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10 oct. 2012

Lo que realmente vale la pena



Lo que realmente vale la pena.


La vida, está formada por una serie de obstáculos, cada uno de ellos más complicados que el otro a su manera.
Está diseñada, para que tomes disgusto de su falta de tacto, sus modos de dar lecciones a mano dura y su maldita costumbre de quitar tan fácil como da. Es una especialista en forjar seres en base a los recuentos, en destruir integras existencias con un simple cambio de guión, en dar premios inmerecidos y en despiadadamente permitir desigualdades.
Alguna vez, cuando era yo un niño… llegué a formularme una y otra vez por la existencia de un motivo o proceso por el cual la vida se desarrollara de una manera tan indomable, y al preguntarle a mi abuelo por una opinión, logré saciarme con una posibilidad satisfactoria. Recuerdo sus palabras tal cual fueron pronunciadas: “Si se ha de buscar  un motivo del comportamiento injusto y a veces despiadado de la vida, creo yo que sería sin duda alguna para que quienes la vivimos, demos el valor que merecen los momentos alegres. Para que conozcamos ambos lados de la moneda y así sepamos identificar lo que realmente vale la pena”.
Nunca supe lo que quiso decir en realidad, al menos no hasta hace poco, y es que crecí rodeado de la ingratitud de la vida desde que tengo memoria. ¡En serio! fui dotado con piernas torpes, reflejos lentos, estatura pequeña y pocas agallas: desde la escuela primaria fui víctima de abusivos, incluso los que eran abusados por los abusivos abusaban de mí.
 Para colmo de males, mi mala suerte no se limitaba solamente a mis aptitudes físicas y sociales. Parecía que hubiera una especie de fuerza sobrenatural insistiendo en meterse conmigo una y otra y otra y otra vez. Por ejemplo: yo fui aquel al que se le derramaba el refresco en las fiestas y que era objeto de burlas de todos porque el líquido caía al pantalón, aquel que nunca ganaba en las rifas, aquel que elegían al último a la hora de jugar futbol, aquel al que las niñas fastidiaban y manipulaban a gusto, aquel al que le pateaban el lonche en los recreos e inclusive una vez, lo juro por mi amada televisión: en el cine me cayó encima el contenido de una caja de palomitas extra grande llenas de salsa de una de las filas superiores cuando el dueño trataba de acomodarse en su asiento. Aunque eso no estuvo tan mal, pude disfrutar de Babe, el puerquito valiente comiendo de lo que cayó mi cabello. Esto último es broma, no me gustaba el picante por aquellos tiempos.
Como ya lo han notado, mi mal fortunio siempre fue (y sigue siendo) algo de notar. Las palabras de mí abuelo no cuajaron en mí durante muchos años. Recibí los momentos amargos, pero aquello que realmente valía la pena no llegó. No se malentienda; claro que reí, que me divertí, que sonreí y que fui feliz; pero las palabras de mi abuelo hacían sonar a aquello que realmente vale la pena como algo fuera de la línea. Cómo algo más fuerte aún que la felicidad que siente uno cuando mira su programa favorito recostado en el sofá… un no sé qué que qué sé yo que sobrepasa las expectativas, que te provoca ganas de sonreír hasta llorar, de saltar hasta no poder más, ¡de bailar en medio de la calle sin que te importe lo que piensen los demás! Algo único…
Y estaba en lo correcto. Lo que realmente vale la pena es todo lo que yo me imaginaba y mucho más. Ahora lo sé.
Basta con verme caminando a su lado para comprenderlo. De hecho, no es necesario realizar una actividad para poder verlo; solo su presencia me basta.
Su sonrisa que deslumbra, su calor arropante, su aroma cautivador, la corriente eléctrica que recorre mis sentidos cada vez que ella me toma de la mano mientras estoy descuidado, el vuelco que da mi corazón cuando llega a mis espaldas y me cubre los ojos preguntando “¿quién soy?”, el puchero que remarca sus hoyuelos cuando se pone caprichosa o celosa, el impulso inexplicable de soltarme golpecitos o de lanzarme objetos pequeños cuando estoy concentrado en algo y quiere mi atención… todo esto, y mil cosas más, es aquello que puedo describir como aquello que realmente vale la pena.
Cuando estoy a su lado es como si mi mala suerte desapareciera, y no solo eso; teniéndola a mi lado, me doy cuenta de cómo son las cosas en realidad: ¡de mala suerte nada, soy el hombre más afortunado del mundo!
La vida podrá ser muchas cosas, y más de uno seguramente podrá reprocharle por horas enteras aquellas vivencias que hubieran preferido evitar afrontar en su momento, aquellas decisiones injustas en las que no salieron avante, todas esas veces que se les fue arrebatado algo o alguien importante para ellos… y es que la vida es ante todo, una prueba difícil que no tiene calificación aprobatoria. Pero si algo he aprendido yo gracias a ella, es que todas las lágrimas, las peleas, los desvelos, las humillaciones, las perdidas, las derrotas, las injusticias y las desigualdades valen su precio en oro al final, porque en toda vida, existe algo que realmente vale la pena.

3 comentarios:

  1. ya veo a lo ke te referias: ke se volvió comico en un momento XD eso del picante influyó mucho en sacarme una risa. es en serio?? palomitas con chile?? XD

    dejando de lado eso... me gusta el mensaje ke tiene. aunke casi nunca notamos aquellas cosas, suelen estar presentes casi todo el tiempo :P

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  2. Muy lindo, babe, un relato fresco y consiso * 3*!!

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  3. ¡Nice! Bro, esta muy chévere... ligera y animada la lectura.

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