Lo Último

27 feb. 2012

Amo a Zack! (Creo) (3/??)


Capítulo 3: Sobre Oliver, sobre mi nueva posibilidad y sobre la puerta sin respuesta.
Zack Mosh
(2005, Texas)
Vida, tan corta es la vida…
Es como un parpadeo, que aplaza, nocturno…
Y hay que disfrutarla, segundo a segundo….

Vida... la vida…
Tan bella la vida…
Pero siendo porrista…
Al carajo la vida.
Zack Mosh.
― ¡ZACK, JUNIOR! ― Nos llamó Oliver, en ese acido tono burlón de siempre. Según su altanera sonrisa, era evidente que estaba guardándose lo mejor para cuando confirmara sus sospechas. ― ¡Vengan aquí, cabrones!
Junior y yo intercambiamos miradas, ya habíamos ensayado lo que diríamos. No podía salirnos mal… era un plan sin huecos… o al menos se suponía que así sería.
Caminamos con tranquilidad hasta su casillero, donde él se encontraba preparándose para sus próximos horarios. Pude notar que en su casillero tenía un hámster encerrado en una pequeña jaula, era una pequeña bola de pelos color vainilla con un par de ojos rojos bastante perturbadores.
― ¿Qué hay con el hámster? ― Pregunté, arqueando la ceja.
― ¿Qué hay con los rumores de que se volvieron porristas? ― Repuso, con una sonrisa de oreja a oreja y pasando por alto mí pregunta. Por su expectante mirar sabía que no podía esperar por soltar una tremenda carcajada a nuestra salud.
________
 ― Escucha… Junior… murmuré, apenas Elizabeth se alejó con Anna para tomarle las medidas. ― Estoy muy feliz de haberme salvado de ser expulsado y todo, pero… esto de ser animador… nos van a comer vivos cuando se enteren, viejo…
― También lo he pensado cuate… pero no se le puede hacer nada, ¡Después de todo es nuestro sueño ser los más grandes animadores de todo el mundo!
― Ese no es nuestro sueño para nada, hermano ― Corregí. ― Nuestro sueño es ser los más grandes arrimadores del mundo.
― Ah, ¡Claro! Mucha verdad en tus palabras, Jordan Michael… se me lengua la traba.
―… ― Guardé silencio un par de segundos mientras lo miraba con confusión. ― En fin… creo que deberíamos de inventarnos una excusa válida para que la bola de dos caras que nos quieran ver caer no sean capaces de hacernos daño con esto… al menos claro, hasta que sea seguro abandonar el equipo.
― Toda la razón cuatacho ― Coincidió, hablando como Chabelo. ― Hay que decirles que queremos ser artistas de circo y para entrenarnos seremos animadores.
― O… podemos decirles que nuestro plan es conquistar animadoras por montón, ya sabes, decimos las clásicas ventajas que dicen los chicos animadores en las películas de porristas: podemos verles los calzones todo el día, tocarlas cuando caen, pasar más tiempo con ellas y demás.
― Tú plan también es bueno, viejo ― Aceptó, rascándose su barba imaginaria. ― Pero creo que deberíamos ir con lo de artistas de circo…
________
Intercambiamos miradas, sabíamos que el momento había llegado… habíamos ensayado mucho para ello… estábamos listos.
― Eso es porque queremos ser artis…
Tapé la boca de Junior al instante. Al parecer se había decidido a olvidar todo nuestro ensayo para improvisar, afortunadamente alcancé a reaccionar. ― Queremos ser artis…anos de las animadoras, así es… queremos ser artesanos de su figura.
Él arqueó una ceja, denotando que necesitaría una explicación más fluida que esa.
Le explicamos todas las ventajas que recibiríamos como animadores, aseguramos estar buscando acercarnos a un par de ellas poco a poco para después hacer nuestra movida, y sobre todo: juramos que solo sería por un mes como máximo. Después de un largo y convincente discurso con buena coartada, lo que recibimos como respuesta por parte de Oliver fue…:
― ¡ENTONSES SI SON ANIMADORAS! ― Gritó, soltando a su vez una gigantesca carcajada al momento en que nos señalaba con su dedo índice. ― ¡ANIMADORAS!
Todos los presentes en escena comenzaron a reírse con él, Junior y yo nos encogimos de hombros mientras él se burlaba de nosotros con regocijo.
― Parece que nuestros esfuerzos fueron nulos… ― Observé.
― Seguro es porque no me dejaste seguir con lo de ser cirqueros. ― Objetó.
― Bueno, después de todo parece que por aquí solo se solucionan las cosas de una forma, ¿No?
― Supongo que tienes razón… si vas a hacerlo, es ahora que ha empezado a moverse como si sostuviera pompones en las manos.
Cerré los ojos, respiré profundo, presioné mi puño y…
― Bueno, si vamos a perder gran parte de lo que hemos logrado, será mejor que valga la pena.
Conecté a Oliver en su ojo derecho con todas mis fuerzas, fue orgásmico verlo caer en cámara lenta directamente al suelo. Junior y yo nos pusimos frente a él con las manos en la cintura.
― ¡Dame una P! ― Grité.
― ¡P! ― Me siguió Junior.
― ¡Dame una U!
― ¡U!
― ¡Dame una T!
― ¡T!
― ¡Dame una A!
― ¡A!
― ¡¿Qué dice?! ― Pregunté.
― ¡OLIVER! ― Respondió.
― ¡MÁS FUERTE!
― ¡OLIVER!
Comenzamos a aplaudir como niñas, corrimos en círculos por un par de segundos y después nos alejamos de la escena ante el silencio sepulcral de los que antes se burlaban de nosotros. Si bien no volverían nunca a aclamarnos algo, muy probablemente se la pensarían dos veces antes de tratar de burlarse de nosotros al menos en solitario.
― ¡ACABAS DE COMETER UN GRAN ERROR, MOSH! ― Amenazó Oliver, antes de que abandonáramos su campo visual. ― ¡No tienes idea de lo que te espera!
Giré la mirada y le hice un gesto obsceno con mi dedo medio. Enemigos van y vienen… si lo sabría yo por aquellos tiempos.

(2010, Los Ángeles)
Entrevista de trabajo 1:
 ― Le voy a decir una cosa, soy la clase de persona que si no sabe una respuesta, le voy a decir que no la sé… ¡Pero créame que no descansaré hasta encontrar esa respuesta!
Entrevista de trabajo 2:
― ¿Sabía usted que Bob Marley en una ocasión sufrió un ataque en que recibió una herida de bala y aún así se presentó en su concierto al día siguiente y cantó? Sus palabras fueron “si dejara de cantar… sería una victoria para los hombres malos”… esa es la actitud que me gusta agregar cuando trabajo.
Entrevista de trabajo 3:
― Siempre he pensado que la vida no es el número de alientos que tienes… sino los momentos que te quitan el aliento… me gustaría perder el aliento entregándolo todo en este lugar.


Rechazo 1:
― ¿Eso no es de en busca de la felicidad de Will Smith?
Rechazo 2:
― Me parece que eso es de soy leyenda y también estoy seguro que ha dicho la frase mal…
Rechazo 3:
― Yo también vi el maratón de Will Smith ayer por la noche…
― ¿En serio? ― Pregunté, con una sonrisa. ― ¡Mi esposa y yo también lo vimos! ¿No cree que el tipo es un gran actor? ¡No puede culparme por robarme algunas de sus frases!
― Tienes razón, no puedo ¡Es un gran actor y productor! Si yo estuviese en tú lugar probablemente hubiera hecho lo mismo.
― Entonces, ¿Tengo oportunidad de conseguir el empleo?
― Para nada.
_______

Caminaba por las calles con mal humor, el sol era infernal, el ruido ensordecedor y la situación era lamentablemente pésima. ¿Cuánto tiempo más tendría que seguir así?
Tomé asiento en una banca a los pies de la parada de autobuses, al haberse terminado las posibilidades de conseguir empleo cerca del departamento, comencé a buscar en lugares más lejanos… hasta ahora, sin fruto alguno.
Estaba cercano a sumar dos meses sin empleo, el dinero que teníamos ahorrado funcionaba como soporte temporal, pero era cuestión de tiempo a que se agotara y entráramos en una crisis de apretujamiento. Parece imposible creerlo, pero con un solo salario mínimo sostener un hogar de solo dos personas era cosa muy difícil aún si vivíamos en un departamento barato como lo era el nuestro.
Subí al autobús que me llevaría a casa, quizás haya sido cosa de mi estado de ánimo, pero los otros pasajeros se veían encantados con su vida: sonreían y agitaban gigantescos fajos de billetes al aire y algunos hasta bailaban. No… no era mi estado de ánimo, en realidad lo hacían.
― Son todos ellos una familia y se han ganado el tercer premio de la lotería recién ― Explicó el chofer, percatándose de mi tristeza.
― Ah… ya veo… pensaba que estaba loco…
― Quizás si lo estés, viejo.
― Tienes razón… ¿Sabes?...
― Espera, espera ― Interrumpió. ― Los choferes de autobús no somos platicadores como los taxistas, no malentiendas mi amabilidad… ahora, guarda silencio.
Así lo hice, aguardé paciente a por la parada correspondiente y bajé frente al pequeño centro comercial “America´s plaza”, que quedaba apenas a 5 calles de nuestro departamento.
Todos los días era lo mismo, conseguía 3 entrevistas diarias y fracasaba todas ellas. Tan mala era mi racha, que antes de entrar a cada una de ellas ya sabía que no conseguiría el trabajo.
Cada paso que daba aumentaba la pesadez de mi cuerpo… nuevamente, le había fallado a Ellie… nuevamente tendría que ser ella quien cargara con todo el peso de nuestra familia.
Estaba seguro que al llegar, ella me sonreiría, me daría ánimos y me diría “te irá mejor mañana, ¡verás!”, así era ella… amable, paciente e inculcadora de fuerza… eso era justamente lo que me acomplejaba…
― ¡Zack! ― Exclamó una voz rasposa a mis espaldas, me giré y divisé de inmediato a un chico de piel oscura corriendo hacia mí con una sonrisa de oreja a oreja. Llevaba a su hombro un delantal verde oscuro.
― Ah, ¡Ben! ― Exclamé, cambiando mi rostro al modo “social”. ― ¿Cómo estás, perro?
Nos dimos un “abrazo de raperos” y después él cruzó su brazo de forma fraternal para apoyarlo en mi hombro izquierdo.
  ― Pues verás, viejo… las cosas han estado algo atareadas en el café…
― ¿En serio? ¿Por qué? ¿Muy pocos clientes para muchos empleados?
― No es eso…
― Entonces, ¿Han empezado a pelear sobre quién debería obtener el dólar mensual que les da de propina su único cliente?
― Escucha, viejo ― Espetó. ― Si vas a burlarte de nuestro pequeño (pero acogedor) establecimiento mejor sé un poco más creativo…
― Entonces ― Insistí. ― ¿Qué pasó ahora en el cafésierto del Sahara?
― Nivel medio ― Menospreció. ― Vas a tener que intentarlo más fuerte…
― ¿Cuenta algo nuevo tú cafetería, Ben? Escuché que estaba más solitaria que la zona intima de Justin Bieber… y que lo que hay adentro es igual de misterioso.
― ¡Eso es ofensivo!… pero si… vas mejorando…
― He escuchado que su cafetería es como un tampón, si…
― ¡MUY BIEN, ALTO AHÍ! ― Gritó al instante. ― Mejor voy directamente al punto que noto que vas subiendo de tono a niveles monstruosamente impresionantes… ― Entonces dilo ya, hombre.
― Por increíble que parezca, el dueño ha decidido expandir sus horizontes extendiendo su reinado con otra sucursal, pero como será en un lugar ridículamente pequeño solo quiere contratar a un empleado y llevarse a dos de los que actualmente trabajan con nosotros ahí, los cuales serán los gerentes y serán pagados como tal.
Me detuve al instante, lo tomé por los hombros y lo miré con una sed de sangre terrible.
― Llévame con tú jefe y dile que me contrate, ¡YA!
― Déjame terminar la historia… ¿Sabes? Tienes suerte de tenerme como tu amigo, pues inmediatamente te he recomendado con él ¡y te he arreglado una entrevista mañana a primera hora en nuestro café!
― ¿¡LO HICISTE!? ― Grité, presionándolo por los hombros con toda mi fuerza.
― ¡LO HICE! ― Gritó él, presionándome de la misma forma.
― ¡LO HICISTE!
― ¡LO HICE!
Pronto dejamos de gritar palabras entendibles y solo nos volvimos dos locos tomados de los hombros y gritando.
Quería agradecerle a Ben invitándolo a comer o a beber una cerveza como la primera parte de aquella tremenda gratitud que desbordaba hasta por mis codos en ese momento, sin embargo, la hora me indicaba que no había tiempo para ello.
― Debo irme, viejo… pero te lo pagaré, en serio ― Prometí, liberándolo y marcando carrera para recuperar el tiempo perdido.
 ― ¡Buena suerte mañana! ― Me gritó, a modo de despedida.
Apresuré mi paso, quedaba poco tiempo.
Corrí con todas mis fuerzas apenas mis piernas se declararon listas para la carrera, esquivé a todos los peatones y ciclistas y maldije no ser capaz de hacer lo propio con los automovilistas. Hubo un momento en mi vida en que llegué a tener tres autos solo para mí, ¿Cómo es que ahora no podía siquiera tener uno para mí y mi esposa?
No era tiempo de acomplejarme nuevamente por la mala racha que llevábamos, ya haría eso durante la noche y por las mañanas, en ese mismo momento había una cosa mucho más importante por hacer: cumplir mi promesa.
Recorrí el parque donde un grupo de maleantes jugaban baloncesto.
― ¡Hey, Zack! ― Gritó uno de ellos, le respondí con un saludo de mano sin detenerme. Me insultaron.
― ¡Lo siento chicos, traigo prisa!
Corrí frente a un extravagante puesto de comida con pésima pinta, cuyos tacos al pastor con faratas son los mejores de toda la ciudad.
― ¡Zackelini, ¿No querés probar los nuevos rabioles majo?! ― Dijo el encargado apenas me vio pasar.
― ¡Lo siento, Kapu, tengo prisa!
Finalmente, a una esquina de mi destino me topé con una vecina del edificio, una mujer muy anciana de nombre “Doña Cuca”, que me dedicó una mirada de desconfianza.
― Buenas tardes, Doña Cuca ― Saludé, disminuyendo mi paso para saludarla como es debido.
― ¿A dónde vas con tanta prisa, Mosh?
― Debo hacerle la cena a mi amada esposa ― Anuncié, con un ademán. ― No quiero que tenga hambre al llegar.
― ¡Consigue un trabajo! ― Recriminó, agitando su mano con acidez y mostrando cada uno de sus ridículos anillos muy parecidos a los que usan las gitanas. ― ¡Mantenido, abusivo, Hippie!
― Usted siempre tan encantadora, su difunto esposo es un hombre afortunado, doña Cuca.
Me retiré con paso elegante, troté hasta el edificio con alfombrado interior color purpura Barney, maldije que no hubiera ascensor, subí con esmero todas y cada una de las escaleras hasta el momento en que llegué a nuestro piso.
Admiré las raspaduras que mostraba el tapiz naranja en las paredes, así como las constantes irregularidades por la mala instalación del mismo. Me aferré al barandal de madera vieja que rechinaba en demasía por su evidente antigüedad y recuperé el aliento. Miré la hora en el reloj que colgaba en mi muñeca izquierda y sonreí.
Cuando llego a la hora estimada a mi casa, doy vuelta a la derecha… cuando llego temprano…giro a la izquierda, doy 30 pasos y toco el timbre.
No hubo respuesta; nunca la había. Sin embargo, la perilla giró sin emitir sonido alguno y tras moverse la puerta un par de milímetros hacia adelante regresó a su posición original.
Pasé mis dedos por el cálido picaporte de metal cobrizo color opaco, tenté las hendiduras y abolladuras que se han formado con los años tras tantos golpes causados incluso por huéspedes que vivieron en ese lugar mucho antes que ella. Según su filosofía, todas y cada una de esas marcas, son “historias y memorias” de la puerta.
― Hola ― Saludé, una vez cerré tras de mí la puerta, dejándome de análisis nostálgicos. ― ¿Cómo estás?
― Estoy bien, gracias ― Respondió ella, con un tono tímido siempre gobernante en su persona durante los primeros segundos de cada una de mis visitas. La primera de sus 3 voces: la voz del nerviosismo nostálgico. ― ¿Y tú cómo estás? ¿Cómo te fue hoy?
Me recosté en su sillón oscuro (su color, aún un misterio para mí) y acomodé una almohada cercana bajo mi cuello. Encendí el televisor y comencé a hacer Zapping.
Ella se cruzó de rodillas sobre el respaldo lateral y recargando el peso de su cabeza en sus brazos me clavó la mirada, expectante a una respuesta.
No es que su mirada fuese, además de fuerte, penetrante… pero… ¿Ustedes no se ponen nerviosos cuando están viendo the big bang theory y alguien se les queda viendo? ¡No podía ni siquiera reírme! Finalmente, decidí dejar de hacer el tonto y verla de frente.
Pese a estar la habitación a oscuras, el blanco de su piel resaltaba por entre las tonalidades grisáceas de la habitación, por los cambios de brillos en la televisión, el azul de sus ojos se disfrazaba en distintas capas y a su vez plasmaba de forma evidente su serio interés obtener una respuesta con su fija insistencia de sostener firme su mirar.
. ― Bueno… anoche nos quedamos hasta tarde viendo el maratón de Will Smith que dieron en la cbs así que…
― No me digas que te robaste sus frases para intentar conseguir empleo ― Interrumpió, golpeándose con la palma en la frente. Usaba su segunda voz, la voz de la confianza. ― ¿Serás tan asno?
― ¡En mi defensa, las frases son excelentes!
Se carcajeó, tanto así que casi se cae de espaldas al suelo, pero alcancé a sostenerla por las piernas con mis pies.
― G-gracias ― Agradeció, aún riéndose. ― Pero bueno… hoy en la cafetería…
― Ya me lo ha contado Ben ― Interrumpí ahora yo. ― ¡Me ha dicho que él mismo me ha recomendado con el jefe y que me ha arreglado una entrevista!
― ¡Sabía que se iba a robar el crédito! ― Chilló, poniéndose de pie con molestia y moviendo los brazos con desaprobación. ― ¡Fue un trabajo en equipo de los dos, yo me paré frente a su auto antes de que saliera del estacionamiento para que él le hablara de ti!
― ¿Qué tú qué?
― ¡Y CASI MUERO! ― Se sacudió su cabellera. ― ¡No puedo creer que después de eso aún así tratara de robarse el crédito! Mañana voy a…
― Gracias, Ruth…
Ella se detuvo, y con la boca ligeramente abierta se volvió para conmigo, yo la miraba con la cabeza recargada en mis brazos, aún tirado en su sofá.
 ― ¿Qué dijiste? ― Preguntó, arqueando la cabeza.
― Dije “gracias, Ruth” ― Repetí. ― Ya sabes, estoy agradecido por que hayas hecho esto por mí… en verdad significa mucho… gracias en verdad, Ruth.
Ella se quedó como petrificada por unos instantes, luego sacudió su cabeza en negación y regresó a la acción.
― No, no es nada ― Rechazó. ― Para eso estamos los amigos.
― Es verdad ― Asentí y coincidí, poniéndome de pie y extendiendo mis brazos y después cruzándolos por sobre sus hombros. ― Para eso estamos los amigos.
― Los amigos no deben de poner a sus amigos por encima de sus compañeros de vida… mucho menos por encima de ellos mismos.
Esa era la tercera de todas sus voces, la voz de la culpa. Aquella que por más que intentara yo, no era posible borrar o suprimir. Estaba en su naturaleza.
Así como había cientos de cosas que yo no entendía con respecto a Ruth, esta era una cosa que ella no entendía con respecto a mí… ¿Por qué hacía esto? ¿Por qué me arriesgaba de esta forma? Bueno… la respuesta era muy simple, pero no se la diría; pues así como yo no estaba listo para conocer las respuestas con respecto a ella, es probable que ella no estuviera lista para conocer esta respuesta con respecto a mí.
― Ellie está muy bien ya ― Le tranquilicé, recargando mi barbilla sobre su cabeza. ― Así que aunque la amo y en mí vida se me pasaría por la mente hacer algo que pudiera hacerle daño… siempre he sido una persona que quiere y protege a sus amigos hasta el fin…
― Si ella llegara a enterarse que has estado viéndome no va a pensar que has estado con una amiga, va a pensar lo peor… vas a perderla…
― Ella no se enterará…
― No puedes mentirle a tu esposa por siempre… me hace sentirme muy mal por ella… es como si la estuvieras engañando…
― Mentir y engañar no es lo mismo que ocultar la verdad, Ruth… y es solo mientras ella recupera la confianza en ella misma y en nosotros… cuando ella vuelva a ser mi Ellie, todo volverá a ser como al principio… y podremos dejar de escondernos para ser amigos, pasar el rato y beber una cerveza… volverán esos buenos días. Estoy convencido de que incluso será aún mejor, ustedes dos podrán ser las amigas del alma y todo.
Aún había muchas cosas que no sabía sobre Ruth en ese momento, pero sabía una cosa y era eso suficiente como para estar convencido de lo que tenía que hacer: quería protegerla, conocer el origen y el proceso de todas y cada una de sus heridas y después ayudarla a sanar… esa era mi obligación… esa era mi promesa para con ella.
― Zack… ― Murmuró, alejándome con un desplazamiento. ― Ya es hora de que te vayas.
― Ah, tienes razón ― Asentí, con una risilla. ― Debo preparar la cena y esas cosas…
― Eso, complace a tu hembra. ― Bufó, hablando como gay.
― ¿Nos vemos mañana?
No hubo respuesta, nunca la había… sin embargo, al final la perilla de la puerta siempre giraba y se abría un par de milímetros… justo como el corazón de Ruth.

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