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26 oct. 2017

Sobre mi vida romántica, sobre Sputnik, mi amor, y sobre la vida en general

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No es un secreto para los que me leen que soy una persona romántica desde siempre. Quienes me conocen suficiente como para hacerme hablar de mi pasado, sabrán que a mis 6 años de edad le declaré mi amor a mi primera chica: Rocío, se llamaba, y tenía 16 años.

Claro, lo nuestro no pudo funcionar. La diferencia de creencias, las presiones de su familia para que nos casáramos y el hecho de que tenía solo 6 años fueron cosa suficiente para que nuestro amor muriera como murieron mis tamagotchis de aquellos años.

Rocío sería la primera de muchas decepciones amorosas. Tengo ya 25 años y mi juicio a la hora de enamorarme sigue siendo desafiado por los hirientes caminos de la vida. Recientemente mi corazón fue despedazado como nunca antes, y más que nunca he sentido necesario enfocarme en mi lado artístico y profesional, para así olvidarme de mi lado sentimental para bien.

Buscando esto mismo, escribo prácticamente todo el día. Y aunque es una forma efectiva de lidiar con la tristeza, por las noches, cuando estoy agotado mentalmente, me es imposible seguir haciéndolo… me di cuenta de que necesitaba algo más para ocupar mi mente. Algo más demandante que los videojuegos y los videos pendejos en Youtube, al menos.

Así pues, acudí a la amiga más lectora que conozco: Agos, y le pedí que me recomendara algunos libros para leer durante las noches solitarias. Eso sí, le pedí específicamente que dejara de lado las recomendaciones románticas. Sin dudarlo ni un instante, mi querida amiga me recomendó y extra-recomendó las obras de Murakami, que, a pesar de tener romance, me aseguró traerían una perspectiva distinta que para nada afectaría mi ya muy afectado corazón.

La primera obra en su lista de recomendaciones fue Sputnik, mi amor. La noche anterior me di a la tarea de buscarla, de ponerme cómodo en la cama y de echarme a leer.

Sputnik, mi amor narra la historia de Sumire en la perspectiva de K, su mejor amigo y confidente. Sumire es, como muchos de nosotros, una escritora sufrida que no sabía nada de la vida más allá de querer dedicar su vida a las letras. Además de esto, la peculiar protagonista era un verdadero caso: desaliñada, despistada, renegada de la sociedad, directa, fumadora compulsiva, y, además: algo desconsiderada.

Suena como a una escritora, ¿cierto? Se pone mejor: a pesar de tener gran talento, era incapaz de concentrarlo todo en una gran obra, podía crear increíbles fragmentos, pero se veían inundados bajo inmensos montones de rellenos innecesarios e hilos sin rumbo alguno.

Conocedora de sus defectos como escritora, buscaba constante consulta en K, que era un ávido lector y estudiante de historia de la universidad cuando se conocieron. Al llegar al tema de su incapacidad de crear algo concreto, K le comentó a Sumire, en forma de metáfora, y sin dar mucho spoiler para que ustedes mismos lo lean, que para llegar a consolidarse como artista le era necesario algo que no encontraría en la soledad de su diminuto departamento.

Ese algo llegó a Sumire tiempo después, en forma de una hermosa mujer coreana, 7 años mayor que ella y casada. Basta decir que se enamora de ella, y a raíz de ello una serie de eventos místicos, realistas, y hasta surrealistas cobran lugar en la vida de los tres pilares de la historia: K, Sumire, y My… Myü.. M… llamémosla la mujer mayor de la que Sumire se enamora.

No voy a dar mayores detalles de la historia, pero diré que Sputnik, mi amor, es una obra de arte que todo lector y escritor deberían de experimentar; la forma en que Murakami fue capaz de expresar el sentir de todo escritor en muchas de sus etapas no debe menospreciarse pese a no ser el punto central del libro, fue esta conexión que sentí ante el pesar artístico de Sumire el que me mantuvo leyendo hasta encontrar luego el verdadero mensaje, como si Murakami mismo supiese que miles seríamos capaces de vernos reflejados y aprovechase esto para relatar una hermosa y triste realidad.

Empecé esta entrada hablando de mis malos amores, y es que, como Murakami en su obra: no he escrito nada en vano, todo conecta de una u otra forma; Agostina tenía razón: Sputnik, mi amor, es una historia de amor, romance, pasión y deseos sexuales, como las que le pedí que no me recomendara. Pero no es la típica historia donde las personas enamoradas se unen, se besan, hacen el amor y liberan sus sentimientos una a la otra, no, para nada.

Es una historia donde el amar y el desear van más allá de la liberación, donde amar y desear pueden transformarte, incluso separarte. El amor, aunque guía a sus personajes y los hace cambiar, nunca es culminado, no de una forma satisfactoria al menos. Ello te deja un sabor amargo en la boca que ultimadamente te hace sentir algo más real de lo que nunca hubieses podido sentir si todos se cogieran a todos y fuesen felices.

Y es que, la vida misma es una serie de romances y amores sin culminar, la vida es un ir y venir de pasiones que nunca se cierran, es una serie de momentos agrios y amargos que van y vienen, mucho más seguido que los momentos dulces de liberación y culminación.

También maneja otra cruda y amarga realidad: las personas cambiamos. La gente de nuestro entorno nos transforma, nos moldeamos a su forma y nos acostumbramos tanto a su presencia que dejamos atrás quienes éramos por ellos, y cuando se van, ya nunca vuelves a ser quien eras, o a encajar con tu yo actual. Sé que suena algo extraño, pero es algo que yo mismo estoy viviendo en este momento.

Gracias a Sputnik, mi amor, he logrado comprender algo que ya venía sintiendo desde hace días atrás: nunca podré volver a ser quien era yo antes. Esa persona ha dejado de existir, así que poco importa si me pongo a recoger los pedazos de mi viejo yo. Somos seres cambiantes, en constante adaptación, y por triste que parezca, al ser dejados atrás por alguien importante, dejamos con esa persona una porción significativa de quienes somos. En palabras de K mismo, solo nos queda adaptarnos a lo que viene después, de la mejor manera que podamos con los retazos que quedan de nosotros.


Amarga, surrealista, fantástica, y única por donde se le mire: esta obra de Murakami es una experiencia que no debe faltar. Si como yo, te sientes perdido y buscas encontrar un nuevo mañana para tu nuevo , tal vez leer esta hermosa historia sea un buen comienzo.

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