Lo Último

14 ago. 2012

El escape de la noche


La partida de la amante


Una noche, ella decidió irse para siempre.
Se deslizó fuera de las cobijas con cuidado, desprendiéndose del retenedor abrazo de su bandido. Su cálido y embriagante aliento más de una noche dio calor a su pecho y garganta en sueño y en velo. Se dio cuenta que ya no necesitaba de su abrigo, y tampoco de su arropante pasión que desembocó en ella tantas sensaciones con anterioridad… ella sabía que nunca volvería a tocar las estrellas con los ojos cerrados, pero ni el miedo a dejar de experimentar lo inexperimentable fue capaz de ponerla a dormir de nuevo a su lado.

Con su dedo índice tentó su rasposa mejilla antes de impulsarse fuera de la cama. Sabía que sería la última vez que le tocaría, y se alegró de que él estuviera durmiendo; estando despierto, ninguna caricia podía quedarse sin replica… seguramente ese era el motivo por el que a esas alturas siguieran juntos en la clandestinidad.
Antes de salir por la ventana, se quedó sentada en el umbral, permitiendo que la luna iluminara la habitación. Los cabellos de ambos brillaban plateados en el reflejo de la noche cual si sus pasiones en combinación hubieran puesto al universo entero a temblar y polvo estelar se hubiera esparcido en sus cuerpos desnudos.
Recordó todo lo que habían pasado juntos, y aún cuando semejantes memorias no podían vivirse en una sola vida, bastaron apenas unos minutos para rememorar todas las prohibidas proezas que efectuaron juntos como criminal y cómplice… todo, todo aquello ocurrió cuando el sol se ocultó tras las montañas, y el oscuro cielo se apoderaba de este, su mundo.
Un murmullo insignificante para ella, pero un mundo para él… cinco letras, dos palabras y un concepto que ella no podría entender ni pasados mil años… lo que él siempre quiso escuchar de ella serían las últimas palabras que ella le dedicaría como regalo de despedida, y para él solo sería un sueño… nunca sabría si en verdad lo escuchó, o si solo sus anhelos de oír esas palabras hicieron aparición en sus fantasías del dulce descanso.
Él se movió ligeramente y levantó la mirada, sorprendido al no sentir la respiración de ella en su pecho. En la cabecera de la cama ya solo quedaba una ventana abierta y vacía, cuyas cortinas de seda purpura se ondeaban al son de la fresca brisa nocturna… ella, ya se había ido.

5 comentarios:

  1. EY! estuvo bueno, me hizo sentir algunas cosillas...

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  2. Imposible devolver el resplandor de ese primer beso, el cariño, el amor o las caricias… aun así vivirán en los recuerdos del ayer y ahí permanecerán por siempre, esperando ser despertados de su sueño eterno... subsiste en el recuerdo un… “te amo”... Felicidades, debo admitir que lo leo todos los dias desde que lo publico!

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  3. *varias veces en el dia, queria decir jeje

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  4. Gracias por su comentario, es realmente motivamente para mí saber que mi lectura es disfrutable para alguien.

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  5. Buen escrito. Corto pero muy profundo.

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