Lo Último

30 nov. 2017

Zack y Joseph capítulo 3: conocido desconocido

(2007, México)

Zack recuerda angustiosamente las horas que prosiguieron al incidente en la feria: estar rodeado de gente hablándole y haciéndole preguntas sin parar en un idioma que no dominaba, la vida, alma y esencia de su mejor amigo y hermano abandonando su cuerpo un grito desgarrador a la vez, la incertidumbre de ver como Junior era montado en una ambulancia sin darle la oportunidad de unírsele al estar tan agitado y luchando, siendo un peligro para él mismo y hasta para los paramédicos, estar totalmente perdido y solo en un país extranjero sin comprender ni una pizca de lo que estaba ocurriendo.

Estaba convencido de que alguien le había hecho algo a su amigo, él no era así. ¿Dónde fue? ¿En el restaurante? ¿El vendedor de algodón de azúcar? ¿El de las palomitas? ¿La viejita de los burritos? No, tal vez fue en las tiendas…

― Chico, ¡chico! ― Le llamaba un hombre en su idioma, pero estaba tan metido en su temeroso pesimismo que era incapaz de enterarse. No le hizo caso hasta que le sacudió por el hombro. ― Hey, estás con Joseph, ¿verdad?

― ¿Con quién? ― Preguntó el muchacho, sacudiendo la cabeza, irritado. No tenía tiempo para estupideces. ― No.

― Me disculpo… en sus cartas el señor Hannigan se refiere a él como Joseph, pero para ti debe ser Junior, ¿correcto?

Incapaz de conectar las coherentes palabras del hombre, Zack se quedó observando el sitio donde hasta hace unos minutos su amigo gritaba con lágrimas en sus ojos y con sus venas enmarcándose de su rostro carnoso como si estuviese muriendo.

Con la cabeza fría probablemente hubiese podido llegar a una conclusión rápida y colaborar con aquel sujeto, pero la crudeza del momento se había llevado su raciocinio y quedaban de él solo las más básicas capacidades motoras.

Asintió como pudo. Ni siquiera estaba seguro de que el hombre pudiese haberlo notado, pero este le ayudó a levantarse. Le dolían las rodillas, ¿Cuánto tiempo había estado tumbado ahí? Estaba seguro de que había tratado de calmar a Junior hasta que se lo llevaron los paramédicos, ¿pero hace cuanto tiempo fue eso? Ahora la multitud se había dispersado, de hecho, la mayoría de los puestos en los que compraban antes de que aquello ocurriese ya estaban desmontados, a la distancia también se veía como poco a poco la feria quedaba desierta.

 ― Tus amigos están con mi esposa y mis hijas, vamos. Debemos ir a la clínica.

Zack siguió al hombre, aunque no terminaba de escuchar ni la mitad de sus palabras, nada ganaba quedándose ahí. La iluminada, alegre y encantadora vista nocturna de la feria se había esfumado junto con sus sentidos, ahora la fachada que les regalaba conforme se alejaba de ella era la de un desolado terreno sin alma. Las luces se apagaban poco a poco, y quedaban cada vez menos áreas pobladas por los asistentes al lugar. La triste vista encajaba a la perfección en lo que sentía.

Llegaron hasta el estacionamiento tras algunos minutos de caminar en silencio, y se montó en la camioneta de modelo reciente del hombre. En los asientos traseros, Ana y Rocko le recibieron con gestos de preocupación probablemente muy similares al que él tenía. En la parte trasera, donde usualmente iba el equipaje en una camioneta tan grande, dos chicas iban recostadas.

Una era una niña de unos 7 años, de cabello negro, totalmente dormida en las piernas de la otra, que era mayor… rubia, de labios anchos, llena de pecas. Era la misma chica que estuvo ahí cuando Junior se alteró.

― Luego aclararemos todo. ― Le dijo el hombre, instándolo a sentarse. ― Por ahora, vamos con tu amigo.

El camino a la clínica fue lento y largo, callado. Al volante, el hombre intercambiaba de vez en cuando un par de palabras con su esposa, que miraba con rostro calmo por la ventana del copiloto sin desviar nunca la mirada.

Rocko y Ana iban tomados de la mano, ambos temblaban, Zack podía sentirlo a través del hombro de la chica, pegado a su brazo. Acabó también tomándose de la mano con ella, aunque no era capaz de dar crédito a lo que acababa de pasar, le hizo bien el sentir humano de sus amigos acompañándolo en ese momento.

Junior fue trasladado a una clínica de la cruz roja cercana a la frontera. El señor, aunque nadie pidió una explicación, les dijo que no podían cruzarlo a Estados Unidos hasta que estuviese más calmado, así que probablemente pasarían ahí la noche.

Una vez llegaron, los sentidos de Zack despertaron como los de un felino y de un salto echó a correr al interior del lugar.

― Quiero ver Junior Mc Hannigan ― Dijo el chico a la recepcionista con su español limitado. ― Lo acaban de… trajeron.

― Lo siento, señor. ― Dijo de inmediato la joven, negando con la cabeza. ― Solo tenemos dos pacientes y ninguno tiene ese nombre.

Estaba a punto de gritarle de todo a la desgraciada cuando fue tomado por el hombro por el sujeto que los trajo hasta el lugar. El sujeto le dedicó una tranquila sonrisa, instándolo a guardar la calma, y tomó el control de la conversación, esta vez en español.

― Estamos aquí por el caso del joven Joseph Stewart.

― Ah, claro. ― La mujer asintió de inmediato. ― Tuvo un colapso nervioso. Según los paramédicos trató de herirse, con las uñas. Lo sedaron con morfina y ahora está descansando… va a tener que pasar la noche aquí, señor. Mañana veremos cómo reacciona cuando recupere el conocimiento.

Pese a no hablar español, Zack logró comprender básicamente todo. Apenas se alejaron de la recepcionista se dispuso a buscar respuestas.

― ¿Quién demonios es Joseph Stewart? Mi amigo se llama Junior, Junior Mc Hannigan. ¿Por qué les dio ese nombre? Necesito que me dejen verlo, lo envenenaron o algo así, él nunca…

― Sé que tienes muchas preguntas, hijo. ― El hombre suspiró. ― Pero por ahora necesito que te calmes… vamos a caminar un poco.

A regañadientes, Zack salió de la sala de espera, tras hacerles un gesto de que esperaran dentro a Ana y Rocko, el sujeto se le unió.

― Tú debes ser Zack ― Dijo, sacando unos cigarrillos de su bolsillo. Tomó uno y lo encendió, ante la inmensa ansiedad del muchacho. Pegó una fumada, y prosiguió. ― Conozco tu nombre porque conozco al Juez Mc Hannigan.

― ¿Pero por qué…?

― ¿Por qué lo conozco? ― Soltó un suave suspiro, como buscando encontrar las palabras correctas. ― Verás… Junior es adoptado. Los señores Mc Hannigan nunca tuvieron hijos biológicos, pero tomaron a Junior bajo su ala hace un par de años.

Zack perdió el aliento por un momento. En el interior de su pecho se fue formando un nudo que creció junto con la mala sensación que le dejaba el empezar a sentir que no conocía tanto de su mejor amigo como pensaba.

Tanto le desagradaba escuchar aquello que por un momento pensó que debía de ser una mentira: aquel sujeto se lo estaba inventando para meterse en su cabeza, sí, seguro era eso… pero… ¿qué ganaría aquel extraño en mentirle de esa forma? Además, ¿Cómo sabía entonces que el padre de Junior era juez y hasta su propio nombre? Por mucho que le doliera, aquel sujeto decía la verdad.

― ¿Cómo sabe usted eso? ― Preguntó de inmediato Zack, sosteniendo su mirar en el de aquel hombre.

― Porque mi hija de 13, Leslie, es la hermana biológica de Junior.

Las rodillas de Zack flaquearon. Ciertamente era posible: la chica compartía con Junior las pecas, los ojos verdes grandes y alargados con inmensas y gruesas pestañas, los labios anchos y rosados, y sobre todo la rubia y lacia cabellera opaca.

― El verdadero apellido, tanto de Junior como de Leslie es Stewart. Tuvieron una infancia dura, y decirlo así es minimizarlo… no te contaré todos los detalles, eso es algo que solo Junior tiene el derecho de contarte si él así lo decide, pero basta con que sepas que su familia sufrió una terrible catástrofe, y tuvieron que ser separados. Aunque Leslie es muy feliz con nosotros y la queremos con todo nuestro corazón, ella nunca dejaría atrás el amor y cariño que siente por sus dos hermanos. De ahí que insistiera en que contactáramos con los padres adoptivos de Junior… desde que lo adoptaron nos enviamos mails con regularidad para asegurarnos de que el chico esté bien. Así es como nos enteramos de ti, Zack Mosh, de Karla Gonzales, y de muchas cosas más.

― Pero, si Junior y Leslie tienen como usted dice, una relación regular por email, ¿qué provocó el colapso nervioso? ― Preguntó Zack, conectando todas las piezas en su mente para llegar a comprender lo ocurrido.

El hombre negó con la cabeza.

― Mantenemos el contacto con el señor juez solamente. Junior se ha negado a contactar a Leslie desde lo ocurrido… me gustaría poder contarte más, pero como ya he dicho, solo Junior puede decidir si te hace parte de su pasado, así como te ha hecho parte de su presente. Todo lo que necesitas saber ahora, es que Junior reaccionó así por ver a su hermana de la que no sabía nada desde hace 3 años y de la cual no esperaba saber nada, y que ha tenido una vida difícil… no vayas a juzgarlo, por favor. Necesita más apoyo que nunca.

Es imposible comprender con exactitud lo que Zack sintió en ese momento. Hasta hace unas horas, su mejor amigo parecía una persona tan sencilla y simple de comprender que nunca creyó necesario indagar demasiado en el por qué de su forma de ser, y a raíz de un doloroso reencuentro descubrió que su amigo más preciado e importante para él le ocultaba algo, mucho, de hecho.

¿Qué pudo pasarle en el pasado que era tan terrible que no fue capaz de contárselo nunca? ¿Qué era lo que cargaba en su espalda el rubio que le hizo caer de rodillas con solo ver a su hermana menor?

Y aunque desconocer las respuestas a sus miles de preguntas le irritaba y le frustraba, lo que más dolía y preocupaba a Zack era darse cuenta de lo poco que conocía de su hermano hasta esa noche. No tenía idea de que fuese adoptado, mucho menos que tenía un pasado terrible y mejor ni empezar con el cambio de nombre… solo pensar en todo ello le hacía querer echarse a llorar, pero no lo haría. Se mantendría fuerte y apoyaría a su mano derecha, pues a pesar de todo eran socios y compañeros en el crimen hasta el fin; aún si le dolía la falta de confianza que su amigo tuvo al no contarle todo eso desde antes, le ayudaría y acompañaría en todo momento.

Después de aquella charla, el sujeto, cuyo nombre era Esteban Chavez fue a dejar a su esposa y a sus hijas a casa, Zack les explicó a sus amigos lo que habló con él y tras actualizarlos pidió el teléfono a la recepcionista para comunicarse con Ellie al estar su celular sin señal.

Dio una breve explicación a su novia de lo ocurrido, pero con su calma voz le hizo saber que todo estaba controlado, le explicó que llegarían por la mañana al hotel pero que regresarían de inmediato a Austin para llevar a Junior con su padre. Ellie, comprensiva y funcional hasta el fin, acordó en reservarles boletos para un bus que saliera en las primeras horas de la tarde del día siguiente, y se despidieron con un cálido y cariñoso “te amo”.
Rocko y Ana estaban tan inquietos como Zack. Asimilar tamaña información no es tan fácil, y es que hasta ese momento estaban convencidos de conocer a Junior a la perfección, y nada más alejado de la realidad. Esto era pues, en cierto sentido, un castigo a su arrogancia.

― Pensándolo bien… ― Dijo Rocko de pronto, cuando habían pasado casi una hora en amargo silencio. ― Hace sentido… ¿no creen?

― ¿A qué te refieres? ― Preguntó Ana, que tenía los ojos perdidos en la planta que adornaba la sala de espera. Su voz estaba ronca de tanto haber gritado y cantado horas antes, pero su expresión, sobra explicar, no era para nada la de alguien que la pasó bien.
El muchacho acarició su mohawk con la superficie de su palma, nervioso, tratando de elegir las palabras más correctas para no decir algo hiriente o erróneo, caminaba en hielo.

― Digo… nadie se comporta como él simplemente porque sí… una cosa es ser alegre y buena onda… pero Junior… ― Soltó una risilla nerviosa. ― Junior lo lleva al extremo. Como siempre ha sido así con nosotros no lo notamos antes, y simplemente dimos por hecho que así era su personalidad, pero ahora con esto sabemos que todo ha sido una fachada con la que intentaba olvidarse de aquella tragedia que el señor Chavez le mencionó a Zack.

Aunque Zack pensaba en lo que Rocko dijo en voz alta desde el momento en que conoció la causa del colapso de su mejor amigo, hay algo en escuchar la cruda realidad en voz alta que derriba hasta al espíritu más determinado.

Entonces, parecía ser cierto… realmente fingió con ellos durante dos años… el verdadero Junior probablemente lloraba y sufría en su mente mientras el falso Junior que ellos conocían payaseaba y bromeaba con intensidad para ocultar su dolor.

Dolía, dolía en lo más profundo aceptar tan cruel realidad.

Cuando eran como las 3 de la madrugada, Esteban regresó con café y pan para los muchachos, además de algunas mantitas para ellos. No se habló más del tema, los ánimos del grupo estaban en números rojos. Se quedaron dormidos en el amargo silencio de aquella clínica tras apenas probar bocado.

― ¡Qué tranza con Carranza, muchachos! ― Les saludó un muy alegre Junior, sonriente y fresco como siempre a la mañana siguiente. Llevaba en sus mejillas un par de gazas pegadas con cinta, y era acompañado por un médico que luchaba por arrebatarle la máquina de oxígeno de los brazos. ― Aquí mi compadre el Doctor Aquiles Baesta me dice que ya me puedo ir, así que vamos marcando llanta, ¿no? Seguro Ellie y Karla nos meten la regañiza de nuestras vidas.

Zack, que estaba durmiendo hasta que Junior le despertó con aquella escena, se levantó de golpe al ver a su amigo.

― Junior, ¿cómo est…

― Estoy bien, cuate ― Le interrumpió, tomándolo por el hombro. ― Lo que pasó es que la comida mexicana es demasiado picante para un inmundo gringo como yo, así que me indigesté, pero no te preocupes, ya estoy bien.

Por más que Zack, Rocko y Ana trataron de tener una conversación seria con Junior fue imposible, el chico evadía todo intento de dialogo con sus más fuertes tácticas de comedia aleatoria. No tenía sentido siquiera intentar hablar del tema, Junior estaba decidido a negarlo rotundamente.

Esteban pagó los gastos médicos, les compró unos desayunos en un Mc Donalds y luego los llevó de regreso a su hotel en El Paso. Durante todo este tiempo, Junior bromeó y jugueteó como si nada hubiese pasado. Aunque eventualmente Ana y Rocko decidieron seguirle la corriente, Zack se quedó totalmente callado, no era capaz de sobrellevar semejante farsa ni un minuto más.

Le dolía, le enfermaba, le hacía rabiar ver esa actitud tras haber descubierto que se trataba solo de una fachada. Tantas memorias felices y alegres cobraban un nuevo significado, ya ningún recuerdo volvería a ser el mismo tras descubrir que era todo una mentira.

Al llegar al hotel, Junior bajó de la camioneta de Esteban saltando como caperucita roja. Rocko y Ana corrieron a seguirle de cerca, pero Zack se quedó un momento más, a petición de Esteban.

― El señor Mc Hannigan los va a recoger en la estación de autobuses cuando regresen. ― Le explicó, antes de darle 300 dólares en billetes de 50. ― Me pidió que te diera esto, para cubrir los gastos. Y otra cosa…

Metió la mano en su bolsillo, y sacó de ella un papelito de cuaderno con lineado rosa y estampado de panditas y otras adorables mascotillas japonesas, sin lugar a duda arrancado de un cuaderno para chica. Se lo entregó en la misma mano donde sostenía el dinero.

― Leslie ha insistido en que te diera esto ― Dijo, observándolo con seriedad. ― Como ya te he mencionado, esa chica ama a su hermano con todo su corazón y está angustiada como no tienes una idea… es su correo electrónico. Quiere que la agregues a Messenger. Lo que quiere hablar contigo solo ella lo sabrá, pero asumo que va a querer que le cuentes lo que ha ocurrido con Junior estos dos años, y que le digas como va recuperándose de este incidente… también he agregado mi número y dirección, por cualquier emergencia que pudiese pasar.

― Gracias por todo. ― Agradeció Zack, forzándose a sonreír con educación. ― ¿Estará bien Leslie?

Era la primera vez que se ponía a pensar en la pobre chica, que seguramente también la llevaba difícil. Como Junior, había sufrido aquel terrible incidente familiar, y deseaba el bienestar de sus hermanos. Quería estar en contacto con ellos, estar cerca de ellos, pero se conformaba con solo saber de ellos. Incluso sin conocerla, Zack ya había desarrollado una idea muy madura a su alrededor.

― Estará bien. Va a terapia 2 veces por semana, nos tiene a nosotros y entiende bien que su hermano la ha tenido dura. Ya verás cuando hables con ella que en muchos aspectos es más fuerte que tú o que yo. ― Le sonrió, orgulloso. ― Bueno, eso es todo por ahora, Zack. Mucha suerte… y no dejes solo a Junior ni le tomes rencor… es lo que menos necesita.

Zack asintió, y se despidió de él con un apretón de manos.

Ya en el hotel, Zack fue a la habitación de Ellie. Karla no estaba, Junior se la había llevado a desayunar de sorpresa y sin aceptar un no por respuesta… ¿trataba de apartarla para que no escuchara lo ocurrido? Ya habiendo descubierto parte de la realidad de Junior, se estaba volviendo incómodo y doloroso pensar que todo lo hacía con una razón oculta.

― ¿Qué pasó, mi amor? ― Preguntó Ellie, en su rostro podía verse la preocupación acumulada la noche anterior. Ya ella conocía lo básico, pero en los detalles yacía lo más importante.

Zack se recostó en la cama de su amada, y llevándose las manos al rostro con pesadez le contó todo lo que sabía, le pidió no le dijera nada a Karla y le expresó todo el pesar, decepción y enojo que la situación le traía a nivel personal. Le comentó cuanto le calaba descubrir que no conocía a quien consideraba su mejor amigo, y le hizo llegar su preocupación por su situación.

Para cuando acabó, su cabeza descansaba en las piernas de su chica, que le acariciaba el cabello con suavidad para tranquilizarlo y demostrarle su apoyo. Aunque era una píldora difícil de tragar, Ellie era la mejor lidiando con situaciones complicadas, así que calma y tierna dio su opinión a Zack con el asunto.

― Sin importar lo que pase, él es tu amigo, Zack. Descubrimos que no todo acerca de él es perfecto o real, pero no creo que eso signifique que no confía en ti… ¿recuerdas cuando tú no me querías contar de Román y tus problemas en casa?

― Eso es diferente. ― Se apresuró a decir él, negando con la cabeza.

― No lo es, Zack… era un problema de tu familia con el que te costó abrirte. No porque no confiaras en mí, sino porque es complicado sacar de tu interior algo que aún no comprendes o no estás listo para procesar… con Junior es igual, no está listo para sacarlo… todo lo que puedes hacer, como su mejor amigo y hermano, es estar con él para que al estar listo le ayudes a lidiar con ello…

Aunque estaba herido, las palabras de Ellie sanaron su interior y tranquilizaron su mente. Tenía razón. Siempre la tenía. Sin importar cuantas verdades Junior ocultaba de él, eran amigos, y debía estar para él, así como el rubio siempre estuvo para él.

 Le agradeció a su adorada con un largo abrazo, revitalizante tanto como sus dulces palabras sanadoras, y luego fueron a recoger la maleta de Junior y la suya. Sorprendentemente, Junior no se resistió a volver a Austin, tal vez estaba deseoso de recostarse a solas en su cama, o de refugiarse en el cariño de sus padres adoptivos.

― Lo siento nenes, pero mi planeta me necesita ― Dijo con su voz aún ronca y quebrada antes de montarse en el autobús, seguido por Zack. ― Marquen muchas chusas por nosotros, ¿eh?

Rocko y Ana se quedaron con las animadoras en El Paso a petición de Zack, les explicó que necesitaba hablar a solas con el señor Juez y con Junior de ser posible.


El viaje de regreso transcurrió sin mayor eventualidad. Junior durmió prácticamente todo el trayecto, estaba aun físicamente agotado. Cuando llegaron, fue justo como Esteban les había dicho: el señor y la señora Mc Hannigan les esperaban en la terminal.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Bienvenido al mejor blog del universo!

Puedes seguirme en las redes sociales o suscribirte al feed.

¡Suscríbete a mí blog!

Recibe en tu correo las actualizaciones de mis relatos y cuentos. Sólo ingresa tu correo para suscribirte.