Lo Último

5 oct. 2012

Guerra


¿Y qué vas a hacer hoy? ― Preguntó Mika, casual y discreta; aún si su pregunta contenía valores enteramente polares. Mordió su labio inferior, temerosa a una respuesta sincera.
No sé ― Respondió Helena en voz baja, sin despegar los ojos de la televisión y con notoria indiferencia. ― Creo que iré a casa de Rebecca más tarde para hacer lo de física.
“Mentirosa”, pensó al instante Mika, entrecerrando la vista. ¿A esto habían llegado? ¿A sucios combates donde las mentiras eran el arma principal? Bueno, tampoco le sorprendía. Desde hacía unos meses atrás, ambas tenían un objetivo en común, y dado que sólo una de ellas podía ganar, habían pasado a convertirse en enemigas
Gruñó un poco, y se alejó dejando en paz a su hermana. Hacía apenas unos meses, de la indiferencia mutua, escaso contacto visual y escalofriante distanciamiento no había nada. Las cosas cambiaron mucho en muy poco tiempo… ahora le costaba mucho admitirlo a causa de la rivalidad que sostenían, pero había perdido a su mejor amiga: su propia hermana mayor.
Aunque en el fondo la perdida de ya mencionada amistad le dolía, y en serio, Mika tenía la conciencia tranquila y carente de arrepentimientos; ¡ella no era la culpable de lo que estaba ocurriendo en primer lugar! Quién había provocado todo era Helena. ¡Así es, era SU culpa! ¿Por qué tendría que angustiarse siendo la víctima de lo que la otra hiciera?
Subió por las escaleras con rapidez, preparó la ropa que se pondría y se metió a la ducha.  Sus meticulosos rituales de limpieza tomaron más de 30 minutos, pero estaba tranquila: llevaba la delantera. Era ella quién había sido invitada PERSONALMENTE por Miguel, así que lo que hiciera Helena podía tenerla sin cuidado.
Se envolvió en una toalla al salir de la regadera y  atándola alrededor de su cuerpo desnudo fue al pasillo. Su bata estaba sucia, y le dio flojera lavarla horas antes. Caminó con frío hasta su cuarto y se encerró para luego correr hasta la cama, entonces se dio cuenta de que había sido víctima de un robo: la ropa que se pondría ya no estaba en su lugar.
Maldita… ― Corrió hasta la ventana del balcón, abrió ligeramente las cortinas y verificó que su auto ya no estaba: Helena había huido con él, y se había llevado el cambio de ropa con ella… seguramente iría con Rebecca a arreglarse y descaradamente vestiría el conjunto que recién había robado… un movimiento más bajo, imposible.
¡PERRA! ― Gritó, a todo pulmón ya que sus papás no se encontraban en casa.
¿Ahora qué podía hacer? Rebecca había tomado su siempre rendidor Chevy y en su lugar le había dejado esa horrible cosa llamada Jeep… a sabiendas, claro, de que Mika nunca aprendió a manejar Estándar.
Sabía que no podía distraerse ahora que el marcador estaba en su contra. Se secó, se puso ropa interior y se untó crema en el cuerpo. Luego, eligió un nuevo conjunto… no le convenció tanto como había hecho el primero, pero eso ya era causa perdida y ahora debía de resignarse y esperar a con ansias por la venganza.

Mientras se maquillaba, tomó su teléfono y abrió sus contactos favoritos. Seleccionó la primera opción y se llevó el teléfono al oído. Al otro lado, respondió una voz masculina pasados unos segundos.
¿Hola, Mika? ¿Qué pasa? ¿Ya vienes?
Me gustaría, pero pasa que he perdido mi auto de último momento… me estaba preguntando si podías pasar a recogerme.
Ah, bien… entonces, espérame un poco y paso por ti, ¿bien?
¡Gracias!, te espero. Adiós guapo.
Esperó a que Miguel colgara y luego cayó sobre el colchón, derretida. Se revolvió un poco en las sabanas y luego retomó su procedimiento de maquillaje.
Si Miguelprefiriera a Rebecca nunca hubiera aceptado a venir a recogerla, ¿cierto? Si Miguel estuviera interesado en su hermana nunca la habría invitado a ella a celebrar su cumpleaños en un club, ¿cierto? Si para ella era tan simple, ¿Por qué para su hermana no lo era así? Desde que le vio por primera vez, Rebecca insistió en meterse en el medio una y otra vez hasta el punto de volverse en una verdadera molestia.
“Yo lo conocí después que ella, bien” Aceptaba en sus pensamientos. “Pero no es el tiempo lo que importa, sino lo que él y yo sintamos, y eso es lo que ella no logra entender… de no ser por ella, Miguel y yo seguramente ya seríamos novios ahora mismo”.
Resopló con enojo. ¿Por qué insistía en arruinarle la vida? Rebecca era un año mayor y su inmadurez era incomprensible a sus 19 años de edad. Y aunque no podía culparla por gustar de Miguel (dado que era el chico más guapo de la ciudad) podía culparla por ser la peor hermana en la historia… ¡¿Por qué razón? ¿Por qué motivo?! Ella era muy bonita, tenía cientos de pretendientes… ¿por qué tenía que poner en su mira al único por el cual Mika sentía algo?
Recordó el día en que conoció a Miguel. Ellos bromearon y coquetearon en la cafetería. Empezaron a hablarse porque Miguel sin querer tiró sus papitas, y en recompensa, se ofreció a comprarle unas nuevas.
“Aquel día todo fue perfecto” pensaba. Por aquellos tiempos, Miguel no tenía idea de que Mika fuera la hermana de Helena, no fue que se enteró de ello hasta un mes después, cuando las vio llegar juntas a la escuela.
Miguel formaba parte del grupo de Violín de la preparatoria, al igual que Helena. Además, habían coincidido antes en un par de grupos de la iglesia (cuando a Helena le daba por hacerse la santita) y tenía una relación bastante cercana con su hermana, pero eso se detuvo cuando se conocieron… o al menos ella así lo sentía.
Miguel la buscaba todo el tiempo, coqueteaba y bromeaba con ella… y eso a Helena no le gustaba nada. Comenzó a juntarse con ellos todo el tiempo, y aunque al principio Mika no veía problema, con el tiempo comenzó a tornarse en algo fastidioso e inaguantable… fue entonces cuando la buena amistad de hermanas que llevaban se derrumbó.
Cada día se volvió una guerra para tener la atención de Miguel, cada día fue creciendo entre ambas un conflicto silencioso, amenazante de estallar en cualquier instante… y si que estalló, pero no lo hizo en una discusión o en una fuerte pelea, sino como un corte de indiferencia por ambas partes… ahora, ya no se veían mutuamente cómo hermanas o cómo familia siquiera… vivían bajo el mismo techo y nada más.
Mentiras, artimañas, jugarretas, plantones, mentiras, conspiraciones, golpes bajos, arañazos, robos, venganzas… en un parpadeo, ambas se habían convertido en lo que nunca hubieran imaginado una de la otra… en un parpadeo, se odiaron.
Sus pensamientos se vieron cortados cuando se abrió la puerta de la entrada. Mika bajó por las escaleras para ver quién podía ser: era Rebecca. Vestía ya el atuendo que le había robado de una forma cínica y descarada. Incluso le sonrió cuando se percató de que le miraba desde las escaleras.
Aquí estás ― Sonrió Rebecca. ― Justo iba camino a lo de Rebecca cuando se averió el auto… afortunadamente fue cerca de la casa de Miguel, así que llegué con él y justo me dijo que venía a recogerte.
“Mentirosa… traidora…”
Mika luchó para no sucumbir en la repugnancia. Lo que sentía en su estomago y en su garganta cada vez que veía a su hermana mayor con el chico que le gustaba era un dolor angustioso que le nublaba la razón y demacraba sus sentidos. Se esforzó por esbozar una sonrisa hipócrita, bastante parecida a la que llevaba Helena en ese momento.
Ya veo… ¿él está esperando fuera?
Así es. He olvidado mis pinturas en mi cuarto así que subiré por ellas… pero has de saber que ya he apartado el asiento de enfrente, ¿eh?
Cómo si eso fuera a pasar…
Te esperamos afuera entonces ― Mika bajó el tramo restante de las escaleras y se atravesó con su hermana para llegar a la entrada. Ambas llevaban el mismo perfume. ― No vayas a tardarte mucho o te vamos a dejar…
No te preocupes… solo será un instante.
No se miraron a los ojos. Pero bastaba con sus tonos de voz para comprender que esa charla de amabilidad no tenía una pizca. Incluso, podría pensarse que bajo cada una de sus palabras había un significado oculto que solo ellas podrían comprender... eran hermanas después de todo, 18 años juntas bien podía decirse fácil, pero para comprenderlo únicamente serían capaces quienes han compartido vida con alguien por tanto tiempo.
Ninguna de las dos cedería terreno, ninguna de las dos renunciaría a él… en cierto momento la guerra había de detenerse, pero eso sería cuando solo cuando una de ellas se colgara del brazo de Miguel, y hasta entonces, todo sería válido.
Mika salió de la casa, cuando estuvo segura de que Rebecca ya estaba en el piso de arriba volvió a entrar. Tomó todas las llaves de la casa del llavero y cerró la puerta al salir. Se subió al auto de Miguel en el asiento del copiloto y le saludó con un beso en la mejilla y un abrazo.
Qué linda estás ― Le halagó Miguel. ― ¿Y Helena?
Dijo que acababa de recordar que tenía cientos de tareas retrasadas y que lo mejor era ponerse a trabajar en ellas. También dijo que se sentía algo mal y que mejor nos fuéramos sin ella… insistí pero se ha puesto muy necia… ya la conoces.
Tomó el bolso de su hermana, acomodado en el respaldo lateral. Discretamente se apoderó de su teléfono y lo apagó.
Eso es raro ― Se lamentó Miguel, arqueando las cejas. ― Hace unos minutos parecía estar muy bien.
Lo sé ― Coincidió en falsedad Mika. ― Es una lástima. Pero bueno, ¿qué le vamos a hacer, no?
Supongo… ― Se encogió de hombros. ― ¿Nos vamos?
Mika asintió. Miguel encendió el auto y arrancó. Él poco conocía de lo que ocurría entre ambas hermanas, aún cuando era la razón y recompensa de este insano conflicto.
Mika no planeaba perder… y si Helena insistía en ponerse en el medio de su determinación, no le quedaría de otra que borrarla del mapa. No le importaba si era su hermana, o si antes fue su mejor amiga y confidente… ya nada de eso importaba desde el momento en que se interpuso entre ella y su chico.
Una guerra entre hermanas… un conflicto que sobrepasaba el peso de la sangre, un desastre en el que el fin nunca justificará el medio, y donde las heridas tal vez nunca sanen… ¿pero quién piensa en el sufrimiento cuando aún no se triunfa? Tal vez cuando todo termine puedan darse a la tarea de reponer lo dañado… eso si no es demasiado tarde entonces.

3 comentarios:

  1. No creo ke tenga continuacion, ojala y si, me gustaria leer mas sobre las jugarretas ke se hacen XD

    entretenido, y como es comun en los cuentos, con leccion al final.

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  2. que conflicto!!!!, aunque me confundí con los nombres de las hermanas, pero ni una ni otra se escapan de ser tremendas y conflictivas...me gustó

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  3. El conflicto entre hermanos es una de las cosas que me han pasado a mi y la razón por la cual ahora soy quien soy, y tengo lo que tengo.
    Preferí tratar de borrar su existencia de mi memoria, más que todo, Defein es el sustituto de su nombre y el cual en si no existe.

    Un saludo y un abrazo acogedor entre escritor y lector.
    Sya.

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