor de la sala mientras Leslie dormía en su habitación. En ese momento el teléfono comenzó a sonar, anunciando una llamada. Mi madre bajó desde el segundo piso y contestó como siempre hacia, en tono educado y conciso.
Desconozco que fue lo que le dijeron con exactitud en ese momento, sin embargo, pude ver cómo su rostro: usualmente brillante, amable y paciente, se deformaba, demacraba y derrumbaba de un segundo a otro en una transformación en que el espacio desapareció a su alrededor.


Fue la primera vez que vi a mi madre morir.


Comenzó a gritarle a la bocina,  pidiendo explicación, pidiendo ayuda… su angustia fue tal que no se pudo mantener de pie, sus rodillas flaquearon y cayó al suelo mientras seguía gritando con desesperación. Su demacrado rostro se tensó y dejó ver toda la miseria que aquellas palabras le habían provocado. El llanto arrastró su humanidad en un inconsolable antro de perdición.
Junior tenía 3 años solamente. Ver llorar, gritar, maldecir y patalear así a nuestra madre no fue cosa fácil para él, que ante la impotencia y la incertidumbre sucumbió al llanto por igual. Me quedé congelado, incapaz de reaccionar… tenía miedo, tenía miedo de quién hacia apenas unos minutos era quién me entregaba seguridad y cuidado incondicional. En cierta forma, sabía que quién se retorcía ante mi espantada mirada no podía ser llamada mamá.
― ¡MAMI! ― Gritó desconsolado Junior, acercándose a ella con desesperación en la búsqueda de la única persona que nunca antes le había fallado y que ahora parecía ser incapaz de ser un pilar, creo que lo que Junior pretendía al acudir a ella era demostrarse a sí mismo que mamá nunca dejaría de ser mamá incluso en ese estado, y es que si un niño merece tener alguien en quién creer, esa persona debe de ser su madre, quienes no tienen permitido derrumbarse, no teniendo vidas dependiendo de su aguante.
― ¡QUITATE ESTÚPIDO! ― Gritó ella cuando Junior se abrazó a su espalda en busca de auxilio; de un arrebato se separó de él y luego soltó una bofetada en reprimenda al acercamiento… la fuerza fue tal que el sonido fue escalofriante. Junior cayó estruendosamente al suelo, quedando maltrecho.
― ¡NO! ― Chillaba Junior, que comenzaba a ahogarse en su propia desesperación desde el suelo, se negaba a si mismo que aquello estuviera pasando. ― ¡MAMÁ, MAMÁ!
― ¡YA CÁLLATE! ― Gritó ella nuevamente, su voz ronca estaba hecha pedazos a tal punto que aterrorizaba tanto como su accionar. ― ¡LÁRGUENSE DE AQUÍ LOS DOS, NO QUIERO VOLVER A VERLOS NUNCA! ¡LOS ODIO, LOS ODIO!
Su tono era amenazante, mientras hiperventilaba su espalda se encorvaba en exceso cual bestia enardecida… aún así, su tono parecía también mostrar algo de suplica, como si vernos en su cercanía fuese para ella dañino… me atrevo a asegurar que de todo lo que un niño puede temer en su vida, ser odiado y repudiado por la autora de sus días es lo peor.
― ¡PIERDETE DE UNA PUTA VEZ!
Junior aún lloraba y gritaba en el suelo, ahora el objetivo de su furibunda mirada era yo. Sus ojos eran rojos, sus parpados se tiñeron de purpura por la irritación; apretó sus puños. Aún me encontraba paralizado, era como si aún no lograra asimilar lo que estaba pasando, sentía que era una de esas pesadillas en que algo terrible ocurría ante mis ojos y no podía moverme.
Sabía lo que tenía que hacer,  tenía que tomar a Junior en mis brazos, ir por Leslie y huir para pedir ayuda en la calle, pero no me podía mover, solo me quedé ahí, con la mirada al suelo, mientras sentía sobre mí la mirada con odio más temible y dañina que he sentido en toda mi vida.
Recibí mi castigo, aún recuerdo con temor esa casi inhumana forma en que ella se acercó hacia mí para tomarme por los cabellos y lanzarme directamente al televisor. El impacto fue tal que mis encías comenzaron a sangrar a chorros, perdí varios de mis dientes de leche en ese choque.
Después del impacto mis piernas lograron reaccionar, pero el golpe fue tan fuerte que perdí el norte y al tratar de escapar terminé cayendo al suelo apenas di el primer paso. Que tratara de huir solo la hizo enojar aún más, se acercó a mí, me levantó jalándome del cabello y puso su rostro frente al mío, lloraba… su aliento hervía como el fuego.
― ¿¡A DONDE CARAJO VAS, CABRÓN!? ¡DEVUELVEME A ALFRED, ÉL SE FUE POR TU CULPA BASTARDO DE MIERDA!
Cerré mis ojos, me limité a aguantar cada impacto; grité, lloré, imploré por piedad… hice todo lo necesario para que todo terminara. Ella no escuchó, sació su ira, su sed… su odio.
Cada golpe dolía más que el anterior, cada impacto resonaba cual campanas en mi cuerpo entero y cada insulto destrozaba a poco mi vida hasta entonces ideal y perfecta… solo deseaba dejar de existir, que el próximo impacto me quitara la vida de una buena vez… sabía que un mundo en que mi propia madre deseaba hacerme daño era un mundo en el que no valía la pena existir.
Entonces, en medio de mi infierno en vida, por una milésima de segundo pensé en la posibilidad de que ella estuviera en lo correcto y yo me mereciera el castigo. Tenía 4 años, me era imposible comprender porque pasaba esto, no podía saber de quién era esa llamada y tampoco comprendía porque mi madre me pedía que le devolviera a papá; entonces recordé la cena de la noche anterior, dónde papá había estado muy callado y malhumorado, me había regañado por tomar un trozo de zanahoria de mi plato con la mano… entonces, tras cruzar un par de palabras con mamá, él se fue a acostar temprano.
¿Papá se había molestado por mi culpa? ¿Se había ido porque me odiaba? ¿Era mi culpa que esto estuviese pasando?
Mis lágrimas dejaron de ser causadas por el dolor físico, mis sollozos se convirtieron en angustia y una culpa inconmensurable acompañó la tortura, fue como una metamorfosis instantánea, de un momento a otro merecía este castigo y mucho más. Había arruinado todo, con la partida de papá había destruido a la familia.
― ¡PERDÓNAME! ―Grité, angustiado y haciendo uso de todo mi aliento restante, sentí el sabor de mi sangre mientras se derramaba a chorros en mi boca y que a cada impacto salía expulsada por inercia.
No estoy seguro de cuánto tiempo duró el castigo; para mí fue eterno. Cuando terminó la tormenta, el ruido del llanto lejano de Leslie adornó mi borrosa visión de la sala.
Por varios minutos no escuché ningún otro sonido ni tampoco percibí movimiento alguno, me arrastré a con Junior, que ahora yacía dormido en el suelo, en el mismo lugar en que el golpe de mi madre le había dejado hacia ya un tiempo indefinido… no lo puedo asegurar, pero creo que la realidad que se dibujaba ante sus ojos fue tan fuerte, violenta y dolorosa que su mente entró en escape para protegerse del peligro.
Me dolía mucho mi brazo, estaba hinchado y amoratado, tampoco podía mover mi mano ni ver bien al tener un ojo cerrado. Normalmente me hubiese preocupado por ello y hubiera corrido para pedir auxilio, sin embargo estaba muy cansado y temeroso como para hacer movimientos acelerados.
Sorprendentemente, dormí, toda la noche.
A la mañana siguiente, nuestra madre se nos acercó a Junior y a mí, ambos nos habíamos acurrucado a un costado de la chimenea; abrazados, temerosos y agotados. Ella se sentó de rodillas frente a nosotros; su rostro estaba hinchado y pálido, tenía sus ojos rojos y sus parpados amoratados… incluso en ese momento seguía sollozando rítmicamente, no es de extrañar que de sus ojos ya no salieran lágrimas.
― Mamá… yo… ― Agaché la mirada mientras mi respiración se alteraba y adentraba en un angustioso llanto de culpabilidad. ― Perdón por haber hecho que papá se fuera mamá, dile que prometo comer con el tenedor pero que no nos deje por favor.
― ¡No, mi amor no digas eso por favor! ― Mi madre me tomó por los hombros con aires de ansiedad. ― ¡No pienses que es tu culpa!
Mi memoria está algo borrosa con lo que ocurrió a continuación, sin embargo aún logro recordar una línea en particular de lo que nos dijo en ese momento:
― Yo no he hecho esto… ― Murmuró, acariciándonos con delicadeza por igual en las mejillas, a mí me dolió bastante por culpa de mis heridas. ― Lo que pasó es que una bruja me hechizó y no lo pude evitar… pero ya he matado a esa bruja así que no volverá a pasar, ¿Bien? Y por su papá no se preocupen, estoy segura que algún día volverá con nosotros. Todo estará bien de ahora en adelante, así que tranquilos, mis amores.
Hace un momento mencioné que si los niños deben creer en alguien, ese alguien era su madre… hay algo que agregar a ello: mientras más difícil sea creerle, más fácil será hacerlo, pues el amor que se le tiene es tal y se le necesita en tantas maneras… que es mejor simplemente convencerse de que todo está bien… aún si eso significa vivir en un cuento de hadas.
Junior y yo la abrazamos en un gratificante arrebato de alivio, era el final de la pesadilla. Al menos por un tiempo, podríamos darnos el lujo de despertar.



Recuperación.

No pasó mucho tiempo para que Junior olvidara lo que había ocurrido aquella noche, por lo que apenas comenzó a resentir la ausencia de papá, comenzó a portarse caprichoso al respecto, exhibiendo abiertamente sus deseos de verle. Mamá se portó tranquila y serena ante la situación, siempre repitiéndole las mismas palabras de siempre: que papá estaría ocupado por un tiempo y que teníamos que portarnos bien y esperar.
Al principio Junior aceptaba encantado y se iba satisfecho con la solución, sin embargo no pasaban muchas horas (o incluso minutos) para que decidiera que no quería esperar y que después de todo era mejor quejarse, patalear y llorar ante la autora de nuestros días. Recuerdo muy bien que esta actitud de suya me causaba algo de temor, ante la posibilidad de que mamá volviera a transformarse. Sin embargo, ella se mantuvo como siempre: tranquila y serena, sin dejar a un lado su temple y dándose el lujo de ser cariñosa con nosotros.
Al menos así era durante el día o cuando estábamos presentes; pues tengo un pequeño fragmento en mi mente en el que me levanto en medio de la noche para ir al baño y al cruzar por su habitación noto que tiene la puerta abierta y la luz encendida, decido ir a darle un beso de buenas noches de paso, sin embargo la escucho hablando con alguien.
― Ah, mí amado Alfred... ― Murmuraba en silencio, en un susurro casi fantasmagórico. ― ¿Qué crees que deba hacer? Los niños están creciendo y necesitan su casa pero…
Justo se me pasaba por la mente que ella estaba hablando con papá por teléfono cuando pude observar su silueta acurrucada en el extremo sur de su cama, llevaba la chaqueta favorita de papá puesta y con su mano acariciaba algo que no alcanzaba a ver.
No estoy seguro si ese fragmento es un recuerdo legítimo o si es de uno de los cientos de sueños que tuve al respecto, y es que desde que papá se fue, se tornó difícil encontrar una diferencia entre mis recuerdos y mis sueños, o más bien se volvió más simple encontrar semejanzas entre ellos.
Como mamá no tenía trabajo, poco a poco nuestra casa comenzó a perder muebles, no estoy seguro cuanto tiempo pasó, si fueron apenas unos meses o si fue cosa de un año o más, lo que si estoy seguro es que no pasó mucho para que tuviéramos que dejar aquel lugar al no poder mantenerlo más: una mañana ella se despertó muy temprano, hizo cientos de maletas y nos informó que nos iríamos a vivir a con el abuelo.
Me sentía triste por la noticia de que esa ya no sería más nuestra casa, pero mi depresión se vio eclipsada por la emoción de vivir con una de las personas que yo más quería así como también por ese espíritu aventurero que le inunda a uno cada vez que se inicia un viaje o se comienza una nueva etapa en un nuevo entorno. Así pues, cargados de maletas nos montamos en el auto y dimos la última mirada a nuestra anterior residencia, nunca más volveríamos a ese lugar.
No puedo recordar como fue el momento en que llegamos con el abuelo, no recuerdo que bajáramos las maletas así como tampoco recuerdo que nos mostrara el lugar ni que nos indicara dónde dormiríamos, pero a diferencia de todo lo ya narrado arriba, no recordar el momento en que llegué ahí me provoca alegría, pues de esta forma me tranquilizo al pensar que estuve ahí toda mi vida.
La casa del abuelo era mucho más pequeña que nuestra vieja residencia, por lo que Junior y yo tuvimos que compartir habitación a partir de ese momento, lo mismo iba para mamá y Leslie. Debo admitir que estaba algo decepcionado por haber perdido tanto espacio para jugar, pues ahora el único espacio que tendríamos sería el patio trasero, sin embargo, estaba convencido de que con el abuelo cerca las ventajas serían muchísimas. No estaba equivocado con ello.
Los años de un infante transcurren con velocidad acelerada siempre y cuando se viva como un infante debe: creciendo cada día, aprendiendo, explorando, experimentando y siendo fomentado a dar cada día un pequeño paso más rumbo a la madurez.
Acostumbrarme a mi nueva vida fue cosa fácil, como el abuelo ya estaba retirado de su trabajo, se pasaba todo el día trabajando en la casa, ya fuera atendiendo a sus plantas en el techo, arreglando pequeños fallos funcionales, regando los arboles del patio trasero o sólo acomodando las cosas que el tiempo había apilado a su alrededor; inmediatamente me pegué a su lado y fascinado le pedí que me permitiera ayudarle en todo lo que fuera posible, él me aceptó inmediatamente como su ayudante y pupilo.
Para Junior fue un tanto más difícil, en los primeros años, un año de diferencia de edad tiene bastante significado  en cuanto a la madurez se refiere, tengo memorias vagas de él llorándole a mamá, exigiéndole que volviéramos a casa; ella se las arreglaba para mantenerlo entretenido hasta que se le olvidaba el asunto por algunas horas y repetía el proceso una y otra vez.
Leslie aún seguía siendo una bebé, así que en realidad no había problema para ella… y en cuanto a mi madre, bien… los primeros días la sentía algo distante, fuera de si. Sin embargo, el poder del habito es poderoso y una vez hipnotiza a alguien toda incomodidad pasa a ser cosa del pasado, viéndose superada por la constante marea de la rutina.
El tiempo no tardó en abordar bajo nuestra nueva rutina y una vez nuestras vidas se estabilizaron completamente después de varios meses de sorpresas, giros y desagradables sucesos, pudimos bajar los brazos y dejar el tiempo pasar, bajando la guardia y dando por hecho que ya los eventos infames habían terminado definitivamente.
Con el paso incesante del tiempo a nuestro favor las cosas cambiaron de forma tranquila y cíclica. No había día en que el abuelo no me enseñara algo nuevo, recuerdo con añoranza aquellas caminatas que solíamos hacer los fines de semana solo para platicar y pasar un buen rato de calidad mientras comíamos un helado, recuerdo también que Junior solía unírsenos muy a menudo, aunque este siempre fue un poco más caprichoso que yo, así que se cansaba rápidamente y se ponía a llorar para que regresáramos.
― La próxima vez vayamos sin él. ―Solía decirle a mi abuelo.
A su lado aprendí a cocinar lo básico, a cuidar de las plantas, a cambiar fusibles, a usar algunas herramientas, a disfrutar del beisbol y a realizar muchísimas cosas más, cuando estaba con mi abuelo comprendía que había miles de cosas que debía aprender de él si es que quería llegar a ser alguien tan sabio y experto en todo, de esa forma podría ser de ayuda cuando se me necesitara en serio; y es que ahora que papá ya no estaba con nosotros debía convertirme en alguien fuerte y útil para ayudar a mis hermanos y a mi madre.
En un parpadeo, Leslie comenzó a caminar y a decir sus primeras palabras, yo comencé a asistir a la escuela y un año después Junior hizo lo mismo, recuerdo que todas las mañanas mamá preparaba un buen desayuno y después nos hacía un lonche para comer en la escuela, luego era el abuelo quién nos llevaba hasta la entrada del colegio, nos daba un abrazo y después nos decía siempre lo mismo:
― Nos vemos a la salida hijos, cuídense mucho.
Con el paso de los años Junior también comenzó a dejar atrás su actitud de niño mimado para forjar su propio carácter, fue precisamente durante los primeros días de escuela en que se dio cuenta de que clase de persona era: un comediante.
Comenzó a hacer payasadas para ganarse la aprobación de sus compañeros, que le recibieron con los brazos abiertos después de ver sus tremendas aptitudes de bromista, recuerdo que siempre andaba siendo perseguido por una marabunta de amigos que deseaban estar a su lado; se hizo tan popular que rápidamente hizo muchos más amigos que yo.
Era de esperarse, él era lanzado, extrovertido, no tenía miedo a decir las cosas; quería hacerse notar y siempre lo lograba, mientras que yo era mucho más tranquilo, tímido y callado, me ponía nervioso de solo pensar en estar rodeado de tanta gente esperando cosas graciosas de mí justo como a él le pasaba a diario. En realidad… estaba algo celoso, sin embargo también estaba orgulloso de que él fuera mi hermano, así como también comprendía que aquello era “lo suyo”, mientras que “lo mío” era… bueno, ya lo descubriría.
Recuerdo que en mi salón había un chico que me molestaba a diario, lanzaba mis cosas por la ventana y me retaba a pelear con él; sabía que yo era incapaz de defenderme, así que aprovechaba para lucirse con el resto, que le hacían segunda a su espectáculo. En una ocasión que decidió molestarme un rato, tomó mi cuaderno de matemáticas y comenzó a arrancarle las hojas una por una, Junior se encontraba pasando por el lugar con sus amigos y por casualidad vio lo que estaba pasando; sin pensárselo dos veces corrió hasta dónde nos encontrábamos y sin decir palabra alguna le soltó una patada en el estomago, el chico comenzó a retorcerse en el suelo, adolorido.
― ¡No te metas con mi hermano o te las vas a ver conmigo! ― Gritó Junior, apretando sus puños con fuerza, su rostro entero estaba rojo de ira.
Estaba avergonzado porque mi hermano menor me hubiera salvado, sin embargo… estaba muy agradecido con él; así que se lo hice saber más tarde, mientras veíamos televisión en casa.
― ¿Gracias? ― Preguntó, mirándome con confusión mientras se sacudía su peinado de hongo. ― ¿Por qué me agradeces? Somos hermanos, es obvio que no voy a permitir que nadie te moleste.
No pude responder, me encontraba conmovido y meditativo, pero no conocía una respuesta a sus palabras, de hecho… incluso ahora sigo desconociéndolas.
Recuerdo el día de mi noveno cumpleaños: en casa me despertaron con una canción, un regalo y un pastel; al ser día de clases mamá me envió a ducharme apenas di la mordida, no sin antes prometerme que la fiesta continuaría a nuestro regreso, prometió que habría muchísima comida y más regalos, así que Junior y yo nos fuimos mucho más emocionados y motivados que nunca camino a clases.
En la entrada de la escuela el abuelo nos dio su habitual despedida, y agregó algo especial por la ocasión.
― Nos vemos a la salida hijos, cuídense mucho, y estoy ansioso por que veas mi regalo, Joseph.
No pude estarme quieto durante el transcurso de las clases por la intriga y la emoción, estaba convencido de que aunque el día apenas había comenzado, iba a ser por mucho el mejor de toda mi vida, y es que la idea de festejar algo tan importante para mí rodeado de todos mis seres queridos era algo insuperable en mis prioridades momentáneas, era mi ilusión.
Al terminar las clases fui inmediatamente al salón de Junior, que apenas al verme recordó lo que nos esperaba en casa, tomó su mochila y corrió a conmigo apenas anunció su partida. Una vez llegamos a la puerta de entrada, me sorprendí de que el abuelo aún no llegara por nosotros.
― Se habrá retrasado buscando tu regalo ― Sugirió Junior, mientras tomaba asiento en el suelo.
― T-tienes razón. ― Coincidí.
La espera comenzó a tornarse angustiosa conforme pasaban los minutos, el abuelo nunca se retrasaba, ¿Por qué precisamente había de comenzar el día de mi cumpleaños? Junior y yo lo sabíamos, sospechábamos que algo no iba bien, pero ninguno de los dos nos atrevimos a decirlo.
No fue hasta ese momento en que vi a mi madre entrar al portón de la escuela para recogernos, casi dos horas después, con un rostro pálido y angustioso que  comprendí que la frase que mi abuelo repitió puntualmente como su marca personal cada mañana desde mí primer día de clases hasta aquel momento era una promesa sin garantía; nadie puede asegurar su presencia, nadie puede prometer algo… la vida toma senderos inciertos, y en cualquier momento puede exigir un capricho por muy injusto que este sea. Aprendí a no hacer promesas.
El abuelo fue asaltado y eso le provocó un ataque estando en una tienda de mascotas del centro, recuerdo que hacía unos meses le había comentado que hubiera sido genial tener un gato en la familia, debido a una película cursi que había visto en la televisión antes, él se negó en aquel momento, diciendo que los gatos requieren de muchos cuidados y yo aún no era lo suficientemente responsable como para encargarme de él.
Mi madre me conocía muy bien, mejor que yo mismo diría yo, en el momento en que nos informó lo que le había pasado al abuelo detuvo el auto y me abrazó con fuerza antes de que la angustiosa culpabilidad terminara de cubrir mi existencia, acarició mi cabello con presencia.
― Esto no es tu culpa, Joseph ― Aseguró, Presionándome aún con más fuerza a su pecho, su respiración era acelerada. ― ¿Entendido? Tu abuelito ya estaba enfermito de esto, tú no has hecho nada en absoluto.
En un inicio los intentos de mi madre por alejarme de la culpa fueron en vano, pero sus palabras tranquilizadoras se convirtieron en anestesia para mí como una dulce sonata. Se quitó de mí un peso que no hubiera sido capaz cargar ni en ese momento ni nunca.
Junior, Leslie y yo Aún éramos muy jóvenes, así que no nos dejaron entrar a visitarlo en el hospital, sin embargo el Doctor le dijo a mi madre que el abuelo estaba estable y se iba a recuperar pronto, que bajo descanso y medicación adecuada podría recuperar fuerzas suficientes como para salir en una semana, añadiendo que iba a tener que realizarse estudios habituales a partir de ese momento, para evitar males futuros y mantener controlado su estado de salud. Finalmente comprendí que el abuelo no iba a ser eterno, tenía una falsa idea en mi mente de que era una especie de súper hombre que siempre estaría ahí para nosotros, esto no era sino una esperanza que mi inmadurez presentaba para preservarse a sí misma y poder continuar tal cual.
Después de que esto ocurrió me volví temeroso, nunca se lo dije a nadie, pero tenía mucho miedo de perder al abuelo o a cualquier persona de mi familia. La impotencia ante no encontrar una forma de mantener las cosas tal cual estaban, sin que ninguno tuviera que irse era amarga como ninguna otra sensación que haya experimentado hasta el momento… solo había que esperar lo mejor.
El tan temido día llegó… mucho más pronto de lo que hubiera deseado, apenas medio año después de que saliera del hospital.
Las últimas palabras que me dijo fueron: “Joseph, cuida mucho a tu madre y hermanos, lamento ser tan egoísta pero necesitan que te conviertas en un hombre”.
Él ya no tenía fuerzas para abrir sus ojos, estaba pálido… a duras penas lograba articular palabras completas, de hecho, no recordaba nunca haberle visto tanto tiempo en cama, normalmente, cuando caía enfermo a la semana recuperaba sus energías y podía volver a levantarse cual sano hombre que era para llevarme a hacer las compras por el largo camino terroso en el que tanto me gustaba correr, o para enseñarme a construir resorteras o a andar en bicicleta.
El miedo de ya nunca volver a escuchar sus sabias historias, de construir diques de agua con su guía, de verle escuchar las noticias por el radio cada mañana antes de irnos a la escuela y sobre todo, de no verlo nunca más se apoderó de mí, no quería perderle, no en ese momento ni nunca…  no quería perderle nunca.
Me lancé a su pecho y comencé a llorar desconsoladamente, suplicándole que no me abandonara, aún lo necesitaba, no podía cargar con todas las bolsas de despensa yo solo… ¿Cómo podía pedirme que fuera un adulto cuando aún lo necesitaba para alcanzar las cosas de la parte más alta de la alacena? No quería perderle, no quería crecer, quería ser dependiente y feliz como hasta ese momento había sido.
Él no respondió, puso su mano sobre mi cabeza y comenzó a acariciarme el cabello con delicadeza y cariño, permitió que mi llanto manchara su playera blanca y se quedó dormido tras dejar escapar lágrimas de impotencia de sus ojos cerrados. Era claro que él se sentía tan triste y desesperado como yo, un hombre tan magnífico y cariñoso como él no lanzaría a un chiquillo a una responsabilidad tan enorme de no ser porque estaba consciente de que el tiempo se le había terminado y que su ala ya no sería capaz de proteger a mi familia nunca más. Me quedé dormido a su lado, no sin antes prometerle que protegería a los nuestros.
Comprendía que al hacer una promesa, el riesgo de no cumplir siempre está presente… pero no quise causarle angustia o preocupación estando en sus últimos momentos. Cuando alguien está por partir merece cerrar sus ojos en tranquilidad, sin preocuparse únicamente en lo que deja atrás.
Falleció una semana después en un día muy frío, recuerdo que cuando el abuelo enfermaba, mi madre solía sentarse a un costado de la cama para hacerle compañía, cuando podía, el abuelo soltaba un sonido de asentimiento o una risilla a cada comentario que mi madre sacaba para hacer conversación, sin embargo, ese día ella guardó silencio y se quedó mirándole, ella sabía que eran los últimos momentos de aquel que fue apoyo incondicional y único verdadero amigo para ella en un mundo que le daba la espalda.
Observé a distancia aquella escena con ahínco, mamá guardaba silencio y miraba al abuelo con preocupación; pareciera que ella esperaba que él le diera algún consejo, alguna pista de que hacer a continuación.
Apenas se percató que la estaba observando, me pidió que acostara a Leslie y que me llevara conmigo a Junior a ver televisión, sin rezongar o pedir mayores indicaciones hice lo que me ordenó; recordando la petición que me había hecho el abuelo.
Mientras Junior y yo estábamos en la sala viendo televisión, escuchaba débiles murmullos de mi madre desde la habitación del abuelo. Las palabras que dedicó mi madre en ese momento siguen siendo para mí un misterio.
Un par de horas después mamá salió de la habitación del abuelo y cerró la puerta, se sentó frente a Junior y a mí con porte y nos miró con severidad, sus ojos estaban hinchados y rojos, más sus facciones eran decisivas.
― Niños… ―Murmuró, seseante. ― El abuelo ha fallecido…
Ya lo sabía, para mi era evidente que el momento estaba cerca y por ello me había preparado mentalmente para resistir cuando llegase la hora… no obstante, recibir la noticia, por mucho que ya la veía venir, me golpeó horriblemente, derribó mis barreras, golpeó en mi moral y arrasó con toda mi humanidad… lloré, lloré como nunca…
Mi madre y Junior me abrazaron al instante, ambos dijeron cosas hermosas y consolantes que no lograban entrar a mi mente, fue como si mi cuerpo se hubiera desconectado completamente del entorno y se hubiera encerrado en una burbuja de tortura en que mi soledad terminaba lastimándome más aún que la partida de mi ser más querido.
Ya no tenía permitido ser un niño, los tiempos cambiaban y había de mostrar serenidad y fuerza en los momentos clave, este era uno de ellos… fracasé. Fracasé a la promesa que hice al abuelo apenas unos minutos después de que él se fuera.
Por muy triste o injusto que esto sea, el mundo es incapaz de detenerse cuando alguien muere, el tiempo no cedió en absoluto así como tampoco lo hizo la sociedad, había que continuar de inmediato y proceder lo más pronto posible. Tan simple como dar vuelta a una página, terrible e injusto, pero cierto… es con esta clase de golpes en que comprendes la dureza de la existencia.
En los 5 años y medio que vivimos con el abuelo, nunca recibió una visita de sus otros dos hijos y hermanos de mi madre, mis tíos Albert y Stella, que al enterarse de su fallecimiento aparecieron de debajo de la tierra y antes de que siquiera terminaran de planificar el funeral ya comenzaban a discutir el repartimiento de las herencias, solo escucharles negociar por las proporciones en vez de estar llorando la partida de quién les dio techo me enfermaba, y pude notar que a mi madre también, y es que era obvio, si fue ella quien más convivió con el abuelo en sus últimos años.
La ceremonia funeraria fue muy triste, llegaron personas de todas partes a rendir su respeto por el abuelo. Conocí, entre todas las personas que le conocieron, a su mejor amigo de la infancia, quién dio unas palabras de despedida durante la ceremonia, contó una anécdota de una ocasión en que ambos estaban jugando en el río cuando tenían 10 años y rescataron a una tortuga de ser comida por un zorro, antes de dejar a la tortuga en una parte más profunda del río dónde estuviera segura, el abuelo le dijo “Cuídate mucho”, y cuando su amigo le preguntó porque le decía eso a un animal que ni siquiera podía entenderle él respondió “Porque uno sabe que debe cuidarse… pero recordarlo nunca está de más, es una forma de expresar interés en el bienestar de alguien… además , con esto me voy más tranquilo sabiendo que mi advertencia puede ayudarle a alguien a tener un mejor mañana”.
También describió al abuelo en 3 palabras: “constante, abrigador y paciente”, aseguró que cuando eran niños era algo impaciente y testarudo, pero que con el paso de los años su personalidad se fue moldeando a tal punto en que se convirtió en el profesor con más prestigio de la ciudad, en palabras propias aseguró que “el mundo debería ponerse de pie ante aquellos que son capaces de cambiar en base a trabajo duro y experiencia”.
Sus palabras me dejaron meditativo… si el abuelo logró cambiar, ¿Podría hacerlo yo también? ¿Podría volverme alguien de utilidad para mi familia si en realidad me esforzaba en lograrlo? Parecía imposible, pues para mí el abuelo era la persona más excepcional, sin embargo aferrarme a esta creencia era lo mejor que tenía… debía intentarlo… tenía que esforzarme para dejar de llorar y comenzar a ayudar.
Durante el entierro llovía, así que no pude mirar el rostro del abuelo una última vez; me convencí de que era mejor de esta forma, así mi recuerdo suyo sería el de aquel hombre que me enseñó tantas cosas y me regaló los mejores momentos de mi vida… aquel que más que mi abuelo fue mi padre y que lloviera, nevara o tronara… siempre estuvo ahí para mi.
En el camino de regreso a casa, a Leslie le dio por cantarnos sus canciones favoritas, tenía la intención de callarla para que no causara molestia a mamá, sin embargo, por primera vez desde la muerte de su padre, ella sonreía… al final parecía que en el canto de Leslie mamá encontró aquel impulso motivacional que necesitaba para sentar los pies en la tierra y dejar aquella actitud desesperanzada que le había nublado la vista en los últimos días.
Desde que llegamos a casa del abuelo, mamá no había logrado conseguir un trabajo, seguramente además de la angustia que la partida de su padre le causaba, en su mente se resguardaban muchísimas otras preocupaciones, ¿Qué pasaría con nosotros ahora? Sin una fuente monetaria estable terminaría pasando lo mismo que había ocurrido con nuestra casa anterior. Estoy seguro que ella estaba consciente de la situación, sabía que el abuelo pronto ya no podría ayudarnos y ella tendría que sacar adelante la situación de una forma u otra.
Mañana sería otro día… ya se pensaría en ello.





Muerte
No pasó nada de tiempo para que los hermanos de mi madre nos dieran una visita, antes de dejarles entrar, mi mamá se acercó a nosotros y nos ordenó que nos fuéramos a nuestros cuartos y nos premiaría con Pizza si nos quedábamos quietos hasta que ella nos lo pidiera, aceptamos sin rechistar; apenas Junior y yo cerramos la puerta de nuestra alcoba fue él quien inició el dialogo.
― Ellos quieren vender la casa ― Aseguró.  ― Les escuché hablando en el funeral diciendo algo de que convencerían a mamá antes de tener que pedir un desacuerdo de no sé qué cosa que los llevaría a subastar la casa…
― Pero nosotros vivimos aquí…
― Creo que eso no les importa.
Me rasqué la cabeza, con desesperación; ¿Cómo era posible que a un familiar pueda darle lo mismo si su propio hermano queda en la calle con tal de recibir un poco de dinero? ¿Tan bajo podía caer la gente por unos billetes?
― Estoy seguro de que mamá no lo va a permitir… ― Murmuré, con notorio nerviosismo en mi tono. ― No nos pueden sacar así como así.
Por aquellos tiempos no sabía que cuando alguien fallece y no fija un testamento todos sus bienes pasan a pertenecer de forma equitativa a sus descendientes de una forma en que todos se convierten en “nudo propietarios”, y que al ser la casa la única pertenencia significativa y de valor adquisitivo que tenía el abuelo esa pasaba a ser una propiedad con 3 nudo propietarios: Mamá y sus dos hermanos, por lo que entre los 3 tendrían que decidir qué hacer con ella. Si no hay un acuerdo a qué hacer con la casa esta procedería a ser subastada públicamente y las ganancias se dividirían entre los 3 nudo propietarios después de entregar una porción de lo ganado al gobierno; así que tanto en el mejor como en el peor de los casos, si que podían sacarnos así como así.
En los días siguientes a aquella conversación, mi madre retornó a su accionar extraño, se paseaba de un lado a otro con la mirada perdida, se olvidaba de los compromisos y pasaba horas enteras recostada en su cama… en una ocasión la sorprendí hablando sola, reía por chistes que nadie decía, pedía abrazos que nadie le daba… me partió el alma verla así.
Desconozco por qué se originó tan mala relación entre mi madre y sus hermanos, pero fue precisamente esta quién provocó que apenas 6 meses después perdiéramos el techo que el abuelo nos había brindado… un par de semanas antes de navidad estábamos en la calle, sin un hogar al que regresar.
Pensaba que mamá no soportaría la presión, temía más que nunca a que se volviera a repetir aquel arranque de ira que había tenido hacia ya 6 años y que en esta ocasión fuese aún peor… no fue así, en realidad, se mostró muy fuerte, decisiva y concreta; actuó como la situación requería, se portó a la altura e hizo lo que toda madre debe hacer: velar por los suyos.
Mamá nos subió en el auto junto con nuestras maletas y con sus pocos ahorros nos llevó a un hotel  muy barato en que podríamos quedarnos algún tiempo. Una vez con techo y camas nos explicó que su objetivo era conseguir un trabajo sin importar lo ingrato o mal pagado que este fuese para después de a poco sacarnos adelante, también nos explicó que hasta que consiguiera un lugar fijo en donde quedarnos no podríamos asistir a la escuela, por lo que nos pidió muy seriamente que comprendiéramos la situación con madurez y prometiéramos quedarnos en el cuarto mientras ella no estaba.
La situación era muy diferente a aquella en que tuvimos que abandonar nuestra vieja casa para mudarnos con el abuelo, ahora ya no éramos 3 bebés, sino tres niños de 10, 8 y 6 años, los gastos iban a ser mucho mayores, sumándole por supuesto la penosa ausencia de el abuelo, que era sin duda alguna la mayor adversidad a superar.
El ver a mamá sentada en el borde de la cama, buscando en los clasificados cualquier clase de trabajo que ella pudiera realizar de alguna forma me tranquilizaba, saber que ella no dudaba ni flaqueaba aún cuando todo estaba en nuestra contra me daba la seguridad necesaria para dormir.
Me preguntaba si ella estaba tan asustada como nosotros, me preguntaba si como yo ella tenía ganas de llorar por la desesperación a momentos…para ser honestos también me preguntaba cuanto tiempo podría seguir de esta forma.
Teníamos suficiente dinero como para quedarnos en el hotel un par de semanas, así que mamá trabajó duro para conseguir un empleo lo más rápido posible, se levantaba a las 4 de la mañana para salir desde muy temprano a entregar solicitudes y a buscar viejos conocidos que pudiesen acomodarla en cualquier puesto, por desgracia no era una muy buena época para conseguir empleo según los diarios, y el currículo de mi madre no ayudaba. Los días pasaban de forma angustiosa sin éxito.
Ahora que relato lo sucedido… me pregunto si mamá ya tenía planeado ese “encuentro” del que nos hablaría encantada a su regreso después del decimo día, claramente la presión comenzaba a dominar su mente y las opciones se escapaban tan rápido como llegaban. El tiempo se terminaba y era necesario tomar una decisión.
Ella llegó al cuarto con una gran sonrisa y acompañada de una gigantesca bolsa de hamburguesas y papas fritas, comida de reyes para quienes habían estado comiendo únicamente sopas instantáneas durante 10 días seguidos. Nos dimos el banquete de nuestras vidas.
Ya estando satisfechos pudimos darnos cuenta de que algo no estaba bien, fui yo quién hizo el comentario en esa ocasión.
― Mamá… ¿Está bien gastar tanto en comida?
Pude ver como su rostro se desdibujaba por un instante para después formar la sonrisa fingida más convincente y al mismo tiempo más falsa de todas.
― No van a creer lo que pasó ― Comenzó, recostándose en la cama con pereza. ― ¡Me encontré con un buen amigo mientras buscaba trabajo y se ha conmovido, me ha prestado suficiente dinero como para sobrevivir un mes entero y además nos ha invitado a vivir con él!
Los celos no se hicieron esperar, Junior hizo mala cara y le miró con resentimiento y desconfianza.
― No vamos a ir, ¿Verdad? ― Preguntó.
Mamá encendió el televisor.
― Es un gran amigo mío, chicos… y en verdad fue muy amable… además, será solo por un tiempo, unos meses a lo mucho, de esta forma podrán volver a ir a la escuela y las cosas se nos harán mucho más fáciles, ¡Es la oportunidad que necesitamos para salir adelante!
― ¡NO QUIERO VIVIR CON NADIE MÁS! ― Chilló Junior, golpeando con fuerza el mueble que sostenía a la televisión. ― ¡NO VAMOS A IR A VIVIR CON UN DESCONOCIDO!
― ¡CÁLLATE! ― Mi madre se puso de pie y le tomó de los cabellos con enojo. ― ¡A MI NO ME FALTES AL RESPETO DE ESA FORMA! ¡¿EH?!
Lo soltó casi inmediatamente, dándose cuenta de su arrebato.
― Vamos a hacer lo que yo diga que hagamos. ― Finalizó, recostándose de nuevo en la cama, esta vez pretendiendo dormir.
Leslie quedó muy asustada, así que Junior la tranquilizó por varios minutos hasta que volvió a sonreír, le puso las caricaturas en la televisión y después se acercó a mí, susurrándome al oído.
― Esto no me causa buena espina Joseph… en serio que no.
― Debemos confiar en ella ― Repuse, tratando de tranquilizarlo, su rostro estaba enardecido. ― Ahora mamá está bajo mucha presión así que lo menos que podemos hacer como mínimo es aceptar lo que nos diga.
Junior no estaba de acuerdo, y es que para estos aspectos era un libro abierto; su gesto malhumorado y su falta de bromas no eran más que prueba de su contrariedad a la situación. Fuesen como fuesen las cosas y pese a toda la negatividad existente respecto a mudarnos con un extraño, mama parecía estar ansiosa por ello, pues en los días siguientes se le vio muy alegre y relajada, incluso dejó de buscar trabajo y se dedicó a deambular por el cuarto tarareando como una soñadora. Tal parece que prefería escoger una salida fácil que seguir esforzándose por salir adelante por ella misma… eran estas flaquezas que mostraba de vez en cuando las que me hacían dudar de su capacidad.
Habrán pasado uno o dos meses para que finalmente llegara el nada esperado día de la mudanza a nuestro nuevo hogar temporal. Mamá nos despertó desde muy temprano con las maletas ya hechas y nos indicó que nos esperaba un largo viaje, pues nuestro nuevo “hogar” quedaba a las afueras de la ciudad.
Ya antes había mencionado esa emoción que le cubre a uno cuando esta por comenzar un nuevo viaje o una nueva etapa; durante este momento no logré sentirla, pero vaya que estaba asustado.
El nombre del amigo de mi madre era Santiago, al parecer un puertorriqueño que había llegado a la ciudad hacia ya unos 12 años y que había entablado una excelente amistad con ella y papá por aquellos tiempos, nos aseguró que cuando éramos niños llegamos a pasar varios momentos en su compañía.
― Se hizo un muy buen amigo de su padre y mío también. ― Repitió constantemente mientras conducía a nuestro destino.
No tenía una casa propia, en realidad él vivía sólo en un campamento de remolques a las afueras de la ciudad, según nos aseguro mi madre, apenas mostramos nuestro desencanto al respecto, el lugar era muy grande y agradable y con suficiente espacio para vivir cómodos y en conjunto, “como una familia” fueron sus palabras.
― Yo no voy a hacer familia con ese perdedor. ― Junior hacia ya un tiempo que no era el mismo, se había vuelto acido, rebelde y problemático, dejando de lado aquella sonrisa burlona que siempre le caracterizo. ― Así que si planeas casarte o algo con él mejor veme poniendo en adopción o algo así.
Ella no pudo contestar, mejor dicho… no quiso; quizás su temple se encontraba ya al límite y prefirió no encarar el desafío para no entregarnos una desgracia mas a la fila constante que veníamos recibiendo en los últimos meses.
Odié ese lugar desde la primera vez que lo vi; era muy pequeño, oloroso y cubierto de latas de cerveza, vodka y otras basuras variadas por todos lados, sin exagerar puedo asegurar que la horrible alfombra color rojo sangre que eligió para tapizar el suelo apenas y era visible entre tanta basura, sumándoseles al desorden varias pilas de periódicos viejos y restos de comida rápida por doquier. El olor era insoportable.
Los problemas higiénicos del lugar no eran lo peor que había en ese lugar, aquel galardón pertenece sin duda a Santiago, un hombre de unos 30 años como máximo, flacucho, pálido, alto y con cabello crispado y desordenado, llevaba una barba desaliñada, unos bóxers y una camisa de tirantes. Desde que nos dio la bienvenida, tirado en su sillón individual y sin alejar la vista de su partido en la televisión supe que a su patrocinio se nos avecinaba una lista interminable de conflictos; por su mirada fulminante y gestos gañanes, era evidente que él no nos quería ahí.
Así comenzó nuestra nueva vida.
Como el remolque era muy pequeño, Junior, Leslie, mi madre y yo tuvimos que comenzar a usar la misma cama, lo único que separaba nuestro espacio del resto del remolque era una cortina de ducha pegada con cinta adhesiva al techo. Para ir al baño teníamos que recorrer todo el campamento de remolques para ocupar una de las 3 letrinas disponibles para el total de unos 200 vecinos y para tomar un baño era necesario pagar 5 dólares a un propietario cercano que se aprovechaba de las carencias del lugar.
Por las noches era muy difícil conciliar el sueño, la mayoría de los vecinos (Especialmente Santiago) gustaban de juntarse antes del anochecer para hacer fiestas que terminaban cuando el sol salía, y los que no disfrutaran de estas diversiones normalmente se la pasaban peleando, gritando o lanzando cosas; al final el ruido provocado era el mismo por ambos bandos.
El lugar estaba también infestado de plagas. Nos hicimos al habito de antes de irnos a dormir sacudir muy bien el colchón para espantar a las ratas, arañas, cucarachas o alacranes que se aventuraban a refugiarse en nuestro refugio, también era necesario sacudir los zapatos antes de ponérselos.
Comenzamos caminar a la escuela por nuestra cuenta, mamá se quedaba en el remolque con Santiago mientras nosotros tomábamos 3 autobuses desde las 6 de la mañana para poder llegar a tiempo a nuestro nuevo colegio, las cosas también comenzaron a ponerse difíciles ahí, y es que los rumores se esparcen rápido y los niños pueden ser muy crueles, comenzaron a llamarnos “los hermanos pordioseros” cuando se enteraron que ya no teníamos casa y ahora nos quedábamos en un remolque.
Leslie fue la que más sufrió por ello, sus compañeros no le daban un respiro ni siquiera en horas de descanso, en solución Junior y yo comenzamos a estar con ella todo el tiempo, y es que de esa forma los tres enfrentábamos el rechazo en equipo, comprendiendo que a partir de  ese momento nos tendríamos solamente el uno al otro.
Mientras nosotros perdíamos la lucha contra nuestro entorno, mi madre en cambio se adaptó de maravilla al mismo, se la pasaba bebiendo con Santiago y hasta asistió con él a todos los “eventos sociales” que se organizaban en la zona. Dejó de ser atenta con nosotros y comenzó a burlarse de nuestros problemas cuando le contamos del abuso que recibíamos en la escuela.
Ella se transformó en el entorno y formó parte del mismo apenas pasados los primeros meses en él; y al ser el humano una criatura de hábitos, hubiera sido lo mismo con Junior, Leslie y yo, los tres hubiésemos comenzado a beber y a fumar, a escaparnos, a rebelarnos y a olvidarnos de todo lo que el abuelo nos enseñó cuando estaba con vida, hubiésemos sido absorbidos sin problema…
Así es, hubiésemos sido absorbidos en un santiamén  de no ser porque a cada segundo, a cada instante que teníamos a solas aprovechábamos para recordar quienes éramos en realidad: nosotros éramos los Stewart; sin importar que tan incesantes fuesen los ataques, que tan repugnante era nuestra nueva vida o que tan distante fuera nuestra madre, no dejaríamos atrás lo que ya éramos, mientras estuviéramos los 3 juntos, todo estaría bien.
Vivimos ahí 5 años más, aun si mamá nos había dicho que era solo algo temporal.
Es impresionante como el paso del tiempo puede sanar heridas y al mismo tiempo crearlas, así como también puede transformar personas ya sea para bien o para mal. Me atrevo a aseverar que en esos 5 años ninguno de nosotros mejoró para bien.
Mamá oficializó su relación con Santiago cuando casi cumplíamos un año viviendo con él, resulta que por un tiempo indefinido, ella se escapaba de nuestra cama por las noches para irse con él y cuando ya estaba por salir el sol volvía con nosotros; hubiera seguido de esta forma de no ser porque Leslie la descubrió en una ocasión. Recuerdo que la decepción y dolor de Leslie fue suficiente como para tenerla llorando por horas enteras hasta que mamá perdió la paciencia y la silencio con una bofetada, que con el paso de los años también pasaría a volverse una solución constante a los conflictos que tenia con nosotros, a partir de ese momento comenzó a perdernos poco a poco.
Leslie, al ser la mas pequeña de nosotros era quien mayor apoyo, ayuda y comprensión necesitó para sobrellevar nuestra situación; afortunadamente, descubrió en la escritura un escape ideal que le ayudó a expresar aquellos sentimientos que bien pudieron hacerle daño en proporciones inimaginables de haberlos silenciado, su diario se convirtió en su escudo y principal medio de combate.
Junior dejó de hablarle a mamá después de que anunciara su relación con Santiago y comenzó a luchar a toda costa por valerse de si mismo, consiguió desde los 11 años un empleo como repartidor de periódicos y de esta forma descubrió que mientras más trabajara más podría mantener su mente distraída de lo que pasaba frente a sus ojos, haciendo uso de sus excelentes capacidades sociales e interminable carisma consiguió un empleo en una tienda de mascotas. No había día en que no me dijera que quería ahorrar suficiente dinero para sacarnos a los 3 de ahí.
De los tres, fui el único que no se movió en lo absoluto ante la realidad que se nos encimó, no era tan bueno como Leslie para expresar mis sentimientos y no era ni la mitad de bueno como era Junior en todos los aspectos. Lo mejor que podía hacer era aguantar y esperar a que las cosas se arreglaran por si solas.
Incluso teniendo 15 años seguía teniendo las mismas soluciones de cuando tenia 4, no había mejorado en absoluto.
Santiago gastaba el poco dinero que teníamos en alcohol, pasaba todo el día emborrachándose al sol y toda la noche emborrachándose frente al televisor; el sujeto no tenía trabajo y tampoco planeaba tenerlo, su objetivo era vivir ebrio a costa de su cheque de desempleo.
Los primeros años no hubo ningún problema con él, sin embargo con el paso del tiempo la actitud del sujeto fue cambiando drásticamente… llegó un momento en que al ponerse borracho su actitud se tornaba violenta y altanera. Mi madre comenzó a temerle, a entregarle su existencia con tal de mantener sus caprichos cumplidos y de no causarle ningún malestar. Estoy seguro de que él se dio cuenta de ello, sabia que la tenia comiendo de la palma de su mano y que ahora podía hacer lo que quisiera, aun si eso nos implicaba a nosotros, sus hijos.
Comenzó a portarse autoritario y grosero con nosotros, nos gritaba si hacíamos un poquito de ruido y amenazaba con golpearnos si no atendíamos puntualmente a sus órdenes, se le hizo una costumbre llamarnos sanguijuelas sin casa o hijos de puta buenos para nada. Mamá se quedaba con la mirada baja cada vez que él arremetía contra nosotros y no abría la boca hasta que Santiago le pedía que lo hiciera, sus respuestas sumisas de cualquier forma eran inútiles.
A Junior no le gustaba que nadie se portara prepotente con él, ni siquiera mamá, el que alguien tan patético como Santiago se atreviera a decirle que hacer y como portarse hacia hervir la sangre en sus venas, cada vez que Santiago nos amenazaba, Junior atendía a sus ordenes y después salía del remolque a caminar, Leslie y yo le seguíamos en la mayoría de las ocasiones.
― Odio este lugar de mierda. ― Solía decir, con lagrimas en los ojos. ― ¡ODIO ESTE LUGAR DE MIERDA!
Con los años Junior perdió su sonrisa, así como también el hábito de hacer bromas todo el tiempo… en la escuela aun se le veía sonreír con sus amigos y su carisma aun hacia mella en su popularidad, pero sus facetas espontaneas y alegres morían en nuestro camino de regreso. Creo que de todos… él era el menos feliz, así como también era el que más luchaba por superar la situación, inclusive en su sombrío rostro de resentimiento sabia que no existían deseos de rendición y mucho menos de huir, él deseaba salir por la puerta de enfrente, victorioso y demostrando la valiosa lección de que el trabajo duro en cierto momento dará frutos y que todos obtenemos lo que nos merecemos.
Yo pensaba igual que él, hasta que llegó aquel día…
Era de noche, hacia mucho frio por ser invierno y por ello mamá hervía un par de grandes ollas con agua en la estufa. Nos encontrábamos ella, Leslie y yo.
Leslie estaba recostada en la cama, escribiendo en su diario y yo estaba a su lado haciendo mis tareas, también estaba pendiente a que ya se estaba haciendo tarde y Junior aun no llegaba del trabajo.
― Voy a buscar a tu hermano. ― Anunció mi madre, poniéndose su abrigo en la entrada.
― Bien.
Pasaron unos dos o tres minutos de silencio total, cuando de pronto una serie de gritos y gemidos de dolor comenzaron a inundar las cercanías; las peleas por el lugar eran muy comunes, por lo que no nos alarmamos sino hasta que la puerta de nuestro remolque se abrió con un tremendo golpazo dejando entrar a un furioso Santiago tomando de los cabellos a mamá.
El aliento alcohólico de Santiago llegó hasta mí desde lejos.
― ¡¿A DONDE IBAS, PUTA DE MIERDA?!
― P- ¡por Junior mi amor! ― Repuso al instante mi madre, antes de soltar otro grito.
― Ah, por Junior, ¿puta? Por Junior ¡¿PUTA?! Y desde cuando Junior está entre los árboles, ¡¿PUTA?!
Mamá no respondió, esto solo irrito aun mas a Santiago que la lanzó estrepitosamente contra la mesa, ella cayó al suelo y se quedó ahí.
Volví mi mirada a donde estaba Leslie, se había acurrucado en la orilla mas lejana de la cama, se abrazaba con desesperación y lloraba a cantaros en silencio. Su mirada desamparada me suplicó por ayuda en un grito mudo.
Caminé en silencio hasta Leslie y la abracé con fuerza, tratando de transmitirle aunque fuera una pizca de seguridad.
― Me dio curiosidad saber porque ibas todos los días al bosque, puta… así que ayer te seguí a escondidas y descubrí tu lugar secreto, ¿y qué crees? Vengo de ir a revisar que era lo que tenias enterrado ahí que necesitaras tanto como para tenerlo escondido de mi… ¡ERES UNA PUTA DE MIERDA Y UNA ENFERMA! ¡¿QUIERES QUE ME METAN EN LA CARCEL CONTIGO O ALGO ASÍ?! ¡ERES UNA MALDITA LOCA!
A través de la cortina podíamos ver como las sombras se movían, Santiago pateaba a mi madre sin piedad alguna, ella ya no podía oponer resistencia. Sus defensas estaban hechas pedazos, su voluntad era la de una muñeca de trapo.
― ¡Y ENCIMA ME HAS HECHO CUIDAR A LOS BASTARDOS HIJOS DE PERRA DE TUS HIJOS! ¡TUS HIJOS SON UNA MIERDA, ¿COMPRENDES?!
No hubo tiempo alguno para reaccionar, cuando Santiago terminó su línea corrió en nuestra dirección y de un tirón arrancó la cortina, Leslie y yo soltamos un grito de sobresalto, él nos miraba de forma repugnante, como se mira a algo podrido. Tambaleándose se acercó a nosotros hasta que quedó frente a frente.
Su aliento y olor corporal son lo mas asqueroso y repugnante que he olido en toda mi vida, pero no eran nada comparados contra su podrida existencia.
― El tarado de Joseph y la putita de Leslie ― Admiró, con una sonrisa que delataba su falta de dientes. ― ¿Les he contado alguna vez la historia de cómo conocí a la cerda de su madre?
No respondimos, Leslie resguardó su rostro en mi espalda y yo desvié la vista al suelo, era como aquella vez en que mi madre me acorraló; me bloqueé.
― ¡RESPONDAN CUANDO LES HABLE, HIJOS DE PUTA!
― N-No ― Respondimos al unísono.
Él sonrió, sádico. Me tomó del brazo y me lanzó al suelo justo al lado de mi madre, que aun se retorcía de dolor.
― Hace unos 17 años yo era un electricista y una pareja recién casada me pidió que les instalara lo básico en una casa nueva que habían comprado, así lo hice, sin embargo cuando hice el trabajo solo la esposa se encontraba en casa, y la muy puta prácticamente me estuvo pidiendo que me la cogiera desde que llegué, así que al final decidí hacerle el favor, al parecer su esposo no podía darle el ancho. Me la follé por horas enteras sin condón… ah, fue un acostón legendario… ¿Saben que esa mujer era su madre, no? La muy puta engañó a su esposo en sus primeros meses de casados con el electricista… ¿Quieren saber que más? La cerda decidió hacerme amigo de la familia para tenerme cerca, me hice buen amigo de su esposo y hasta conocí a sus padres en alguna ocasión… lo que nadie sabia es que durante ese tiempo no había un día en que no me cogiera a su madre, así fue hasta que ella quedó embarazada… de ti, mi lento Joseph… ¿Nunca te habías preguntado porque no te dieron el “Junior” a ti? ¡Es obvio, tu madre sabia que aquel sujeto no era tu padre, así que no soportaría la culpa de engañar así a su marido!
Estaba atónito. No podía ser cierto… tenia que ser mentira… era imposible que Mamá hiciera algo así… aun si ella era diferente desde que llegamos a ese lugar ella seguía siendo mi madre y era imposible pensar que ella pudiera hacer semejante atrocidad.
Me puse de pie y busqué su mirada con angustia y esperanza, sabia que sus ojos tranquilizadores me negarían aquella aseveración y podría dar un paso adelante, ella se negó a verme a los ojos, desvió la mirada antes de hacer contacto visual conmigo. Su porte indiferente otorgó la razón a las acusaciones de Santiago.
― Desde entonces decidió terminar con nuestra relación ― Continuó Santiago, tomando asiento en la mesa. ― Dijo que era muy feliz con su esposo y que no podía seguir haciéndole daño… ustedes eran muy chicos así que tal vez no se acuerden, pero su padre era un chofer de trailers… era un buen hombre, pero igual me alegré mucho cuando perdió el control en la carretera, ardió en llamas y se fue para siempre.
Al terminar Santiago la oración mi madre ya estaba de pie y tenia en sus ojos aquella mirada que solo le había visto en una sola ocasión, precisamente cuando quien yo creía que era mi padre, se fue.
Ella apretó sus puños hasta que sus palmas sangraron, el contacto visual que tenia con Santiago era aterrador, él sonreía fascinado mientras ella tenia en sus ojos puro odio, deseos de hacer daño.
― ¿Qué me ves, maldita loca necrofilica? ―Preguntó Santiago, altanero y relajado. ― ¿No me digas que aún no superas la muerte de tú marido? Pues yo incluso bailé en su tumba, ¿Cómo la ves?
Se abrió una puerta en mis recuerdos, memorias que se habían ocultado en mi mente, fragmentos que se habían bloqueado volvieron a mí en un torrente de revelaciones que me explicaban muchas cosas…


Recordé que en una ocasión cuando tenía 3 años mamá dejó a Junior en casa del abuelo y me llevó al parque de diversiones junto con el que yo llamaba “tío Santiago”, también pude recordar que los tres solíamos salir juntos a varios lugares como una familia hasta que un día el tío Santiago dejó de visitarnos.

Recordé el funeral de papá… mamá lloraba echa trizas en brazos del abuelo, Junior jugaba en la recepción y yo cargaba a Leslie en mis brazos… después del sepelio volvimos a casa a dormir, yo me desperté en medio de la noche para beber agua y en el pasillo pude ver que mamá tenía la puerta entreabierta y las luces prendidas, hablaba sola, acurrucada en la orilla de su cama y llevaba puesta la chaqueta favorita de papá, ella acariciaba algo con cariño mientras repetía cariñosas palabras románticas… entré sin tocar la puerta y ella se sobresaltó, asustada, dejando ver lo que tenía entre sus manos… era una mano. De color amoratado con manchas de sangre a su alrededor. Grité con todas mis fuerzas hasta que todo se puso oscuro.


Mamá se apoderó de una de las ollas con agua hirviendo y se la lanzó directamente en la cara, Santiago se retorció del dolor al momento en que pegaba un tremendo grito. Mi madre atacó nuevamente, le golpeó con la olla en la cabeza con todas sus fuerzas provocando que cayera al suelo con pesadez. Ella comenzó a sollozar al instante, tiró la olla a un costado y soltó un largo suspiro de sorpresa, como si acabara de recordar algo; sin mirarnos salió huyendo del lugar a toda velocidad, olvidándose de nosotros, sus hijos.
Por más que pienso al respecto sigo sin comprender porque nosotros no escapamos también, no logro dar crédito a que mi incompetencia fuera tal que mi cuerpo se quedara congelado mientras la amenaza se encontraba inconsciente… Leslie estaba aterrada y hecha pedazos, si alguien tenia que dar orden ese era yo… pero solo me quedé ahí, mirando con susto el enrojecido rostro de Santiago y su herida a sangre viva.
Quería escapar con ella, sabia que aún había tiempo…
Despertó varios minutos después, miró en todas direcciones con confusión, al no encontrar su objetivo en el área enfocó su mirada en mí.
― ¿Dónde está tu puta madre? ― Preguntó.
No respondí, tenia tanto miedo que no me pude mover.
Estaba seguro que iba a golpearme con todas sus fuerzas para desahogar su ira, pero antes de comenzar a hacerlo alguien llamó su atención más que yo.
― Ah, pequeña Leslie… ― murmuró, lascivo, tomando asiento en la cama en que ella se acurrucaba en la búsqueda de un escape inexistente. ― Vaya que has crecido, ¿No?
Acaricio su mejilla con la parte posterior de su mano derecha y al instante Leslie se quitó la caricia con terror, por tal respuesta se ganó una bofetada que la lanzó hasta el suelo, ella chilló con desesperación.

Tenía que ayudarla… debía tomarla de la mano para huir de ahí para nunca regresar…

Ya teniéndola en el suelo comenzó a tocarla, recorrió su espalda con lentitud y lujuria para después meter su mano por debajo de su blusa…

Si tuviera el mismo valor que Junior esto no hubiera pasado…

― Vaya que has crecido mi linda Leslie… ¿Sabes? Estoy acostumbrado a hacer gozar a tu madre, ¿quieres que haga lo mismo contigo? Siempre he querido ser la primera vez de una preciosa flor prematura… ahora que lo veo bien quiero que esa seas tu.
Leslie gritó y luchó con todas sus fuerzas por liberarse del atosigante acoso de la repugnante criatura. Sus tiernos y amables ojos azul claro imploraban por mi ayuda; ya lo sabia, era conocedor de que tenia que hacer algo y rápido… sin embargo, no podía reaccionar… era muy lento e inservible para poder ser de ayuda.
― Hey, Joseph ― Bufó Santiago con facciones deformes mientras forcejeaba para someter. ― No quiero que pierdas detalle de lo que estoy a punto de hacer, así que mucha atención que quiero que veas como violo a tu hermanita.
Siempre supe que yo era un inútil, desde que mi abuelo me pidió que protegiera a mi familia y me convirtiera en un hombre sabia que iba a fallarle pero no quería admitirlo; en realidad deseaba demostrarme a mi mismo que estaba equivocado y que era capaz de cumplir cualquier tarea que se me imponiese… al final resultó que en verdad era un inútil, y como precio para hacerme a la idea tuve que sacrificar a mi familia. Lentamente, desde el día en que el abuelo murió hasta la fecha, los llevé lentamente a un final inminente.
Debí tomar responsabilidad cuando mi madre nos dijo sus planes de mudarnos al remolque, debí decirle que pensara antes que nada en sus hijos y que el camino fácil nunca te va a llevar a la solución, en todo caso de que mi madre me ignorara y nos mudáramos por igual debí haber denunciado los abusos cuando las autoridades pudieron haber hecho algo al respecto… el conocimiento de mi poca utilidad no me servía de nada a esas alturas.
― ¡LESLIE, JOSEPH!
Levanté la mirada, Junior llevaba en sus manos un sobre blanco que cayó al suelo al ver la situación en que nos encontrábamos, corrió sin pensarlo dos veces a donde estaba Santiago y le golpeó en el rostro con tino y furia en repetidas ocasiones, su fuerza y convicción fue tal que le derribó en un par de ocasiones sin darle descanso.
Eso, eso era lo que Junior tenia y yo nunca podría imitar siquiera. Él tenía valentía y corazón, no titubeaba… era consciente de que la duda siempre consigue al fracaso. Incluso teniéndole a mi lado seguí siendo incapaz de moverme, le dejé todo el trabajo a él… me quedé mirando como idiota…

Si no fuera tan inútil hubiese sido capaz de reaccionar en el instante para escapar junto con Leslie cuando podíamos, nos hubiéramos cruzado con Junior en el camino y los 3 hubiéramos ido a buscar ayuda a la policía, si no fuera tan inútil nada de esto hubiera pasado… fue mi culpa.

La policía llegó cuando ya todo había terminado, Santiago había escapado hacia ya mucho tiempo, solo quedábamos nosotros en escena.
Leslie estaba fuera de si… era como si su mente se hubiera ido dejando su cuerpo de lado. La cubrieron con una manta y la subieron conmigo en la ambulancia; pude ver de cerca su mirada perdida, estrago de mi incompetencia.
Ninguno de los dos fuimos capaces de contestar a las preguntas de los oficiales en primera instancia, cuando comenzaban a tornarse molestos con nosotros aparecieron los paramédicos a nuestro rescate y nos alejaron de ellos, nos ofrecieron algo de café caliente y nos distrajeron charlándonos de temas ajenos a lo que había ocurrido.
No tardó mucho para que el campamento se llenara de reporteros, varios de ellos trataron de hacernos algunas preguntas, pero nuevamente los paramédicos nos salvaron de la presión, esta vez cerrando la puerta de la ambulancia.
El sonido que provocó el cierre de la puerta activó mi capacidad de razonar, asimilar y accionar, en ese mismo instante arranqué en un llanto desconsolado y desesperado, me pellizqué mis mejillas hasta que sangraron, tenia la esperanza de que el dolor no fuese real para así darme cuenta de que esto era una pesadilla… en realidad estaba pasando: nuestra madre en verdad nos había abandonado, en verdad Leslie había sido abusada y en verdad Junior...
Grité con todas mis fuerzas, deseaba que el mundo entero me escuchara, deseaba que supieran mi arrepentimiento, mi dolor… deseaba que el mundo comprendiera lo que estaba sufriendo… era una búsqueda desesperada por disminuir la culpa que arremetía en mi pecho, era tanta y tan fuerte… no podía soportarlo, no yo sólo.
Entonces recordé que tenía a mi hermana menor a mi lado, giré la cabeza con esperanza… si, ahí estaba Leslie… con un gesto neutro, inexistente… tan ausente era su semblante que de alguna forma sentía que sin importar cuanto hablara con ella no seria capaz de escucharme.
No me importó que así fuera, tenia que decirle cuanto lo sentía, ella debía saber que estaba arrepentido por ser tan inútil y que la gigantesca carga de la responsabilidad estaba destrozándome desde dentro…
La tomé por los hombros y le pedí que me mirara, toqué su mejilla, estaba fría al tacto; me disculpé con ella y la abracé, le pedí por favor que volviera, que me ayudara… sin ella no podría continuar, tenia que saber que al menos aun estaba ella a mi lado…  no fue capaz de responder. Incluso ella, que estaba ahí, se había ido.
Deseaba darme una penitencia, quería sufrir… quería sentir un dolor tan fuerte que me librara de toda la culpa; en un arranque de ira me jalé de los cabellos con tanta fuerza que me arranqué varios mechones, grité de dolor… se sentía bien, estaba recibiendo el castigo que merecía… pero no era suficiente aun.
Clavé mis uñas en mis brazos como si tratara de arrancarme la piel de un solo tirón, la punzante sensación de tortura me hizo regocijarme en satisfacción, retorcí mis dedos dentro de la profundidad para agrandar las heridas, nuevamente solté un profundo aullido de éxtasis.
Los paramédicos abrieron la puerta de inmediato, subieron para detenerme y yo por mi parte traté de escapar, me sometieron en un santiamén y me inyectaron calmantes.
En mi frenesí de desesperación pude mirar por la ventana frontal de la ambulancia y fue entonces que la vi; ella, con un rostro pálido miraba la escena con una perturbadora sonrisa de curiosidad mientras hablaba con alguien, sus ojos escarlata estaban cubiertos por anillos en tonalidades purpura.  Sostenía en sus manos un objeto blanco, de aspecto quebradizo y delgado… era una mano.
Fue la segunda vez que vi a mi madre morir.
Me quedé dormido a los pocos segundos, cayendo mi cuerpo ante los efectos tranquilizantes que se me habían implementado.
Desperté varias horas después, estaba en una especie de dormitorio con manos y pies atados con correas a los extremos de la cama, estaba confundido, me era difícil razonar… me dolía una infinidad la cabeza y también otras partes del cuerpo, tales como mis brazos y mejillas, que ahora estaban vendados cuidadosamente.
Una vez pude recordar todo lo que había ocurrido comencé a buscar con desesperación a alguien, apenas giré un poco la cabeza pude sentirme algo tranquilizado: en la cama de al lado se encontraba Leslie, dormía con un rostro sereno y relajado, justo como dormía cuando vivíamos con el abuelo.
En su cuerpo había varios moretones a la vista, así como también tenia varias heridas en el rostro… había sido una noche dura.
Los Doctores me explicaron cual era la situación en un tono condescendiente y cuidadoso, me informaron que tenían a muchas personas buscando a mi madre y a Santiago, que Leslie y yo estábamos a salvo y que por desgracia, mi hermanito menor, Alfred Stewart Junior había fallecido la noche anterior.
Junior se había ido… de forma definitiva, nunca más volvería a verlo… mi hermano estaba muerto… y era por mi culpa.
Traté de liberarme pero mi fuerza no era suficiente para romper las correas… justo así como mi existencia no fue suficiente como para salvarle.
Él siempre demostró lo que yo nunca fui capaz de tener, no importa de que estuviéramos hablando: deportes, amistades, valores, virtudes o inteligencia… Junior siempre me superó sin problemas, él era mejor que yo en todo… y sin embargo él fue quien murió la noche anterior… no era justo… no era para nada justo.
El mundo necesitaba personas astutas, trabajadoras, hábiles y nobles como Junior, personas como él solo nacen una vez cada 50 años o quizás cada 100 solamente… y ahora, como en un parpadeo él ya no estaba caminando con nosotros… me dolía pensar que algo así era posible, así como también me era imposible negar la realidad ahora que se mostraba tan cruda ante mi.
Siempre fui un inútil, desde que era un niño solo sabía depender de los demás. Primero dependí de mi madre, luego del abuelo y después de Junior… una existencia como la mía solo era un estorbo, no solo para mi familia y entorno… sino para toda la humanidad.
Y aun sabiendo que yo era un inútil y Junior una persona en un millón, era él quien había muerto… ¿Por qué? ¿Por qué se cometía semejante injusticia? ¡No me era posible encontrar una razón para la que yo siguiera vivo cuando mi hermano, mil veces mejor que yo, no lo estaba!
Entonces comprendí que alguien o algo había cometido un error… me niego a llamarle “Dios”, “Universo” o “Destino”, al no tener yo suficientes respuestas como para hacer aseveraciones en cuanto al nombre, pero el error era evidente; se habían llevado a la persona equivocada. Yo debí haber muerto ese día como penitencia a mi estupidez, no Junior, como premio a su valía.
Ya no me quedaban razones para creer en mi mismo… a mi alrededor solo había ruinas de lo que alguna vez fuimos. En mi memoria quedaban todos aquellos momentos que en familia vivimos, memorias que nunca volverían y que solo se encargarían de carcomer mi mermada e intermitente existencia.
Apenas un par de meses después mi hermana fue trasladada, nadie me dijo a donde se la llevaron, de hecho no me permitieron despedirme, se la llevaron mientras dormía.
Los días eran lentos y angustiosos, al principio lloraba todo el tiempo, el peso de ser yo mismo me aplastaba a cada segundo y mis deseos de hacerme daño se incrementaban a cada lágrima derramada. Mis constantes forcejeos, gritos y lamentos provocaron que los Doctores decidieran mantenerme sedado.
Pasé horas enteras explorando en mis vivencias y experiencias, valoré y reviví cada momento de mi vida, descubrí dentro de mi, sensaciones que no conocía y sin embargo experimentaba, finalmente pude decir que me conocía a mi mismo.
Aproveché todo el tiempo a solas que me dieron para poner mi mente en blanco, con el paso de los meses se desarrolló en mí un hábito observador y vigilante, me volví lector y deductor, frio y calculador… descubrí que si pensaba con detenimiento y cuidado era capaz de utilizar el método de la deducción para llegar a las respuestas, como claro ejemplo, era capaz de saber en que lugar se estaba ocultando mamá, pasaba lo mismo con Santiago.
Bastó solo un poco de paciencia y ardua concentración para que sobre mi plano de personalidad se construyera una nueva superficie, ideal para formar una nueva realidad, una nueva existencia.
La gente es fácil de complacer, dejé de llorar y gritar, comencé a cooperar con los médicos, respondí a sus preguntas con naturalidad, pretendí que ya todo estaba bien… muy pronto se convencieron de que estaba recuperado gracias a sus tratamientos y me dejaron salir tres meses después, fui trasladado a un orfanato del gobierno, donde se me daría educación y techo hasta cumplir la mayoría de edad.
Tan pronto como llegué al orfanato comencé a recibir visitas de un abogado veterano y su esposa, me informó que Santiago había sido capturado hacia ya 5 meses y que él fue el encargado de representar a todos los afectados posibles en su reciente juicio; me informó que aquel sujeto se encontraba tras las rejas y que ahí seguiría por mucho tiempo, me entregó también su pésame por todo lo sucedido.
― Agradezco su pésame y sus buenas intenciones, señor Hannigan ― Murmuré, sonriente. ― Pero creo que se ha confundido… mi nombre no es Joseph, yo me llamo Junior… como sea, mucho gusto y muchas gracias.
Antes había dicho que el mundo necesitaba personas como Junior… comprendí que al ser yo el culpable de su partida era mi obligación traerlo de regreso… así lo hice, me decidí a morir para preservar lo que él fue y para así también asegurarme de que su brillo retornara al mundo, a partir de ahora, esa seria mi obligación; ser todo lo que Junior era y hacer tanto bien como él haría.
Tenía el presentimiento de que iban a reportarle al encargado del orfanato que aun no me encontraba psicológicamente estable, me equivoqué.
No tuve tiempo de acostumbrarme al orfanato, el señor Hannigan y su esposa presentaron sus deseos de obtener mi custodia, con sus buenos antecedentes y grandes referencias solo tardaron un mes en llevarme con ellos a su casa, en Texas.
Son una buena pareja; son honestos y trabajadores, también agradezco que hayan tenido interés en mi. En realidad ese gesto es el último que estoy dispuesto a aceptar para mi persona, pues de ahora en adelante, en cuanto escriba el punto final a esta historia, todo pasará a ser por y para Junior.
Abordando temas sobre el bien o el mal no puedo evitar pensar “¿Es malo llevar una máscara? ¿Se puede recriminar a alguien por ser un farsante? ¿Es deleznable que alguien no pueda vivir con su realidad? ¿Estamos obligados a ser quienes tenemos que ser?
Antes solía estar seguro de que las respuestas a esas preguntas eran simples: “Siempre sé tú mismo”, “Quiérete tal cual eres”, “Si quieres que la gente te acepte empieza por aceptarte a ti mismo” y todos los tipos de respuestas relacionadas con las ya citadas; por aquellos tiempos aun era muy joven para comprender que hay ocasiones en que ser tu mismo no siempre va a ser la mejor elección así como tampoco siempre será posible soportar el peso de ser “tu”, no necesariamente porque te odies o ya no desees continuar, sino porque hay casos particulares en que una existencia deja de ser lo que siempre fue para empezar a ser algo que no debe ser, algo que no tiene que estar ahí.

Usaré mi Máscara hasta que el cuerpo aguante… solo así podré acallar las voces de culpa que inundan mi mente y anestesiar las incurables heridas en mi corazón, es un sacrificio que merece y es necesario… de esta forma al menos mi existencia tendrá como mínimo una razón de respirar.
En mi memoria existen rencores y fantasmas que nunca me dejarán solo, pero todo el odio y resentimiento está dirigido únicamente a mi persona; ahora mismo, mientras escribo mis memorias los deseos de hacerme daño son tan inconmensurables que me es difícil soportarlo por mucho tiempo más.  
Pese al odio que me tengo, no me arrepiento para nada de haber nacido y vivido. Los días y momentos que compartí en compañía de mis seres amados siempre perduraran por sobre la gruesa cicatriz de mi existir.
Como ultimas palabras de lo que fue Joseph Stewart, me gustaría pedirle perdón a mi hermanita Leslie, espero que encuentre la felicidad donde quiera que se encuentre… también me gustaría disculparme con el abuelo, después de todo no pude cumplir con mi promesa… y finalmente me gustaría dedicarle unas palabras a mi amado hermano menor Junior: “Vive feliz, hermanito”.
Joseph Stewart,  Sept. 19 2004
 (1988/2004)


4 comentarios:

  1. Um...bien, sere sincera al respecto. Generalmente este tipo de historias no es de mi agrado, pero lograste hacer que la leyera entera y sin quejas, solo con algunos sollozos (demasiado sensible, lo del abuelo me pego en el inconsciente y la palabra inutil significa mucho para mi). No voy a hacer comentarios sobre la narracion, porque si no me equivoco, se ve que fuiste capaz de forjar algo que satisface tus necesidades, se te ve contento con tu estilo, publicando de esta manera.

    ¿Pensaste en publicar? No digo que sea una obligacion, pero creo que valdria la pena. Por la gente, claro, no por vos. Creo que muchos disfrutarian con este tipo de escritos. Tanto como yo, que aqui estoy, a las 6 de la mañana.

    Y por lo de las mascaras...hace años ya que decidi decir esto a todo aquel que abordara el tema: "ponte una cuantas veces lo necesites, si es necesario para evitar ser lastimado o lastimar, entonces, hazlo.". Cosas como ser siempre uno mismo no funcionan siquiera con las personas mas cercanas...las relaciones humanas jamas dejan satisfechas totalmente a ambas personas, siempre encontraran algo. Siempre hay que estar dispuesto a matar parte de uno.

    P.D.: Conoci tu blog mucho antes de esto, pero lo habia olvidado. Quien sabe porque.

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  2. ¿Puedo saber quien eres? Te agradezco mucho el comentario, es largo, consiso y me alegra mucho ver que he logrado que te sintieras identificada.

    En este relato me esforcé mucho. Me apasionó escribir sobre Junior apenas llegó a mí la idea, gracias entonces por darme la oportunidad de ser leído.

    ¿Publicar? Claro que lo he pensado! Es mi mayor sueño, y espero algún día (de preferencia cercano) lograrlo.

    Lo que dices sobre las máscaras, me parece una realidad. La vida es dura, y se vale usar cualquier medio para salir adelante. para muchos podrá significar una derrota dejar de ser quien eres, y sin duda hay personas fuertes que son capaces de mantenerse con una sola cara alrededor de toda su vida... pero no todos somos iguales.

    Te agradezco mucho el comentario. Espero en algún momento leas mi comentario y me permitas tener el gusto de conocerte. Muchas gracias por tu atención.

    Saludos!

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  3. Me hiciste llorar durante toda la historia, al final no pude más y me acosté en mi cama hasta que me calmé para poder venir a darte mi opinión

    es una historia hermosa de la familia, de las falsedades, de las malas decisiones, del madurar y finalmente de lo cruel que es la vida

    me destrozo el corazon junior, Joseph me hizo identificarme con el y su complejo de inferioridad, Leslie me hizo pensar que tenia muchas cosas por contar en su diario, y que el cuento no pudo demostrar por estar enfocado en los dos hermanos principalmente
    el final es fantastico, terrorifico, me dolio el pecho, y creo que hiciste una obra maestra, me encantó, te felicito, eres un gran escritor, de los mejores que he leido incluso de los populares, eres fantástico.

    te doy un 10, y seguire leyendote

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