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26 sept. 2017

La física y la química del destino

Antes de conocerle, ella era feliz.

Sus días pasaban entre sonrisas y buenas compañías, nunca la mala fortuna arruinaba sus tardes lluviosas ni sus cálidas mañanas.

Su arte florecía, sus amistades se cosechaban, su educación se encarrilaba: su vida era plena.

Probablemente en el andar de su suave caminar, hubiese encontrado un compañero de vida en su cercanía que le diese el cariño para vivir con una sonrisa de media luna dibujada en su adorable rostro durante el resto de su existencia.

Nunca hubiese necesitado de alguien como él en su vida, pues todo lo que ella tenía era suficiente para ser feliz.

Y, aun así, llegó.

Perverso, juguetón, malicioso y seductor, pasó del inocente velo con el que ella mantenía alejados a sus conocidos más superficiales, descubriendo así su sensual y deseable interior. Aún insatisfecho, dio un paso más al frente: removió las ropas con las que tímidamente ocultaba sus propios deseos y fantasías más profundas, y en su desnudez comprendió finalmente que pertenecían el uno para el otro.

Físicamente sus cuerpos se atraían con magnetismo y pedían a gritos que se entregaran al deseo carnal en todo momento. Era como si hubiesen sido moldeados en el plano terrenal con el solo propósito de brindarse placer sexual mutuo, y ambos estaban bien con ello.

Químicamente, sus mentes congeniaban, fusionándose en cualquier punto de ebullición y con una naturaleza alarmante, eran sus almas una sola, conectadas por las mismas creencias y los mismos anhelos.

¿Cómo ignorar una atracción tan obvia a niveles químicos y físicos por igual? Pareciera obra del destino su fatídico encuentro. Cuerpo y mente por igual se unían en una atracción nueva para ambos, inesperada y algo aterradora, pero increíblemente placentera.

Ella no lo esperaba, no lo necesitaba y ciertamente no lo pidió, pero aun así él llegó. ¿Por qué? Tal vez inocente y adorable se pregunte a veces por las noches antes de dormir, incapaz de comprender que la respuesta es tan sencilla como la atracción que la lleva a entregarse fieramente a los brazos fuertes de su nuevo compañero de deleites; más dicha respuesta no necesita revelación, todo lo que importa es que así pasó, y que va a quedarse a su lado.

Un volcán de pasiones y deseos interminables.
Un huracán de afinidades ideológicas y espirituales.
La física y la química del destino, un enigma excitante sin par.



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