Lo Último

18 may. 2015

Asociación de lectores y escritores (ALE) (25/??)

Capítulo 25: el Modus vivendi de los escritores

Con su pulgar humedecido con saliva, pasó a la desgastada página final del capítulo. Era la quinta vez que Eduardo leía la más reciente entrega de “Segunda oportunidad”, una historia que mejoraba capítulo a capítulo por su intriga y ritmo constante. Cada capítulo se resolvía un misterio, pero tres más abordaban en sustitución. Sobra decir cuan adictiva resultaba esa fórmula tan intensa para cualquier lector, era imposible no leerla una y otra vez en la búsqueda de resquicios o pistas que ayudasen a alimentar las teorías que la mente formulaba al final de cada entrega.

No podía evitar sentirse intimidado y superado en demasía por la calidad de ZerG. En comparación directa su historia, bailando por un chesco, no estaba siquiera en la misma liga que Segunda oportunidad. A pesar de ser una triste realidad que provocaba envidia e impotencia en su interior, le era imposible no ser seguidor (y muy fan) del más reciente hit de la ALE.

― ZerG… ― Susurró, una vez terminó con su lectura. Tembló un poco al susurrar aquel nombre. Por una parte, se sentía intimidado y superado, y por la otra: admiraba con ferviente emoción que alguien pudiese crear tal exquisitez.


Un escritor más se sumaba a la lista de ases que serían los dueños de la literatura durante los años venideros, un escritor más con el que él y muchos otros no podrían competir aún si lo quisieran. ZerG pasaría a estar codo con codo con Mint, Kopazo, Ten Zero y AsmaX por varios años, llenando su vitrina de Awards, y en una década sin lugar a duda sería contendiente por la obtención de la prestigiosa medalla zafiro.

― Eso es algo que yo nunca lograré, y es muy triste ― Musitó, encogiéndose de hombros con amarga resignación. ― No se puede hacer nada… aunque pocos aman escribir tanto como yo lo hago... nadie escribe como ellos.

― ¿Mmh? ― Andrea arqueó una ceja, separando la vista de su computadora para observar a su colega, compañero, y amigo. ― ¿Otra vez castigándote vía comparación con otros escritores, Eduardo?

― No puedo evitarlo ― Replicó, suspirando bajo. ― Me frustra que existan escritores tan superiores, pero a la vez me es imposible no admirarlos por ser tan superiores. ¡Es cansado!

― Eso es porque eres tan lector como escritor, sabes aceptar el talento de tus competidores con total imparcialidad.

― Me encantaría ser parcial, como…

― Como Marco ― Completó Andrea, soltando una risa leve que el muchacho complementó de inmediato.

Eduardo asintió, recargando los codos en la mesa para profundizar la charla.

― Sí, como él… su forma de desacreditar el trabajo de otros es envidiable, principalmente porque eso le ayuda a concentrarse en el propio y seguir mejorando.

― No creas, ¿eh? ― Andrea puso los ojos en blanco por un momento, divertida. ― El talento de ZerG no le ha pasado desapercibido, y le ha afectado mucho más que a ti.

En eso tenía razón. Nunca antes vio al líder del grupo tan afectado antes por una rivalidad, y que estuviesen hablando del mismo Marco al cual AsmaX puso en su lugar poco tiempo atrás realmente significaba algo.

― Me pregunto si la naturaleza conflictiva de Marco lo llevará a rivalizar con él…

― De eso no tengas dudas. Es la clase de persona que compite con quien sea, así esa persona le agrade o sea su amigo. Sea como sea, no debemos dejar que eso nos distraiga de nuestra meta personal. Recuerda que nuestro objetivo es ser un grupo de apoyo de escritores novicios.

― Al menos por ahora ― Se apresuró a recordar Eduardo mientras pasaba los dedos por su desgastado volumen de la ALE. Sabía que su status actual no sería permanente.

Andrea no replicó, y el muchacho comprendió que se debía a que la rubia se había encariñado con la gente del círculo y le dolía vislumbrar el momento en que tuviese que separarse de ellos como lo prometió el día en que aceptó unirse.

Eduardo giró un poco la cabeza, hasta su otra compañera, que había permanecido en silencio todo ese tiempo. Era una mujer pequeña, casi de la edad de Andrea pero con el tamaño de una niña de secundaria.

― ¿Por qué has estado tan callada, Hexajira? ― Preguntó Eduardo. ― ¿No tienes una opinión particular acerca de ZerG o el futuro de nuestro grupo?

Ella negó la cabeza, y dio un sorbo a su té helado a través de su pajilla doble sin dejar de mirarlos a ambos. Eduardo se encogió de hombros por tal contestación, tendría que esperar aún más para poder escuchar su voz.

Se limitó entonces a seguir explorando su edición de la ALE, llegando así hasta la sección de comentarios de los autores. Siempre le divertía leer esta sección, le hacía sentirse parte de una comunidad grande y exclusiva de artistas de alta estirpe con niveles de madurez e intelectualidad únicamente equiparables al tamaño de su talento.

“Kopazo: Que Follow le diga a su mamá que ya pague el gas porque ya me cansé de bañarme con agua fría JAJAJAJAJAJA”

… bueno, casi siempre.

Tratando de pasar el mal trago, siguió leyendo los comentarios, y una vez llegó al comentario de ZerG, sus ojos se abrieron como platos.

ZerG: Gracias a todos por su gran apoyo, correspondencia y amistad. ¿Les gustaría que nos reuniéramos a pasar la tarde juntos? Estaré esperándolos en ese café donde todos los escritores se reúnen… ¿Cómo se llamaba? ¿Panchito´s? Llegaré ahí a eso de las 2, espero se presenten. Realmente deseo pasar un tiempo con mis lectores.”

¿Amistad?

Pegó su vista al papel, releyendo su mensaje una y otra vez. Efectivamente: agradecía a todos por su amistad. Confundido, se apresuró a observar la hora de su celular; aún era temprano, y como no tenía planes de volver a su casa, estaría en Gambino´s para cuando llegase la hora de la reunión.

― Por fin te has dado cuenta, ¿no? Andrea esbozó una pequeña sonrisa maternal, usual en ella. ― Eres tan fan que leíste mil veces su relato en una sentada sin darte cuenta de que tarde o temprano podrías conocerlo aquí. Que adorable.

― Pudiste decírmelo ― Reprochó, encorvándose un poco, ofendido.

― ¿Y perderme esa expresión única de emoción? ― La rubia dio un sorbo a su expreso con elegancia y pulcritud. ― Nunca.

 Haciendo puchero, concedió la victoria a su amiga, después de todo ya no importaba: estaría presente para conocer al autor de su historia favorita, incluso por encima de la propia.

___________________________________________________________________________

― Señor Román, yo en serio aprecio todo lo que ha hecho por mí, ¡de verdad! Usted fue el primer editor en revisar mi historia, y gracias a su confianza en mí usted ha sido ascendido y ahora estoy siendo publicado siendo usted parte de mi equipo de editores, pero esto…

― ¿Qué ocurre con esto? ― Román se recargó en la pared, cruzándose de brazos. ― No me vas a decir que piensas que esto es demasiado, ¿o sí?

― Bueno… sí…

― ¡PATRAÑAS! ― El gordo dio una palmada brutal a la espalda del chico, que le hizo desestabilizarse y casi caer al suelo. ― ¡Este es mi regalo de agradecimiento! ¿Cuántos años tienes, 16? A esa edad yo siempre quise una de estas.

Incómodo (y aún algo adolorido), Anthony levantó la vista hacia la flamante motocicleta de aspecto clásico con un asombroso acabado en cromo negro. Su impresionante fachada, desde manubrios a neumáticos, dejaban sin palabras al chico, que a pesar de apreciar semejante regalo no podía evitar pensar en la billetera de su editor.

― Es que… s-se ve demasiado cara, señor Román…

― ¡Tú no te preocupes por eso! ― Nuevamente se ganó una artera palmada, y justo cuando por fin recuperaba una postura correcta volvió a tambalearse por la muy superior fuerza del mayor. ― Esto es un regalo de mi parte por haberme hecho regresar al negocio… ya tenía 8 meses sin recibir pago, la ALE tiene un sistema de editores brutal para los nuevos, y desde que me echaron de Mc Magazine empezaba a dudar de que mi futuro se encontrara en el mundo de la literatura… ¡pero tú me has traído nuevas fuerzas!

Justo cuando Anthony volvía a levantarse, Román no se guardó nada de su aprecio y le soltó una tercera palmada que acabó por lanzarlo al suelo por completo. El chico desde el suelo, optó por replicar desde ahí, no se podía arriesgar a ser golpeado de nuevo.

― ¿U-usted trabajaba en Mc Magazine?

― ¡Correcto! Era uno de los editores del gran AsmaX, hasta que un día sin previo aviso el bastardo decidió que ya no necesitaba de nosotros, quedándose solo con uno, el mítico editor del domador de demonios… en las oficinas de la revista trataron de reubicarnos pero en el momento no había nada disponible, y era volver a los bajos rangos o ser despedido, y opté por largarme…

― Vaya… ― Anthony se levantó, y tras limpiarse el polvo de la ropa se alejó un par de pasos del mayor, para evitar ser golpeado de nuevo. ― Así que fue editor de uno de los mejores…
Román esbozó una sonrisa leve, llevándose las manos a los bolsillos.

― Y ahora lo soy de nuevo…

Intercambiaron miradas fugazmente, sonriéndose el uno al otro con mutuo agradecimiento. Anthony entonces volvió a enfocar su mirada en la motocicleta.

― Aún así… esta motocicleta debió costarte una fortuna… yo no podría…

― ¡NADA DE ESO! Esta motocicleta es la celebración a nuestra fructífera carrera ― Román le lanzó las llaves, aunque por un instante Anthony pensó que iba a volver a golpearlo y se cubrió con ambas manos. Las llaves cayeron al suelo tras chocar contra el torso del chico. ― Eh… ¿qué haces?

― N-nada ― Se apresuró a recular Anthony, carraspeando y levantando las llaves del suelo. Con un puchero en los labios, acabó por encogerse de hombros y suspirar. ― Bien… aceptaré la motocicleta…

― ¡Eso quería oír! ― Satisfecho se cruzó de brazos. ― Ahora, tienes una reunión con tus lectores en Gambino´s ¿no es así? ¡Pues anda! Llega en tu nueva moto.

Anthony asintió, nervioso. Lentamente caminó hasta su nuevo y lujoso medio de transporte y se montó en ella… ¿Cómo le explicaría a Román que no tenía idea de cómo conducirla?

______________________________________________





A la mañana siguiente, Alice se levantó como pudo (básicamente, gracias a la siempre incondicional ayuda de Debité, quien la sacudió durante 20 minutos hasta que logró despertarla) para tomarse un baño y arreglarse. Normalmente solo se lavaría la cara y se pondría lo primero que encontrara en el armario, pero hoy era un día muy especial.

Se vistió con una playera de tirantes blanca con rayas rosadas horizontales, una falda de mezclilla clara, y unas botas largas de color marrón que su mamá le regaló meses atrás pero que nunca se había puesto. Era el primer día en que sería reconocida como una escritora de la ALE. Aún si era solo con un One-shot, su nombre ocuparía un lugar en el mundo literario, y al sentirse tan maravillosamente por aquel logro, decidió verse y vestirse a la altura.

― ¿Qué te parece? ― Preguntó a Debité, modelando alrededor de la habitación con las manos en la cintura. ― ¿Este aspecto es el de una escritora de alto rendimiento?

La joven abrió los labios lentamente, impresionada; ¿era esta Alice, su amiga Alice? ¿Se trataba en serio de la misma chica que al quedarse dormida en la biblioteca babeaba la mesa?

― T-te ves muy guapa Alice, n-nunca te había visto a-así

― ¡Ouch! ― Alice se tocó el corazón, cerrando los ojos. ― ¿O sea que usualmente ando fea?

― ¡N-n-no dije eso! ― Se apresuró a decir Ratón Vaquero, alzando ambas manos, preocupada. ― ¡S-s-s-siempre t-t-te v-ves b-b-bien!

― Solo bromeo, tonta ― Le tranquilizó Alice, con su característica sonrisa relajada. ― Sé más que nadie que nunca me esfuerzo tanto en arreglarme, tal vez solo cuando me toca invocar a toda la buena suerte y me hago mis coletas y me cuelgo mi… ¡Ah, casi lo olvido!

Deteniendo su monólogo, Alice corrió de inmediato hasta la mesita de noche a un costado de su cama para tomar su collar del calendario azteca. Se lo colgó, apartando su largo cabello lacio con las manos para lograrlo.

― S-siempre lo usas, ¿Verdad? ― Preguntó su amiga, curiosa. ― ¿E-es un regalo de una amiga importante?

Alice negó con la cabeza, para luego alzar la mirada hacia el espejo y sonreír mientras observaba como su amuleto descansaba en su cuello. Lo agitó un poco con su mano izquierda antes de dar su explicación.

― Cuando fui a entregar mi primera historia a la ALE me lo encontré tirado en el camino. Para mí fue una señal de que iba en la dirección correcta, y decidí conservarlo a mi lado. Cuando lo pienso en retrospectiva, este amuleto representa el encarrilamiento de mi vida hacia lo que yo nací para hacer.

Debité permaneció pensativa, observando a su querida amiga con notoria admiración. Cada vez que la escuchaba hablar, sus deseos de verla triunfar y leer cada uno de sus escritos crecía más y más.

― ¿E-es higiénico recoger algo que encontraste tirado en la calle y llevarlo siempre en el cuello? ― Preguntó finalmente, algo preocupada.

― No te preocupes, le quité la cosa pegajosa que tenía antes de ponérmelo por primera vez.

― Ah… e-entiendo… e-eso arregla todo… c-creo.

Se giró hacia Debité con gracia, para suspirar hondo y cerrar los ojos.

― Ya es hora de salir, Ratón Vaquero… pero siento las piernas tan débiles que creo que me voy a caer… ¿puedes cargarme hasta el restaurante donde Yao me espera?

― E-eso sería un poco c-complicado ― Deb se puso de pie, y caminó hacia ella lentamente. ― A-además, vas a estar bien… ya has librado lo más difícil para un escritor novato, solo queda recoger t-tus recompensas.

Alice asintió. Ella ya estaba al tanto de todo lo que su joven amiga le dijo, ¿pero quién no necesita que le repitan las realidades en voz alta para motivarse un poquillo de vez en cuando?

― ¡Sí, estaré bien! ― Exclamó, antes de salir de su habitación y bajar las escaleras, siendo seguida de cerca por su fiel escudera.

En la casa de los Delaware no era nada usual escuchar el andar de un par de tacones sobre el suelo de madera de la planta baja, al menos no era así desde que su hija mayor, Melissa, se mudó a Londres por sus estudios apenas un año atrás. Tal era la anomalía que de inmediato sus padres asomaron las cabezas desde sus estaciones habituales. Ambos quedaron impresionados por el radiante aspecto de su florecilla.

― CREÍ ESCUCHAR UN PAR DE BOTAS DE TACÓN EN LA ENTRADA ― Gritó el abuelo desde el fondo de la sala.

― ES TU NIETA, PAPÁ ― Gritó la madre de Alice, que caminaba lentamente hacia su hija, incrédula de lo que veía. ― ¡Y SE HA PUESTO MUY GUAPA!

― ¿SE HA PUESTO MI…

― ¡ALTO TODO EL MUNDO! ― Interrumpió Alice, haciendo una equis con los brazos. ― Me encantaría quedarme a escuchar lo que estoy segura, sería un fantástico número cómico. Pero tengo prisa. A las 10 tengo que estar con Yao para escuchar los detalles de la publicación.

― Y a-a las d-dos tienes e-eso con Marco ― Le recordó Debité a Alice, que se estremeció entera, asintiendo leve a su amiga sin siquiera volverse, nerviosa por la tormenta que se avecinaba con toda su familia.

― ¿”Eso” con Marco? ― Preguntó su madre, arqueando una ceja con las manos en sus anchas caderas.

― ¿”Eso” con Marco? ― Igualmente cuestionó su padre, dejando el periódico en la mesa (cosa que solo ocurría en ocasiones muy especiales) ― ¿El muchacho de la otra vez?

― Afirmativo, cariño ― La madre de Alice se volvió con su esposo, asombrada. ― Es el muchacho de la otra vez. Y Alice va a volver a verlo.

― Va a volver a verlo ― Repitió su padre, asintiendo lentamente con un puchero de realización en los labios. ― Que bueno.

― ¡En fin! ― Exclamó su madre, que caminó hacia su hija para acariciar su mejilla con lentitud. ― ¿Tienes tiempo de desayunar algo, o quieres que te dé dinero para que comas algo con tu editor, cariño?

Alice parpadeó perpleja durante un par de segundos, con un rostro inexpresivo. ¿Era ese el final de su acto? ¿Sin bromas innecesarias? ¿Sin interrogatorio? ¿Sin “S-sí mijita pero no vayas a llegar muy tarde”?

― ¿Eh? ― Finalmente reaccionó, enfocando sus grandes ojos marrones en la autora de sus días. ― ¿Eso es todo?

― ¿De qué hablas, hija? ― Preguntó su madre, parecía confusa.

― M-me refiero a que no me están matando a preguntas, ni tratan de avergonzarme frente a Ratón Vaquero, ni me dan la oportunidad de gritarles que no es una cita lo que tengo con Marco… s-solo dijeron unas cuantas cosas, y me dejaron ir…

― ¿No dijiste que tenías prisa y no había tiempo para nuestros chascarrillos? ¿O es que quieres que nos demos rienda suelta? Yo tengo un discurso preparado para el día en que por fin exista un valiente que quiera ser tu novio que haría llorar a Hitl…

― ¡NO, NO HACE FALTA! ― Se apresuró a decir, tomando la mano de Debité. ― ¡YA NOS VAMOS!

― Ahí lo tienes ― Su madre dio un aplauso lento para dar por cerrado el asunto. ― Entonces, ¿te esperamos en la mesa a las 6 para cenar todos juntos?

― ¿Debes de preguntarlo en un jueves de tacos? ― Ironizó la joven escritora, que ya caminaba hacia la puerta. ― ¡Hasta la noche!

Alice salió de su hogar arrastrando a su amiga como una muñeca de trapo y se perdió tras la puerta. Apenas lo hizo, su madre fue a sentarse a la mesa junto a su esposo, soltando un suspiro de alivio tremendo.

― Estuve a nada de soltar toda la sopa ― Confesó, sonriente.

― Lo sé ― Susurró el hombre, dando vuelta a la página del diario sin remover la vista ni por un instante. ― Pero me alegra que te contuvieras… no hay que arruinarle la sorpresa.

La mujer sacudió las piernas con ansiedad notoria, en su rostro tenía una gran sonrisa dibujada.

― ¡Alice va a estar muy contenta!… ¡y no puedo creer que Melissa vaya a regresar a casa!

__________________________________________________________________

La hora de la reunión con ZerG se acercaba, y por ello Gambino´s se comenzó a llenar de admiradores ávidos del más reciente hit de la ALE. Las mesas poco a poco fueron ocupadas por grandes grupos, y sin necesidad de que llegara el autor en cuestión, los lectores congeniaban entre ellos a la espera. Al caminar entre las mesas y grupos de personas levantadas, se les podía escuchar teorizar y debatir sobre el futuro del protagonista, la posible conclusión de alguna de las tramas secundarias de la historia, y muchos tantos misterios más. Charlar con personas que tienen tus mismos intereses es fresco y satisfactorio, y esa gran cantidad de extraños lo hacían con una naturalidad envidiable.

― Esto nunca pasa cuando hago reuniones ― Susurró para sus adentros Eduardo, notoriamente deprimido. A lo mucho logro juntar 10 personas, un par de mesas… ZerG ha llenado Gambino´s como si fuese a haber una conferencia del gremio de escritores… una vez más se nota nuestra diferencia.

― Oh vamos, no te deprimas, Eduardo ― Trató de animarle con temple Andrea. ― Piénsalo: la historia de Anthony se sostiene principalmente en el misterio, la gente viene aquí esperando escuchar pistas o spoilers sobre los capítulos venideros.

― Sí, y en cambio a nadie le interesa quién va a ganarse el chesco de oro en la competencia internacional de baile de mi historia.

 ― ¡A mí me interesa! ― Se apresuró a asegurar Andrea, sonriendo de oreja a oreja.

― Y tú ya sabes el final, te lo conté hace un mes… ― Se encogió de hombros. ― Sé que la fama no es el motivo por el que escribimos, pero… debe sentirse bien… ser uno de esos ídolos que mueven masas…

Andrea observó a su colega con condescendencia, ¿Cómo decirle que le entendía a la perfección? Ya teniendo 32 años, poseía una carrera amplia en la literatura. Tenía varias historias publicadas en la ALE y en otras revistas, ganaba una cantidad importante de regalías, y había conseguido una base de admiradores muy fiel y confiable, pero nunca estuvo ni cerca de competir en relevancia y popularidad con otros monstruos de su generación, como Ten Zero, AsmaX, Benkamina u otros más… la realidad es que jamás sería recordada como parte de la elite de los escritores, simplemente era una escritora promedio más que supo mantenerse discretamente en el medio. La gente le respetaba por su experiencia, pero nunca esperarían de ella algo por encima de lo sobresaliente.

― Puedes quedarte aquí, lamentándote porque las cosas aún no se te dan, o puedes ir a convivir con esos lectores que aman la misma historia que tú amas…

Eduardo asintió, estaba siendo demasiado negativo al respecto. Aún era joven, después de todo. ¿Quién sabe? Tal vez algún día encontraría una mina de oro en su mente para poder dar el salto.

― Vuelvo luego, disfruten su tarde, señoritas.

Y así, dejó la seguridad del nido y fue a convivir con el resto de los admiradores de ZerG.


_______________________________________________



Anthony sentía el viento acariciando su cuerpo entero, la vibrante sensación de velocidad en sus piernas, la adrenalina de alcanzar altas velocidades por la autopista… y las gelatinosas lonjas de Román en sus manos.

Para su fortuna el viaje no fue tan largo; su flamante nueva motocicleta era muy veloz, y la ubicación de Gambino´s se encontraba en el distrito más importante de la ciudad, siempre habría más de una alternativa para llegar a su locación. Apenas la motocicleta se detuvo, dio un salto para atrás: necesitaba separarse del fuerte olor corporal de su editor.

― De haber sabido que no sabías conducirla, hubiese llevado mi auto a tu casa. ― Se excusó el hombre una vez más, con una sonrisa nerviosa. ― Otro día te daré clases, lo prometo. Igual te ayudaré a conseguir tu licencia.

― Es muy amable, señor, pero no quiero convertirme en una molestia para usted…

― ¡No digas tonterías, hermano! ― Soltó confianzudo el corpulento sujeto, soltándole una palmada en la espalda, al igual que las demás: desestabilizó por completo al pobre muchacho. ― Ahora tu trabajo y el mío depende de que estés feliz, ¡y es mi trabajo como editor lograrlo!

― C-creí que tu trabajo como editor era editar ― Observó, tratando de mantenerse de pie.

― ¡Tú dices papas, yo patatas! Al final no tendré nada que editar si te vienes abajo, y ni tú ni yo queremos eso… tenemos que hacer de “segunda oportunidad” la mejor historia de la ALE.

Anthony rió nervioso. Las ambiciones de Román, aunque tentadoras, no eran nada similares a las propias. Él solo quería compartir sus creaciones con el mundo, y hacer amigos que disfrutasen de lo que hacía… la alta competencia entre escritores no era ni de cerca una motivación para él, como si lo era para Alice o para Marco.

― ¿P-puedo entrar? ― Preguntó ansioso, rechinando los dientes con notorio nerviosismo; ¿Cuánta gente habría ahí dentro esperándole?

― ¡Pero claro! ― Román le tomó por el hombro, y avanzó con él, abriéndole la puerta para darle el paso al interior. ― ¡Adelante muchacho, pásala genial!

Cuando entró, se quedó completamente boquiabierto. Mesas enteras repletas de gente con volúmenes de la ALE en sus manos, charlando animadamente. Por encima, podía escuchar como mencionaban una y otra vez a su protagonista y a la misteriosa mujer que le entregó su segunda oportunidad. Su felicidad fue tal que sintió deseos de llorar, pero no lo haría… eso sería raro.

Se sintió muy nervioso, no se sentía lo suficientemente fuerte como para seguir adelante; ¿qué haría con tanta gente de tantas edades? ¿Cómo los trataría? ¡Era demasiada presión! Tenía que encontrar motivación… ¿qué diría Claudia en una situación así?

― ¡Yo soy Claudia y soy una máquina! ¡Y al que le duela que se me enfrente, tengo buen aguijón!

 … bueno, peor era no decir nada.

― ¡Y-yo soy ZerG, y soy una m-máquina!  ― Tragó saliva; ¿por qué demonios tenía que haber copiado tal cosa? Ni siquiera tenía la voz fuerte que se necesitaba para imponer presencia con esa clase de declaraciones… por desgracia para él, ya lo dicho estaba dicho, y ahora la gente lo estaba mirando. Debía de terminar. ― Y al que le duela q-que se me enfrente… ¡t-tengo buen aguijón!

Al terminar de hablar, por alguna razón decidió hacer un triángulo con los brazos por encima de su cabeza. Ahora todos en el café guardaban silencio, y le observaban anonadados, en lo que pudieron haber sido los segundos más largos de toda su vida.

― Eh… ― Román carraspeó. ― Lo que el joven quiere decir, es que él es ZerG, y está aquí para convivir con los lectores y admiradores de su historia “segunda oportunidad”. Responderá sus dudas y preguntas, y sobre todo: estará encantado de tomarse un café con todos ustedes.

El hombre dio un leve empujón al joven escritor, que se dejó llevar, sonriendo levemente mientras bajaba los brazos. ¿Había vuelto a hacer el ridículo? ¿Fue tonto de su parte suponer que solo por haber publicado algo la gente iba a estar interesada en él como persona? ¿Estaba defraudando a quienes se hicieron una idea de él por como escribía?

Todas sus dudas tontas e irrelevantes se disiparon tan pronto como todos se acercaban a él, estrechándole la mano, sonriéndole, tomándolo del hombro.

― ¡Tu historia es fascinante, amigo! ¡Tienes un gran talento!

― ¡Leerte me hace valorar la vida! ¿Cómo logras inmortalizar un mundo tan cruel con tintes fantasiosos de forma tan discreta?

― ¡Te admiro mucho, tengo cuentas de roleplay de dos de tus personajes en Facebook y en Twitter!

― ¡Eres grandioso, y no sabía que fueras tan joven! Mi esposa también te admira, pero no pudo venir… ¿puedo tomarme una foto contigo para que me envidie para toda la vida? Claro, también puedes darme un autógrafo para ella, si no es molestia…

― Como sirvienta de Satanás me alegra haberle conocido finalmente, pastor oscuro… ¿quiere ir a los sanitarios conmigo a depositar en mí la semilla del anticristo?

… bueno, más allá de la chica satánica, todos sus lectores eran personas agradables y educadas, de muchas edades y etnias distintas. Esperaba que en su mayoría fuesen hombres, y de hecho así era, pero más de 20 mujeres se presentaron igualmente a conocerlo y a hacerle saber su apreciación sobre su obra.

Rápidamente se vio acogido por ellos, y todos esos nervios al inicio (junto con su ridícula presentación) quedaron atrás. Pronto acabó rodeado de sus nuevos amigos, escuchando sonriente los miles de comentarios que tenían para dar, aprobando y debatiendo sus puntos, soltando algunas pistas traviesas sobre el posible rumbo de su trama, ¿y por qué no? Charlando igualmente de otros temas, como música, comics y vello facial.

―… y es por eso que me rendí en rasurarme el bigote. Algunas batallas las ganas, y otras las pierdes.

Todos rieron. Nunca antes tanta gente había estado al pendiente de lo que tenía que decir, rayos: ¡nunca antes alguien había estado tan interesado en él! Con Claudia y Alice todo giraba en torno a ellas, y con los otros muchachos de su clase todo era hablar de chicas y de fútbol.

― Anthony, debo decir que eres divertidísimo ― Dijo una de las chicas presentes, tomándolo del hombro. ― Creo que hablo por todos cuando digo que no esperábamos que fueras tan joven, por la crudeza de tu historia, pero lo que realmente nos ha tomado por sorpresa es que seas tan alegre y positivo… creo que la escritura puede sorprendernos, ¿cierto?

Todos asintieron, recalcaron que la edad al final no importaba, y varios se ocuparon de recalcar que su personalidad amigable era bienvenida, siendo una agradable mixtura a su escritura seria y adulta.

― Ciertamente ― Asintió, tras dar un sorbo a su cuarto café. ― La escritura puede sorprendernos a todos… tan es así que hasta hace un mes yo no sabía lo que escribir podía hacer en mí, ni siquiera pensaba que yo pudiese hacerlo…

― ¿No era ese un pensamiento tonto? ― Preguntó al instante alguien de entre la multitud de personas que observaban de cerca la charla.

Anthony agachó un poco la mirada, para luego asentir sin más remedio.

― Lo era… muy tonto… ― Se encogió de hombros y suspiró bajo. ― Sé que ustedes no necesitan saberlo, pero antes de comenzar a escribir, mi autoestima no se encontraba en su mejor momento… me sentía cómodo dependiendo de las necesidades de mis amistades para sentirme bien… y ya que centraba mi atención en el resto de las personas, nunca di confianza suficiente a mis capacidades y a mis talentos… sobrevaloré mis limitantes, y vi a la escritura y a otras tantas cosas maravillosas como logros imposibles para alguien tan cohibido y discreto como yo… estaba mal, y lo entendí a tiempo… decidí que no mataría a nadie si por una vez en mi vida trataba en serio… y miren lo que logré… ahora soy algo que nunca imaginé que podría ser… todo gracias a correr el riesgo.

Hubo un silencio general de toda la multitud. Podía notarse en sus rostros la admiración evidente por sus honestas palabras. Anthony no había hablado solamente por él mismo: se había expresado por todas las personas presentes que carecían de la confianza necesaria para intentar hacer algo maravilloso. ¿Quién mejor para expresar la superación personal que un joven sin confianza que era ahora la mayor promesa juvenil? Cuando los murmullos de los presentes iniciaron, de entre la muralla de presentes, un muchacho surgió… era un rostro conocido.

― ¡F-follow! ― Exclamó Anthony al instante, poniéndose de pie. ― ¡Hola! ¿Cómo estás?

Eduardo sonrió levemente, y sin responder, ofreció su mano a Anthony, que sin entender muy bien lo que estaba pasando, se la estrechó con camaradería.

― Has cambiado mucho desde la última vez que charlamos, Anthony… entonces me irritaste como nunca me había irritado alguien… parecía que pedías a gritos un papel secundario.

Anthony rió nervioso en réplica, ¿Cómo se supone que respondiera a semejante acusación? No es como si pudiese negarlo, pero tampoco apreciaba mucho las ofensas o la tensión… las confrontaciones eran incómodas y dolorosas.

― Pero ahora… ― Continuó, apretando la mano de su nuevo colega. ― Ahora eres un protagonista… y te respeto por lo que has logrado. Tu historia es brillante y tu talento es inmenso… se podría decir que te envidio y te admiro al mismo tiempo.

Al terminar sus palabras, liberó el apretón de manos, dejando a Anthony verdaderamente sorprendido: ¿el chico que le dedicó la mirada más hostil de todos los tiempos en serio estaba declarándole su respeto? Era una sensación de orgullo intensa, pero que a la vez le hacía sentirse un poco avergonzado.

― E-esto… gracias, Follow… también pienso que eres un gran escritor, bailando por un chesco es una gran historia, no me la pierdo… de hecho, no me pierdo ninguna historia de la ALE.

― Pues gracias por disfrutar de mi historia. Estoy en el punto más alto de popularidad que haya conseguido nunca, pero no soy quien para alardear delante del segundo lugar del top de popularidad, ¿correcto?

― El top no es tan importante, yo simplemente quiero contar mi historia ― Repuso con inmediata humildad, rascándose la cabeza con despreocupación. ― Cualquier día Ten Zero va a recuperar sus puestos, o tal vez Kopazo gane el primer puesto, o cualquiera… pero al final todos seremos leídos y haremos nuevos amigos gracias a ello… eso es lo importante aquí.

Ahí estaba nuevamente esa palabra: amigos… ¿por qué la usaba para referirse a sus lectores? ¿Qué ganaba haciendo amistad con ellos? No podía preguntárselo directamente estando rodeado de sus lectores en ese momento, pero tal vez si se mantenía cercano podría entender las motivaciones del muchacho para tener en un estima tan alta a quienes leían sus letras.

― En realidad, hoy vengo a ti como lector… ¿te molesta si permanezco por aquí durante el resto de tu reunión? Soy tan fan como todos los demás, realmente quiero saber más de segunda oportunidad.

― Eh… ¡claro que puedes quedarte! ― Exclamó al instante. ― Muchachos, este es Follow, es escritor de la ALE al igual que yo, ¿conocen bailando por un chesco? Esa es su obra y…

Follow tomó asiento a un lado de Anthony, haciendo a un lado a la loca chica satánica. ¿Estaba a punto de aprender una importante lección a manos de quien él nunca imaginó, o simplemente fortalecería su ideal de que los lectores no son bajo ninguna circunstancia, amigos?


_______________________________________________________________________


Aunque Alice trató de evitarlo, Debité subió en la primera parada de autobuses que se encontró. Sabía la pequeña lectora que su amiga tenía que afrontarse sola a sus deberes como escritora profesional, ¿y qué mejor inicio que su primera reunión con Yao acerca de un trabajo publicado y un concurso ganado? Seguramente más de esos momentos habría a partir de entonces, así que tenía que acostumbrarse. Eso pensaba la chiquilla mientras veía como la figura de su buena amiga desaparecía tras el andar de su transporte.

― B-buena suerte, Alice.

Acariciando su amuleto de calendario azteca, avanzaba nuestra protagonista con la firme mirada al frente. Claro, sus piernas temblaban y estaba más asustada que un gato previo a su baño, pero no podía permitir que el resto de la gente notara su nerviosismo. En medio de su indeciso andar, no pudo evitar hacerse una pregunta. ¿Por qué no podía sentir las emociones correctas en el momento correcto? Cuando se enteró que ganó el concurso se echó a llorar como si hubiese perdido las manos, cuando debería estar feliz tiene miedo y nervios, cuando debería estar molesta se muere de risa irónica… ¿era cuestión de género? ¿Ser mujer la hacía impredecible hasta para ella misma y la exentaba del sentido común? ¿O es que simplemente era una persona rara?

― Sí, definitivamente soy rara ― Aceptó, hablando en voz alta. ― Mi ipod está lleno de canciones de Cepillín, prefiero las palomitas con cátsup que con mantequilla, y mi idea de sensualidad es la de un hombre que cocine arroz frito en medio de la clase… ¡PERO ME NIEGO A ACEPTAR QUE MI SANA RAREZA ES LA CAUSANTE DE MI IMPREDECIBLE METABOLISMO EMOCIONAL! ¡ESTO VA MÁS ALLÁ DE MIS EXTRAÑEZAS PECULIARES!

Ni siquiera le importó que los peatones que acompañaban acera con ella la observaran de manera extraña o cruzaran la calle para no toparse con ella, estaba completamente enfocada. Haciendo de su ruta un monólogo de teorías sobre su posible inestabilidad emocional, terminó llegando a su lugar de destino sin nervios o tensión alguna. Entró en el restaurante con una mano en la barbilla, y tomó asiento delante de Yao. 

―… entonces, concluyo que las altas emociones alteran mis sentidos. No es que esté loca, simplemente: como una mujer promedio, mis emociones me sobrecargan y abruman en cantidades sustanciales. ― Asintió repetidas ocasiones. ― Hola Yao… ¡buenas noticias! Descubrí que no estoy loca, simplemente soy una chica.

― ¿Ah sí? ― Preguntó el editor, arqueando una ceja. ― Eh… en fin, ya sabes por qué estás aquí, ¡has ganado el concurso! Tu oneshot será publicado en la verdadera ALE, y recibirás un generoso cheque por ganar el evento. ¿No es genial?

― ¿Eh? ― Alice parpadeó, perpleja. Miró a su alrededor con lentitud; ¿no estaba muy nerviosa como para caminar siquiera? ¿En qué momento se dejó llevar para acabar con tanta simpleza delante del afroamericano? Entrecerró los ojos, desconfiada… tal vez sí estaba loca.

El editor soltó una risotada seca, notaba la mente de la jovencilla volar más y más cada segundo, ¿Cómo no pudo notarlo antes? Era altamente común entre algunos escritores: que divagando, creando, pensando y teorizando perdiesen el hilo de lo que ocurre en la realidad con facilidad. Alta creatividad implica una alta desconcentración en el entorno, y el hecho de que Alice tuviese ya tantas semanas escribiendo historias nuevas sin parar, dejó como resultado una mente en esteroides: altamente creativa y dinámica, pero igualmente propensa a irse por las ramas. En palabras simples: Alice estaba en ese instante en su modo creativo; idóneo para escribir, pero no lo más adecuado para tener conversaciones serias sobre su futuro.

Yao chasqueó los dedos frente a Alice, que estremeciéndose se enfocó en él.

― Te necesito concentrada en esto, Alice. ¿Está bien? Es mi deber como tu editor dejarte bien en claro lo que ocurrirá a continuación.

― Claro, Yao ― Asintió la chica, luchando por enfocarse. ― Perdona, yo…

― Lo sé, lo sé… no te preocupes, no estás loca… simplemente, cada vez eres más escritora. Y de eso vamos a hablar hoy… has dado un gran paso en el rumbo correcto para cumplir tus sueños. Tu trabajo arduo dio frutos, y has ganado un concurso donde las mayores jóvenes promesas de la literatura han participado. Te levantaste victoriosa de entre más de 4000 aspirantes y 20 concursantes. Puedes estar orgullosa, lo has hecho bien.

Para Alice fue imposible disimular su felicidad, una amplia sonrisa de orgullo propio y emoción se dibujó entre sus mejillas, y brillaron sus ojos al verse cada vez más cerca de cumplir sus propias metas.

― Pero, no permitas que esta victoria se te suba a la cabeza por tres razones muy válidas: la primera es: pocos escritores han ganado un concurso de la mini ALE y triunfado luego como grandes prospectos. Algunos han tenido carreras regulares, pero hasta la fecha ninguno ha logrado ser el primer lugar del ranking en la ALE grande, y de hecho la mayoría que han ganado uno de estos concursos nunca han vuelto a ser publicados. La segunda es: ganaste un concurso, bien… pero en dos meses habrá otro, y la persona que gane ese concurso ocupará tu lugar como la promesa emergente, es decir: ganar este evento no te garantiza un futuro. Simplemente prueba que con el trabajo necesario, puedes dar de que hablar en un futuro. Y finalmente la tercera razón: por primera vez en la historia, hay más de un ganador.

Alice comprendía a la perfección lo que Yao trataba de decirle, el secreto de los escritores con carreras largas y relevantes dependía altamente de la serenidad y el temple. Nunca debían de perder el suelo por una pequeña victoria en sus vitrinas. La serenidad y la madurez jugaban un papel muy importante en la escritura y… ¿QUÉ? ¿MÁS DE UN GANADOR?

― ¿QUÉ? ― Alice estrelló las manos en la mesa, para impulsar el levantamiento dramático de su asiento. ― ¿CÓMO QUE HAY MÁS DE UN…? ¿COM…? ¿POR Q…? ¿JUAY DE RITO?

― Alice, vengo a este restaurante seguido, apreciaría que no gritaras como loca ― Yao carraspeó. ― Y es tal como lo mencioné… eh… al parecer, otra historia y la tuya obtuvieron la misma cantidad de votos y por ende ambas son las ganadoras del evento. Es un hecho sin precedentes, nunca antes se había visto un empate… los de la editorial se la están pasando genial inventando slogans y campañas para promocionar este hecho… he hablado con un par de empleados del área comercial de la revista y creen que esto va a mejorar las ventas, y que las dos historias serán más leídas de lo que serían leídas si solo hubiese ganado una. Así que supongo que todos ganan.

― P-pero… ― Se llevó las manos a la cabeza, para presionarla como un limón y evitar la jaqueca. ― Eso significa que no fui la ganadora indiscutida, sino que la igual cantidad de personas que votaron por mí prefirieron la historia de otra persona…

― En realidad… la otra historia no fue escrita por una persona…

― ¿Eh? ― Alice se mostró aún más decepcionada y desesperada. ― ¿Un androide, entonces? Oh dios mío… ¿fue un perro, no es así? ¿ME GANÓ UN PERRO, YAO?

― No seas ridícula, la sola idea de que un perro pueda escribir una historia, o un blog es lo más absurdo del mundo.

― Tienes razón ― Coincidió la chica, con los ojos cerrados. ― Un perro blogero, ¡vaya idea tan tonta! ¿Te imaginas una historia sobre un perro blogero?

― Sería ciertamente lo más patético del mundo, incluso si se tratase de una especie de… programa infantil.

― ¡Por suerte nadie es tan idiota como para hacer tal cosa!

― Sí, por suerte…





― Como te decía… ― Retomó el tema Yao. ― La historia con la que has empatado no la escribió una persona, de hecho fueron dos personas: un par de chicas costeñas de las islas amor y odio, como dice su seudónimo “TamoTodio”

― Un momento cerebrito… ― Alice extendió su mano, pidiendo a Yao una pausa momentánea. ― ¿Me estás diciendo que existen dos islas llamadas amor y odio? Espera, ¡eso no es lo importante, Maldición Alice concéntrate! ― Exclamó, dándose un tope en la frente para evitar divagar.  ¿Me estás diciendo que esas dos chicas escriben juntas, como equipo, actuando como un solo escritor? ¿Eso es legal?

― Bueno, escribir en equipo no te trae realmente ninguna ventaja… las ideas de un escritor y otro tienden a chocar y aquellos que trabajan juntos finalmente acaban creando cualquier bazofia… pero estas dos chicas al parecer logran una combinación agridulce que es un deleite para sus lectores. La ALE cree que su particular caso vende bastante, así que están encantados con mantenerlas cerca para ver sus futuras colaboraciones.

Las palabras de Yao ciertamente tenían sentido y lógica, ella no se imaginaba escribiendo con nadie y siendo capaz de crear algo decente como resultado; y el morbo que generaría en los lectores el particular caso de dos artistas que juntas hacen algo maravilloso se cargaba la pinta de ser un hit.

―… Su historia, ¿es mejor que la mía?

Yao observó con estoica seriedad a Alice, sabía que esa pregunta se haría presente una vez que la chica asimilase el hecho de haber empatado con un escritor único en su clase. Empatar en primer lugar dejaría a cualquiera con un sentimiento agridulce en la boca, y siendo Alice competitiva por naturaleza, era de esperar que desease saber si la otra historia fue superior a la suya en algún modo u otro.

― No… al menos a mí no me lo pareció… ― Entrecruzó sus dedos, recargando los codos en la mesa. ― La leí junto con el resto el día en que la mini ALE llegó a mi casa, y aunque me pareció la más interesante de todas las que se enfrentaban a demencias de Lily, concluí que ganarías… el hecho de que igualara en votos a la tuya me ha sorprendido bastante… no lo esperaba.

Alice apretó levemente sus puños. No estaba muy contenta por tener que compartir la victoria con alguien más.

― Entiendo… ― Sonrió levemente. ― Me alegra saber que no ha sido superior a la mía bajo tu criterio… admito que estoy algo decepcionada… sé que es egoísta, tal vez hasta inmaduro…

― No es inmaduro en absoluto… tu competitividad te hace buscar la victoria sobre todos, y por eso te sientes como lo haces ahora mismo… con una victoria partida a la mitad. Pero no lo des todo por perdido… aún hay un modo de sentir la victoria completa.

― ¿Y qué modo es ese? ― Se apresuró a preguntar, decidida.

― A partir de ahora, tanto TamoTodio y tú son jóvenes promesas de la revista. ― Asintió. ― Publica algo antes que ellas, y sé más grande de lo que ellas pueden aspirar. ¡Crece, Alice! ¡Mejora como escritora! ¡Conviértete en una artista de miedo y renombre! Y triunfa, no solo más que ellas dos, no… ¡triunfa más de lo que alguien haya triunfado antes!

― ¡SÍ, SÍ, SÍ! ¡DEMONIOS, SÍ! ¡ VOY A ROMPERLA YAO, CUIDADO MUNDO QUE AY´ TE VOY!

Los ojos de Alice se humedecieron, las palabras de Yao ardieron en su pecho, intensificando la llama de su determinación. Si le dolía no ser la única victoriosa, ¡solo tenía que ser mejor, y seguir creciendo más y más!

― Ahora que ya ha quedado todo eso claro, ordena lo que quieras del menú, ¡hay que celebrar!

Alice asintió, sonriente. Estaba muy contenta. No podía esperar para correr y contarle a todo el mundo sobre su nuevo avance y su muy renovada motivación. Pero antes, acabaría con la billetera de Yao, y es por eso que encargó 5 platillos tan solo para ella.

Comió como loca, buscando imitar a los personajes de sus caricaturas favoritas de cuando niña, desafortunadamente apenas y pudo acabar con un plato. Yao la tranquilizó, ordenando que los empacaran para llevar.

― Llévaselos a tu amiga de estómago infinito, seguro estará encantada de comerlos contigo más tarde.

― Ah, ¿Claudia? ¡Tienes razón! Tal vez vaya a su casa luego de esto a contarl… ― Mientras hablaba, se detuvo. Recordando su compromiso con Marco. ― Será luego… hoy ya he quedado con Marco a unas calles de aquí.

― ¿Una cita? ― Yao rió, sorprendido. ― Es normal dada tu edad, pero no vayas a descuidar la escritura por algún novio, ¿eh?

― ¡ESO NUNCA! ― Aseguró, negando con la cabeza. ― No dejaría que nadie me descuide de escribir jamás. Y tampoco es una cita… Marco es quien me ha estado ayudando estos días junto con Debité en la biblioteca… me ha apoyado mucho, y me pidió que le avisara cualquier novedad sobre el concurso.

― Ah, sí… creo que lo has mencionado algunas ocasiones. Seguro se alegra mucho por ti, junto con tu otra amiga. Les gustará saber que su arduo trabajo está rindiendo buenos frutos.

Hablar así de sus más recientes amigos con Yao puso a Alice a pensar. ¿Cuántas semanas llevaban ya trabajando en conjunto? Marco y Debité se quedaban a su lado hasta que la biblioteca cerraba, le aconsejaban, le asistían y le corregían cuando era necesario a cambio de nada… ¿qué clase de amigos hacen eso? Era muy afortunada de haberlos conocido, estaba segura de que sin ellos no hubiera podido siquiera entregar la primera historia de la difícil tarea que Yao le encargó, gracias a ellos se sentía capaz de completarla sin problemas… y la realidad era, que nunca les había demostrado cuan agradecida estaba con ellos por todo su apoyo y trabajo duro.

― D-dime Yao… ¿ahora que hay dos ganadores en el concurso, me corresponde únicamente la mitad del premio?

Yao negó con la cabeza.

― La mini ALE prometió mil dólares, una mención especial y la publicación del cuento en la edición especial de diciembre de la ALE como premio al ganador. Y ya que hubo dos ganadores por primera vez en la historia, se han comprometido a pagar completamente dichos premios para ambos autores ganadores. Por cierto, el cheque llegará a tu casa en los próximos días, junto con una carta de felicitación de la editorial y el contrato de publicación, que ya aceptaste al inscribirte al concurso.

― Vaya, ¡qué bondadosos! ― Exclamó, sorprendida por tal respuesta. ― Pero no me quejaré, me alegra escuchar esa respuesta… estaré esperando ansiosa ese cheque…

― ¿Ya tienes una idea de lo que harás con ese dinero? Con esa cantidad puedes comprarte una computadora especial para escritores de tecno-libros de un modelo antiguo.

Alice se mostró emocionada por un instante por esa idea, pero negó inmediatamente con la cabeza.

― Eso tendrá que esperar un poco más… ya sé lo que haré con el premio…

― Entiendo… ― El hombre asintió, encogiéndose de hombros. Nadie sabía mejor que Alice la importancia de conseguir una computadora especializada en tecno-libros, así que sus razones tendría para no priorizar su obtención. ― Bueno, Alice… creo que eso sería todo. Estaré esperando para el martes la historia de la semana, y sigue trabajando con tanta ambición y profesionalismo como hasta ahora… vas en la dirección correcta.

― Lo haré, Yao ― Prometió, poniéndose de pie, y tomando en sus manos las bolsas con su comida para llevar. ― Y gracias… al principio tenía mis dudas sobre tus métodos, me parecías un chino loco… pero me siento en mejor forma que nunca, escribir tanto me hace mucho bien. Noto ahora que me estás ayudando a exprimir mi máximo potencial.

― Esa es la idea, hacerte explotar tus talentos al máximo. No me agradezcas, es mi trabajo.


Intercambiaron sonrisas de camaradería y se despidieron. Ambos sabían que su trabajo en conjunto apenas comenzaba, y que cosas muy interesantes ocurrirían en los meses y años venideros. “Alice!” y su fiel editor, buscarían hacer historia en la ALE.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Bienvenido al mejor blog del universo!

Puedes seguirme en las redes sociales o suscribirte al feed.

¡Suscríbete a mí blog!

Recibe en tu correo las actualizaciones de mis relatos y cuentos. Sólo ingresa tu correo para suscribirte.