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8 nov. 2017

Zack y Joseph capítulo 1: Tan lejos de Texas

(Ámsterdam, 2017)

Nunca en mi vida pensé que tendría la oportunidad de viajar a Europa, así que nunca soñé con ello. De ahí que nunca me hubiese imaginado recorriendo las hermosas carreteras de los países bajos, cubiertos de inmensos sembradíos de vibrantes y contrastantes colores unos con los otros.

Ámsterdam era una ciudad hermosa, repleta de gente amable y educada, contrario a lo que esperaba dada la fama mundial que tiene el sitio: no había visto ni un solo borracho causando escándalo por las calles principales ni había sido abordada por algún vendedor de sustancias ilícitas o un proxeneta buscando sumarme a sus filas. Era, por sobre todo, una ciudad encantadora de aspecto antiguo, repleta de edificios más antiguos que la totalidad de los Estados unidos de América, y con tanta cultura para ofrecer que en una visita esporádica como la nuestra sería imposible verlo todo.

Mi tiempo libre era limitado, así que renté una vespa y me di a la tarea de recorrer la ciudad y sus afueras con aires aventureros. La fachada rural y su realidad metropolitana me engancharon de inmediato, esa clase de encanto en Estados Unidos sencillamente no era posible de logar; toda nuestra cultura era tan plástica y despampanante que un estado zen de elegancia con humildad para nuestra decadente nación resulta inimaginable, mucho menos siendo residente de L.A., la cuna de la falsedad.

De regreso al hotel, ya tras haber invertido una tarde entera en mi disfrute, tenía aún el aroma y la fragancia de los campos de lavanda invadiendo y relajando mi mente. No me permitieron consumir marihuana, como uno hubiese imaginado que era posible, pero esta felicidad se le comparaba bastante.

En la entrada, Milán discutía vívidamente con los montadores del staff. Sabiendo que la seguridad de los pobres gorilones peligraba, me acerqué para asistirlos. Conforme me acercaba, los rosados cabellos de la bajista saltaban más y más al ritmo de sus neuróticas exclamaciones y amenazas.

― ¿Ocurre algo? ― Pregunté.

― Claro que ocurre algo, siempre ocurre algo. ― Replicó ella, agría como siempre. ― La aerolínea no me responde las llamadas, no saben donde están los monitores que nos perdieron. Dijeron que era un error simple y que para esta mañana habrían llegado, pero si ese fuera el caso no bloquearían mis llamadas, ¿no crees?

― Ya, el equipo perdido… ― Suspiré, encogiéndome de hombros. ― Llamé al organizador de la arena Ámsterdam, y me ha dicho que entiende que es algo fuera de nuestro control, va a permitirles tocar sin montar todo el espectáculo, siempre y cuando Zack y tú accedan a firmar autógrafos mañana ahí mismo en la tarde y toquen un par de covers para unos fans con entradas VIP.

― Eso es lo que estos gorilones me estaban diciendo, que tú te habías encargado de eso. Y yo les estaba diciendo que ¡ME IMPORTA UNA MIERDA, YO QUIERO MIS MONITORES!

Pegué un salto por la sorpresa, Kina Milán siempre había sido una mujer de carácter fuerte, pero nunca me había gritado a mí personalmente. Por lo visto, de inmediato se dio cuenta de que no era yo quién era responsable de su molestia, y me abrazó con sus tatuados brazos como buscando sobre-compensar.

 Perdona, Ruth, perdona… hiciste un buen trabajo. Pero me irrita que hayamos pasado tantos meses planeando esta gira como para que en nuestra primera función vayamos a hacerlo a medias.

― No te preocupes, lo entiendo. ― Dije al momento. ― Ahora, ¿puedes soltarme? Tú y yo realmente no somos de las que se abrazan… es raro.

― Tienes razón, es raro, esto se siente muy mal. ― Admitió, carcajeándose mientras me dejaba ir. ― Además hueles a flores, ¿estuviste revolcándote en algún sembradío?

― Puede que lo haya hecho. No responderé, es mi derecho. Ahora, si me disculpas, debo ir a despertar a su majestad o no estará a listo a tiempo para su función.

Me despedí de ella y me adentré en el hotel, caminando directo hasta el elevador tras saludar a la distancia a los empleados en recepción. Zack y yo nos quedábamos en el cuarto piso, habitación 45.

Nuestro piso no tenía nada de especial, más allá de una pequeña sala de estar que siempre estaba vacía, ¿Quién iba a un hotel a pasar el rato fuera de la habitación de cualquier forma? Lo divertido estaba fuera, en la hermosa ciudad, y lo mágico que podía ocurrir en un hotel, ocurría solamente en la cama (y me refiero a dormir, obviamente, algo tienen esas camas de hotel que uno siempre duerme fantásticamente).

Apenas entré a nuestro cuarto, noté que Zack ya estaba levantado. Vestía únicamente una toalla alrededor de la cintura, y estaba sentado al borde de nuestra cama. En sus manos sostenía su teléfono, y lo observaba en estoico silencio. No había notado mi regreso.

― Hey. ― Le saludé, cerrando la puerta tras de mí. ― ¿Disfrutaste el baño?

Su gran espalda y hombros amplios aún tenían tatuados mis rasguños de la noche anterior, eso me hizo sonreír. El largo de su negro cabello llegaba ya hasta por debajo de su nuca, y aunque prefiriese lo llevase corto, comprendía que ahora su aspecto no solo debía de complacerme a mí; ahora tenía admiradoras, y por alguna razón estas se derretían por ver sus greñas de vagabundo.

Se giró en mi dirección, los abultados mechones de cabello ocultaban ligeramente el vibrante azul de sus ojos. Era tan hermoso que me hizo temblar aún en la entrada, ¿Cómo era posible que existiese alguien tan perfecto en este mundo? Mordiéndome el labio inferior, me acerqué tímidamente, como si aún fuese la vecina de al lado.

― Sí. ― Contestó. ― Estaba a punto de pedir algo de comer a servicio al cuarto, pero…
 Me mostró entonces que en su celular veía una conversación de Whatsapp. A la distancia no podía notar de quien se trataba, pero por reflejo y costumbre, me adelanté y aventuré una respuesta.

― ¿Ellie?

Negó lentamente.

― Es Karla… sobre Junior…

Tomé el teléfono de su mano tosca y firme. Era un solo mensaje, enviado hace un par de horas atrás y sin responder.

“Zack, sé que tú y él no están en los mejores términos, pero eres su mejor amigo y creí que debías saber que está muy mal. Su padre murió la semana pasada, y ahora mismo le vendría bien un poco de apoyo.
No voy a forzarte a nada, pero sabes tan bien como yo que él jamás te dejaría solo en un momento así. Conoces su número”

― ¿Qué vas a hacer? ― Pregunté, devolviéndole el aparato.

Podía observar la angustia y preocupación en su mente. Me sentí algo culpable por haber pensado cosas pervertidas al recién entrar al cuarto mientras él se debatía entre sus sentimientos por su mejor amigo y los problemas que ambos tuvieron en el pasado. Me senté a su lado, y lo abracé con suavidad, recargando mi rostro en su amplio pecho; moldeé mis labios contra el tatuaje de los mismos que se hizo para mí meses atrás.
Acarició mi cabello, gentil y cariñoso. Yo besé su suave piel y con mi mano derecha di consuelo en sus hombros. Sabía que no era fácil para él hablar del tema.

― No hay nada por hacer. Junior y yo ya no somos amigos.

Me estremecí, la dureza inhabitual en sus palabras resonó en mi interior como el eco.

― Zack, es tu mejor amigo…

Negó con la cabeza, resoplando. Podía notar en sus sencillos movimientos cuan conflictuado estaba, y que lo que diría, fuese lo que fuese, lo hacía con pesar.

― Eso quedó atrás… estuviste ahí, lo sabes mejor que nadie.

Volvió a negar con la cabeza. Luego me tomó violenta e inesperadamente por las mejillas con su fuerte agarre para acercarme a sus labios y besarme con autoridad y ansiedad.
Aún lidiaba con la sorpresa de sentir sus labios aprisionando los míos y de su lengua caliente haciendo hervir mis entrañas con sus fervientes caricias en mi boca cuando me percaté que sus manos me desnudaban con urgencia. Cayó mi blusa de tirantes por mis hombros hasta mi abdomen, y voló mi sostén al otro lado de la habitación en un parpadeo.

No me molestó su agresividad, sus labios suaves y sus manos fuertes y toscas eran una combinación que siempre derretían todas mis barreras como si fuese su cuerpo una llama ardiente. A pesar de lo inesperado de la situación, estaba hecha un charco, empapada de excitación y anhelo por él.

¿Y qué si me usaba para liberar su angustia en forma de pasión? Yo deseaba esa liberación, y la deseaba dentro de mí. Poco tiempo le tomó complacerme, pudiendo sentir como tanto anhelaba su masculinidad llenando la totalidad de mi interior, embistiéndome con impulsos animales mientras yo aferraba mis piernas a su torso y gemía a gritos clamando su nombre sin importarme que estuviesen sus compañeros de banda en las habitaciones contiguas.

Me tomó e hizo suya con fuerzas e intensidades inusuales. Usó mi cuerpo para liberar su tristeza, sus ansiedades y sus inseguridades y las transformó al cogerme en un frenético e inolvidable acto de amor. Era un artista, y la mejor música la hacía usándome como instrumento.

Al terminar, me besó en los labios dulcemente sin recuperar el aliento del todo y me pidió perdón por haber sido tan brusco. Le sonreí y le dije que no importaba, que, aunque había dolido un poco había hecho mi mundo entero vibrar.

― Ahora las cosas son diferentes. ― Dijo finalmente, pasados algunos minutos. Nos habíamos acurrucado en las sabanas y mirábamos al vacío en un cómodo silencio, casi se me olvidaba lo que provocó que termináramos así. ― Aún si él está mal… aquí estamos empezando nuestra gira por Europa, ensayamos todo el maldito día, por las noches tocamos sin parar, y luego al regresar al hotel tendremos que empacar todo pues nos vamos a la siguiente ciudad, en autobús. No vamos a comer nada decente o sano durante al menos 6 meses, tengo que sonreír en todo momento si un fan me reconoce en la calle, y aquí eso sucede todo el tiempo, y debo escribir nuevas canciones en la carretera porque queremos además sacar un nuevo álbum cuando regresemos a América… a lo que voy es, yo también tengo mis propios asuntos de los que ocuparme.

Era verdad, todo. Cuando Sheepheads lanzó su primer álbum como banda independiente alcanzaron un status de culto importante en California, y tocaron durante cosa de un par de años en numerosos bares a lo largo del estado, pero cuando comenzaron a tocar las canciones que Zack escribía, intercalando el rol de vocalista entre él mismo y Kina fue que las cosas se pusieron realmente increíbles: fueron descubiertos por un agente que vendió los derechos de sus canciones para una serie de Netflix, y a partir de ahí… bueno, miles de descargas en itunes, millones de reproducciones en Youtube, un par de videos musicales, y cuando menos se lo esperaban, recibieron una noticia increíble: Sheepheads era una sensación en Europa occidental.

Aunque las líricas trágicas y pasionales que Zack escribía llegaban al interior de las personas, no todo el éxito era cosa suya. Claro, su aportación creativa y el hecho de que Sheepheads pareciera una parodia de la palabra shitheads ayudaba de manera importante para clavarse en la mente de la juventud, pero el inmenso talento de Kina Milán y su atractivo fem-punk eran la estampa de la banda. Estaba también la presencia de Tom y Skull en la segunda guitarra y en la batería respectivamente: con sus capacidades musicales elevaban las amargas letras de Zack a niveles ambrosiacos que probablemente ni él llegó a soñar que podría conseguir.

En conjunto, la banda era un equilibrio perfecto de maestría musical, un accidente de belleza y arte de esos que ocurren una vez cada 20 años. Zack era el corazón, Milán era el cuerpo, y Tom y Skull eran las venas que hacían todo circular y funcionar.

Ahora era famoso. Zack había cumplido su sueño de convertirse en una estrella de rock, y en sus manos estaba el consolidarse como una, o quedar olvidado como uno de tantos one-hit wonders. Esta gira europea era su primera prueba a superar, y si se distraía o flaqueaba, podría arruinarlo todo para él y para sus compañeros.

― De acuerdo. ― Murmuré, dándole fin al tema. No quería estresarlo con mis insistencias. ― Bueno… lo mejor será que nos alistemos para salir a la arena, o Kina nos gritará de nuevo.

Zack pegó una carcajada.

― ¿Tú crees que yo le tengo miedo a Milán? Porque si es así, tienes toda la razón. Apúrate, vístete.

Entre risas y jugueteos nos alistamos. Yo y él sabíamos que la preocupación inminente por Junior aún estaba presente, pero Zack tenía que tocar para 10, 000 personas en unas horas, debía estar mentalizado en su meta.

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