Lo Último

19 nov. 2015

El abrazo invertido

Sentándome sobre mis rodillas, repose su cabeza sobre mis piernas, buscando detener el sangrado. Angustiada, al notar que el mismo no se detenía, arranqué de mi cintura el pareo largo que había comprado esa misma tarde y limpié su rostro ensangrentado con movimientos suaves. Conforme despejaba su rostro, pude notar su labio superior partido, además del ojo derecho que comenzaba a amoratarse visiblemente.

No parecía tener intenciones de abrir los ojos pronto, y eso me asustó al punto de entrar en completo pánico. Con penuria, acaricié sus mejillas una y otra vez buscando hacerlo reaccionar; (bien, lo admito, de hecho lo abofeteé una y otra vez… ¿ya mencioné que estaba muy asustada?)

 ¡Por todos los cielos Zack, despierta! ¡No mueras, por favor! A-al menos no cuando yo puedo verte ― Supliqué, apretando los puños sobre su rostro. ― ¡T-tienes prohibido morir mientras yo te veo! ¿E-escuchaste?

Para mi gran alivio, recibí una respuesta del pelinegro; un quejido de dolor fue suficiente para hacerme saber que estaba con vida; y ya que aquellas señales de sobrevivencia fueron provocadas por mis gentiles y suaves “despertadores”, repetí la dosis anterior.

― ¡Si mueres aquí mismo vas a traumarme! ¿Puedes vivir sabiendo eso? Mejor dicho, ¡¿puedes morir sabiendo eso?! ¡Tendré que ir a un psicólogo y sabemos que esos no son baratos! Te mandaré las facturas, e-estarás a cargo de pagar por mis tratamientos.

―… ¿No se supone que estaría muerto? ― Susurró, con debilidad. ― Más importante que eso, golpeándome no vas a hacer que mejore.

Sus ojos, apaleados como el resto de su rostro, se abrieron lentamente. Pude apreciar el momento justo en que el brillo de los mismos regresaba a sus pupilas. Al ser mi rostro angustiado lo primero que vio, y visiblemente confundido por el ángulo en que lo hacía, movió su cuello de lado a lado para percatarse que se encontraba de hecho, descansando en mis piernas.

― Estamos en el jardín frontal de tu casa, vino un hombre y…

― Si, recuerdo esa parte ― Me interrumpió, llevándose la mano derecha a su frente, como tratando de amedrentar los fuertes dolores que experimentaba. ― Pero…

― ¿Pero…?

Rió bajo, fue algo inesperado dada la situación; ¿cómo podía hacerlo apenas minutos luego de haber recibido una paliza?

― Si hace una hora un encuestador se hubiera acercado a mí preguntándome los diez lugares donde mi cabeza nunca tendría contacto, tus piernas desnudas serían el tercer lugar. ¡Y mírame!

―… veo que te pegó muy duro el tipo, ¿eh? ― Pregunté, sonriéndole a pesar de que su mano cubría sus ojos al momento. ― Ya hasta has perdido tu capacidad de pensar antes de decir cosas extrañas.

Fue en el momento en que me percaté de que Zack se encontraba lo suficientemente bien como para hacer bromas tontas, en que me permití caer en cuenta de lo que acababa de suceder: un sujeto extraño acababa de atacar a un compañero de clases ante mis ojos, dejándolo inconsciente y sangrando. El miedo que tanto tenía fue liberado y reemplazado poco a poco con el creciente alivio de mi interior. Por suerte estaba bien, y no pasó a una situación mayor.

Choqué mis manos contra sus mejillas y las presioné con fuerza, provocando que Zack formara una trompa graciosa. Mientras hacía esto, gruesas lágrimas liberadoras de tensión, miedo y angustia escaparon por mis mejillas; el ruido de mis sollozos llenó el vacío y calmo silencio nocturno de la tranquila zona residencial.

Un par de mis lágrimas cayeron sobre la frente de Zack, que me observaba con estoica curiosidad desde que comencé a apretar sus mejillas.

― Estoy un poco perdido… ― Dijo finalmente, arqueando una ceja. ― Es a mí a quien le han pateado el trasero, pero eres tú quien llora… ¿de qué me perdí?

― ¡De que estaba asustada, grandísimo tonto! ― Grité, con la voz descompuesta a raíz de mi llanto. Irritada por su insensibilidad, presioné con aún más fuerza sus mejillas. ― ¡Pensé que te habían asesinado!

― ¿Entoncesh no esh sholo que estásh felizh por no neceshitar terapia? ― Preguntó a continuación, de una forma graciosa por ser víctima de mi presión facial.

― ¡NO SEAS IDIOTA! ― Bramé ahogando mis sollozos por un momento, abofeteándolo con tal salvajismo que moví su cabeza; el pobre entonces soltó un fuerte grito de dolor. ― ¡P-perdón, Zack! L-lo siento, olvidé que estás herido… ¡pero es tu culpa, me haces enojar! No hagas ver como si no estuviera preocupada por ti.

― Ah, ¿entonces, estabas preocupada por mí? ― Cuestionó, esbozando una sonrisa coqueta; dicho gesto pudo haber sido encantador y seguramente me hubiera hecho sonrojar, de no ser porque tenía toda la boca cubierta de sangre seca. ― Así que tú también te das el lujo de decir improperios insinuantes… vamos avanzando, sin duda.

― Por supuesto que me preocupé por ti, tonto ― Repliqué, ignorando por un momento el hecho de cuanto me irritaban sus preguntas tontas con respuestas obvias. Al bajar la intensidad de mi dialogo, el llanto volvió a retomar el control de mi estado, y se me dificultó seguir explayándome; aun así, hice un esfuerzo por darme a entender. ― No sé cómo te gusta todo eso de las venganzas y l-los golpes y demás soluciones vi-violentas. Déjame darte un flash informativo: ¡N-no tiene nada de genial ponerte en peligro así! P-podrías acabar muerto, Zack… los golpes que te daba el tipo se escuchaban súper fuertes… y… y…

Sin moverse de su posición actual, Zack alzó ambos brazos en mi dirección, y envolvió mi cintura con ellos. Pude sentir sus cálidas palmas hacer contacto en mi espalda baja. Me estremecí por completo apenas sentí su cálido contacto alrededor de mi cuerpo; era una sensación nueva para mí, pero para nada desagradable… incluso, fue tranquilizador. ¿Cómo podía seguir regañándolo si me sorprendía de esa forma?

Busqué una explicación con nerviosismo en sus grandes ojos zafiro, que ya desde un tiempo atrás me observaban con detenimiento; no fue necesario que dijera palabra alguna: su mirada y sus labios expresaban agradecimiento.

― Este es el abrazo más peculiar que he dado en toda mi vida ― Confesó, con una risita. Presionó sus manos contra mi espalda con fuerza mientras hablaba. La sensación cálida traía calma a mi corazón agitado… ya no sentía la necesidad de llorar.


―… Nunca me habían abrazado así.

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