Lo Último

11 ago. 2012

Amo a Zack! (Creo) (11/??)


El cigarro del sujeto de cabello negro
Zack
(2007, Texas)
Despertarse temprano, asegurarse de que la florería entregue a tiempo los arreglos, bajar a recibir a los familiares, recibir palabras de aliento, tener charlas superficiales y subir corriendo para poder arreglarte con prisas después de ver la hora… no era precisamente la forma en que esperaba comenzar el día posterior a mi graduación y a mi proposición de matrimonio a Ellie, pero ¿qué sale en esta vida como uno las planea?
Para cuando terminé de ponerme la corbata, una de las únicas personas a quien realmente quería ver en este día apareció en el umbral de la puerta. Pude notar como su rostro debatía entre la sonrisa y la seriedad para darme saludo. Estudió mi rostro en el espejo por un rato y prefirió acercarse en seriedad.
― Tú mamá me dejó pasar, hermano ― Explicó Junior, tomando asiento al pie de la cama. ― ¿Cómo estás?
― He estado mejor ― Aseguré, soltando una risa seca. ― ¿Llegaste solo?
― Karla insistió en llegar con Ellie, y Rocko y Anna nos verán allá.
― No tenían porque venir todos, apenas es el primer día.
Se puso de pie y puso su mano sobre mi hombro.
― Si me dices que tú no harías lo mismo por mí, o más bien… que tú no has hecho lo mismo por mí, me voy en este momento a jugar Mario Kart en calzones a la sala frente a toda tú familia reunida.
Reí.
― No te atreverías a mostrar tus miserias a mi familia… ― Remangué mi camisa. ― Pero supongo que tienes razón… gracias por venir.
Me pasó el saco, me lo puse con rapidez y señalé la superficie de mi escritorio.
― Cuando llegué a casa en la noche… me dio algo de nostalgia, así que fui al ático y encontré… eso…
Junior se acercó y tomó entre sus manos el letrero de aluminio del Mosh Garage que habíamos robado cuando aún estábamos en primer año en compañía de Chris. Él detuvo el auto frente al taller mecánico de ese nombre y nos dijo que si le traíamos el letrero nos daría 100 dólares… el maldito olvidó mencionar que el lugar estaba fuertemente custodiado por 4 o 5 rottweilers y terminamos huyendo por nuestras vidas, mientras los malditos canes trataban de dejarnos sin piernas y los mecánicos nos lanzaban herramientas. Debo decir que el riesgo valió la pena, pues con ese dinero llevé a Ellie a nuestra primera cita como pretendientes.
― Lo siento mucho, hermano… ― Se disculpó Junior, moviendo sus manos con ansiedad. Su rostro revelaba lo mucho que deseaba hacerme sentir mejor. ― No sé qué decir en estas situaciones…
― Tranquilo hermano ― Le respondí con relajo, encogiéndome de hombros y dando un paso a mi derecha. ― Mi hermano murió, gran cosa… no es el fin del mundo.
(2005, Texas)
Volví a donde Junior y Anna me esperaban luego de… ¿hablar? Con Ellie. Mi rostro pesimista no genero piedad suficiente en Anna como para no abrir la boca apenas llegué a su lado.
― ¿Y? ― Preguntó de inmediato, arqueando una ceja. ― Has corrido tras una chica por primera vez en una dramática escena de romance, ¿qué has ganado de ello? ¿Se te ha caído el miembro?
― No realmente… ― Suspiré. ― Pero en realidad, si ocurrió una novedad que tal vez ambos puedan encontrar interesante…
― ¡¿Qué cosa hermano?! ― Preguntó al instante Junior con una sonrisa radiante. ― ¡¿VAMOS A COMPRARNOS SOMBREROS CHARROS Y A COMER FRIJOLES DE LA OLLA?!
― Casi ― Sonreí. ― ¿Saben de esos comerciales que salen en la televisión en que te hablan de lo sano que es hacer ejercicio?... ¡bueno, nosotros vamos a hacer ejercicio!
― Eso no está tan… mal ― Anna ladeó su cabeza, extrañada. ― ¿De alguna extraña forma convenciste a Ellie de que corriera con nosotros para que volvieras a agradarle o algo así? No puedo decir que me agrada que me uses para hacer las paces con ella pero es mejor a lo que imaginé. Pensé que nos dirías que no abandonaríamos a las animadoras antes del verano y…
― No, no vamos a correr con Ellie ― Negué, interrumpiéndola. ― Pero… ¡Vamos a entrenar todas las mañanas en el parque Rosewood para ser mejores animadores! ¿Genial, no?
Ya conocen a esa Anna, que le gusta mucho insultar a todo pulmón… perseguirte por toda la escuela (y más allá), jalarte los cabellos una vez te alcanza y luego tratar de arrancarte la ropa interior… pero creo que aunque nos expulsaron para siempre de ese centro comunitario cristiano, terminó tomándoselo bien al final. Le expliqué que le pediríamos ayuda a Nahomi y a Mike y que sería muy divertido, como un día de campo matinal a diario. Sus entrañables palabras de aceptación siguen hoy día en mi corazón:
― ¡VETE A LA MIERDA ZACK, TE ODIO!
Y de esta forma, empezó en nuestra vida una nueva etapa… una etapa a la que nos gusta recordar como “nuestro año escolar como animadores… (Esta vez con verdadero interés en ser buenos animadores)” en la cual viviríamos toda clase de vivencias. He de admitir que al principio me sentía casi tan incierto como Anna, pero mis deseos de probarle a Ellie que yo podía ser algo más de lo que ella pensaba triunfaban por sobre mi flojera y mis deseos de no hacer el ridículo. Era un hecho: las ovejas entrenaríamos todas las mañanas desde muy temprano en el parque Rosewood, y seríamos tan buenos como las otras animadoras y mejores aún… nuestra meta: ¡ganar el concursillo ese del que habían hablado antes y cuyo nombre no logro recordar!
Junior sería nuestro instructor. Pues de todos nosotros era el único que sabía lo que estábamos haciendo. Se tomó tan en serio su trabajo como nuevo entrenador de animación oveja, que se acercó a Elizabeth y a Helena para preguntarles acerca de todo lo que él aún desconocía, también duró toda la tarde viendo videos de animadoras en Youtube… y ya que se quedó en mi casa yo también tuve que mirarlos… esa parte fue bastante aburrida, pero después nos pusimos a enviarle PornSpam a Rocko por Myspace y eso fue bastante genial, al final los perfiles de los 3 quedaron llenos de imágenes inapropiadas.
Nos dormimos temprano y pusimos la alarma a las 4:00 am, nuestra rutina sería tomar un vaso lleno de huevos crudos como lo hacía Rocky (pues Junior juraba que en nuestra mente tendríamos la canción con que él entrenaba mientras nosotros lo hacíamos) y luego correríamos hasta el parque a reunirnos con Anna, Mike y Nahomi.
Dormimos, a la espera de nuestro gran debut.
Día 1…
Nos quedamos dormidos así que tuvimos que saltarnos la parte de beber huevos crudos, mientras corríamos sufrí un calambre por no calentar así que terminamos llegando en autobús. Nahomi, Mike y Anna ya nos esperaban, con rostro desaprobatorio.
― ¿Qué? ― Me excusé. ― ¡Es el día uno, no todo nos puede salir bien!
De hecho, nada nos salió bien… mientras Junior nos mostraba los movimientos básicos, una abeja atacó a Anna y le picó la mejilla, yo pisé popó de perro, Mike se rió de mí y Nahomi se comió el último sándwich de atún… pero pese a todo eso no nos detuvimos y seguimos ensayando hasta que dieron las 7:30 y tuvimos que irnos a la escuela para arreglarnos.
Día 2…
Nos volvimos a quedar dormidos, pero igual nos dimos el tiempo de beber huevos crudos, calentamos un poco antes de comenzar a correr y trotamos medio camino de forma exitosa, hasta que un maldito pastor alemán (en compañía de su amigo, un french Pooddle) nos correteó por toda la ciudad… terminamos llegando en Taxi al parque, pagándole al maldito taxista 32 dólares. Nuevamente, nos esperaron miradas negativas.
― ¡La mejoría se acerca! ― Les aseguré. ― ¿Nunca han visto películas donde la gente entrena? ¡Esto tiene que pasar para que nuestra mejora sea evidente!
En ese momento, Junior vomitó en la acera. Me llevé la mano a la frente con pesadez.
Ya que al parecer en coordinación éramos un asco, Junior decidió primero crear soltura en nuestros movimientos, haciéndonos repetir movimientos de aerobics sincronizados sencillos, y pues todo iba bien hasta que Nahomi se volvió a comer el maldito sándwich de atún, pero no le dije nada por el amor que le tengo, aunque en el fondo deseaba que hubiera un lugar muy especial en el infierno para ella.
Día 3…
― Viejo, en serio ― Murmuré, cuando la alarma nos despertó a ambos. ― ¿No te quieren en tú casa? ¿Cómo es que ya es el tercer día consecutivo que te quedas aquí?
Nos saltamos la parte de los huevos y calentamos mejor en esta ocasión, también corrimos por media calle para evitar al Pastor Alemán y a su maldito amigo el pooddle (el cual comenzábamos a sospechar, era el cerebro de la organización). Pero igual se percataron de nuestra presencia y nos corretearon por todo el lugar. Nos metimos por entre los arbustos de las casas de la zona, mi playera quedó hecha trizas y para empeorar el asunto Junior cayó en una de las piscinas. Llegamos al parque llenos de ramas y hojas, y encima mojados (pues el rubio pensó que sería divertido abrasarme en el camino). Nos esperaron las ya tradicionales miradas de desaprobación.
― ¿Qué? ― Pregunté, con mal humor. ― ¡Llegamos caminando, ¿No?! 
Los movimientos de soltura de cuerpo cada vez nos daban más… bueno, soltura. ¡Incluso se podría decir que Anna y yo estábamos tratando de intentar hacer lo mismo! Junior lloró un poco, conmovido por nuestros casi nulos avances… llegó la hora de desayunar…
Era mi hambre contra Nahomi, Nahomi contra mí… todo se decidiría en un simple asalto: abrió su canasta y… con la velocidad de una gacela orgullosa en terreno plano se apoderó de inmediato del primer emparedado en la montaña.
― ¡Yo pido el de atún! ― Exclamó, devorándolo.
Estaba a punto de gritar, les juro… iba a gritar a los 4 vientos que odiaba mi vida cuando Nahomi recordó algo y lo expresó al instante apenas pasó su primer bocado.
― Ahora recuerdo que hoy hice dos de atún.
Miré al cielo y sonreí, por mi rostro bajaron algunas lágrimas de conmoción y de encanto… la felicidad, en verdad existía.
― ¡Ah, gracias! ― Exclamó Mike, tomando el otro sándwich de atún. ― ¡Desde ayer tenía ganas de uno de estos!
― HIJO DE TU P…
Así pasaron nuestros días, las prácticas matutinas se volvieron un hábito tan diario como el ir a clases o comer… nuestros intentos de mejorar eran tremendamente infructuosos, pero sabíamos que el que persevera alcanza y mientras más lo intentábamos, más surgían en nosotros los deseos de hacerlo bien. Incluso Anna dejó de quejarse y se mostró deseosa de darse a sí misma una lección.
Aprendimos a sobrellevar nuestra nueva condición escolar junto con nuestra vida social. Muchos se burlaban de nosotros y otros tantos comenzaron a portarse indiferentes a nuestra existencia, pero pronto comprendimos que la popularidad no era tan grandiosa después de todo… teníamos grandes amigos en ese momento, y no los cambiaríamos ni por todas las amistades superficiales del mundo. Por ejemplo, prefería mil millones de veces un Mike y una Nahomi, que un Ryan o un Oliver… al menos tenía la seguridad que Mike y Nahomi estarían ahí siempre para nosotros, y eso valía mucho más que cualquier invitación a una fiesta.
Cuando eran las prácticas de las animadoras, nos mostrábamos siempre serios y concentrados, tratábamos de dar todo lo posible de nosotros (para Anna eso implicaba ser voladora, aún si eso le provocaba nauseas y para mí eso era mostrarme silencioso y respetuoso como base de Ellie). Nunca le reproché que no nos hubiera ido a ver, pues eso traicionaría completamente los motivos y razones que me habían impulsado a lo mismo. Me limité a demostrarle dentro de lo posible que para mí, su pasión no era un juego, sino que también podía convertirse en mi propia pasión.
Todos los días teníamos alguna clase de accidente o de percance… y yo nunca pude quedarme con el maldito sándwich de atún… de esta forma, los días pasaron y se convirtieron en semanas y…bueno, las semanas nunca se convirtieron en meses, pues fue el día 20 en que las cosas comenzaron a cambiar para nosotros.
Día 20…
― Junior… ― Llamó mi madre abriendo la puerta de mi cuarto, justo estábamos despertándonos. ― Ha llamado tú padre, dice que si no te reportas en las próximas 24 horas va a desheredarte.
Calentamos e iniciamos nuestro recorrido con calma, cuando llegó la hora de enfrentarnos a los perros aceleramos paso a toda velocidad y logramos pasar de su área sin un solo rasguño, por vez primera llegamos al parque enteros y a pie… incluso se podría decir que extrañamos las miradas de decepción.
Durante nuestra práctica, pareciera que Anna y yo estuviéramos bailando Dance Revolution, ¡En verdad estábamos haciendo lo mismo! ¡En verdad estábamos mejorando! Celebramos saltando como si acabáramos de ganar una medalla de oro… pero aún era muy pronto para celebrar… faltaba la parte más difícil de todas: la comida.
Tomé asiento en la mesa, Nahomi puso la canastilla en el centro y lentamente abrió sus puertecillas… estaba listo para extender mi mano a por todas cuando ella dijo en el tono dulce que le caracteriza:
― ¡Hoy he preparado todos de atún!
― ¡SIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII! ― Grité, poniéndome de pie, tomando un sándwich y corriendo a abrazar a Nahomi. ― ¡Gracias, gracias, gracias, gracias, gracias! ¡ERES LA MEJOR PERSONA DEL MUNDO NAHOMI, GRACIAS! ― Lloré un poco. ― ¡Eres un Ángel, eres una dadora de sándwiches! Eres…
― Zack…
Me quedé petrificado, como hecho de piedra. Con un movimiento sumamente lento y robótico me giré lentamente a mis espaldas, para cruzar miradas con la razón de que estuviéramos haciendo todo esto… Ellie me miraba fijamente con el ceño fruncido.
― Ho-hola ― Saludé, extrañado. ― Vi-viniste…
Asintió.
― He estado viéndolos a distancia desde el día 1, para ser sincera… en verdad vas en serio, ¿no? En verdad tratas de mejorar.
― Así es, Ellie… tal como te aseguré, así es.
El silencio era sepulcral, los demás se habían quedado comiendo en silencio, como disfrutando de una buena función mientras se alimentaban. Podía sentir sus miradas chismosas a mis espaldas.
Ellie era realmente preciosa, no puedo comenzar a describir lo mucho que me encantaba su aspecto cuando llevaba el cabello planchado y usaba vestidos sencillos (aún si llevaba unos pescadores por debajo). Era tan femenina y delicada, pero en suma a su personalidad fuerte y autodependiente… sencillamente, era adictiva, casi necesaria para mí… me era increíble pensar con solo verla lo mucho que eché a perder mi unión con alguien como ella por un estúpido juego.
― Está bien ― Asintió, con dureza. ― Pero si quieren realmente mejorar, no bastará con lo que están haciendo ahora… por el bien del equipo, me conviene que su mejoría sea pronta… así que voy a acompañarlos, si eso está bien contigo.
Me estremecí, sorprendido. Traté de analizar su mirada, su actitud y su presencia como tal… me sentí frustrado al no ser capaz de descubrir que era lo que se pasaba por su mente. Tragué saliva, deseoso de esbozar una tremenda sonrisa de oreja a oreja. Me limité a asentir.
― Gracias. Aceptamos tú ayuda.
(2007, Texas)
En los sillones que estaban frontales a la capilla, mi tío Fred charlaba en voz baja con mi tía Francia, seguro no se veían desde hace mucho tiempo, así que tendrían muchas novedades por compartir. A su lado, ella tenía a su nuevo y flamante joven esposo… tendría a lo mucho 25 años.
Dentro de la capilla estaba mi madre, sentada al frente en completo silencio… desde que se enteró estaba en completo shock… no se le veía triste, no se le veía molesta… sencillamente no se le veía de ninguna forma… apuesto a que la noticia aún no era bien procesada por ella… y es que pese a las diferencias que pudo tener con mi hermano, estoy convencido de que tarde o temprano el dolor pagaría factura en ella… perder un hijo no podía ser fácil para ninguna madre. Fue un trago amargo para mí saber que llegado el momento no tendría herramienta alguna para ayudarle.
A distancia, Junior, Anna y Rocko guardaban silencio mientras miraban con sorpresa el alrededor… pude notar que les sorprendía la poca gente que hacía presencia al funeral tomando en cuenta lo popular que llegó a ser Chris en vida.
― ¿Es triste, no? ― Preguntó Bruno a mis espaldas, me di la vuelta. ― Como alguien que siempre estuvo para tantos no recibe la misma paga ni en su último momento…
― ¿Y Perfume De Lago De Cristal? ― Pregunté, llevándome las manos a los bolsillos.
― Está dentro… extrañamente me ha dicho que quería rezar y velar un poco…
― ¿Ella? ― Solté una risilla. ― Bueno… no ha dicho a quien le está rezando.
― Voy afuera, necesito aire fresco… ¿vienes? ― Caminó sin esperar una respuesta. Le seguí en silencio.
Una vez estuvimos afuera, caminamos hasta quedar alejados de la entrada, para evitar ser saludados por todos quienes entraran y salieran de la recepción. El cielo estaba nublado, había estado lloviendo a chispitas desde la mañana… un clima perfectamente  depresivo para sumar ambiente a la muerte de nuestro hermano.
Bruno sacó de su bolsillo trasero una cajetilla de cigarrillos y un encendedor reciclable. Arrebaté de sus manos ambos objetos, encendí uno y se lo pasé.
― Creí que lo habías dejado. ― Tomó el cigarrillo y me miró con descontento.
― Es una ocasión especial ― Repuse, encendiendo uno para mí. ― Sabes que de los tres él siempre fue el más fumador…
― Tanto así que en unos años igual estaríamos aquí velándolo por eso… ¿recuerdas aquella ocasión en que compramos una caja entera de Marlboros red y él se fumó todas las cajetillas en menos de 4 días?
― Recuerdo que cuando jugábamos baloncesto no podía ni moverse unos centímetros sin toser como anciano por ello.
Reímos. Luego suspiramos, como sincronizados. El silencio cubrió nuestro alrededor por varios segundos, hasta que pasó una ruidosa motocicleta para romper la tranquilidad.
― ¿Y Ellie?
― Se ha llevado a Becky a jugar al parque, también ha ido Sharon.
― Hace rato he visto al tío Fred hablando con los señores Clearwater ― Bufó. ― Me pregunto de que podrían hablar sin reencarnar los viejos rencores del pasado, digo, casi toda su juventud se la vivieron siendo enemigos… creo que tú noviazgo con Ellie ha ayudado a sanar muchas asignaturas pendientes, hermanito. Ahora pareciera que los Clearwater y los Mosh se estuviéramos uniéndonos lentamente en una familia… nunca creí que eso pudiera llegar a pasar.
― Hablando de eso… ― Me recargué en la pared con naturalidad. ― Le he pedido matrimonio a Ellie justo después de la graduación… de hecho, justo antes de que llegara Junior a informarme de… esto.
― ¿En serio? ― Inhaló hondo y retuvo el humo en sus pulmones por varios segundos antes de liberarlo. ― No piensas estudiar la universidad después de todo, ¿no?...
― Lo sabes bien, Bruno… voy a ser músico.
No dijo nada, pero su silencio dejaba bien en claro su opinión, y así como él respetaba en silenciosa resignación mi decisión yo respeté en silencio su parecer. Solté una bocanada de humo en forma de rosca.
― ¿Y? ― Preguntó entonces. ― ¿Qué te ha respondido?
― ¿Qué supones tú que me ha respondido?
― Que no, porque eres una mala influencia para ella y estaría mucho mejor con un intelectual que supiera darle un futuro seguro…
― Pues no, me ha dicho que sí.
Nuevamente hubo otro momento de silencio, ambos aprovechamos para fumar tranquilos.
― Te conozco lo suficiente como para saber que esto te está haciendo dudar. ― Bruno tiró su cigarrillo al suelo y lo pisó para apagarlo. ― ¿Piensas hacérselo saber?
― No tengo permitido dudar, Bruno.
― Me pregunto si se considerará duda cuando algo de esta naturaleza ocurre… digo, es algo fuera del guión… ¿no significa eso que la trama puede tomar otro rumbo?
― No en esta ocasión… escucha, Ellie me ha dado un sí, y no voy a arriesgarme a que su respuesta cambie. Los errores de Chris antes me han arruinado oportunidades, y no permitiré me arruine la más importante de todas.
― Y hablando de los errores de Chris ― Señaló a la entrada. ― Acaba de llegar el gran impulsor… hermanito, ¡nuestro viejo, impuntual, cínico y acabado padre!
Más acertada no pudo estar su descripción: estaba más delgaducho que nunca, pálido, vistiendo una playera de rayas y pantalón de mezclilla, con una barba descuidada y su mirada perdida cubierta por un par de enormes bolsas alrededor de sus cansados ojos… tan solo un año y medio sin verle, y su aspecto ya era el de otra persona distinta.
Sintió nuestra mirada y se volvió en nuestra dirección. Nos levantó la mano en señal de saludo y nos dedicó una sonrisa cálida. Acto seguido, se adentró dentro de la funeraria.
― Ese es el saludo que le da a los hijos que no ha visto por más de un año ― Bufó, encogiéndose de hombros. ― Supongo que algunas cosas nunca cambian, ¿No, hermanito?
― No estoy de acuerdo. Verás, cuando lo vimos por última vez, él seguía siendo mi héroe… hoy…
― Has crecido ― Respondió en respuesta a mi silencio. ― Era inevitable… él en realidad nunca estuvo para nosotros en los momentos importantes… y cuando niños, nos bastaba con que nos visitara una vez cada 6 meses con regalos, viajes, y cosas emocionantes… pero a la larga, uno se da cuenta de quién es verdaderamente su padre y quién no.
Asentí en silencio y torcí el cuello por puro reflejo. Pude notar a distancia como Ellie regresaba de la mano con Becky, acompañada de su prima Sharon y de Karla. Por mero instinto tiré el filtro del cigarro y me llevé las manos a los bolsillos, esperaba no haber sido descubierto por ella haciéndolo.
― Tienes algunas cosas que hablar con ella, ¿no? ― Observó Bruno, divertido. ― Bueno, yo regreso a la recepción antes de que Perfume De Lago De Cristal se ponga a lanzar arroz a los presentes… y, mucho cuidado con tus decisiones, Zack… estás en la línea en que aún puedes decidir entre seguir siendo un chico o ser un hombre.
Mientras Ellie cruzaba la calle, pensé en las palabras de mi hermano… ¿Lo correcto para ambos era caminar en esta dirección? ¿Qué pasaría cuando ella llegara a mi lado y estuviéramos frente a frente? ¿Era el peso del altar algo tan grande? Estaba convencido de amarla, pero por eso mismo no quería detener su enorme potencial, ligarla al fracaso… aunque tal vez, ya era demasiado tarde para arrepentirse.
Era algo que tendríamos que hablar en cierto momento, pero eso, es historia de otro día… primero tendríamos que sobrellevar la situación actual.

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