Lo Último

7 mar. 2012

Amo a Zack! (Creo) (4/??)


Capítulo 4: Sobre el nuevo equipo de animadoras, sobre la fuerza y sobre la felicidad.
Ellie
2005, Texas
Después de que Zack demostrara nuevamente su enorme capacidad para librarse de los problemas, Steven se mostró tan herido con la situación que inclusive reveló que existía aún resentimiento a mi persona por haberme hecho amiga de Zack durante un tiempo aún cuando él me dijo una y otra vez hasta el cansancio lo mucho que lo detestaba.
Era algo que ciertamente tarde o temprano tendría que ser tratado, ¿Cierto? Quiero decir, no es la clase de charlas cómodas que a uno le gustaría tener con sus amigos, pero son cosas que a veces deben de resolverse si o si.
Después de que Steven se fuera, Karla, Rocko y yo nos quedamos hablando al respecto por un rato, acerca de los motivos que alimentaban aquella ira hacia Zack, acerca de lo que podría pasar y sobre las soluciones al respecto. Finalmente se llegó a una solución en común:
― Debemos hacerle sentir solidaridad... ― Rocko acarició mi cabeza. ― Y tú necesitas hablar con él inmediatamente sobre eso.
― ¿Desde cuándo eres el maduro del grupo? ― Preguntó Karla, arqueando una ceja. ― Más importante que eso, ¿Desde cuándo eres parte del grupo? No me lo tomes a mal, Rocko, pero estoy bastante segura que si hay alguien que tendría que estar compartiendo el odio a Zack con Steven, ese eres tú. Motivos de sobra te ha dado.
― Eso puede ser verdad ― Cedió el chico, aún jugueteando con mi cabeza. Lo permití porque se sentía agradable. ― Pero Ahora soy un hombre distinto, he madurado y llegado a la conclusión de que no tiene caso andar peleando con Zack si es que planeo pasarla bien en esta escuela, es por eso que me he retirado oficialmente como contendiente y me he vuelto un camarón más.
― ¿En serio no hay nada más oculto? ― Preguntó nuevamente mi amiga, con desconfianza. ― Vamos, suéltalo.
― No hay nada más ― Aseguró. ― Te lo prometo.
Estoy convencida de que eso no fue suficiente para Karla, (también era mi caso) pero lo dejamos pasar de momento, a decir verdad, Rocko hacia un tiempo que se había transformado en una compañía agradable para todo el grupo. Me era difícil creer que esa misma persona fuera también uno de los estudiantes de nuevo ingreso más conflictivos en la escuela apenas hacia un mes o dos, por lo que también era algo difícil demostrar desconfianza en sus palabras.
Quizás se encuentran ligeramente sorprendidos en lo que dije arriba, ¿Cierto? Creo que no es algo difícil de asimilar pero así es: desde que Zack y yo dejamos de hablarnos, mi amistad con Rocko fue creciendo al instante, pronto se volvió un acompañante incondicional a la hora del almuerzo y periodos libres. Con su mentalidad astuta se ganó a nuestras amigas (y a Steven, con quien al parecer entabló también una amistad importante) en un parpadeo, inclusive a Karla aunque no se note por su siempre presente fascinación hacia Junior.
Suspiré.
― Está bien, hablaré con él después de la práctica de las animadoras de hoy, los del equipo de básquetbol siguen después de nosotras. Ahí le interceptaré.
En realidad, ahora que lo pienso bien… fue en esa práctica donde todo comenzó… es gracias a ese cambio que hoy puedo contarles esta historia.
Ya anteriormente les había hablado acerca de las dos capitanas de las animadoras: Elizabeth y la sub capitana Helena. La primera de ellas, justa, tranquila, impredecible y sonriente, mientras que la otra era simplemente una perra. En fin… ese día, las dos nos tenían una sorpresa algo impresionante: apenas estuvimos todas reunidas y haciendo los calentamientos, nos hicieron formar una línea recta en la parte central del gimnasio y erguiéndose frente a nosotras soltaron una tremenda bomba.
― Chicas ― Comenzó Elizabeth, guardando sus brazos tras su cintura y entrelazándolos al momento en que comenzaba a caminar. ― Tenemos noticias para ustedes, noticias que muy seguramente les alegrarán a la mayoría.
Todas guardamos silencio, pero intercambiamos miradas de confusión.
― A partir de hoy ― Continuó Helena, arrastrando sus palabras con pesadez. ― El plantel de animadoras de Mc Highley tendrá una expansión que nos permitirá la entrada a otros eventos donde antes no se nos podía dar la bienvenida.
Esta vez hubo murmullos por parte de todas las integrantes, la cosa comenzaba a ponerse buenas.
― Silencio ― Ordenó Elizabeth, marcando sus pasos. ― Habrá varios cambios del plantel, pero el más significativo de todos ellos es el siguiente: a partir de ahora, el plantel pasará a ser una escuadra mixta, abriéndole entonces el libre ingreso a los hombres.
Hubo de todo: gritos de alegría, bromas coquetas, protestas, exclamaciones neutrales y reacciones indiferentes, pero al final el orden se rompió para bombardear a Elizabeth de preguntas al respecto. La capitana con habilidad escapó de la marcación incesante de nuestras compañeras y gritó con fuerza.
― ¡ESTO ES PRINCIPALMENTE PARA PODER PARTICIPAR EN LOS REGIONALES MIXTOS DE VERANO DE FORD!
Todas guardaron silencio al instante, Elizabeth esbozó rápidamente una sonrisa maternal característica en ella.
― De esta forma, podremos ver de que estamos hechas antes de que se vengan los concursos oficiales; podremos trabajar en nuestra rutina y competir contra otros planteles realmente organizados y fantásticos, además de que la ayuda de chicos fuertes que pueden hacer el trabajo de carga de dos o tres bases femeninas nos dará mayor oportunidad de formar mas chicas voladoras, nuevas estructuras y otros tipos de acrobacias. Por eso, se tomó la decisión.
Pronto, todas las variedades de opiniones terminaron convirtiéndose en gritos de emoción, un extraño aire lleno de motivación llenó todo el gimnasio y ahora más que nunca deseábamos ponernos a practicar de inmediato con quienes serían nuestros nuevos compañeros.
― Me pregunto qué clase de chicos se unirán al equipo ― Murmuró Karla, que se acercó a mí apenas pudo.
― Espero que no sean solo pervertidos ― Complementé. ― Me gustaría ver compromiso real por su parte.
― ¡Es un placer para mí presentarles a los primeros refuerzos para nuestra plantilla! ― Helena se acercó a las puertas que daban al patio y sin esperar a mayores reacciones abrió la puerta con fuerza.
Uno era de cabello negro y el otro rubio, con el brillo del sol no era posible verles el rostro de manera certeza, pero dadas las situaciones y uniendo los pocos cabos que poseía en respecto a los eventos recientes era capaz de saber quienes eran… solo necesitaba la confirmación.
― ¡Ya llegamos compañeras! ― Exclamó Zack con los brazos abiertos imitando a una entrada triunfal. ― ¡Vamos a rifárnosla! ¡VENGA PESCADOS!
Karla y yo intercambiamos miradas al instante: impresiones completamente opuestas. Ella sonreía de emoción (evidentemente por Junior) y yo en cambio lucía aterrada, ¿Qué demonios significaba esto? ¿Ahora Zack Mosh sería mí compañero de equipo? ¡Como si no fuese suficiente tener que soportar los estragos que mis tratos con él me dejaron!
Zack y Junior pasaron justo frente a nosotras, inesperadamente Zack pasó por alto mi presencia y se fue directamente a con Elizabeth, mientras que Junior se puso a charlar un rato con Karla en voz baja y después siguió a su amigo.
― ¿Qué pretenden ahora? ― Pregunté, bastante anonadada y con la boca muy abierta.
― Bueno, al menos no vienen vestidas de animadoras ― Consoló Anna. ― Creanme, iban a venir así pero los convencí de que se comportaran.
― Ah, ya veo… bien hecho Anna ― Murmuré, sonriéndole a la chica de lentes. ― Espera un segundo… ¡¿Anna?! ¿Qué haces aquí?
― A mí también me obligaron a entrar… larga historia, prefiero no hablar de ella…
― Ya… ya veo…
― Entonces todo el equipo de Zack Mosh es ahora animador ― Observó Karla, con una sonrisa de intriga. ― Me pregunto qué pasará ahora… si señor.
― Los bastardos de Mike y Nahomi se salvaron ― Observó Anna, que ya comenzaba a alejarse de nosotras. ― Pero si se refieren a los miembros más peligrosos de las ovejas, si, así es… estamos todos. Ahora si me disculpan, debo ir a hablar con la perra de la capitana, ¡Adiós!
No esperó a que respondiéramos, Anna se desapareció de nuestro lado tan pronto como llegó.
― Esto no puede ser… ― Murmuré. ― Tiene que ser una broma…
― ¿Sabes que sería una broma? ― Preguntó Karla, divertida. ― ¡Que ahora con el nuevo orden a Zack le tocara ser tú base! Eso sí que sería una carcajada.
Le dediqué una mirada hostil.
― Sí, claro… divertido. Ja, Ja, Ja… ya me estoy riendo.
Después de la conmoción provocada por los dos primeros refuerzos masculinos la práctica volvió a lo normal: terminamos de calentar y nos tocó practicar a dirección de Elizabeth nuestras rutinas y bailes, mientras Helena ponía a los nuevos (Zack, Junior y Anna) a hacer ejercicios especiales de adaptación, es decir, estiramientos, saltos y otro tipo de aclimatadores, pues según las palabras de Elizabeth: tomaría un tiempo y al menos otros dos miembros masculinos para que pudieran anexarse a nuestras rutinas habituales, al menos para Zack y Junior, pues Anna al ser una chica no tendría mayor problema.
Al terminar la práctica, fui como siempre a recoger mis cosas de las gradas antes de irme a las duchas, en ese momento nunca se me pasó por la mente que además de los asuntos a tratar con Steven, aún quedaba otro caso, que aunque estaba concluso para mí… la opinión no era la misma para el otro implicado.
― Hola, Ellie ― Me saludó Zack, que se sentó a unos 3 metros de donde yo estaba.
― Hola ― Le saludé, cortante.
― ¿Cómo estás?
― Bien.
― Ha pasado mucho desde que hablamos por última vez.
― ¿En serio? A mí no me ha parecido tanto.
Tomé mi mochila y mi bolsa deportiva para después alejarme de él lo más rápido posible.
― ¡Ellie, no estoy feliz de la forma en que piensas de mí!
Me detuve y me di la vuelta, sin decir nada, sus ojos denotaban una insatisfacción certera y dañina. Él quería hablar… demostrar que no todo se había dicho.
― ¡Me molesta que pienses así de mí cuando sé que puedo hacerlo mejor! Deseo demostrarte que estoy consciente y trabajando en mi error… que no hay nada de que temer.
 ― Eso no es algo que debas demostrarme a mí, Zack… eso es algo que te corresponde a ti solamente, yo no tengo nada que ver con ello.
Dejé el gimnasio sin decir nada más, no sé si él se quedó mirándome mientras me iba o si se fue en otra dirección… y hasta la fecha no lo sé.
En una banca de cemento frente a un pequeño árbol que a duras penas y era capaz de dar sombra, un chico de cabellos rizados y gafas jugaba con pesimismo con una pelota de baloncesto oscura, llevaba muñequeras en cada brazo.
― Escucha ― Me adelanté apenas me puse frente a él. ― Entre Karla, Rocko y yo llegamos a la conclusión de que yo debía hablar contigo para evitar que te pusieras mal, pero recién acabo de llegar a la conclusión de que yo no tengo que deberte explicaciones de a quienes elijo para ser mis amigos ni con quien paso el tiempo, mucho menos tengo el deber de andarte diciendo quien se robará mis suspiros ni quién pueda tenerme en sus brazos.
Guardé silencio un par de instantes para que pudiera asimilar lo recién dicho, y cuando vi que se disponía a responderme continué de nuevo.
― Eres uno de mis mejores amigos pero eso no significa que voy a andar tolerando que me trates mal por algo que en primer lugar no tendría que ser de tú interés, ¿Bien? Te quiero y me caes muy bien, pero no permitiré que nunca más vuelvas a tratarme mal por algo que no te incumbe en lo absoluto. Si Zack y tú tienen problemas resuélvelos con él, no conmigo.
Nuevamente guardé silencio unos segundos, cuando parecía que fuera a responder, abrí la boca de nuevo, indeseosa de darle la oportunidad de contraatacar.
― Ahora te voy a decir que podemos dejarnos de tonterías y volver a la normalidad, si te parece bien excelente y si no también. ¿Amigos o no?
Guardó silencio un par de segundos, me miró a los ojos con algo de sorpresa mientras tanto. Al final esbozó una respuesta con timidez.
― Amigos.
Sonreímos mutuamente. No me agradaba la fuente que me dio el valor de decir las cosas como eran, pero el resultado fue sencillamente el ideal.








(2010, Los Ángeles)
― Bueno… ― Murmuré, carraspeando un poco. ― Debo irme ya a casa, Zack debe estarme esperando…
― Bien ― Aceptó Ruth. ― Cuídate mucho, nos vemos.
Respiré y me pedí calma conforme subía las escaleras… ¿Qué me estaba pasando? ¿Qué era esta sensación tan distanciada y a la vez tan cercana a la culpa? ¿Cómo es posible que existiera una sensación que me hiciera saber que hacía lo correcto pero que a la vez me castigara por ello? Mejor aún… ¿Qué tenía que hacer para expulsarla de mi cuerpo?
No me di cuenta sino hasta que ya estaba frente a nuestro departamento de que había subido las puertas corriendo como verdadera energúmena, vaya disimulada que era. Bueno… en realidad no importaba realmente… al menos no por ahora.
La puerta ya estaba abierta, llegó a mí apenas entré el aroma de la sopa de sobre con sabor a tomate y especias (favorita de Zack, aunque tratándose de sopas su lista de gustosas era bastante corta, contrario a mí, que tengo al menos unas 10 preferidas y unas 200 que me gustan)
 ― ¿Quién vive? ― Pregunté al ver el sillón solo.
― Un amo de casa gourmet ― Contestó él desde la cocina, con voz rasposa y animada. ― ¿Cómo te fue, amor?
Dejé mis cosas en la sala, lancé al demonio mis zapatos y descalza corrí a pequeños pasitos hacia donde se encontraba.
En los últimos días, Zack había estado algo desanimado; sin duda alguna por los problemas que estaba teniendo para encontrar un trabajo, aún si de momento en economía nos iba bien y no adeudábamos nada en absoluto, para él era una cuestión de orgullo el sostener al hogar con su espalda, era evidente que no permitiría que fuera yo la única persona que nos mantuviera por un periodo de tiempo mediano o largo y en cierta forma le entendía… sabía que si en cierto momento a mí se me ocurría decir que se tomara su tiempo o que no había problema alguno en que fuera yo la única trabajando por un tiempo eso podía llegar a herirlo, así que le dejaba exponer abiertamente su orgullo de macho herido en la búsqueda de la reivindicación, además de que en cierta forma era bastante lindo verle preocupado por mí.
Salté a sus brazos y me aferré con los míos en su amplia espalda, acaricié su rasposa mejilla izquierda y pegué mis labios con los suyos emitiendo el clásico “Muack” del beso de piquito.   
― Bien, ¿Y tú mi vida? ¿Cómo te fue hoy?
― Bueno… hubiera sido otro mal día, pero cuando venía de regreso conseguí una entrevista mañana en una cafetería nueva que van a abrir próximamente… es probable que sea el fin de la espera… si Dios quiere que consiga un empleo, será mañana.
Pude verlo sonreír con confianza, satisfacción y esperanza. Como hacía un rato que no lo veía hacerlo. Sobra mencionar que su felicidad contagió a la mía y se expandió por toda la habitación.
Lo besé una y otra vez, lo abracé con toda mi fuerza, le hice cosquillas y bailé a su alrededor, todo en solo un par de segundos y mientras él cuidaba a que las tortitas de pollo no se le quemaran.
― ¡Me alegro muchísimo amor! ¿Ves? ¡Solo era cuestión de esperar! ¡Te felicito mucho! Ahora, a celebrar…
Metí la mano por entre sus brazos y apagué la estufa, él rió mientras se daba la vuelta para mirarme de frente.
― ¿Ahora? ¿En serio?
Esbozó una sonrisa radiante solo comparable con el tintineante brillo de sus ojos azules, admiré fascinada al autor de toda la perfección escrita en la obra de mi vida.
Con solo mirarlo un segundo llegaban a mí todas las respuestas que me confundían a lo largo de aquellas horas de apartamiento, se justificaban mis accionares y se llenaban de gozo mis anhelos, las dudas se disipaban y me daba cuenta finalmente de que a su lado nada más necesitaba… así de poderosa era la perfección de su ser, y la perfección de su amor.
Por tal contestación me acerqué a él con cautela y mordí su brazo con fuerza, él soltó un grito ahogado y trató de liberarse en vano. Apenas vi una apertura en la entrada a la cocina le liberé de mi ataque y corrí a ocultarme a nuestro cuarto, cerré la puerta con seguro y me escondí en el closet.
― ¡Cuando abra la puerta vas a pagármelas! ― Me amenazó entre carcajadas mientras forcejeaba con la puerta, quizás sería necesario reforzar mis defensas: salí del closet y levanté el colchón con dificultad, lo puse frente a la puerta y lo empujé con todas mis fuerzas para que él no pudiera entrar.
No obstante, la diferencia de puertas se hizo evidente y él logró abrir la puerta con una ranura lo suficientemente grande como para pasar por debajo del colchón y con un simple giro acorralarme contra el mismo.
― Te atrapé ― Esbozó, con una sonrisa perversa al momento en que la envolvente sensación de su cuerpo vibrante haciendo contacto con el mío estremecía cada milímetro de mi piel. Recorrió su dedo índice por mi cuello apenas rozándolo. ― Y no te vas a escapar de mí, jovencita.
Sonreí, así era justo como lo deseaba.

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