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20 nov. 2015

El lugar donde todo comenzó

Por más de treinta minutos caminamos hasta que los pies de Ruth se detuvieron. Para el punto en que su andar cesó, nos encontrábamos en una zona de la ciudad desconocida para mí: decenas de viejos condominios en ruinas cubrían los alrededores; uno asumiría que eran una serie de edificios abandonados de no ser por las mantas y ropa colgadas al sol, además de los eventuales gritos provenientes de sus interiores.

En la calle, a un costado de nosotros, un grupo de hombres habían colocado algunas sillas plegables y bebían mientras veían un partido en un televisor pequeño, haciendo un tremendo escándalo a cada tantas sin importarles en lo más mínimo que se encontraban en un área pública.

Las calles, terrosas y sucias, parecían enmarcar a la perfección la clase de área en la que estábamos; era una zona muy pobre, tanto así que pocas eran las edificaciones que podían presumir de no estar cubiertas de Grafiti, y abundaban las zonas derruidas que fungían como tiradero clandestino de basura y chatarra.

Como para agregar la cereza del pastel, pasó delante de nosotros un niño de unos diez años, iba descalzo, sin playera, y fumaba un cigarrillo con tranquilidad. Tras presenciar esto, pensé en hacerle un comentario a Ruth al respecto, así que me giré en su dirección, y cuando iba a abrir la boca, lo vi…

Era un terreno mediano, con tres edificios de dos pisos esparcidos con aparente aleatoriedad. El área se encontraba cubierta por un liso piso de cemento, cubierto en su extensión con varios juegos de piso dibujados con pintura blanca, ya casi totalmente desgastada.

Ya observando con más detalle, al fondo del lugar podía apreciarse una estructura más, sería apenas un cuartito construido con ladrillo y techo de lámina. Se le veía oxidado y deplorable, no desentonaba con el resto de los edificios: solo uno de ellos estaba pintado, y aún ese se encontraba cubierto por rayones de grafiti de distintas bandas.

El edificio más grande, el central, parecía ser el más viejo de todos ellos. De color gris por los blocks con los que fue construido, parecía estar conformado por varias habitaciones a lo largo de sus tres pisos. A uno de los cuartos le faltaba una puerta, y ahí mismo pude ver pasar a una pequeña de unos cuatro o cinco años vistiendo únicamente con una camisa de tirantes que le quedaba inmensamente grande… ¿qué era este lugar?... ¿por qué Ruth me trajo aquí?

Una ligera brisa de viento agitó sus rojizos cabellos, despejando su frente. Entrecerró sus ojos azules, al irritarse estos por la sensación del viento pegando directo en su rostro pequeño. Se encontraba aferrada con ambas manos al maltratado enrejado que cubría todo el terreno que teníamos delante. Su rostro nostálgico, hermoso y distante parecía expresar apenas la superficie de las profundidades en que sus pensamientos nadaban en ese momento.

Fue muy hermosa ― Murmuró, apenas moviendo sus labios y sin desviar su mirada del triste escenario delante suyo. ― La canción que tocaste… fue muy bella. Gracias.

Extrañado, tardé un poco en responder. No esperaba que hablara, y mucho menos esperé que dijera algo referente a mi actuación en el funeral del hermano de Ben.

Gracias… pero, ¿por qué me agradeces? ¿Pasa algo, Ruth?

Ella negó con la cabeza, esbozando una pequeña sonrisa. Aún sin girarse en mi dirección.

No pasa nada… hace tiempo que no pasa nada.

Con su mano, se acomodó el flequillo tras su oreja, aunque la gran mayoría de este regresó a su sitio original.

… Ellie quiere que te alejes de mí, ¿no es así?

Sentí como mi estómago se comprimía en reacción a sus palabras.

¿Nos escuchaste?

Solo un poco ― Replicó, suspirando bajo. ― Las paredes son delgadas… y para ser honesta, ya lo veía venir.

Ella está muy dañada…

La entiendo, créeme… es tu esposa, no se supone que tenga que compartirte con nadie. Mucho menos con otra chica.

No quiero herirla más…

A ti también te entiendo. Es tu esposa… tu deber es ser feliz con ella, y hacerla feliz. Nada más.

Me encanta ser tu amigo, Ruth. Pero…

Sí, a mí igual… fue bueno mientras duró. Acepto que nunca tuve un amigo tan bueno como tú… gracias.

Tal vez en otras circunstancias…

Sí, yo pensé lo mismo. En otras circunstancias donde tú no estuvieras casado, pudimos estar juntos lado a lado por muchísimo tiempo.

Lamento que las cosas terminaran así… nunca antes había terminado con una amistad, así que…

Igual lo siento… ¡pero vamos! No te pongas así, hombre. Si Ellie te viera tan triste por despedirte de mí solo la harías sentir peor. No seas dramático, y sonríe. Siempre sonríe.

Finalmente desvió la mirada de aquel triste lugar para fijarse en mí. Tenía en su rostro la misma sonrisa radiante y amigable del día en que nos conocimos. Sus ojos, aquellos ojos capaces de hacerte recapacitar y de remover ideales, que tenía tan poco tiempo de haber conocido pero que ya comenzaba a adorar, brillaban como siempre, como grandes puertas de posibilidades.

Adiós, Zack. Cuídate mucho, y hazla muy, muy feliz.

Le devolví la sonrisa lo mejor que pude, a pesar de saber que mi sonrisa nunca sería tan fantástica como la suya.

Gracias por todo, Ruth. Adiós.

Me giré en la dirección en que llegamos, y a paso firme me alejé de ella.

Vaya persona, vaya forma de sonreírle a la vida y afrontarla como debe ser. Jamás pensé que pudiese existir una persona tan grande como ella. Cierto era que Ruth, en el breve tiempo en que nos conocimos, fue capaz de hacerme pensar fuera de mis sueños. Me recordó de la existencia del presente, y de la importancia del mismo. Jamás pensé que existiría alguien capaz de hacerme recapacitar de tal manera… alguien capaz de hacerme cambiar…

Cualquiera que no conociera a Ruth, daría por imposible que una chica de dieciocho años sea capaz de guardar en su interior tamaña sabiduría y sapiencia. ¿Y cómo culparlos? Para que una adolescente promedio pensara como Ruth lo hacía, requeriría que experimentara la vida entera de un anciano, y siendo estos los tiempos del “qué dirán” y donde la moda dicta lo que eres, era imposible, por decir lo menos, que existiera alguien más como ella en el mundo.

¿Y eso no significaría que, después de todo, hay algo detrás? ¿Qué si en cada una de sus palabras se guardaba una experiencia pasada que forjó parte de su carácter y actitud actual? Detuve mi andar, y con cuidado pensé en esta posibilidad.

Recordé entonces sus palabras el día en que nos encontramos al perrito tirado en medio de la calle:

“Esto pasa todo el tiempo… lo que no queremos simplemente lo tiramos a la calle, como basura. No nos importa que tenga sangre, corazón y vida.”

Y sus palabras sobre el cuadro de mi apartamento:

“Este cuadro fue pintado con la mera intención de impresionar a quien fuera su maestro de pintura. Desde pequeño estuvo perdidamente enamorado de él... y cuando su maestro despreció el fruto de su más puro y bello esfuerzo, llamándolo vacío y superficial, él simplemente no pudo más… se fue.”

O cuando hablamos sobre la posibilidad de volar o la comodidad de vivir en el suelo:

“Vivir el día a día, respetar el presente como lo más importante, y dejando el mañana para alguien más apta como lo será mi “yo” del mañana… en mi opinión es ese el mejor modo de transitar por la vida. Pienso que es más importante no tropezar en el suelo, antes que intentar volar… después de todo, ¿no es el no saber lo que te traerá la vida al día siguiente lo más hermoso de estar vivo?"

Tal vez Ruth guardaba en su interior mucho más de lo que alguna vez me detuve a imaginar. Posiblemente, detrás de su sonrisa yacía escondido algo más fuerte y oscuro; algo tan dañino que destrozó durante años enteros sus sueños. ¿Por qué otro motivo viviría su vida con tal perspectiva siendo tan joven? ¿Qué la detiene de aspirar a más de lo que tiene, que la hace bajar sus expectativas? Todo este tiempo pensé que su espíritu y filosofía de vida estaban inspirados por su sabiduría… pero pensándolo bien… poniendo todas las piezas en su lugar…

Un día papá y mamá patita tuvieron que irse, más prometieron regresar, por lo que los dos bebés patitos prometieron esperarles en su misma casita…”

… ¿era posible?

“Un día, patito bebé mayor también se fue sin decir nada y patito bebé menor se quedó solo”


Ansioso, y con creciente desesperación, busqué con la vista por el enrejado hasta encontrarme con lo que buscaba. “Orfanato St José”, podía leerse en un deplorable letrero de madera a medio caer.

“1,2,3,4,5…”

Todo tomaba sentido ahora.

Sin dar espacio a la duda, me di media vuelta y corrí en dirección a ella. Permanecía estoica donde estaba cuando nos despedimos.

Hace unas horas, estaba seguro de conocer a Ruth a la perfección, de captar su personalidad, de comprender sus expresiones y su modus vivendi… que equivocado estaba, Dylan tenía razón. No la conocía, Ruth era una completa desconocida para mí. Nunca escuché historia alguna sobre su pasado, nunca traté de saber más de sus padres, y jamás me paré a pensar por un minuto en las cosas que adolecían en su interior. ¿Con qué cara iba por ahí sintiéndome su mejor amigo cuando no era más que un amigo de su cubierta superficial?

Sin decir nada, llegué hacia ella y la abracé por la espalda. Entrelacé mis brazos a su pecho con todas mis fuerzas, aprisionándola completamente con mi arropo y calor corporal. Estaba tan tensa, tan fría, y tan frágil, que por un momento pensé que se rompería. A pesar de no inmutarse físicamente por mi gesto, sus palabras dejaron en claro cuán importante fue mi gesto para ella.

… Cuando me dijiste que nunca me libraría de ti… nunca fui más feliz. Por primera vez en mi vida sentí que alguien se interesaba y preocupaba por mí con sinceridad… pensé “finalmente lo he encontrado” ― Hizo una pausa, sentí como su cuerpo se estremecía, liberando un sollozo. ― “He encontrado a quien me va a ayudar a salir adelante, a quien va a estar conmigo”. Me lo dijiste con tanta seguridad que en serio te creí Zack… estaba segura que… corrijo, aún estoy segura de que si hay alguien capaz de estar conmigo, de salvarme, ese eres tú.

Los sollozos le hicieron detenerse, iban en aumento. Aunque no podía ver su rostro, estaba seguro de que el llanto de sus ojos corría incesante, podía sentirlo en su respiración agitada creciente.

… Pero incluso al traerte a mi lado la vida me jugó una broma pesada… te trajo a mí casado con otra.

Sin responder, recargué mi rostro en su nuca, apretándola aún más contra mí; ella alzó sus manos y las posó sobre mi cabeza, entrelazando sus dedos en mi cabello abundante y apegándome aún más a su pequeña humanidad. Olía muy bien.
Quería sentirla cerca, quería darle de mi calor, quería protegerla. Quería estar con ella, aún si estaba mal, quería permanecer a su lado, acabar con sus lágrimas y colocar una sonrisa verdadera en sus labios.


… Aquí es donde todo comenzó, Zack… aquí es donde mis memorias comienzan.

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