Lo Último

19 sept. 2012

El movimiento de sus pasos

Cuento dedicado a Pao Foschini, que me insistió en escribir sobre un asesinato♥ 


Él tomó un lápiz de uno de los cajones de su escritorio y le sacó punta con una navaja suelta. Desde hacía dos semanas había perdido su sacapuntas, y pese a ser una herramienta necesaria para un trabajo como el suyo, era muy perezoso como para levantarse e ir a la papelería.
Era ella quien siempre se encargaba de reponer todo el material de oficina cada semana; pero desde hacía un par de meses ya pareciera que su cabeza estaba en las nubes, y con su cabeza se iba también su efectividad de asistente.
― ¡Frank! ― Gritó una conocida voz femenina desde el piso de abajo. Otra vez más, llegaba tarde. ― ¿Estás o sigues de paseo?
“¿De paseo?”. ¿Qué mosca le había picado? Él no salía de paseo por aquellos horarios. El clima estaba en aquella temporada en que el sol, más que simple calor, se pegaba a la piel y además de quemar pasaba a mermar la carburación. Solo salían a estas horas quienes no tenían de otra que hacerlo, y para Frank: un suertudo arquitecto, aquello no era necesario cuando el trabajo de oficina era mayoritario.
Decidió no responderle. Estaba fastidiado de ella por su poca efectividad en los últimos días, y además tenía que terminar el papeleo atrasado para trabajar en su maqueta del proyecto que la compañía le había asignado hacía ya 2 semanas. No podía evitar sentir muy en el fondo que su retraso era culpa de su ineficiente asistente, y estando molesto bien podía ser capaz de decirle algo que podía lamentar.
Pero ella no leía su mente. Nunca lo hizo. Así que sin sospecha alguna del mal humor de su jefe subió las escaleras. Los tacones altos de sus zapatos hicieron la advertencia de su aproximación, así que Frank alcanzó a suspirar para relajarse un poco. Igual, cuando vio su torpe y animado rostro esbozar una sonrisa y acercarse a él con naturalidad, toda su molestia se triplicó.
― Te llamé hace nada ― Indicó ella sin darse cuenta que obviaba, soltando una risilla nerviosa. ― Creo que no me escuchaste. He estado algo ronca desde ayer así que seguro no alcanzaste a escucharme.
― Ajá ― Asintió él, pegando los ojos a sus papeles. Deseoso de que ella captara y le dejara en soledad.
No iba a ser así de fácil con ella, nunca lo era. Encendió el triturador de papel y se puso a abrir los cajones del estante extremo junto a la ventana. El ruido cubrió toda la habitación.
― ¿Puedes hacer eso para después? ― Pidió Frank con toda la amabilidad posible que un hombre corto de paciencia y de cabales gastados puede dar. ― Tengo que ordenar el papeleo ya que…
― ¿No lo he hecho ya? ― Se adelantó Ella. ― ¡Estaba segura de que lo hice ayer!
― No, no fue así… de otra forma no estaría haciéndolo yo ahora mismo.
― Cuanto lo siento, Frank… ¿Me dejas hacerlo a mí? ― Se acercó a paso apresurado, tratando de apoderarse con sus manos en tenaza de la pila de papeles que estaban en poder de Frank. Él se alejó de su radio con un tirón.
― No, ya estoy haciéndolo yo. Espera afuera hasta que termine.
 Esta vez sonó mucho más agresivo, Y es en esta ocasión fue con la intención de sonar hiriente y molesto, si ella no captaba indirectas medianamente cordiales, no le quedaba de otra que mostrar su enojo abiertamente para obtener un poco de tranquilidad.
Sorpresivamente, incluso aunque se enfrascó en sus pensamientos a continuación, y a que la sala entera se cubrió por el tan anhelado silencio que él esperaba recuperar desde que Tifanny irrumpió en su oficina, sus tacones nunca dieron prueba de que ella se hubiera ido.
Extrañado, levantó la mirada. Frente a él no había nadie ya, aunque la puerta se había quedado abierta. De dejarla así, probablemente escucharía todo ruido que viniera de las otras habitaciones y encima se metería el calor (del cual era enemigo mortal). Luego de renegar un poco dentro de sí, se puso de pie y caminó hasta la puerta para cerrarla con tranquilidad.
Al volverse de nuevo hasta su escritorio casi se le da un vuelco al corazón: recargada en la parte frontal de su escritorio de caoba oscurecida se encontraba Tifanny, con las piernas cruzadas, los brazos recargados en el orificio del suelo que dejaban sus tacones y con la cabeza baja. Después de la sorpresa, Frank analizó un poco la postal: pareciera que ella diera esporádicos y casi rítmicos saltos casi invisibles. Sollozaba en silencio.
¡Bien! ¡Ahora incluso lloraba! No le bastaba con tener un bajo rendimiento de un tiempo para acá, ¡sino que encima cuando se le levantaba un poco el tono de voz, se echaba al suelo y  se ponía a llorar, ignorando toda orden previa que se le hubiera dado!
 Frank sintió fuertes deseos de despedirla. Pero el buen trabajo que ella hizo durante sus primeros meses de trabajo fue hincapié a detenerse al instante. Él no podía saber si ella estaba sufriendo de problemas en su hogar o algo de índole semejante, y no cualquier persona era capaz de seguir con su ritmo profesional. Tal vez se había sobrepasado con ella.
― ¿Ocurre algo, Tifanny? ― Preguntó entonces Frank, carraspeando un poco antes y después de formular la pregunta. ― ¿Te has lastimado o algo?
Preguntó aquello pese a que él estaba seguro de que la razón por la que lloraba era por el tono de voz en que se había dirigido a ella, por la simple razón de que desde que era pequeño siempre gustó de dar pequeños desvaríos en las conversaciones para así disminuir su compromiso y responsabilidad en el dialogo.
Ella tardó en responder. Aunque trató de reunir el aliento para responder con claridad al instante sin éxito alguno. Terminó limpiándose los ojos y resoplando por lo que a Frank le parecieron horas. Finalmente cobró valor y voluntad, y mirando al suelo respondió con voz seca en flor de un acento agrio, casi de repudio.
― Desde que ella llegó a tú vida has cambiado… pero es la primera vez que me gritas.
Frank retorció el pómulo derecho en un reflejo que ocultó parte de su ojo derecho y arqueó las cejas por mera impresión. Pensando que no escuchó bien, se puso de cuclillas y se acercó a ella a casi un metro de distancia.
― ¿Qué has dicho? ― Preguntó, con nerviosa amabilidad. ― No te he escuchado.
― Dije que has cambiado desde que ― Hizo una pausa, y esbozó un gesto de repudio antes de decir su nombre. ― Elizabeth llegó a tú vida.
¿Por qué mencionaba a Elizabeth? ¿Por qué le decía que había cambiado? Tifanny apenas y tenía 6 meses trabajando para él, aunque ya tenía un año más en la firma y nunca la había tratado más de lo que era una charla formal de los buenos días. ¿Cómo de pronto sacaba a flote a quién era su novia desde hace ya más de dos años y más aún se atrevía a salirle con que por culpa de la misma él había cambiado? En fechas y en razonamientos, Tifanny parecía estar severamente trastornada.
 Frank no supo que decir por varios instantes. Dudó para no sacar conclusiones aceleradas y creó todas las teorías que su mente le permitió generar en unos cuantos segundos. Tifanny no tardó mucho en ponerse de pie con aires completamente polares a los mostrados apenas unos instantes atrás: caminó alrededor de Frank con aires de grandeza y entrelazó sus dedos en su andar.
― ¡Así es! ― Exclamó con arrogancia, exagerando sus gesticulaciones. ― ¡Ya me enteré de Elizabeth! ¿Creías que nunca lo haría?
― ¿Disculpa? ― El sorpresivo regaño de Tifanny devolvió el habla a Frank en un santiamén. ― ¿De qué estás hablando? Si solo andas con ganas de jugar este no es el momento, Tifanny. Estoy ocupado, así que largo de mi oficina.
Él trató de volver a su escritorio para tomar asiento, pero ella le tomó de la mano al instante. Frank se la arrebató y se volvió a ella con mal humor.
― Corta con eso por favor, no tengo tiempo.
― ¡Pero para tú amiguita seguro que si tienes tiempo! ¿No?
Le soltó una bofetada. Tan sorpresiva y rápida que Frank nada pudo hacer para evitarla. Aquel golpe fue la gota que derramó el vaso: ya no le quedaban más fuerzas de voluntad, ni arrebatos de paciencia y bondad y mucho menos deseos de contenerse.
La tomó por la muñeca de la misma mano con la que recién le había abofeteado y caminó a paso veloz hasta la puerta. La abrió de un tirón y con un fuerte y raso movimiento de brazo la dejó fuera de su oficina.
― Mañana ven a recoger tus cosas cuando tenga trabajo de campo. No quiero volver a verte nunca más. Estás despedida.
Y dando un fuerte portazo se liberó de ella, o al menos eso es lo que él hubiera esperado… pues la puerta se abrió casi al momento, pero sin motivación alguna para retener su genio, Frank la volvió a cerrar con un empujón tan fuerte que Tifanny, del otro lado de la puerta perdió el equilibrio y se le escuchó golpear de lleno con el barandal de las escaleras, al frente de su oficina.
Sin olvidar del todo su enojo, pero dejándose llevar por el miedo a una demanda. Frank abrió la puerta al instante y fue a socorrer a Tifanny, que se tomaba de la cabeza con ambas manos y emitía un chirrido desesperante con los dientes.
Sin decir nada, Frank se acercó a ella y apartó las manos de la chica de su cabeza para poder analizar su herida: una pequeña apertura sangraba justamente en la punta de la cabeza, y soltaba ligeros chorros de sangre que ciertamente podrían generar un severo desastre si no se atendía rápido la herida.
― Hay un botiquín de primeros auxilios en la oficina de Susy ― Recordó entonces Frank, irguiéndose y tomándola de la mano. ― Vamos a que te atienda pronto.
― No va a ser posible ― Dijo al instante Tifanny, volviendo a tomarse la cabeza con sus manos. ― Ella se ha ido hace un rato ya…
― Bueno, supongo que tendré que hacerlo yo mismo. Andando.
Guiándola con mucho cuidado a través de las escaleras en caracol de aquella casa de dos pisos adaptada a conjunto oficinal, Frank finamlente logró llevarla a la pequeña oficina de la entrada, donde la recepcionista y trabajadora social, Sussy, tenía un botiquín para emergencias.
Aunque no sabía mucho de tratamientos, Frank hizo lo que pudo, trató de limpiar el área afectada con un poco de alcohol y luego de vendarla correctamente para no tener que acudir con algún médico, pero al final sus pocos conocimientos en primeros auxilios terminaron simplemente en un lamentable intento de cura, y una cabeza flojamente vendada que amenazaba con soltarse en cualquier momento.
― Lo siento ― Se disculpó Frank. ― No soy muy bueno con esto… supongo que después de todo tendrás que ir al hospital.
Frank se puso de pie y caminó hasta la puerta principal, giró la perilla y trató de abrirla para despedir finalmente a su ex empleada (no tenía planeado perdonar semejantes improperios por un ligero percance como lo era una pequeña herida en la cabeza), pero atípicamente, la puerta no se movió ni un solo milímetro.
― Que extraño… ― Giró la perilla una y otra vez, al tiempo en que tiraba y empujaba con fuerza de su brazo. ― Parece que está atorada o algo…
― Tal vez está cerrada ― Sugirió Tifanny, esbozando una sonrisa tranquila.
Eso parecía ser. Aunque le dio pereza, Frank subió nuevamente al segundo piso y recogió sus llaves del escritorio, luego bajó, e insertó la llave correspondiente en el cerrojo. Trató de girarla, pero había algo atorado que le impidió hacerlo.
― Hay algo obstruyendo la entra…
Se volvió en el instante en que era golpeado con un objeto largo. Fue tan rápido el ataque y tan doloroso el efecto que no pudo darse cuenta de cómo pasó ni de lo que ocurrió a continuación. El golpe se estrelló directamente en el medio de sus cejas, aunque cierta parte del impacto también afecto su nariz. Se retorció y emitió gemidos desesperados, como si de un niño que buscaba la atención de su madre se tratase. Recibió un segundo impacto, esta vez en su nuca desprevenida, para acallar su dolor y arroparlo en la inconsciencia.
― ¿Frank, puedes escucharme mi cielo? ― Preguntó la voz conocida. ― ¿Estás bien?
Guardó silencio. En su boca tenía el sabor a oxido de su propia sangre. Con la parte baja de su paladar pudo sentir como su lengua tenía ahora una cortadura severa en la punta, como si alguien le hubiera dado un tajo con unas tijeras. Trató de mover sus manos para revisar su estado, pero estaba aprisionado. Incluso tenía los pies atados a una especie de tubo delgado, y seguramente sus manos también lo estaban.
Trató de abrir los ojos entonces dispuesto a forcejear para liberarse como bestia furibunda, pero sintió un dolor punzante al aplicar fuerza en sus parpados y cobarde se negó a volver a intentarlo. Sus parpados estaban pegados, tal vez cosidos para que no pudiera abrir sus ojos y presenciar lo que fuera que estaba ocurriendo en ese momento.
― ¿Q-qué te piensas que estás haciendo? ― Preguntó Frank, sin poder hablar normalmente por su herida. ― ¿Q-quieres mi dinero? ¡Lo tienes! ¡ES TUYO!  SOLO DÉJAME IR!
Ella rió. Y con el rítmico paso de sus tacones anunció a Frank su aproximación. Tensó todo el cuerpo y trató de desviar el rostro para no sufrir más tortura de la que ya había sido víctima.
― No voy a hacerte daño bebé ― Le tranquilizó, acariciando su mejilla. Frank sacudió la cabeza para quitarse su suave y temblorosa mano de encima. ― Al menos si estás dispuesto a entrar en razón…
Se sentó en sus piernas y dio seseantes caricias en el pecho de Frank. Él, que era incapaz de hacer algo para evitarlo, sintió una inmensa combinación de de sensaciones. Repudio, miedo e ira dominaban su mente… pero la impotencia, aquella realidad que a cada instante sentenciaba su incapacidad de poner un alto, dominaba todo su ser.
En su entorno él podía escuchar retumbes metálicos, el goteo incesante de una gotera, lo que parecía ser un motor de automóvil y la acelerada respiración de su captora tan cerca de su rostro que el calor se distinguía ligeramente. Y muy seguramente este seguiría acercándose más y más.
― E-escúchame… estás cometiendo un grave error, Tifanny… no sé por qué haces esto, pero yo no te he hecho nunca nada para merecer esto… si me dejas ir ahora mismo, prometo que no presentaré cargos ni hablaré de esto nunca más… pero por favor, solo déjame ir… solo déjame ir.
― Shhh, Shhh, Shhh ― Puso su dedo índice sobre los secos labios de Frank. Este sintió el impulso de morderla, pero sabía que eso podía generar una reprimenda que lamentaría, si quería ser libre y salir ileso de esta, tenía que ser muy cuidadoso. ― No hay ningún malentendido amor… me has sido infiel con una tipeja, pero eso no importa… como te digo, hoy estoy dispuesta a perdonártelo después del juicio.
― ¿Juicio? ¿Qué juicio? ― Fue presa del pánico. Si ella había hecho todas las barbaridades que ahora mismo su cuerpo sufría sin haber sido juzgado, no quería arriesgarse a sufrir los precios de un castigo impuesto por ella. ― Creo que estás muy confundida Tifanny… ¡Tú y yo no estamos saliendo ni nada parecido! Mi novia se llama Elizabeth, y desde hace dos años lo ha sido… en serio lamento si en algún momento te hice pensar que tú y yo teníamos algo, pero estás enteramente equivocada. Por favor, acepta esto que te digo y detén esto… por favor, te lo pido.
― ¡NO DIGAS COSAS HORRIBLES SOLO PARA HERIRME!
Fue abofeteado. El golpe no le dolió tanto, ya que Tifanny no tuvo la distancia necesaria para tomar impulso, pero el terror que inundó a Frank cuando su captora se levantó de su regazo y con un acelerado paso de sus tacones se alejó por unos instantes para después volver a acercarse es enteramente indescriptible, casi tanto como le fue recibir de lleno un golpe en el estomago con un objeto metálico. En medio del dolor y de su desesperación Frank fue capaz de reconocer el arma de Tifanny como un palo de golf.
Entre los socios que Frank tenía en la firma de arquitectos de la que formaba parte, había un gran aficionado al golf: Martin Basket. Dueño de la oficina al lado de la suya. Esto hizo pensar a Frank que muy probablemente seguían en el edificio de las oficinas, y que seguramente fue con ese palo de golf ― robado de la oficina de Martin ― con el que Tifanny le golpeó la primera vez.
― El ático ― Pensó. ― Ese motor que se escucha es el aire acondicionado trabajando, y la gotera debe de ser el agua de su filtro... y yo estoy atado a… ― Tentó con la punta de su dedo índice la superficie sobre la que estaba inmovilizado. Era fuerte madera. ― El pilar central del ático...
Trató de recuperar su aliento en vano, sintió como perdía su consiencia nuevamente pero en esta ocasión lo evitó a toda costa: jamás volvería a brindar a aquella loca un solo instante de descuido para que pudiera hacerle lo que le plazca.
No sabía cómo, pero iba a darle la vuelta a la situación y saldría caminando de ahí.
― ¡Perdona mi amor, pero me hiciste hacerlo! ― el calmado caminar de los tacones hicieron el recorrido hasta él. Sintió entonces deseos de desaparecer, y de salvarse de toda la tortura que le esperaba. ¿Cómo era que el simple sonido del caminar de su captora era capaz de arrebatarle toda su fuerza de voluntad? ― Pero ya has aprendido la lección, ¿no? ¿No me vas a volver a querer lastimar con tus bromas pesadas, no?
Deseó haber tenido las fuerzas necesarias para reírse irónicamente en el momento.
Tentó con los movimientos de sus brazos la presión de lo que le aprisionaba de manos al pilar del ático, y apenas y fue capaz de moverlo. De hecho, comenzó a incomodarle al instante y sus manos terminaron dormidas por el solo intento.
Ella atenazó su mano derecha y le tomó por la barbilla para moverle el rostro a un costado, aprovechó para acariciarle en levedad.
― Mira, ya está empezando el juicio… ya que la acusada finalmente ha despertado.
Una descarga eléctrica recorrió a Frank de pies a cabeza. ¿La acusada? ¿No era él quién estaba siendo juzgado? Lo que más le aterraba de descubrir aquello, era que si no era él… todo pasaba a significar que la del juicio sería…
― ¡ELIZABETH! ― Gritó con todas sus fuerzas. Como respuesta, una serie de bajos y apenas distinguibles gemidos se dispararon. Al principio llegó a pensar que se trataba de solo una ilusión de sonido provocada por el aire acondicionado, pero luego de un poco de atención se dio cuenta de que efectivamente: de una forma u otra, Tifanny había arrastrado a su amada Elizabeth en esto.
― ¡NO! ¡¿Qué vas a hacerle?!
― ¿Te preocupas por esta zorra, amor? ― Preguntó con sorpresa Tifanny, soltando una risa nerviosa. ― ¿Por qué?
Era increíble la capacidad de negación que tenía, esa tendencia a ignorar todo lo que se le decía, de transformar las realidades y de ignorar los hechos… de alguna forma, Tifanny se las había arreglado para pensar que Frank en verdad era su pareja, y creer con confianza que él en verdad estaría de acuerdo en darle un juicio fuera de ley a una chica con quien él la había engañado… Frank tuvo que hacer una mueca para no gritar de la desesperación. ¡Si no actuaba pronto su amada podía llegar a sufrir daños irreparables!
Ya que Frank no respondió la pregunta de Tifanny, esta caminó en dirección opuesta a Frank. Él sabía que ella iba con todas las intenciones de acercarse a Elizabeth para comenzar con la tortura.
 Imaginó una vida en que Elizabeth ya no estuviera a su lado, y sus ojos se humedecieron al instante: ¿A dónde irían aquellas caminatas por el parque? ¿Aquel gato que adoptaron juntos? ¿Aquellas tantas aventuras que juraron tener? Al tener sus parpados cerrados, las lágrimas lastimaron sus ojos, pero no su ímpetu: no permitiría que nadie le pusiera un dedo encima a su amada.
― ¡Espera, amor! ― Exclamó con desesperación Frank, deseando por vez primera en su vida ser un buen actor.
― ¿Qué pasa ahora, bebé? ― Preguntó Tifanny, aunque impaciente, con notoria alegría de que Frank se haya referido a ella como amor. ― Tengo que empezar ya el juicio o no podremos darle todas las penitencias.
― De eso mismo quería hablarte… ¿Sabes? Esa tipa está loca por mí desde hace ya muchos años, y aunque estoy ansioso de que la castigues físicamente, sé que primero deseas herir sus sentimientos por lo que nos hizo…
― Eso sería lo ideal, corazón ― Coincidió Tifanny. ― ¿Ves como las cosas cambian cuando cooperas? ¡Ahora trabajamos en equipo para castigar a la que se atrevió a poner en peligro nuestro amor!
― Lo sé amor, lamento que me tomara tanto tiempo… ― Suspiró aliviado. ― Lo que sugiero es que le demostremos de quien es mi cuerpo… y mi corazón…
No recibió respuesta, pero el andar de los tacones fueron la respuesta definitiva, el sonido, el vez de alejarse, se acercó a él hasta quedar frente a su estancia y quedar en entero silencio.
Ella acarició las mejillas de Frank, y subió hasta su cabello. Lo aprisionó, tiró de él y bajó sus manos hasta su cuello.
― Mira como le hace el amor a quien realmente ama, puta barata ― Espetó Tifanny a Elizabeth, antes de fundir sus labios con los de Frank en un insano deseo de posesión.
Él tenía la lengua herida, pero sabía que debía de aguantar el dolor momentáneamente si lo que quería era tener una oportunidad. Y eso implicaba también dar una demostración perfecta e ideal de afecto.
Él nunca presumió de ser un amante ideal, pero se esforzó al máximo para dar un beso perfecto. Dio leves mordidas en los bordeados de los delgados y húmedos labios de su captora, besó su cuello  con un incesante masajeo de lengua y luego volvió a sus labios nuevamente. Su mente se envenenaba de odio a cada instante que pasaba, y no había nada que deseara más que alejarse de ella en ese mismo instante, pero tenía que aguantar más… solo un poco más…
― Vamos a soltarte para poder quitarte la ropa, ¿Sí, bebé? ― Preguntó Tifanny. Frank no pudo ocultar su sonrisa.
― Hagámoslo mi vida ― Pidió, soltando un falso suspiro de deseo. ― Quiero acariciarte ahora mismo.
Rápida y hábil, Tifanny se montó sobre los muslos de Frank y pasó sus brazos a través de su cuello. Forcejeó durante varios minutos, en los cuales maldijo la fuerza de los nudos una y otra vez, hasta que finalmente pudo emitir un chillido de victoria.
― ¡Lo he logrado! Ahora solo a darle vuelta y…
Frank sintió como sus dos brazos caían cual costales a sus costados. Amoratados, enteramente dormidos y conforme fueron recuperando sensibilidad: completamente adoloridos. Pero enteros al fin.
Movió sus dedos de a poco conforme fue recuperando movilidad mientras Tifanny le liberaba las piernas, y repitió el mismo proceso de recuperación con sus pies una vez su captora le dejó enteramente libre.
― Ahora si ― Llamó Frank, con una gruesa voz sugestiva algo mermada por su herida en la lengua. ― Ven aquí preciosa que ya no puedo aguantar un segundo más contigo lejos de mí.
― ¡Ya voy mi vida! ― Exclamó ella con fascinación. ― ¡Lo he estado esperando todo este tiempo!
Ella saltó encima de él con verdadero salvajismo a besarle en la oreja. Frank sabía que era la hora de la verdad.
La tomó del cabello con ambas manos y tiró hasta tirarla al suelo, exactamente frente a él. Por vez primera se levantó de la silla en que estaba y lanzó una patada que dio en el blanco pese a no ser capaz de ver en lo absoluto. Tifanny soltó un grito seco y luego se quedó enteramente en silencio.
― ¡Mi vida, mi vida! ¿Dónde estás? ― Gritó Frank, olvidándose completamente de su captora. Los gemidos ahogados inmediatamente le dijeron en que dirección ir, y entre tropezones y golpes con obstáculos, logró reunirse con su amada: sana y salva.
― ¡Mi vida, ¿Qué te ha hecho?! ― Preguntó preocupado, verificando con el tacto que todo estuviera en orden. ― ¿Estás bien?
Ella asintió. Él paseó sus dedos por los labios de su chica y se percató de que no había cinta alguna que le impidiera hablar… en realidad era una especie de pegamento industrial, o esa impresión le daba por el mero tacto. También llegó a pensar que eran quemaduras y eso le aterrorizó.
― Voy a soltarte mi vida… solo dame un segundo.  
Elizabeth soltó un gemido de alerta desesperado, pero la ceguera de Frank evitó que pudiera reaccionar a tiempo: fue golpeado nuevamente con el palo de golf, y esta vez la fuerza fue tan enorme que el zumbido del viento se escuchó incluso después de haberse asestado directamente en la nariz del arquitecto.
Dio una severa cantidad de giros luego de caer al suelo, pero más que por el dolor, por mera supervivencia. Sabía que había sido un error bajar tanto la guardia, pero ahora tenía la ventaja de tener movilidad. Se alejó del sonido de los tacones lo más que pudo y se llevó una mano a cada ojo. Al igual que los labios de Elizabeth, estaban sellados con pegamento.
Apretó los labios y trató con todas sus fuerzas de forzar la unión y recuperar su visión, pero el dolor que le provocaba era demasiado. Cada vez que trataba de librar sus parpados sentía una llamarada ardiente que le hacían arrepentirse y acobardarse.
― ¡¿POR QUÉ ME HAS HECHO DAÑO?! ― Gritó Tifanny. ― ¡CREÍ QUE ME AMABAS!
― ¡CREISTE MAL, LOCA DE MIERDA! ― Replicó Frank, extendiendo sus brazos. ― ¡A TI NUNCA TE VOY A AMAR, ERES UNA MALDITA PSICOPATA Y VAS A PUDRIRTE EN UN MANICOMNIO CUANDO ACABE CONTIGO!
La reacción de Tifanny fue como siempre inesperada: un pasivo y lento caminar de los tacones en dirección opuesta a donde se encontraba él, y muy alejada de donde estaba Elizabeth. Frank sabía que seguramente algo tramaba, tal vez tenía un arma, o intentaría volver a golpearlo con un palo de golf… fuese lo que fuese que ella tuviera en mente… quería poder verlo, para poder evitarlo.
Llenó sus pulmones y gritó con todas sus fuerzas para darse empuje. Con sus dedos gordos e índices pellizcó ambos parpados inferiores y sin dar espacio a la duda tiró de ellos con todas sus fuerzas.
Un trozo de su parpado superior derecho quedó pegado en el inferior, y empezó a sangrar con fluidez media. Pero no se dio tiempo de quejarse o de sufrir con ello. Se limpió rápido con su manga y buscó inmediatamente a Tifanny… ella no estaba por ningún lado.
No desaprovechó; se desplazó hasta Elizabeth y liberó sus manos y pies y le dio un gran abrazo para tranquilizarla: lloraba desconsoladamente y sus sollozos eran únicamente ahogados por el aprisionamiento injusto a sus labios. Y ya los médicos se encargarían de separarle aquellos debidamente, se negaba a arrancarle un trozo como había hecho con él mismo.
La tomó de la mano y la guió hasta la salida del ático: una escalera desplegable que ahora mismo estaba extendida. Él fue el primero en bajar para verificar que Tifanny no estuviera cerca en aquellos momentos. Pero en todo el piso no había una sola pista de ella. Dio luz verde a Elizabeth para que bajara.
Recordó que la puerta principal había sido atascada, así que antes de bajar a la planta baja Frank volvió a subir al ático y tomó el palo de golf que antes Tifanny había utilizado para golpearle una y otra vez. Lo usó para romper la ventana ancha de azulejo que iluminaba la escalera en caracol. Quitó los vidrios rotos de la superficie y ayudó a Elizabeth a salir. Él hizo lo propio inmediatamente después.
Ninguno de los dos sabía que había provocado que Tifanny se hubiera esfumado del ático antes, pero lo más importante para ellos es que ambos estaban con vida.
Reportaron el incidente a la policía, fueron atendidos de sus heridas en el hospital y se dispusieron a volver a sus respectivos hogares cuando la noche llegó. Frank acompañó a Elizabeth a su casa y luego de asegurarse que estuviera durmiendo segura en su cama salió y condujo hasta llegar a la suya. Había sido un terrible y largo día, y seguramente las próximas semanas así seguiría siendo… al menos hasta que atraparan a Tifanny y la pusieran tras las rejas.
Cuando llegó a su casa, un miedo lógico se apoderó de él: ¿Y qué si ella intentaba entrar en la noche? Cerró todas las puertas con doble candado, encendió la alarma y advirtió a su hermano menor ― Al cual tenía de huésped ― de la situación. Le dijo que bajo ninguna circunstancia abriera la puerta y que si escuchaba algo de inmediato se ocultara bajo la cama.
Luego de tomar todas y cada una de las precauciones que podían ser tomadas, Frank apagó las luces de su habitación y se recostó bajo las cobijas. Cerró los ojos, con inmensa facilidad gracias a su inmenso agotamiento.



Frank se despertó cuando el cielo aún estaba oscuro. Era algo extraño, él siempre tuvo el sueño pesado, así que nunca se despertaba en medio de la noche.
Su piel se congeló, sus ojos se cerraron y la sangre escapó de su cuerpo cuando escuchó el terrorífico sonido de un par de tacones a paso rítmico y templado en la planta baja… y aunque ella no dijo nada, él sabía que el movimiento de sus pasos hablaba por ella.
Se puso de pie con tranquilidad y abrió el closet donde guardaba la ropa y varias chucherías. Tomó su bate de baseball de madera… él sabía que cuando el sol saliera solo uno de los dos seguiría con vida.

 ― ¡Frank! ― Gritó una conocida voz femenina. Frank esbozó una sonrisa.
― Sube, Tifanny… te estaba esperando.

2 comentarios:

  1. uy... algunas partes me dieron escalofrios (lo de los ojos pegados) y el final... la tipa esta loca!!!

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  2. " como si alguien le hubiera dado un tajo con unas tijeras." Ufffff Bro, créeme que tuve esa extraña sensación de dolor momentáneo, como si hubiese sido a mi, y lo mismo con los ojos... Muy bueno, y bastante fuerte! Ese final... Uffff, muy buen cuento.

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