Lo Último

14 feb. 2012

Amo a Zack! (Creo) (1/??)


Capítulo 1: Sobre la misión “No se va, no se va”
Zack
(2005, Texas)
Junior y yo intercambiamos miradas apenas Anna abandonó la habitación, él sonrió, tajante.
― ¿Puedo ponérmela ya, mascarita sagrada, blue demon y el santo? ― En su rostro se denotaba la ansiedad e impaciencia que le provocaba la espera. Asentí con un ademán.
― Entonces… ― Agachó su cabeza para pasar los elásticos detrás de sus orejas. ― ¡AQUÍ VA SÚPER PERRO!
No era un disfraz tan fastuoso como la botarga de oso, el uniforme de las animadoras o el traje de pescado; en realidad era una simple máscara de plástico de un perro de caricatura con grandes orificios en los ojos y una coqueta lengua sobresaliente que habíamos comprado en el supermercado esa misma mañana, para que su cabellera rubia no le rebelara su identidad fue necesario ponerse una sudadera deportiva con gorrito, escogió una color azul cielo porque según él, ese color le da suerte. Recordé la situación en que nos encontrábamos.
― ¿Sabes, hermano…? ― Preguntó, en un inusual tono de preocupación. Le miré, a la espera de una respuesta inmediata, como siempre hacía. Él se encogió de hombros. ― Amo a los perros.
Me reí, abrí la ventana a cuadros cristalinos de par en par y de un salto abandoné la oficina, sin embargo antes de irme, me recargué en el marco de la ventana por unos instantes.
― Todo saldrá de pocas pulgas, ¿No? ― Pregunté, soltando una risilla nerviosa, delineando el contorno de los ladrillos en el marco de la ventana. ― Nosotros nunca fallamos… ¿No?
Él no respondió; siguió preparándose en silencio.
― Tienes razón ―Bufé, encogiéndome de hombros. ― Es mejor no pensar en eso.
― Si que me encantan los perros, ¡Deberíamos robar uno, carajo! ¡Le pondría Espinoza Paz y sería el hermanito menor de la pandilla ovejera!
Era evidente que para Junior también eran momentos difíciles, pero a diferencia de mí, él era capaz de lidiar mejor con ello. Definitivamente él sería el hombre indicado para nuestro buen operar.
― Después de salir librados de esta, robaremos el mejor perro del vecindario más rico de la ciudad, Espinoza Paz será una realidad.
― Sí.
Ambos sonreímos, después cada uno siguió su camino.
Mientras caminaba por el campus recibí una llamada, era de Mike; me puse mis gafas de sol y respondí con tono muy bajo.
― ¿Ya ha llegado?
― Tenemos problemas... ― Mike sonaba preocupado; me sobresalté ligeramente. ― Nahomi me acaba de decir que lo ha visto practicando temprano en el gimnasio hace una hora…
― No puede ser… ― Me puse una mano en la frente y di media vuelta; mirando directamente al gimnasio. ―Él…
― Así es ― Afirmó. ― Llegó temprano.
  Miré en todas direcciones con desesperación, recién había sucedido algo que no estaba anotado ni en nuestros peores pronósticos.
Colgué la llamada de Mike y me comuniqué inmediatamente con Anna, que me respondió al instante.
― Lo sé, ya lo he visto ― Fue lo primero que dijo. ― Ese hijo de puta eligió un mal día para llegar antes… ¡Mierda!
― ¿Lo has seguido? ―Pregunté, aún sin saber qué dirección tomar.
― Está esperando en la oficina de las secretarias, el director aún no llega, pero cuando llegue lo atenderá al instante seguro; ¿Qué hacemos, cabrón?
Tragué saliva.
― Tendremos que esperar a que Junior logre retenerlo lo suficiente…
― No seas estúpido… sabes que a lo mucho puede darnos un par de minutos, los guardias, prefectos y profesores lo estarán persiguiendo al instante… si tratara de retenerlo más tiempo lo atraparán y será expulsado… y es eso lo que estamos tratando de evitar.
Hubo un silencio ansioso durante varios segundos que parecieron años… ¿Qué se podía hacer?
― Zack ―Insistió Anna, con temple severo. ― Decide pronto.
Cerré los ojos y apreté mi puño libre… a esto se había orillado.
― Voy por el traje de pescado.
― ¿Qué vas a hacer con él? Además ya no tenemos tiempo.
― No veo que se te ocurra algo mejor, ¿No? Debo hacer una llamada, nos vemos.
Colgué sin esperar una respuesta, después busqué en mi lista de contactos con velocidad; afortunadamente su nombre era alfabéticamente fácil de encontrar. Le llamé.
― ¿Diga? ― Su voz era rasposa y ronca, de recién despertado.
― Bruno, necesito que vengas a la escuela de inmediato a traerme el traje de pescado de mi habitación.
Él bostezó.
― ¿El traje de quién?
― Es un disfraz de pescado que está en mi habitación, si no me lo traes en menos de 5 minutos es muy probable que seamos todos expulsados.
― Me encantaría ayudarte viejo ― Se excusó. ― Pero Shamara está dormida y si me muevo probablemente se despertará y se molestará porque llevo un ser vivo en forma de disfraz a un templo de la explotación o algo así…
― ¡EXPULSADOS, CARAJO!
― Bien, ya voy, ya voy… espérame en la entrada.
― No, mejor en la parte de atrás. Tengo que ponérmelo de inmediato sin que nadie me vea hacerlo.
Colgué el teléfono y marqué a Junior.
― Perro Wakko al habla.
― ¿Junior? ― Pregunté. ―Bueno, no importa… ¿Aún no se ven señales del director?
― Aún no se ven señales -paguau
― Bien, escucha… hay un cambio de planes; Steven ya está en la dirección esperando a por el director, así que tendré que…
― ¡TÚ MAMÁ EN TANGA  -PAGUAU! ― Gritó, un instante antes de colgar la llamada y con ello cortar la comunicación conmigo. Eso solo podía indicar que el director finalmente había llegado.
― Buena suerte, hermano… ― Suspiré.
Recordé que tenía que reunirme con Junior en poco tiempo, corrí al punto indicado… él aún no llegaba.
― Ese hijo de…
El sonido de su claxon me interrumpió, llegó con un derrape impresionante y se posó justo frente a mí, me lanzó el traje de pescado y con su tradicional sonrisa altanera me regaló un gesto grosero con su dedo.
― Que sea la última vez que me despiertas tan temprano, cabrón.
― No te prometo nada, pero gracias por venir a tiempo.
No se dijo más, me puse el incomodo traje de pescado y sin despedirme de Bruno entré corriendo lo más rápido que mi nueva cola me permitía.
― ¡Suerte con eso de verte como idiota! ― Animó Bruno, seguido de una sonora carcajada.
Ciertamente todos los alumnos se me quedaban viendo, no es como si fuese común ver un pescado corriendo por territorio escolar; algunos incluso me tomaban fotos y me pedían que los abrazara como si fuese una mascota de Disney, me los quité con un empujón y seguí corriendo.
Divisé a Anna, dando giros nerviosos alrededor de la parte trasera de las oficinas de dirección, cuando me vio comenzó a caminar en mi dirección, pero yo ya traía mucho impulso como para frenarme a darle explicaciones.
― Zack, ¿Qué…
― ¡Lo siento hermosa! ― Pasé de ella. ― Un pescado tiene que hacer lo que un pescado TIEEEEE…..
Ya he explicado antes que las ventanas de las oficinas de la escuela están a poco menos de un metro de distancia del suelo, esto fue una gran ventaja para arreglármelas a pegar un tremendo salto gimnástico y tras un sonoro y terrible sonido de cristales rotos adentrarme directamente en la sala de las secretarias.
 Todas ellas gritaron como locas por el susto. Más importante, después del impacto quedé bastante aturdido; sin embargo no me podía permitir regalar segundos, me puse de pie y tambaleándome corrí hasta los escritorios. Tiré las computadoras, lancé papeles, volteé los escritorios y pateé todo lo que se me pusiera de frente. Las secretarias estaban muertas de miedo, una de ellas no paraba de presionar el botón de pánico. De no ser porque estaba seguro de que en ese momento los guardias estaban muy ocupados persiguiendo al perro que tacleó al director hubiera salido corriendo asustado.
Recordé que había alguien más en la habitación, me volví de inmediato para saludarlo.
― Eres Zack, no es necesario ver tú rostro para saberlo.
Steven me miraba con el ceño fruncido; hice lo propio (solo que él no pudo verlo). Me lancé en un ademán de ira y lo estrellé con fuerza contra la pared, luego lo tomé con mis aletas por el cabello y lo arrastré hasta la pared, donde lo estrellé en repetidas ocasiones.
― ¡ABORTAR, ABORTAR!
Reconocí la voz de Anna a distancia, seguramente los guardias o el director estaban regresando ya al edificio. Solté a Steven y con un salto del tigre… o del pescado… salí de la dirección por la misma ventana que había destrozado hacia un par de minutos.
Tener el traje puesto era un martirio que mermaba mi velocidad notoriamente, y no solo eso; lo peor era sin duda ser incapaz de saber si había alguien siguiéndome… ¿Cómo saber si los guardias me asechaban  de cerca esperando a por el momento indicado para taclearme? Era capaz de escuchar los gritos del director “¡Deténgase ahora mismo, infeliz!” “Vayan por él”… estaba asustado como nunca antes.
Sabía que si me atrapaban ahora mismo no solo sería expulsado de la escuela, sino que también iría a parar al reformatorio juvenil pero sin duda… causaría problemas a mi madre y demostraría nuevamente los motivos por los que ella ya no quería ser mi amiga…
 ¿Por qué pensaba tanto en esto último? Bueno… créanlo o no, ese había sido el pan de cada día… no paraba de pensar en sus palabras… en lo que diría tras cada acción y en lo que podía hacer para demostrarle que estaba equivocada.
― Esta será la última vez, Ellie…
En realidad, si retrocediéramos un poco nos daríamos cuenta que todo esto era culpa de Ellie, fue ella quién me obligó a confesar mi fechoría a Rocko frente a Steven, que al ser obviamente un desgraciado que no me quiere nada y que además conocía mi convenio con Feeney decidió aprovecharse para entregarme directamente con el director.
Estaba convencido de que Steven trataría de delatarme tarde o temprano, durante un buen tiempo me pregunté si era voluntad de Ellie que Steven me entregara o si él lo haría por cuenta propia y a sus espaldas, fue en esta situación que la buena relación entre Junior y Karla nos sirvió bastante.
Ella y Steven son cercanos, no tanto como lo son los dos con Ellie, pero si se llevan muy bien, y al ser sabedor Steven de que el criterio de Ellie en cuanto a mí persona se encontraba dubitativo prefirió descargar sus inquietudes y deseos de delatarme con Karla, que sabía que si me delataba a mí estaría delatando también a Junior. Inmediatamente fue a con nosotros para advertirnos.
― Steven va a delatarlos mañana en la mañana. ― Dijo.
Nuestro plan era bastante simple, Feeney siempre llega a las 10 de la mañana, todo lo que teníamos que hacer era crear una distracción para Steven (de la cual Anna se encargaría) y una distracción para el director (De la cual Junior se encargó), para que los dos estuvieran ocupados en otros asuntos hasta que Feeney llegara y tomara el caso de Steven y le dejara bien en claro que los asuntos disciplinarios eran con él y solo con él, y que si iba con el director significaba que no lo estaba respetando como autoridad y eso era algo sancionable.
Después yo interceptaría a Steven y entraríamos en tregua, le explicaría que al ser amigo de Ellie no le haría daño nunca más a cambio de su silencio. Ese sería el cierre del libro en que todos volveríamos a estar en lo nuestro.
Sin embargo, a Steven se le ocurrió llegar mucho antes, por lo que fue imposible engancharlo con otro asunto, eso me obligó a crear un caos de emergencia el cual impidiera que el director lo atendiera. Al menos ahora era seguro que Feeney llegaría a salvarnos a tiempo.
Inesperadamente todas las puertas de salida de la escuela estaban cerradas, esto probablemente gracias al tumulto creado por el perro anónimo que atacó al director. Tuve que correr hasta la parte más baja de la cerca mientras me quitaba el traje a trompicones y lanzarlo al otro extremo, estaba a punto de brincar yo también cuando vi que los guardias ya estaban muy cerca de mí, no había tiempo ya… si brincaba seguramente alcanzarían a verme el rostro y eso representaría el final… tenía que correr un poco más.
― ¡QUIETO CABRÓN! ― Gritó uno de los guardias, era increíble que su voz se escuchara tan cerca… ¿Cómo es que corrían tan rápido estando tan gordos? Siempre los veía comiendo donas en las entradas de la escuela, era ilógico que pudieran alcanzar a un chico en tope de juventud como era yo… y sin embargo lo estaban logando.
― ¡VE Y AGARRALO POR EL OTRO LADO! ― Ordenó nuevamente el guardia por la señal de radio, dándome el conocimiento de que iba corriendo directamente a una emboscada, sin embargo no había a donde más correr, si quería tener la remota posibilidad de escapar sin ser visto, tenía que arriesgarme a brincar la reja.
Divisé a otro de los guardias corriendo de frente hacia mí… si corría más sin duda sería atrapado…
― ¡MIERDA! ― Grité, al instante en que me aferraba de uno de los pilares de la reja y escalaba con las piernas a través de los orificios de la reja, utilicé mi otra mano para sostenerme mientras pasaba mi cuerpo a través de la cima, en ese momento alguien tomó mi tobillo.
― ¡Ya te agarré! ― Celebró el guardia.
Trató de jalarme, eso me hizo perder el equilibrio y caer del otro lado de la cerca, como el guardia me sostenía del tobillo este se me raspó contra las puntas de alambre con tal fuerza que sentí como mi piel se separaba mientras caía, Grité con pesadez.
― ¿Estás bien, muchacho? ―Preguntó el guardia.
Le ignoré, me puse las manos en el rostro y comencé a cojear en dirección opuesta a como lo venía haciendo, tomé el traje de pescado y como pude rengué hasta la parada de autobús.
― ¿¡A DONDE CREES QUE VAS!?
Sentí un escalofrío y volví mi cabeza al instante: los dos guardias de antes corrían a toda velocidad en mi dirección, ignorando completamente si ya no estaba en territorio escolar para darme caza fuera del mismo. Afortunadamente, el autobús llegó a tiempo.
― ¡TE HE VISTO EL ROSTRO MUCACHO! ― Gritaba el guardia. ― ¡MEJOR VUELVE SI NO QUIERES QUE TE VAYA PEOR!
― Le doy 20 dólares si avanza ya ― Supliqué al chofer apenas me subí.
― Tú eres el jefe ― Sonrió el chofer, satisfecho con el trato y obedeciendo. ― Escapándote de clases, ¿eh?
― Peor todavía… ― Me tiré en un asiento. ― Escuche… si me desmayo por favor tíreme en el parque Bromwell, ahí mi gente me va a recoger…
 ― Bien ―Repuso. ― Pero antes de que te desmayes dame esos $20.
Fui capaz de bajar por mí mismo en el parque, más impresionantemente fui capaz de renguear hasta el punto de reunión de siempre, donde Junior, Mike y Anna ya se encontraban.
Se notaba un aire de mal humor entre los presentes, incluso Junior era incapaz de sonreír mientras se rascaba la oreja con sus patas traseras.
― ¿Situación? ―Pregunté, lanzando la botarga de pescado al suelo y tirándome sobre ella.
― El director se ha lastimado la columna ― Explicó Mike. ― Además de importantes daños monetarios a la propiedad escolar, más específicamente en las oficinas de la dirección… además de una ventana rota en unos baños masculinos.
― ¿Ventana rota en baños masculinos? ―Pregunté, mientras me quitaba el calzado de mi pie herido.
― Tenía que ir al baño, hermano ― Explicó Junior, quitándose la máscara de perro. ― Ya sabes lo que dicen, no es bueno aguantarse.
― ¿Qué te pasó en el pie? ―Preguntó Anna, acercándose a mí para revisar mi herida.
Era un tajo que se extendía desde un lado de mi dedo gordo hasta la parte media del pie, ya tenía todo mi calcetín bañado en sangre.
― ¡No mames! ― Exclamó. ― ¡NO MAMES! ¡TE VAS A MORIR, CARAJO!
― ¡Cállate y ve a comprarme unas vendas o algo!
― Está bien ― Aceptó Anna, sorpresivamente rápido. Junior, ve a comprarle unas vendas a Zack.
― ¡Voy volando batilla, agárrenme que soy fuego puro y soy velocidad, un rayo de luz que patea la verdad!
Junior se fue corriendo como alma que lleva el diablo, dejándonos sorprendidos.
― Vaya que es rápido ese muchacho ― Observó Mike.
― Por cierto, Mike… ― Le miré acusador. ― ¿Qué haces tú aquí? No pareces ser del tipo que se brinca las clases.
― Nahomi me obligó a venir ― Explicó, en su usual tono de invisibilidad. ― Estaba preocupada y quería saber cómo estaban las cosas… por supuesto que yo también lo estaba… el milagroso escape de Junior asustaría a cualquiera…
― ¿Milagroso? ―Pregunté, en un sobresalto. ― ¿Cómo fue?
―… Tal como te dije, los guardias, prefectos y algunos profesores acudieron al instante a ayudar al director… ― Anna movió mi pierna para posar su pie sobre su regazo. ― Y Junior se aferró a él con fiereza, lo sacudió, revolcó, ensució y hasta bailó sobre él… por alguna razón decidió durar más tiempo del establecido, quizás entró tanto en papel que olvidó del cronometro… el asunto es que los guardias lo aprisionaron por un instante.
Era evidente para mí que Junior trataba de darme algo de tiempo. Sonreí.
― ¿Y qué hizo para escapar?
― Los pateó y sabrá Dios como los mordió con la máscara puesta, luego corrió por entre todos como si fuera un gran receptor y abriéndose espacio saltó en la cerca antes de que los guardias pudieran cerrar la puerta… dicen las leyendas que hasta les bailó en la cara por un rato antes de venir aquí.
 ― ¿Y qué tal fue tú escape? ―Pregunté, mientras veía con terror como sacaba de su mochila unas toallitas desinfectantes. ― Y espero que esas cosas no estén secas.
― ¡¿Quieres que te cure O NO?! ― En un ataque de enojo raspó una de ellas contra mi herida con fuerza. ― ¿Ves? ¡Fresquecitas! Las compré ayer…
― ¡HIJA DE TU… ― Vi su rostro sádico amenazando con repetir el ataque. ― Santa chulísima hermosa… hermana de Lady D y perfecta madrecita.
―Yo no tuve que escapar, a mí no me buscaban así que solo tuve que irme al orificio en el enrejado donde solo alguien tan pequeña como yo entraría… más importante que eso… ― Me miró, ahora con seriedad, reacomodando sus lentes de armazón oscuro para poder mirarme de frente con sus ojos avellana. ― ¿Cómo fue que terminaste así? ¿Se te complicó de más el escape o te caíste camino hacia acá?
Expliqué a detalle lo que había ocurrido, durante la narración Junior regresó con una gigantesca bolsa llena de productos necesarios para mi curación, Anna comenzó a curarme como toda una enfermera.
― Eso, cura a tú hombre. ― Bufé, moviendo los dedos mientras ella me vendaba.
― Cállate o te hago más grande la herida, idiota… ― Anna se notaba más molesta que nunca antes, faltaba poco para que le saliera fuego por la nariz ― ¿Y bien? ¿Crees que los guardias te vieron?
― Eso gritaba uno de ellos cuando subí al autobús… y si está en lo cierto… basta con que me reconozca para que el director me expulse… y no solo eso, obligue a mi familia a pagar los daños y me envíe a un reformatorio juvenil… ahora seguramente el director está tomando acta de todos los alumnos presentes dentro del edificio, mañana en la mañana nos convocará a todos los faltantes y pedirá al guardia que me reconozca…
― Y es de esperarse que al ver a Junior también en la lista de faltantes asuma que él fue quién le atacó en la entrada, siendo tú el responsable de lo ocurrido en la oficina ― Agregó Mike. ― Es decir, si el guardia decía la verdad nosotros…
― Estamos jodidos ― Interrumpió Anna. ― ¡Carajo! Todo por ese maricón de Steven, ¡hijo de perra chismoso!… ¿Para qué mierdas quiere perjudicarnos?
― No hay que pensar en la derrota aún ―Negué, golpeando el suelo con mal humor. ― ¡Aún tenemos a Feeney!
― ¡FEEENEEEEEY! ― Gritó Junior.
― ¡Feeney! ― Exclamó Anna.
― Feeney. ―Suspiró Mike.
Todos sonreímos, era verdad… aún nos quedaba nuestra última salvación: Feeney, el hombre que se encargaría definitivamente de salvarnos de la desgracia y de darnos un respiro. Todo estaría bien, gracias a nuestro buen amigo el subdirector.
En ese momento el teléfono de Mike anunció la llegada de un mensaje, lo abrió y después de sonreír nos lo mostró sin decir nada, era un mensaje de Nahomi:
¡FEENEY
― ¿Ustedes dos tienen telepatía? ―Preguntó Anna a Mike, soltando una carcajada. ― Esto me asustó…
― Es que Nahomi es asombrosa. ― Mike sonrió, con notorios aires de orgullo.
― ¡Como se esperaba de la grande Nahomi, una campeona total! ― Exclamó Junior.
― Oye, espera ―Observé. ― Hay más para mostrar en el mensaje, baja el cursor un poco para ver lo restante.
Así lo hizo Mike: bajó la pantalla hasta que se mostró el mensaje completo:
FEENEY
¡FEENEY
NO VINO
DICEN QUE
SE FUE DE VACACIONES
X UNA SEMANA 
ATT NAHOMI!
― Que feo escribe Nahomi los textos… como que no debimos celebrar tan pronto, ¿No? ― Murmuró Junior, tragando saliva.
Todos intercambiamos miradas, pese a que en nuestros rostros se dibujaba la neutralidad producto del bajón de ánimos, en el ambiente se denotaba la tensión faltante en nuestros rostros.
Era la cereza del pastel en una mañana llena de dificultades y batallas perdidas, ¿Cómo se le ocurría a Feeney tomar sus vacaciones en un momento tan crucial para nosotros? O mejor aún, ¿Cómo se nos ocurrió  a nosotros no consultarlo con él antes, dando por hecho que contaríamos con su apoyo en el momento? No se nos ocurrió pensar en la posibilidad de que Feeney no podría ayudarnos. Se nos hizo fácil: “hay que distraer al director en lo que llega Feeney para que él así pueda encargarse de Steven”.
― Es mí culpa ― Murmuré, bajando la mirada con pesadez. ―Debí planear mejor las cosas… no puedo creer que no fuera siquiera a confirmarlo con Feeney el viernes pasado.
― No tiene caso lamentarnos ―Repuso Anna, tomándome del hombro. ―Lo que es importante ahora es… tratar de encontrar una salida… algo que pueda rescatarnos…
― Ya lo dijo Zack antes ― Se interpuso Mike. ― Hemos faltado a clases, en los pases de lista eso será evidente, si el director está enojado, y lo está… tratará de darle muerte a los responsables... la única solución que se me ocurre a esto sería…
― ¡INCULPAR A OTRO! ― Gritó Junior, poniéndose de pie para empezar a bailar tac. ― ¡inculpar a otro, inculpar a otro!
― ¿Pero a quién? ―Anna posó su dedo índice sobre sus labios. ― Rocko está fuera de esa lista por el  pacto de paz… y Steven estaba en la oficina cuando todo esto ocurrió, además de que estoy convencida de que Zack nunca querría meterlo en esto por miedo a represalias con Elisa Clearwater.
― ¿Qué hay de Mike? ―Sugerí, ignorando a Anna. ― Dicen que los seriecitos son los peores.
― ¡OYE! ― Se quejó el afectado. Todos reímos.
Guardamos silencio por casi dos minutos, pensando en las posibilidades… no era fácil inculpar a alguien, más importante que eso, muy probablemente tendríamos que seleccionar a una pareja de amigos con antecedentes de mala conducta, eso reducía la lista de candidatos en buena medida.
― Es solo que si… ― musitó Junior. ― Inculpáramos a Mike… perderíamos puntos con Nahomi…
― ¿¡SIGUES PENSANDO EN ESO!? ―Gritó Mike, resaltando su decepción con una mirada cristalina. ― ¿¡NO QUE ERAMOS PRIMOS!?
― La familia puede modificarse ― Despejó el rubio. ― Pero supongo que tienes razón… si mi tía se enterara seguramente habría problemas.
― ¡Déjense de estupideces, par de perras de mierda! ― Ordenó Anna, ya en su límite. ― ¿No ven que esto es serio?
Nadie rechistó, pues estaba en lo correcto; más redundaba en lo obvio, todos sabíamos que la habíamos liado en grande. Inclusive si encontrábamos alguien a quien inculpar, si era verdad que los guardias habían visto mi rostro lo suficientemente bien como para reconocerme nuestros esfuerzos serían infructuosos y por ende, un fracaso. En el peor de los panoramas inclusive Mike o hasta Nahomi se podrían ver afectados por ello. Teníamos que ser delicados y encontrar un camino seguro.
― No es fácil encontrar a alguien para inculpar, ¿No? ― Murmuré, continuando con un suspiro. ― No es posible que no se me ocurra nadie que merezca ser expulsado más que nosotros… ¿Qué hay del gordo Karofsky?
― Muy obeso para el traje ― Negó Anna al instante. ― O para la máscara de perro.
― Quizás solo debamos escoger a alguien al azar. ― Sugerí, nuevamente. Empezando a perder la paciencia. ― Solo plantar la evidencia en alguien más y esperar a que se hunda en  nuestro lugar.
― No pienso que eso sea una buena idea. ― Negó Mike.
Presioné mis puños con todas mis fuerzas, solté el vigésimo suspiro del día y conté hasta 10.
― ¿Por qué piensas que no sea una buena idea, Mike? ― Pregunté, con esa amabilidad falsa que sale cuando uno está al punto de estallar y habla pretendiendo estar bien.
― Porque no es justo que se inculpe a alguien inocente solo para salvar tú trasero.
Gastando el vigesimoprimer suspiro traté de ponerme de pie, pero Anna lo evitó, señalándome con su dedo que aún no terminaba con el vendaje.
― Sabes, ¿Mike? No culparía a alguien más de no ser porque es la última opción. Es por esto mismo que intento escoger a alguien que lo merezca más que yo, para no cometer ninguna injusticia.
― Aún así no siento que inculpar a alguien sea propio, por mucho que lo merezca, sea una solución adecuada; tiene que haber una salida más jus…
― ¡SI LA HUBIERA ESTARÍA ENCANTADO DE ESCUCHARLA!
Mike se sobresaltó por mi reacción, inclusive sentí como Anna y Junior se sobresaltaban por mi explosión. Recapacité al instante.
― Lo siento hermano, es solo que…
― No, no te preocupes ― Interrumpió el pelirrojo con sequedad, tomando su mochila del suelo y marcando paso. ― Me largo, buena suerte.
― ¡Mike, espera! ― Pidió Anna, en vano. Él no se detuvo ni fintó siquiera con hacerlo.
EL ambiente, que de por sí ya estaba caldeándose, terminó por verse sepultado en forma definitiva. Los tres guardamos silencio por lo que parecieron ser horas… no era necesario decir nada más; los presentes sabíamos que las cosas solo podían empeorar si abríamos la boca para decir algo indebido. Al final fue Junior quién rompió el hielo en su usual y acertado estilo aleatorio.
― Deberíamos ir a cortarnos el cabello con mi buen amigo Henrique el peluquero.
― Tienes razón ―Coincidí, cerrando los ojos con cansancio. ― Para que así los guardias se confundan, ¿No?
― ¿Qué guardias? ―Preguntó él en respuesta, pegando saltos en cuatro patas como imitando a una rana. ― Solo me dieron ganas de rasurarme el coco, pero lo que horneé tu patata está bien por mí, mi amigo.
― Bueno, no importan tus motivos, el asunto es que es una buena idea y yo también voy a hacerlo… por cierto, Anna…
Finalmente me digné a ver por qué demonios mi curación se tardaba tanto, lo que veía ante mis ojos no tenía precedente.
― ¡¿Q-qué demonios le has hecho a mi pie?!
― ¿Eh? ― Preguntó ella. ― Pues vendarlo… ¿No?
Era una pastosidad impresionante, sobre las vendas que había puesto alrededor de mi pie después de utilizar sus toallitas desinfectantes había untado una de las pomadas que venían en la bolsa que Junior había traído, luego había puesto otra capa de vendaje y repitió el proceso… en realidad, parece que lo hizo un total de 5 veces. ¿El resultado? Una bota resbalosa y enorme en mi pie.
― ¡NO JODAS, ANNA! ― Grité. ― ¡Sí no sabías nada de curación no debiste ponerte a hacerlo en primer lugar!
Ella se sonrojó, pero después su gesto se endureció. Me golpeó en el pie.
― ¡A regañar a tú abuela, hijo de puta!
― ¡Mi abuela si sabría curarme, enana loca, maniática, compulsiva e infeliz!
― ¡Pues ve a que te cure ella, princesa llorona!
― ¡Lo haré, apenas pueda averiguar cómo me puedo quitar esta momificación que me hiciste! ¿Qué tal si se me infecta así como está? ¡Piensa mejor, idiota!
Anna tomó mi pie con ambas manos y se lo quitó del regazo para ponerlo en el suelo, se puso de pie.
― ¡No vuelvo a curarte, MARICA!
Me reí. Era justo lo que necesitaba para olvidar, aunque fuese por unos instantes la delicada situación en que nos encontrábamos.
― ¡Nunca lo hiciste, INÚTIL!
Rebusqué en la bolsa de artilugios que Junior había traído de la farmacia, resulta que en realidad no eran tantos artefactos de curación como yo pensaba, en su mayoría eran caramelos y collarines anti pulgas para mascotas pequeñas. Las pocas cosas útiles para la curación de mi pie habían sido ya gastadas en el monumento a la torpeza que se fundaba en mi tobillo.
― ¡Te acabaste todo! ¿Ahora como me voy a curar?
― ¡Déjamelo a mí! ― Exclamó Junior al instante, antes de que Anna gritara su respuesta (probablemente repleta de obscenidades). Como era usual en él, no dio tiempo para una respuesta y corrió en dirección incierta. Se le veía agacharse continuamente para después seguir caminando.
Anna y yo nos quedamos solos, ella estaba recargada sobre un árbol mirando en dirección opuesta a donde yo me encontraba, recostado en el suelo. El paso de los minutos me hicieron aburrirme rápidamente.
― Oye… ―Murmuré, como ignorando el hecho de que estaba enojada. ― ¿Quieres que nos besemos un rato?
― Para nada. ― Su tono era ciertamente indiferente.
― ¿Y esa novedad? ― Insistí, pícaro. ― Normalmente estás más que dispuesta…
Tardó un par de segundos en responder, creando algo de tensión extra en mí.
― En la escuela se dice que estás saliendo con Elizabeth Turf… ¿Qué hay de cierto?
Me estremecí.
Ella volvió su rostro tanto como su cuello se lo permitía. Me encogí de hombros.
― Son rumores, Elizabeth y yo no estamos saliendo.
― Aún, ¿no?
Solté una risotada.
― ¿Quieres que nos besemos o no?
Anna no respondió, dándome a entender que no era la respuesta que buscaba.
― Ella me interesa bastante… ― Admití, en tono honesto. ― Además de que es la capitana de las animadoras, ser su novio implicaría muchas cosas buenas…
― Pues ahí lo tienes. ― Anna soltó una carcajada. 
― ¿Qué cosa? ¿Y de qué te ríes?
― Las dos tienen la misma respuesta ― Atinó, volviéndose y acercándose a mí a paso lento. ― Si quieres pasarla bien, ve con ella… eres un descarado e infeliz, ¿Sabes?
Se arrodilló y quedó frente a frente conmigo, se acercó a tal punto en que pude sentir su respiración rítmica y casi invisible.
― ¿No es eso lo que te gusta de mí?
Ella sonrió, y se acercó un poco más. Cerré mis ojos, aletargado.
― Zack… ― Me tomó por el cabello con jugueteo y paseó su rostro lentamente por el contorno alrededor de mis labios. ― Eso es lo que más odio de ti, me repugna.
Pegó sus labios a los míos pero no los movió ni por un instante, solo los posó por un par de segundos. Traté de juguetear con ellos pero estaban rígidos cual rocas inamovibles. Ella se separó de mí con un empujón a mi cabeza.
― ¿Eso es todo? ―Pregunté, con reproche. ― ¡No es justo!
― La vida no es justa ― Sonrió con malicia. ― Ya te dije, si quieres cariño ve con tú rubia soñada.
― Si me expulsan eso no será posible…
El gesto juguetón se borró de mi rostro, y nuevamente la sombría realidad se apoderó de mi estado anímico… por un momento había olvidado que estábamos en medio de la peor crisis en la historia de nuestra vida escolar. Y que el panorama no mostraba más que un final finiquitico
― Oye, no tiene caso que te deprimas por eso ― Animó ella, sacudiéndome el hombro. ― Si te pones así será imposible que las pocas chances de salvarte rindan efecto. ¿Vas a dejar que sea tú propia actitud la que te sepulte? ¡Porque si es así deseo renunciar a ser una oveja! No vale la pena estar aliada con un grupo cuyo líder es un perdedor.
― Pero… ¿Qué puedo hacer? Cortarme el cabello, inculpar a otro y esperar un milagro… si  uno de los guardias me reconoce todo estará terminado… tienes que admitir que está en chino.
Levantó la mano tan rápido que no pude reaccionar, me soltó una bofetada cuyo eco se escuchó en todo el parque. Me dejó boquiabierto, incapaz de pedir una explicación. Aún así, ella respondió por sí sola.
― ¡NO VOY A ADMITIR UNA MIERDA! ― Me tomó por el flequillo y tiró de él con fuerza. ― ¡INVENTATE ALGO! ¡Siempre estás presumiendo que eres un Mosh, que un Mosh nunca muere, que un Mosh siempre gana, que no te debes de meter con un Mosh y todo tipo de estupideces! ¡Va siendo hora de que demuestres que no solo es habladuría y saques la puta casta que supuestamente tienes! ¡¿ENTENDIDO?!
Asentí, con los ojos muy abiertos. Ella me liberó, satisfecha.
― Bien, siempre y cuando lo entiendas estará bien.
Nuevamente el silencio se apoderó de la escena, Anna se puso a jugar con la hierba y yo me quedé con la mirada en blanco. Estuvimos así hasta que Junior regresó.
― ¡HE VUELTO, CAMPEONISIMOS! ¿Me extrañaron, perrines del mal?
Algo inesperado, aún tratándose de Junior, se mostró ante nosotros; el chico llevaba en sus manos un costal fabricado con una manta rosada, sin dar explicaciones soltó la manta en el suelo y dejó ver su contenido: varios tipos de hierbas silvestres que había recogido (seguramente) en el parque, un mortero, agua embotellada y otros líquidos varios en pequeñas bolsitas de plástico, algunos cabellos pegados en un trozo cinta aislante y una lagartija. (Así es, una lagartija viva aprisionada con cinta aislante).
 ― ¡¿Q-QUÉ MIERDA ES ESTO?! ― Anna dio severos pasos en retroceso, a lo que Junior respondió relajado.
― Es un paso impresionante en el mundo de la medicina ― Explicó, poniéndose de rodillas y acercando el mortero al frente suyo. ― Hoy es el día en que el bálsamo curativo de Junior cobrará vida con ayuda de todos estos frescos y selectos ingredientes completamente naturales.
― ¡ESTÁS ENFERMO! ― Anna se notaba muy afectada, como si quisiera ponerse a llorar. Sus orificios nasales se abrieron en su máxima expresión. ― ¡NO JODAS, ¿UNA LAGARTIJA!?
― Ah, ¿Está? ― Junior tomó a su prisionera, que aún luchaba en vano por escapar. ― Esta es solo mi mascota asistente, Jaime. Sería incapaz de sacrificarlo aún si es por el bien médico. Aunque ahora que lo mencionas sus glándulas sudoríparas podrían ser útiles para mejorar en el aceleramiento de la función… pero igual paso, Jaime y yo somos amigos.
Anna se volvió conmigo, con un rostro que literalmente decía “Para esto por favor”. Yo dudé por varios segundos, pero era evidente que estaba de acuerdo.
― E-escucha, viejo… ― Me rasqué la cabeza. ― M-me alegra bastante que muestres interés en la creación de medicamentos y todo pero… ¿e-estás consciente de que esa cosa tendría que ir a parar a mi pie? Un simple tajo podría terminar en… en… una terrible infección que me dejaría sin pie.
― ¡Tranquilízate hermano, confía en mí y en Javier!
Él soltó una sonrisa confianzuda, que de alguna manera me hizo sentirme un poco más seguro con la situación. Sonreí. Ante mí cambio de actitud, Anna se mostró reacia y decidió intentar hacerme cambiar de parecer.
― ¿Y qué son esos líquidos que tienes en bolsas de plástico, Junior? ― Preguntó en tono malvado y seseante. ― ¿Y de donde conseguiste todas estas hierbas y raíces?
― Este de aquí es alcohol etílico, este otro es agua oxigenada, este es un desinfectante plástico muy usado por las farmacéuticas y este último es fabuloso para que todo quede brillante y oloroso…
― Ibas muy bien hasta que dijiste el último ― Pensé, llevándome ambas manos al rostro.
―… Y las raíces y hierbas ―Continuó. ― Son de aquí del parque y algunas otras de Brasil.
― Eso es ridículo… ― Anna soltó una carcajada. ― ¡¿Crees que en verdad podrás crear una medicina que pueda curar a alguien usando toda esa basura?! Mejor aún… ¿Me dices que usas hierbas brasileñas?
Junior no respondió, en cambio, comenzó a tomar cantidades inciertas de cada uno de los ingredientes que había reunido y a depositarlos dentro del pequeño mortero de cerámica, una vez terminó de depositar porciones estratégicas de cada una echó también un poco de lodo.
― Para que se pegue. ― Explicó.
Comenzó a mesclar, su habilidad con el mortero nos impresionó tanto a Anna como a mí, mezclaba con tanta fuerza y tanta habilidad que apenas un par de minutos después una pasta verde opaco quedó como resultado final.
― ¡VUALA! ― Exclamó, moviéndose como un apasionado español. ―  ¡Les presento a la innovadora formula curativa 100% creación de Junior para el mundo! Me gusta llamarla “Pomada de Junior” o “bálsamo curativo… ¡MADRE MÍA ESTOY CURADO JOLINES!” Es la leche, tíos.
― Bueno ― Bufó Anna, con malicia. ― Ahora es hora de que se la apliques al paciente, si sigue con el pie al aire libre puede resfriarse.
Junior obedeció, se apoderó del poco vendaje rescatable que Anna había echado a perder y le untó su mezcla patentada. Como si estuviese consciente de lo que hacía, se acercó a mí y me la pegó en el pie sin darme tiempo siquiera a implorar por piedad.
― ¡SI PIERDO EL PIE VOY A ENOJARME MUCHO CONTIGO, HERMANO! ― Exclamé al instante, sin embargo, la fresca temperatura que la pastosidad había ganado gracias al lodo agregado me hizo sentir agradable, y mientras Junior anudaba el remedio por sobre mi tobillo, la sensación agradable comenzaba a extenderse. ― Oh… espera… esto se siente bien… de hecho… se siente muy bien…
¿Quién soy yo para describir la sorpresiva ciencia de la medicina? Nadie, sin embargo les puedo asegurar que como beneficiado, esa mañana comprendí nuevamente que Junior es la clase de persona que te entrega estas sorpresas maravillosas… en un momento se viste de perro y bandalisa los baños de la escuela, pero al siguiente se inventa una milagrosa pomada que me hace caminar, correr y bailar minutos después de su aplicación y aún cuando hacía apenas unos 40 minutos no era capaz de caminar sin renguear.
Así fue que Junior y yo corríamos por las calles de la ciudad, saltando y bailando como si de un musical de Broadway se tratara. Anna nos seguía en silencio con una actitud depresiva.
― ¿Quieres que te cargue, preciosa? ―Pregunté a ella en forma burlona. ― Hoy siento que puedo llevarte en mis brazos por horas mientras escalo el monte Everest.
La respuesta, por supuesto, no podía ser la misma de toda la vida.
― Vete a la mierda, Mosh.
Llegamos a una peluquería ubicada en el centro de la ciudad, fue entonces que me di cuenta.
― Hemos estado juntos todo este tiempo… ― Acaricié mis largos mechones en la frente, que ya amenazaban con rebasar mis ojos. ― Lo siento… pero es un sacrificio que debo hacer mis queridos amigos… cuando sea mayor prometo siempre traer cabello largo.
No se dijo más, el chico rubio de ojos verdes, el chico moreno de ojos azules y la enana de ojos avellana se cortaron el cabello ese día. (Cabe mencionar que Anna decidió unírsenos según ella porque lo tenía muy largo aunque ni siquiera le cubría todo el cuello).
― Cuando lleven 15 años con el cabello largo me entenderán.
El asunto era que no me reconocieran, así que pedí que me lo cortaran muy corto y me dejaran solo suficiente copete como para levantarlo un poco. Debo decir que el resultado me dejó bastante satisfecho: mi rostro había ganado resalte.
― Me veo espectacular ― Admiré, sonriendo al espejo. ― ¿A qué estoy guapísimo, amigos?
― Casi me igualas ―Alardeó Junior, que también había dejado atrás su larga mata de cabello en forma de hongo para mostrar un estilo de cresta idéntico al que usaba David Beckam por aquellos tiempos. ― Pero me preocupa que mis amigos del mundo mundial no me reconozcan.
― Sin duda lo harán, eres único en lo raro. ― Insultó Anna, en tono hiriente.
― Gracias Anna ― Agradeció Junior, con una sonrisa a flor de piel. ― Tú también eres genial, y te ves muy bien con el cabello así.
Era verdad, Anna era esa clase de chica que se veía bien con el pelo corto. Sin embargo… prefería a como lo llevaba antes, ahora me parecía excesivamente corto.
― ¿Qué me ves, cabrón? ―Preguntó con aspereza. ― ¿Soy o me parezco?
― Si te dijera todo lo que te veo cuando no te das cuenta o lo que te quiero ver seguramente terminaríamos pelea… ¡AUCH!
Una vez salimos de la peluquería sabíamos que el tiempo se había terminado ya. Jugamos, sonreímos y nos reímos por un rato, pero no podíamos olvidar nuestra situación, era hora de actuar.
― Bien, este es el plan… ―Murmuré, mientras viajábamos en el autobús. ― Anna, entrarás a la escuela por ese orificio seguro por el que solo una persona pequeña podría entrar y llevarás la máscara de perro contigo bien escondida en la mochila, darás un par de vueltas a la escuela, revisando si hay novedades, que movimientos han hecho los de seguridad y todo eso y entonces me llamarás. Sí hay un punto en que la seguridad sea baja Junior y yo nos colaremos por ahí durante la hora del almuerzo, tú depositarás la máscara de perro en el primer casillero que encuentres, mientras tanto, Junior y yo nos encargaremos de visitar las aulas de los profesores cuyas clases nos han tocado y nos pondremos asistencia. Son un total de 4 horas, pero como nos toca doble hora de biología con la profesora Karina solo serán 3 aulas.
― Entiendo ― Asintió, con seriedad. ― Parece ser una buena idea, si resulta, estarás salvado y podremos respirar hasta que Feeney regrese de sus vacaciones si nos portamos en bajo perfil.
― Exacto ― Asentí de vuelta. ― Pero si no resulta…
― ¡AY mamá pulpa! ― Exclamó Junior con los ojos muy abiertos.
― Nuevamente, exacto.
Nos bajamos en el parque, una vez lo hicimos Anna marcó camino. Antes de que pudiera irse, la tomé por el hombro, ella se volvió, confundida.
― Gracias… por el regaño y las bofetadas... lo necesitaba.
Sonrió mientras se relamía los labios, sus ojos se dulcificaron a través del cristal de sus gafas.
― Cuando quieras, Zack… solo… no permitiré que me toque ser plato de segunda mesa.
Estaba a punto de besarla por su peculiar contestación cuando se liberó de mi marca y dio rienda suelta a su caminar.
― Hermano…
El tono de Junior se notaba extrañamente inseguro, por ello me volví al instante. Él se acercó hasta ponerse a mi altura. Su mirada, como pocas veces en la vida, esbozaba seriedad absoluta.
―… Sobre lo que dijiste antes… la verdad es que no lo sé… no puedo saber si todo estará bien… pero así lo deseo, estos meses han sido estupendos y de solo pensar en todas las locuras que nos esperan me dan ganas de ponerme a reír como loco… no es algo que quiera dejar ir por nada del mundo, ¿Sabes?
Lo abracé por el hombro, mientras mirábamos la ya lejana silueta de Anna acercarse a territorio escolar.
― Me siento exactamente igual, viejo… por eso vamos a entregarlo todo, para que el final no llegue ni hoy ni nunca… y solo por si acaso, quiero que sepas que serás el líder de las ovejas si algo sale mal y soy expulsado.
― ¿Bromeas? ― Repuso. ― Si te expulsan me hago expulsar yo también, este será un todo o nada.
Justo iba a responder cuando mi teléfono comenzó a timbrar, era Anna.
― En la parte trasera no hay ningún guardia, pero en los estacionamientos parecen estar teniendo una junta o algo así, si corren rápido podrán llegar con tiempo suficiente para brincarse sin problemas.
No se dijo más, después de intercambiar un par de miradas rápidas, Junior y yo arrancamos a toda velocidad en un pique aún mayor al que había hecho hacia 4 horas antes, pese a los efectos milagrosos de la misteriosa pomada de Junior, mi pie comenzó a resentir la carrera poco a poco, pero no lo suficiente como para hacer que me detuviera o disminuyera la velocidad.
Brincamos el enrejado con el mismo impulso que llevábamos de la carrera, y una vez estuvimos dentro de la escuela me di cuenta de un error primario que había cometido en medio de la prisa.
― Mi ropa…
No importaba si había cambiado mi corte de cabello, pues si los guardias habían visto algo con certeza eso era mi ropa. Bastaría con que reconocieran mi aspecto para unir todos los cabos sueltos y tomarme como único responsable.
Junior me sacudió al instante, para sacarme del torbellino de desesperanza que amenazaba con hundirme al fondo.
― Aún hay alguien que puede ayudarnos en esta situación.
Giré el rostro, con curiosidad.
― No pienso ponerme la ropa de Anna o de Nahomi.
Él negó 3 veces con la cabeza, y sin decir nada más me arrastró hasta los baños y me metió en una de las cabinas. Me pidió que esperara un momento y se fue. Volvió 3 minutos después.
― ¡Por lo menos pudiste dejarme terminar mi almuerzo! ― Se quejaba Mike. ― ¿Qué necesitas de mí en el baño?
― Necesito que te quites la ropa. ― Respondió sin tapujos Junior.
― ¡Yo no soy de esos, Junior! Estás loco, no voy a… ¡AHHH!
Salí de mi escondite con la mirada gacha, pero pude sentir como el rostro de Mike, que estaba acorralado en una esquina con un apuesto chico rubio tratando de desnudarlo, se endurecía a severidad.
― Ya veo… ― Murmuró el pelirrojo. ― Te has olvidado de cambiarte de ropa.
― Escucha, Mike… lamento haberte gritado… sé que no está bien lo que estamos haciendo… es solo que estaba muy presionado y… bueno… el caso es que lo siento.
Le miré a los ojos con franqueza, él hizo lo propio. Fue entonces que me di cuenta de lo duro de su mirada, cuando se lo proponía, era firme y autoritario como un roble.
― Está bien ― Se encogió de hombros. ―Voy a quitarme la ropa, pero voy a encerrarme en un baño porque no quiero que me vean.
Sonreímos, con esto comprendí que las disculpas no estaban tan mal después de todo.
Finalmente nos decidimos por combinar atuendos entre los 3 de una forma en que ninguno de los 3 se pareciera a lo que yo vestía en un principio, de esta forma nos salvamos del riesgo de ser inculpados por el atuendo. Una vez este inconveniente estuvo cubierto nos despedimos de Mike y reiniciamos nuestra tarea.
La primera parada era el aula de literatura con la profesora Rodríguez, una  profesora que por alguna razón rara vez se encontraba en el aula cuando los alumnos se encontraban en ella pero siempre se le veía ahí cuando el lugar estaba vacío. Ese día no fue la excepción, a la muy desgraciada se le veía pintándose las uñas sobre el escritorio.
Era una profesora de tez morena, delgada y con cabello rizado; bastante joven, pero con gesto de amargada hasta la médula. Junior y yo le observábamos con sigilo desde la puerta.
― ¿Qué haremos, hermano? ―Preguntó.
― Bueno… estaba pensando en que yo la llamara diciendo que había una emergencia y que tú mientras tanto nos marcaras asistencia… ¿Qué te parece?
― Me encanta ― Afirmó. ― Entonces…
Junior se cruzó al otro lado del pasillo cruzando la puerta como un verdadero ninja: con una voltereta invertida que fue bastante ruidosa. En realidad no importaba nada, así que simplemente me metí al salón.
― ¡Maestra, maestra debe venir! ¡Su auto está…!
 ― ¡¿MI AUTO?! ―Gritó, como verdadera energúmena. ― ¡VAMOS!
Corrimos hacia el estacionamiento como un par de saetas impresionantes, entonces logré divisar un grupo de guardias con gorras blancas reunidos en un circulo justo en la mitad del estacionamiento; al parecer, la reunión de la que hablaba Anna aún estaba tomando evento. Pese a ya estar cambiado de atuendo a un modo prácticamente irreconocible y a tener un nuevo estilo de peinado, me fue imposible no encogerme ligeramente del temor. No obstante, estaba convencido de que los términos tratados serían de importancia, tenía que escuchar lo que decían.
― ¿Eh? ― La profesora Rodríguez se rascó la cabeza, confusa. ― Mosh, mi auto está bien… ¿Ves? Ni un solo rasguño, ¿De qué va esto?
― ¿Ese es su auto? ― Pregunté, haciéndome el tonto. ― ¡Menos mal saber que está bien! ¿No? Puede agradecérmelo luego, ahora debo de irme…
Sin decir más me alejé de la profesora a una velocidad suficiente como para que no tratara de alcanzarme, rodeé el estacionamiento lo suficiente como para encontrar un punto en que pudiera escuchar la reunión sin ser visto, este punto sería justo a un costado del auto del director.
Me acerqué en cuclillas por la puerta delantera y me escabullí con éxito a casi pecho tierra hasta el Mercedes del director; rápidamente los frutos de mi infiltración fueron rendidos, al poder escuchar claramente la discusión que se llevaba a cabo a mis espaldas.
―… ¡Lo que pasa es que esa bola de cabrones están demasiado alborotados ya! Tienen que darle un buen alto, reprobarlos a todos o mandar a la mierda a todos los que causen problemas, solo así van a entender.
― Es por eso que el director nos está dando ahora esta posibilidad, el trabajo será más, pues ya no solo tendremos que mantener a la escuela segura de los que están afuera, sino también de los de adentro… es por ello que le planteé la posibilidad del aumento salarial y menos mal que salimos librados.
Intercambiaron risas y comentarios rápidos, algunos bromearon con lo severos que serían mientras estuvieran en su turno de patrulleo y otros tantos celebraron lo que harían una vez recibieran el dinero extra que tan bien les llegaba, entonces solo un comentario útil llegó a mis oídos.
― El único problema va a ser que ahora tendremos otro jefe además del director. ―Se lamentó uno, los demás coincidieron, pero rápidamente recuperaron el entusiasmo perdido.
No había más por escuchar, escapé del lugar y regresé a los edificios de las aulas, donde Junior me esperaba fuera de nuestra segunda parada: el aula de física, con el señor Thompson.
― ¿Dónde estabas? ―Preguntó, con apuro. ―Queda poco tiempo hermano.
― Lo siento ― Me disculpé, llegando a su lado. ― Estaba escuchando algunas cosas que te contaré después… por ahora, ¿Ha salido todo bien?
― Excelente hermano, ya nos he anotado asistencia en la carpeta de la señorita Rodríguez y lo he hecho también con Juanga.
― Por “Juanga” te refieres a Thompson, ¿No?
― Exacto hermano, ahora solo nos falta una parada…
― ¡ZACK!
Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo en un arrebato de pánico, Junior y yo nos volvimos al instante para ver la remitente de aquella furiosa y autoritaria voz femenina.
― Escucha hermano ― Se adelantó Junior. ―Yo iré a terminar esto… tú encárgate aquí… nos vemos en clase.
Asentí.
Era más pequeña que yo, delgada, con el traje oficial de las animadoras de la escuela, con una rubia, brillante y preciosa cabellera atada en una cola de caballo de una forma en que su delineado rostro se notaba con amplitud para dar a relucir el brillo natural en su piel que luchaba para ganar en llamatividad con sus hermosos ojos de miel, que ahora tristemente, me miraban con furia.
Se acercó a pasos agigantados hasta el punto de quedar frente a frente conmigo, fue imposible no tomar un par de instantes para admirar la perfección y blancura de sus brazos y para embriagarme de su inconfundible fragancia.
― ¡HAS SIDO TÚ! ― Acusó, mostrando sus blancos dientes con desdén en un gesto de rabia. ― ¡Has hecho todo esto! ¡¿NO?!
Abrí los ojos como un cachorro regañado, y al tratar de hablar me trabé y solo salieron sonidos inentendibles. El que calla otorga, y ella lo tomó de esa forma.
― ¡GOLPEASTE AL DIRECTOR, DESTRUÍSTE UNAS OFICINAS Y GOLPEASTE A STEVEN! ¿Qué no tienes límites? ¿No tienes vergüenza?
Estaba seguro de que ya había recuperado el habla, pero no tenía caso abrir la boca si todo lo que ella decía era verdad. Así era siempre con ella… siempre tenía la razón y siempre que juzgaba iba con un motivo previo… tristemente, no bastaba con que siempre tuviera la razón en sus aseveraciones, sino que también era, probablemente la única persona cuyas opiniones me importaban en una demasía inexplicable… sencillamente, odiaba que ella pensara cosas malas de mí.
― ¡AHORA MISMO VAMOS CON EL DIRECTOR, ESTO NO PUEDE SEGUIR ASÍ! Si vas a crear caos, que sea en la calle o en tú casa… ¡No toleraré que sigas dañando a mis amigos!
La tomé de la mano en ese instante y sin pensarlo, ella se volvió impresionada y después se liberó con brusquedad. Me encogí de hombros, me di la vuelta y corrí a toda velocidad.
― ¡¿A dónde crees que vas?! ― Exclamó ella, arrancando también para seguirme.
Odiaba esto… pero era mi castigo.
Estaba a punto de llegar a las escaleras que daban a los casilleros, una vez que llegara ahí solo sería cuestión de cruzar las puertas de la entrada para poder escabullirme en carrera libre, como Junior ya tendría cubiertos los asuntos de las inasistencias todo iría bien y podría respirar alegando haber estado en clases una vez el director me citara en su oficina cuando Ellie me acusara… ese era el plan…
― ¡NO CORRA EN EL EDIFICIO, JOVEN!
Esa voz… ese tono…
Giré mi mirada en su dirección, él me miraba con el ceño fruncido. Miré a mis espaldas, Ellie se acercaba a toda velocidad, aún persiguiéndome… todo… todo estaba acabado.
― ¡Señor director! ―Exclamó Ellie. ― ¡Este chico es el responsable del atentado a su persona y a las oficinas de esta mañana!
Cerré los ojos, derrotado… ahora solo un milagro me salvaría.
― ¿También él? ― Preguntó el director. ―Seguramente se pusieron de acuerdo ustedes dos, ¿No?
¿Con quién hablaba el director? Levanté la vista, a su costado se encontraban un chico rubio con la mirada baja y la profesora Karina, maestra de Biología y también última parada en nuestra misión. Ahora ni un milagro sería suficiente.
Junior y yo intercambiamos miradas rápidas, ambos mostramos nuestro pesar en los ojos del otro… habíamos fracasado.
Fuimos escoltados por el mismo director hasta la dirección escolar, ya el lugar estaba organizado; sin embargo, obviamente aún quedaron varios estragos. Por llevar la mirada gacha fui incapaz de revisar en su totalidad los resultados.
Su oficina era mucho más grande que la oficina de Feeney, estaba adornada con un reloj antiguo y una bandera de la nación, también había toda clase de juguetes de imanes en el gigantesco escritorio de madera oscura. Nos informó que nos sentáramos, fue entonces que nos dimos cuenta que en una de las sillas frente al escritorio había otra persona sentada: era Anna.
No tuve tiempo para sorprenderme o deprimirme más aún por nuestra penosa derrota, pues el director cerró la puerta y se sentó frente a nosotros en tan solo un parpadeo, para estas alturas ya había un guardia dentro de la oficina.
― ¿Alguno de estos muchachos es el que viste escapar en el enrejado? ― Preguntó el director, en tono severo.
EL guardia se acercó a nosotros y nos examinó meticulosa mente, incluyendo a Anna, nos estuvo viendo por un buen rato, A estas alturas ya no me importaba nada.
― El de cabello negro. ― Murmuró, señalándome. ― Trae distinta ropa y un corte de cabello pero creo que es él.
― Gracias ―Agradeció el director, con una palmada en el hombro. ― Ahora espere afuera.
El guardia hizo un ademán y abandonó la habitación. Acto seguido, hubieron varios segundos de silencio sepulcral, en los que el director dio vueltas en círculos alrededor del espacio libre tras el escritorio.
― Que rápido los atrapé a todos ustedes ― Bufó, sarcástico. ― ¿Se divirtieron haciéndolo?
Ninguno de los tres respondió.
― Espero que si lo hayan hecho… porque están a punto de sufrir las consecuencias de sus juegos estúpidos, ahora mismo voy a llamar a sus padres para darlos de baja oficialmente de la institu…
Alguien llamó a la puerta con fuerza, tanta que el Director guardó silencio.
― Estamos ocupados ― Repuso. ― Venga más tarde.
― Es importante. ― Respondió una voz femenina.
No me importaba en realidad quien era el que interrumpía ni porque lo hacía… fuese lo que fuese, seguramente era algo ajeno a nosotros; ya que por nuestra parte, todas nuestras cartas habían sido jugadas… estábamos derrotados, descubiertos y a punto de pasar a ser eliminados del historial escolar.
Me puse las manos sobre la frente y suspiré con una fuerza enorme, encorvé la espalda y maldije en silencio… ¿Así que todo se terminaba ahora?
La leyenda de Zack Mosh terminaría antes de llegar a la segunda página… vaya fracaso.
― ¿Qué pasa? ―Preguntó el Director con fastidio, al abrir la puerta.
― Señor Director ―Anunció la voz femenina, que ya sin la puerta distorsionando el sonido me pareció muy familiar. ― lamento decirle que está usted cometiendo un grave, gravísimo error.
― ¿De qué está hablando?
― Estos chicos son todos inocentes.
Me levanté al instante y volví la mirada con apuro, una chica un par de años mayor, de cintura delgada, cabello rubio y ojos avellana y con el uniforme de las animadoras puesto miraba al director con seriedad. Era Elizabeth.
Junior, Anna y yo intercambiamos miradas, sorprendidos en un nivel nunca antes visto.
― Uno de ellos estaba esculcando en los documentos de la maestra Karina, otra de ella fue vista con la máscara de perro que usaba el primer agresor y el otro acaba de ser reconocido por el guardia como el chico que escapó en un traje de pescado, no hay error alguno señorita Elizabeth, ahora, si me lo permite tengo que…
― Señor, le estoy diciendo que está cometiendo un gran error ―Insistió ella, aferrando su mano al marco de la puerta. ― Ellos no pudieron haber sido sus agresores porque ellos estuvieron todo el tiempo conmigo durante el ataque. Ellos hicieron una audición especial para unirse a las animadoras el pasado viernes aprovechando que se ha decidido abrir un plantel mixto, y fueron aceptados por sus grandes habilidades gimnásticas, sin embargo, la política afirma que los caballeros deben de llevar su cabello corto para formar parte del equipo, así que amablemente accedí a llevarlos esta mañana para que pudieran unirse a las prácticas de inmediato, la chica pidió unírsenos por igual… ellos estuvieron conmigo todo este tiempo, es por ello que le aseguro que ellos NO PUDIERON ser los culpables que busca.
― ¿Entonces como explica que ella llevara la máscara de perro? ¿O qué el otro estuviera revisando los papeles de una profesora? Además de que el tercero fue acusado directamente por una estudiante, casualmente perteneciente a su plantel de animadoras y que además fue reconocido por el guardia.
― B-bueno ―Murmuró el guardia, que estaba a un costado de Elizabeth. ― Le dije que creía que era él… no… no estoy seguro…
― ¡Y yo le dije que me había encontrado la máscara tirada frente a mi casillero pero usted no me hizo caso y me trajo aquí mientras me gritaba todo tipo de cosas! ― Anna lanzaba manotazos al aire con furia, casi me saca una risa.
― ¡Y YO TENGO UN SEVERO MAL DE HIPERACTIVIDAD QUE ME HACE INESTABLE POR MOMENTOS! ― Gritó Junior, llevándose sus manos a la cabeza. ― ¡ES SOLO QUE VI QUE A LA MAESTRA SE LE CAYÓ EL CONTROL DE CLASES DE SU CARPETA Y QUISE PONERLO DE VUELTA!
― ¡Eso es ridículo! ―Negó el director, soltando un manotazo.
― Y-yo puedo secundar eso ―Murmuró el guardia, interfiriendo por segunda ocasión a nuestro favor. ―L-lo he visto comer césped un par de ocasiones… también cuando me ve no para de preguntarme por mi esposa…
― ¿Cómo está Clara, Shawn? ―Preguntó Junior, en tono lascivo.
― B-bien, gracias ― Repuso el guardia.
― Como puede ver ― Se adelantó Elizabeth nuevamente. ― Está cometiendo un error, señor… le aseguro que estos chicos estuvieron a mi cuidado todo este tiempo cumpliendo con las tareas del equipo de animadoras, si merecen un castigo, es por no cumplir durante el fin de semana con el reglamento y por ser incapaces de explicar los malentendidos, pero así son los novatos, ¿No?
Elizabeth sonrió y soltó una risilla, que a su vez forzó al director a esbozar una semejante. Apretó los puños y se volvió a nosotros. Pudimos notar su rostro de impotencia en el justo momento en que se atragantaba comiéndose su orgullo y su victoria, ahora parte del pasado.
― E-en ese caso váyanse a su salón… las clases han comenzado ya… y pórtense bien.
Obedecimos, sin rechistar los tres nos pusimos de pie y caminamos hacia la salida, Elizabeth solo nos guiñó un ojo.
― Gracias por salvarnos ― Le agradecí, una vez estuvimos en zona segura. ― Pensé que en verdad era el fin…
― ¡No seas tontito, Zackie! ― Exclamó ella, aferrándose a mi brazo. ― ¿Cómo va a ser el fin si apenas es el comienzo para nosotros? Además, claro que te voy a salvar… si eres mi niño y también eres mi co- capitán favorito.
Solté una risilla nerviosa.
― ¿De qué estás hablando? ― Pregunté, dubitativo. ― ¿Cómo que co capitán?
― Bueno, le dije al director que ustedes se iban a unir al equipo de animadoras, ¿No crees que si eso fuera mentira volverían a ser considerados culpables de inmediato? Como sé que no quieren eso… pues ¡Bienvenidos al equipo! Estoy segura de que amarán ser animadoras… ¿O debo de decir animadores?
Sentí como a mis espaldas la terrible y seguramente asesina mirada de Anna amenazaba con perforarme, seguramente para una chica de su naturaleza ser animadora era peor todavía que ser expulsada… bueno, ya me disculparía después.
― ¡SERÁ SUPER ASOMBROSO! ― Coincidió Junior. ― ¡Voy a poder volar por los aires como una bolsa de plástico!
― ¡Me gusta tú entusiasmo Junior! ―Celebró Elizabeth. ― Estoy segura de que ustedes son lo que necesita el equipo, ¿Verdad, mi niño?
Elizabeth era hermosa, entusiasta y justo hacia unos minutos me había salvado la vida cuando ya pensaba que todo estaba perdido… ¿Cómo es que teniendo tanta tela para cortar me fue imposible soltar una respuesta POSITIVA y convincente? Simplemente le sonreí, tomé sus mejillas con mis manos y le di un pequeño y cariñoso beso en los labios.
 Ese día, la misión “No se va, no se va… ¡Zack Mosh no se va!” Fue un éxito, gracias a nuestra salvadora Elizabeth.

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