Lo Último

28 mar. 2012

Amo a Zack! (creo) (7/??)


Capítulo 7: El momento (tercera parte)
1979, Texas
La revista people publicó en los años 90´s un especial para nostálgicos de los años 70´s donde se le asignó dos páginas enteras dedicadas a los lugares perfectos a los que solía uno ir con su pareja en aquellos tiempos. En dicha lista, venían incluidas cosas como “ir a la pista de patinaje”, “el autocine”, “el mejor salón de baile”, “una cena romántica a la luz de la luna” y principalmente: “el mirador de la ciudad”. Este último, era casualmente el broche de oro para la noche planeada por el más joven de los Mosh.
Un mirador era algo que toda ciudad  con terrenos altos tenía que tener: un terreno plano ubicado en la parte alta de la ciudad donde la gente pudiera parar a tener días de campo, campamentos, ¿Y por qué no? Un momento romántico a solas con su pareja para dar un cierre a una noche fantástica.
Como Eva tenía una familia de valores, su hora de llegada a casa era siempre a las 11 sin derecho a réplica. Esto deja bien en claro que para James las planeaciones de las citas no eran cosa sencilla: tenía que organizarlo todo teniendo en cuenta  que si llegaba a retrasarse aunque fuera un poco perdería valiosas actividades con la chica que le gustaba.
Esa noche, ellos habían ido a patinar, luego habían comido algo rápido ahí mismo y se habían pasado por el autocine para ver Hair, un musical que Eva había estado esperando con muchas ansias, (No se imaginan que tan difícil fue para James dejar pasar Rocky II recién salida ese día). Y finalmente visitaron el mirador, donde James estacionó el auto en una zona donde se notara como las luces iluminaban el bello y carismático paisaje que su ciudad regalaba.
― ¡Esa película ha sido todo lo que esperaba de ella! ― Exclamó Eva, entrecruzando sus dedos y sonriendo a James con satisfacción. ― ¡Tiene carisma por donde se le mire! ¿No lo crees?
― Estoy de acuerdo, e-es muy buena película.
Eva suspiró con insatisfacción. Por muy fantástica que se describa la noche citada arriba, en esta ocasión para James parecía no haber sido así: estuvo muy callado mientras patinaban, devoró toda la comida en un parpadeo y ni siquiera trató de besarla en el autocine, y esa no podía ser una buena señal.
― ¿Tienes algo, James? ― Preguntó, posando su mano sobre la de él. ― Toda la noche has estado muy callado… me pregunto… si te estoy aburriendo o algo así…
El muchacho se estremeció y cambió de actitud al instante, agitó las manos en negación al momento en que en sus ojos se reflejaba una culpabilidad que a Eva le causó una combinación de simpatía y alegría, pues eso significaba que quizás James solo estaba un tanto más pensativo de lo normal.
― No es eso Eva ― Aseguró, como si no le bastara con negarlo con las manos. ― Disculpa si te hice pensar eso, ¿Me he visto muy distante?
― Bueno... ― Pensó. ― Creo que ahora mismo hemos hablado más que en toda la noche junta… por eso yo pensé que… pues…
― No es nada como eso ― Acarició su mejilla. ― Es solo que… me quedé algo pensativo con… olvídalo… no es nada.
Pero Eva no quería olvidarlo, era esa clase de persona.
― No. No quiero olvidarlo.
― ¿Eh? ¿Qué dijiste?
― He dicho que no quiero olvidarlo.
― Oh, ¡Vamos Eva! No es nada, en serio.
― Si te tiene pensando una noche entera es porque en verdad es algo. ¡Ahora dime!
Para hacerles la historia corta… esto siguió por unos 10 minutos más, hasta que un acorralado James fue capaz de confesar:
― Es solo que estaba pensando en lo bien que te llevas con George Feeney, supongo que estaba algo celoso.
Eva guardó silencio, solo abrió los ojos de par en par.
― ¡¿DE GEORGE? ¿CELOSO?!
Bueno, tal vez no guardó silencio…
― P-pero como dije… n-no fue nada, ya se me pasó, en serio ― James trataba de aplicar pomada de la campana en el alma de Eva, que ahora parecía convertirse en una especie de aterradora criatura come novios. ― No hay que darle gran importancia…
― ¡DE GEORGE! ¡¿MI AMIGO DE LA INFANCIA GEORGE?! ¡¿MI CASI HERMANO GEORGE?!
― Como dije, ¡No fue nada! Ya pasó, solo digo que me gustaría llevarme tan bien como con él… digo, tus padres lo quieren mucho, le permiten ver televisión en tú casa y todo… es un… nivel de confianza que… pues sería lindo llegar a tocar algún día….
Lo logró.
El rostro de Eva se dulcificó en proporciones bíblicas, sus ojos emitieron un brillo conmovido, sus mejillas se tiñeron de un dulce tono rosado incrementado por la clareza de su piel blanca. Acarició con su mano la mejilla de su querido novio.
― Eso es muy lindo James… yo… bueno, puedo organizar una cena con mis padres para que puedas conocerlos mejor… y sobre cómo se lleva George conmigo… bueno, yo siento que… bueno… que prefiero pasar el tiempo contigo, James… y bueno… eso es como que me llevo mejor contigo… ¿no?…
Ambos se pusieron rojos como tomates por la combinación de declaraciones vergonzosas que habían formado a su alrededor un ambiente pesado y meloso. Desviaron sus miradas, pero juntaron sus manos, en un acto tan natural que pareció acto de un reflejo.
Entrelazaron sus dedos en cada mano con mucho cuidado de que el orden fuera el correcto. Sus movimientos eran torpes, pausados, pero también decisivos. Aunque ninguno dijo nada, sabían lo que iba a pasar.
Eva cerró sus ojos, dejando soltar pequeñas lágrimas desaparecer como el rocío bajo sus pestañas. James acarició con su mano libre los alrededores para ver si podía sentirlas, pero ya no estaban ahí, así que acarició sus mejillas, eran muy suaves.
Para James, no existía nadie más hermosa que ella. Siempre, desde que la vio por primera vez caminando por los pasillos de Mc Highley, rodeada de amigas y con sus libros bien aferrados al pecho supo que quería conocerla mejor, y estar con ella.
― James… ― Susurró con dulzura y se desplazó un poco a la derecha, acortando distancias entre sus rostros, como empezando a impacientarse.
James cerró sus ojos poco a poco y se acercó lentamente, ladeando su rostro para que su forma encajara con la de su querida… cuando de pronto…
― ¿Crystal? ― Murmuró, cuando ya estaba a escasos milímetros de los labios de Eva. Naturalmente se estremeció y alteró en demasía.
― ¡¿QUÉ?! ¡NO! ¡SOY EVA!... ¡EVA!
― ¡No, eso lo sé! ― James se golpeó la frente por su error. ― Es solo que ahí está Crystal Green, una chica que acaba de mudarse a mi vecindario junto con sus padres… y está… ¿Bailando?
― ¿Eh, donde? ― Preguntó Eva, siguiendo la mirada del muchacho hasta uno de los puntos del mirador en donde el terreno comenzaba a ponerse elevado y rocoso. ― No veo…
Efectivamente: justo a un costado de un pino desértico seco podía apreciarse una silueta balanceándose de un lado a otro como bailando un vals clásico. De no ser porque James ya había identificado a su nueva vecina, aquella silueta con un brillo rojizo a la altura de la cabeza hubiera asustado un infierno a Eva y seguramente se hubiera puesto a gritar como loca pensando que era uno de los muchos fantasmas que abundaban en la zona según las historias de espanto de los paisanos.
― ¿Qué está haciendo? ― Preguntó Eva, arqueando la cabeza con confusión. ― ¿Estará practicando para unirse al club de baile o de teatro? Tal vez vio la película también y quedó asombrada.
― Bueno… no importa ― James se encogió de hombros y volvió a su posición anterior. Acarició con la parte posterior de su dedo índice el punto más elevado de la mejilla de Eva. ― ¿Qué tal si continuamos donde nos quedamos? Si mal no recuerdo, estábamos a punto de…
― Espera ― Se negó la chica, apartándole con dulzura usando sus dos manos. ― Si dices que es nueva en la ciudad, lo correcto es ir a presentarse.
― Yo ya lo hice ― Se adelantó  James, intentando nuevamente unir labios con Eva. ― Así que mejor dejémosla bailar sola y…
― Bueno, si tu ya lo hiciste será más sencillo en ese caso ― Eva le apartó de nuevo. ― Anda, vamos a que me la presentes.
James resopló, con mal humor.
― ¡No es sociable! ― Aseguró, como tratando a toda costa a retornar al punto anterior del ambiente y sin importarle la mala imagen que comenzaba a dar. ― Le ofrecí presentarle a la gente en Roger´s y darle un recorrido un día de estos y la rechazó sin pensarlo… creo que hasta dijo que odiaba a la gente.
Eva frunció el seño, la joven Carton comenzaba a perder la paciencia.
― James Mosh ― Le dirigió, con un tono fuerte y autoritario. ― No Me gusta cuando te portas de esa forma, me sorprende de ti y me decepciona tú actitud.
James se derritió en la angustia, sabía que en esta situación ni siquiera su lamentable mirada de borreguito podría salvarlo. Era una batalla perdida, el beso ya era cosa del pasado.
― Me disculpo, tienes razón… fui un tonto. Está bien, vayamos a presentártela.
Ella sonrió con satisfacción, dulcificó su rostro y asintió, encantada. Al ver que James no abandonaba su cara de niño regañado, llegó a una solución de lo más simple: se acercó rápidamente a su rostro y pegó sus labios fugazmente con los de él. Luego, abrió la puerta del copiloto y bajó del auto.
Santo remedio.
Mucha gente de la escuela y los alrededores hablaba de los buenos modales y enternecedora amabilidad de Francia Lovegood, pero Eva no le pedía nada a la diva local en ese aspecto: siempre era atenta, amable y daba lo mejor de si para con las personas que acudían a su nombre. No por nada era una estudiante de honor en la preparatoria y una de las favoritas de los profesores, además de un gran prospecto universitario. James no pudo dejar de pensar en lo fantástica que era su novia hasta que llegaron a donde habían visto a Crystal.
No había nadie, ni nada…
― ¿S-seguro que era tu vecina? ― Preguntó ella, aferrándose con su mano derecha a la camisa de lino ligero de James. ― Tal vez después de todo si era un fantasma y…
― Tal vez tienes razón ― Coincidió james, alegre de que la chica ya no estuviera ahí. ― Volvamos al auto y sigamos donde nos quedamos…
― ¿Playboy? ― Preguntó de pronto en un tono acido alguien a sus espaldas, James sintió una punzada en su espalda que se extendió hasta las plantas de sus pies. ― ¿Qué haces aquí?
La pareja se giró al instante para conocer a su llamante, efectivamente: era Crystal, que ahora llevaba el cabello suelto y vestía un overol largo con una blusa sencilla. Llevaba sus mejillas y manos manchadas con pintura de colores variados. El azul de sus ojos palidecía bajo las sombras seseantes de las ramas secas alrededor del terreno y emitía intermitente bajo el brillo de la luna como si tuviera luz propia.
― P-p-podría preguntarte lo mismo ― Se adelantó James, nervioso y tartamudo. ― ¿Qué haces a estas horas llena de pintura en el mirador de la ciudad?
― ¿Acaba de llamarte playboy? ― Preguntó Eva en voz baja al muchacho. ― ¿Por qué playboy?
James utilizó su intelecto rápido de la mejor forma que pudo: buscando una respuesta que no lo dejara como un pervertido que miraba fotografías de chicas desnudas a las espaldas de su novia en una casa deshabitada que ya no lo era tanto, no obstante no se le ocurrió ninguna respuesta creíble… estaba acorralado.
― Eso es porque así llamo yo a los chicos que conozco pero cuyos nombres he olvidado… ¿La razón? No lo sé, una amiga de mi pueblo natal me lo pegó supongo.
James clavó su mirada junto con la de Crystal y con un brillo espectacular en los ojos le dijo “gracias” en silencio, la chica le ignoró y se dirigió entonces a Eva, que al igual que James, miró con sorpresa a Crystal por un par de segundos, luego sonrió, satisfecha.
― ¡Eso sí que es muy interesante! ― Exclamó, acercándose con interés y dejando a James libre de relajarse con el peligro alejado. ― Lamento la descortesía, yo soy Eva Carton, vivo en la Elm y voy en segundo año… James me habló sobre ti y le pedí que me permitiera presentarme como se debe. Mucho gusto… Crystal, ¿Verdad?
― Así es, y el gusto es mío, Eva… me halaga que te tomaras las molestias de venir a presentarte.
― ¡Eso no es nada! ― Demeritó la rubia. ― Es lo menos que puedo hacer para darte una bienvenida grata a la ciudad. Si puedo ayudarte a que consideres a este lugar como tú hogar, lo haré sin pensarlo.
Las dos se dedicaron una sonrisa amigable que a James solo le hizo pensar en una cosa: ¿Por qué demonios se portaba amable con Eva mientras que con él se portó indiferente y desinteresada? ¿Sería esa “clase de chica”? ¿O tal vez simplemente no le agradaba? Bueno, fuese cual fuese la respuesta, a James no le interesaba en lo absoluto.
― Bueno, fue un placer verte por aquí y todo Crystal ― James se acercó a donde estaban las chicas y tomó a Eva de la mano. ― Pero ya no queremos molestarte… nos vamos…
― Espera ― Se negó Eva, dedicando una mirada fuerte a James y después dirigiéndose a la chica nueva. ― ¿Puedo saber que haces aquí? Disculpa mi curiosidad, pero es que como estás llena de pintura…
― Ah, ¿esto? ― Crystal revisó su imagen. ― Si gustas puedes venir a ver.
Sin esperar una respuesta, Crystal caminó por en medio de la pareja y dando un par de saltos entre la espesura de los pinos secos se perdió en medio de la noche.
A James ya no le sorprendió que Eva decidiera seguirla, parecía que la chica había formado simpatía mutua con su novia y ahora era su deber (o condena, más bien) permanecer a su lado mientras congeniaban. Se encogió de hombros y al igual que Eva se adentró en la irregularidad del terreno.
Una vez hubieron atravesado la mini barrera de pinos se encontraron con una superficie de piedra plana erosionada de unos 20 metros cuadrados, justo a un costado de los sembradíos de algodón de la familia Lovegood. Debajo de una piedra sobresaliente del terreno con las mismas condiciones planas, descansaba un pliego amarillento amarrado por cada esquina con una soga vieja para que el viento no se la llevara. A un costado, había varias latas de pintura de variados tamaños y de todos colores derramándose por sus costados, también había pinceles, rodillos y hasta un aspersor parecido a los que usaban para pintar las líneas en los campos de baseball.
― Vine a esta ciudad cuando era niña, hace unos 7 años, y pude ver desde lejos este lugar y pensé “ha de ser preciosa la vista desde ahí”… así que aproveché el horario para venir a revisar y  no me equivoqué… como traía algunos materiales, fue imposible resistirme.
Eva sonrió de oreja a oreja, la heredera Carton siempre había sido una persona conmovible con recuentos que incluían los siguientes aspectos: belleza, arte y un recuerdo del pasado. Y esta historia en particular tenía las 3 cosas.
― ¿Puedo mirar? ― Preguntó entonces, pestañeando mientras un rubor de fascinación rodeaba sus mejillas con velocidad.
― Claro ― Concedió Crystal. ― Pero no te burles ni seas muy ruda…
Como si estuviese levitando, Eva se acercó junto a Crystal a donde el pliego descansaba, una vez pudo verlo juntó sus manos y entrelazó sus dedos al momento en que pegaba saltitos fascinados.
― ¡Es hermoso! ¡Me encanta! ¡Lo amo! ¿En serio recién empiezas? ¡Pareciera que tienes días pintándolo!
― Oh, ¡vamos! no exageres ― Crystal comenzó a balancearse con pena de un lado a otro con una sonrisa nerviosa. ― Solo estás siendo amable.
― ¡Eso no es cierto! ― Aseguró Eva, tocándose el corazón. ― ¡En serio me encuentro fascinada! Yo nunca sería capaz de crear algo así… ¿pintas desde hace mucho?
― Hace unos años, si… como hobby solamente, no es como si quisiera ser pintora o algo así… no doy para tanto…
― Eso no lo puedes elegir tú, créeme, yo sin duda compraría una de tus pinturas para adornar mi recamara, ¿cuánto cobras?
Ambas reían en un ir y venir de halagos y negaciones, James observaba con pesadez la escena, como diciendo “¿Cuándo podemos irnos?”
― ¡Oye, James! ― Exclamó de pronto Eva. ― ¿Qué haces ahí parado? ¡Ven a ver la pintura de Crystal, es preciosa!
― Eh, no gracias… no soy muy bueno con esto del arte y no le encuentro el chiste…
― ¿Eh? ¡No seas payaso James, ven a ver! ― Insistió su novia, como diciéndole “compórtate o me voy a enojar”.
― Estoy segura de que James es más de esos que aprecian el arte que muestra la belleza humana ― Observó Crystal, dedicando amabilidad para Eva pero lanzando una bomba directa a James. ― Ya sabes, como desnudos y esas cosas.
James se estremeció, no podía creer lo que estaba pasando ante sus ojos. ¿Es que esa chica a la que ni siquiera conocía ya estaba tratando de dejarlo sin novia o simplemente la muy desgraciada disfrutaba de verlo sufrir?
Buscó una respuesta en la mirada de Crystal, ella respondió simplemente parpadeando con una sonrisa burlona en los labios, como diciendo “¿Qué harás a continuación, Playboy?”. A James le hirvió la sangre en las venas.
― ¿Sabes qué? ― Se adelantó James al instante, apretando sus puños. ― Cambié de opinión, voy a verla.
Comenzó a caminar…
No tenía idea de quién era esa chica recién llegada, pero si sabía quién era él: un Mosh. Y un Mosh no se dejaba pisotear por nadie, mucho menos por una campesina cualquiera recién llegada con aires de astucia.
No le daría ventaja, no permitiría que le chantajeara y mucho menos cedería terreno para que pudiera pisotearlo. No podía evitar que ella fuera amiga de su novia, pero si podía pegarse a su lado cual cazador implacable y esperar pacientemente a que su guardia se bajara para entonces atacarla.
Se encargaría de demostrarle que con un Mosh nadie se mete.
Caminó en línea recta hasta posicionarse en medio de Eva y Crystal, y antes de girar la cabeza para mirar la pintura dedicó un desafío con los ojos para la chica nueva, el cual ella respondió con una mirada de ángel desentendido y una leve mueca en los labios.
Tonalidades azules variadas en contraste con un velo blanquecino nebuloso disfrazaban una gama de colores oscuros y desérticos al fondo, no obstante aún en lo más profundo James pudo también divisar un relleno negro absoluto, tal vez azul oscuro confundible por la falta de luz en el lugar. Era evidentemente la visión lejana del pueblo visto de noche… excepto que no había un solo edificio o árbol alrededor… no había ciudad, solo un puro y oscuro paisaje desértico con un poco de distorsión.
 ― Aún me falta agregar los edificios, lo sé ― Crystal movió sus manos alrededor de su pintura, como tratando de justificar una falla inexistente. ― Pero…
― No hace falta ― Se adelantó a decir Eva, tomando de la mano a James. ― ¿Verdad, James? ¿No crees tú también que como va ahora mismo es preciosa?
Sus planes eran soltar improperios a su falta de capacidad de forma discreta, no obstante no esperaba que el trabajo fuera tan bueno… nunca una pintura le había llamado la atención hasta ese momento, pero es que esta era tan… llamativa que le era imposible atacarla con ello.
― N-no está mal… ― Minimizó, desviando la mirada con desgracia y sin disimulo alguno. ― Para haberlo hecho una novata no está mal…
Crystal guardó silencio, pero se dio el lujo de esbozar una sonrisa de agradecimiento a James. Evidentemente era mucho más de lo que esperaba recibir por parte del “playboy”.
― ¿“No está mal”? ― Reprobó Eva en un reproche, que parecía comenzar a disfrutar de la evidente incomodidad del muchacho para con Crystal. ― ¡¿Es todo lo que tienes que decir?! Anda, ¡Vamos!
― Eh… eh… no sé… yo… es… triste… profunda, no sé… ya es algo tarde, ¿Nos vamos?
― Eso salió mucho mejor ― Eva lo tomó de la mano. ― Y tienes razón, ya es algo tarde… ¿A qué hora vienen a recogerte tus padres, Crystal?
― En realidad vine caminando, me iré en unos minutos yo también. ― Crystal se alejó de la pareja para comenzar a cerrar las latas de pintura. ― Solo estaba esperando a que secara. Nos veremos después, ¿Bien?
James no necesitó siquiera un instante para saber lo que se vendría a continuación: Eva le tiraría del brazo y con una mirada disimulada le pediría que llevara a Crystal a su casa. Decidió no esperar a que esto ocurriera y se adelantó con habilidad, dándose cuenta de que de esa forma ganaría también puntos con su novia.
― Nosotros te llevamos en ese caso ― James se acercó a donde estaba Crystal y comenzó a apilar los botes de pintura que ya estaban cerrados. ― De cualquier forma vives donde mismo que yo, así que no hay problema alguno.
― Oh, no quiero ser una molestia James ― Se negó Crystal. ― Estoy segura de que les he quitado un valioso tiempo de su cita, ¿no? Causarles más problemas sería problemático.
― Ahora que lo dices… ― James talló sus dientes.
― Eso no es para nada cierto ― Se adelantó Eva, sonriente. ― James y yo estamos muy alegres de habernos topado contigo, hemos podido ver una pintura preciosa. Además, ya estábamos por irnos, así que no es problema en verdad.
Crystal se tornó, agradecida e hizo un ademán con la cabeza, demostrando su aceptación entonces a la invitación de James.
― Entonces aceptaré su favor, solo denme un minuto y tendré todo guardado…
― Ah, entonces iré a abrir la cajuela para que puedas meter las cosas ― James se dio media vuelta y comenzó a caminar.
― Ah, eso no será necesario ― Le detuvo al instante Crystal. ― No voy a llevarme nada, todo lo dejaré oculto por aquí… pasa que en casa no me permiten pintar, así que lo hago a escondidas…
― Dios, eso es terrible ― Se lamentó Eva cubriéndose la boca. ― ¿Podemos saber por qué?
― Creo que es porque pinté un mural enorme en la casa anterior… de cualquier forma, ahora mis padres me regañarían como locos si me vieran con una brocha en la mano.
James y Eva rieron, Crystal se encogió de hombros con picardía.
James ya no se mostró hostil con la situación, más bien ahora se le notaba resignado a que su cita había terminado desde el momento en que el muy imbécil había dicho “¿Crystal?” cuando estaba en el punto cumbre. Es precisamente por esa resignación a que el chico se dedicó simplemente a escuchar la animada conversación de su novia con la chica nueva en el camino de regreso a casa. Él no aportó un solo comentario a la misma, y lo peor de todo fue que ninguna de ellas lo extrañó.
― Nos vemos el lunes en la escuela entonces ― Se dirigió Eva a ambos cuando James estacionó el auto frente a su casa. ― Te estaré esperando antes de la entrada en el pasillo entonces Crystal, no se te vaya a olvidar, ¿Eh? Te daré un recorrido general.
― Gracias Eva ― Agradeció Crystal con una sonrisa amigable. ― Nos vemos el lunes en ese caso.
― Te llevo a la puerta ― Se ofreció James, fintando con bajarse del auto.
― No hace falta ― Le rechazó Eva al instante expresando nuevamente su falta de sintonía para con la situación del despechado muchachillo. ― ¡Me divertí mucho, gracias James!
Eva cerró la puerta del copiloto, se dio media vuelta y corrió por el corredor de su jardín para después perderse tras la puerta principal de su casa. En ese momento James y Crystal se quedaron ambos en silencio y sin hacer nada durante varios segundos que parecieron años.
― ¿No piensas acelerar? ― Preguntó Crystal una vez perdió la paciencia.
― ¿No piensas venirte al asiento de adelante?
― No realmente, ¿Piensas acelerar?
James encendió el auto, notoriamente irritado.
― Dime Crystal… ¿Tan malo es que me vieras con una revista de playboy como para que me trates así?
― No sé de que estás hablando ― Se desentendió ella al instante, mientras miraba por la ventana lateral el paisaje nocturno que se le regalaba. ― ¿Puedes ser más específico?
― Bueno… ― Pensó sarcásticamente. ― No sé por dónde empezar… ¿Qué tal aquella parte en que me llamaste playboy frente a mi novia? ¿O por qué no aquella en que sugeriste que yo preferiría el arte nudista?
― Nudismo ― Corrigió, sin prestar atención al contexto. ― Se llama nudismo.
― ¡No me importa como se llama! El asunto es que pareciera que deseas hacerme daño aún cuando no nos conocemos… dime, ¿Te desagrado o algo así?
― No realmente… ― Hizo una pausa, como meditando. ― No puedo decir que sea tu mayor fan… digo, mi primera impresión de ti es bastante pobre, pero no creo que puedas desagradarme incluso si lo intentas, no es mi estilo.
― ¿Entonces por qu…
― Fue un reflejo del momento, ¿De acuerdo? ― Se disculpó. ― Llegué de dar un ligero paseo por los alrededores y te vi, lo primero que se me vino a la mente fue “playboy”… por eso mismo te ayudé diciendo esa mentirilla de que una amiga me pegó la costumbre de llamar así a los chicos cuyos nombres no logro recordar.
― S…si… supongo que tienes razón… ¿Pero como explicas lo del nudismo entonces?
― Otro reflejo instintivo… te sentí algo agresivo hacia mi persona así que sin querer me he defendido… me disculpo por eso también.
James no pudo replicar a eso, después de todo si se ponía a pensarlo bien su actitud en ese momento no fue para nada cercana a lo que uno consideraría “correcta”. En todo caso, su respuesta no reflejaba más que su presente capacidad de defenderse, más no la capacidad (ni la intención) de hacer daño.
― Ya… ya veo… en ese caso, supongo que yo también te debo una disculpa… a decir verdad estaba muy emocionado por esta cita y creo que hubo un tiempo en que me porté mal contigo solo porque las cosas no salieron como lo planeaba.
― Entonces después de todo si les causé molestias, lo siento…
― Para nada, a Eva no le has causado problema alguno. Como seguramente ya te diste cuenta, le caíste súper bien… en todo caso el egoísta que no tenía planeado pasar los minutos en el mirador contigo soy yo.
― Es una peculiar manera de admitir que eres egoísta, disculparte por ello y encima de estar orgulloso de ello ― Observó Crystal entonces, soltando una risa seca. ― Supongo que en ese entonces los dos nos hemos disculpado y perdonado, ¿No?
― Así es… pero eso no significa que vayamos a llevarnos bien y mucho menos que seamos amigos… me vas a disculpar, pero de una forma u otra siento que no eres una buena influencia para Eva. Eres la clase de chica que se escapa de su casa para pintar y arruinar las citas de otros… debo tener mucho cuidado de ti, Crystal Green.
― Bueno, seguramente me podrás mirar de cerca mientras soy amiga de tú novia… y tal vez pueda no conocerlos bien a ustedes dos ni a nadie en este pueblo… pero de una forma u otra yo también siento que tú no eres la influencia correcta para ella… parece ser una buena chica… y tú… bueno…
― Playboy… ― James se encogió de hombros.
― ¡Playboy! ― Asintió. ― Pero ya en serio, pierde cuidado… como ya te dije esta tarde, no me llama la atención en lo absoluto lo que a ti te interesa, como puedes ver lo mío está bastante alejado de lo tuyo.
― ¿Y que sería lo mío? ― Preguntó James con curiosidad.
― Hablo puntualmente del alcohol, el tabaco, la pornografía, las fiestas y el desorden.
― Acabas de citar mis cosas favoritas en este mundo ― Soltó una risotada. ― ¿Ahora puedo yo intentar mencionar las tuyas?
― Inténtalo…
― Pintura, literatura, gatos y galletas.
― Bastante cerca quedaste, debo admitirlo ― Crystal aplaudió con desgano. ― Pero te faltó tal vez la más importante de todas…
― ¿Más que la pintura? ― Se sorprendió. ― ¿Cuál sería?
― La música.
James se estacionó frente a su casa, subió su vidrio y bajó del auto.
― ¿No esperabas que te dejara al frente de tú casa como a Eva, no?
― Para nada ― Suspiró ella, bajándose también del auto. ― Pero de cualquier forma, gracias por traerme… me has salvado de una caminata de una hora en la oscuridad.
― No es nada… de hecho, sí tienes problemas para llegar a la escuela mi hermano y yo podemos darte un aventón… como ya conoces a mi novia supongo que ya no sospechas que pueda raptarte y hacer tráfico de blancas contigo.
― Aún tengo mis sospechas sobre eso y otras tantas cosas, si… pero ya veremos con el tiempo si logras mejorar tú imagen, playboy.
― Adiós. ― Se despidió James, bostezando y caminando en dirección  a su casa.
Crystal no respondió, pero al igual que él, caminó en dirección  a su casa, donde le esperaban un par de horas de charla.
Fred estaba en la sala de la residencia Mosh con un libro en la mano, apenas James entró se deshizo del mismo y se puso de pie para recibir a su hermano.
― ¡Ah, pero si es mi hermano que se suponía iría a recogerme a Roger´s! ¿Cómo te fue en tu cita grandísimo traidor vende familias cerdo imperialista aliento de burra?
― Lo siento ― Se disculpó James, con mal humor y poca credibilidad. ― En el mirador nos topamos con la chica nueva y… bueno, tú conoces a Eva.
― Ah, esa amabilidad aplastante, ¿No? Con Francia sufrí cosas parecidas, precisamente por eso terminamos.... de cualquier forma, no te perdono y necesitarás darme toda tú mesada y ahorros si esperas que te perdone.
― No me importa… te lo doy mañana… estoy cansado y me voy a dormir.
― Espera ― Le ordenó Fred, tomándolo del brazo y ordenándole que se sentara en el sillón. ― Hay un par de cosas que me gustaría hablar contigo
― ¿Qué es tan importante que no pueda esperar hasta mañana? ― James se talló los ojos con fastidio.
― He decidido que nos apoderaremos del inventario de la mueblería de los Chuck, ya he reunido a la gente y trazado un plan para ello… ¡Tú estás dentro!... ah y este plan también indica darle a esa familia una lección que nunca olviden.
James reprodujo en su mente todo lo que eso implicaba, el resultado no fue para nada una sonrisa.
― ¿Qué hay de Richard Clearwater? ― Preguntó casi al instante. ― Sabes que Eva es muy amiga de su hermano George… si algo llegara a pasarle a Richard y ella se enterara que es por causa nuestra sería el fin de mi relación con ella.
― Por muy tentadora que suene esa garantía voy a tener que evitarla por tú asquerosa felicidad hermanito ― Se lamentó Fred. ― Así que no te preocupes, siempre y cuando Richard no se meta en ello no saldrá herido.
― Bien… entonces supongo que no hay problema… ¿Ya puedo irme a dormir?
― Una cosa más, hermanito…
― ¿Qué pasa, Fred?
El mayor de los Mosh hizo una pausa drástica mientras caminaba hacia el ventanal ubicado en la cocina, cuya vista daba precisamente a la calle del frente. Decidió ordenar sus ideas perfectamente antes de plasmarlas.
― Esta chica nueva… Crystal…
― ¿Qué tiene?
― Creo que es interesante… ¿Te sientes con ganas de jugar a algo nostálgico conmigo?
James sabía que cuando Fred se ponía una meta no descansaba hasta que lo lograba o sus capacidades le obligaban a retirarse derrotado, así que también sabía que hiciera lo que hiciera su hermano mayor no estaría satisfecho hasta salirse con las suyas.
― ¿Qué tramas, Fred?
― Quiero que compitamos por ella… ¿Qué dices? ¡Por los viejos tiempos!
― Fred… tengo novia.
― Por eso la meta solo será un beso, Eva nunca se enterará si mueves tus cartas con cuidado… escucha, podemos hacer la apuesta mucho más interesante: el que gane será el dueño absoluto del auto
― No me interesa, Fred… en verdad no. Solo déjalo pasar. Además, tuvimos varias competencias de estas y prácticamente siempre ganabas… admitámoslo, eres el mejor.
― No sé qué odio más, que tengas esa falta de interés o que me des la victoria tan fácilmente… ¡VAMOS A HACERLO, JAMES!
― No…
― ¡Vamos a hacerlo!
― No…
― ¡Vamos a hacerlo!
― No…
Siguieron de esta forma por un buen rato, James ya estaba incluso en la cama y con su cuarto a oscuras y el fastidioso de su hermano mayor seguía insistiendo. Sorprendentemente, el joven Mosh resistió durante casi una hora, hasta que su fastidio, enojo y cansancio era tanto que se vio orillado a decir:
― ¡Cómo quieras, pero déjame dormir ya pedazo de excremento!
En ese momento, Fred sonrió con satisfacción. Era ese el poder de su insistencia que incluso el capricho más absurdo siempre se le era concedido. Decidió dejar a su hermano en paz una vez hubo despejado el botín necesario de él, abandonó la habitación con una risa ahogada.
― Esto está por ponerse interesante… ― Murmuró para sus adentros, mordiéndose su labio inferior, pensando con emoción lo que se avecinaba en un futuro cercano. ― Y si no es así, yo haré que así sea.
Ni James ni Fred lo sabían, pero fue en ese justo momento en que las piezas se acomodaron en sus casillas correctas y comenzó la partida… aquella que diera fin a la leyenda local de los Mosh y que a su vez diera apertura a la historia que hoy en día nosotros conocemos y seguimos con fidelidad. Ese día, un 27 de abril, fue el comienzo de todo.

FIN

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